¿Por qué los datos de paro durante el confinamiento no han sido tan malos como se esperaba?

Esta semana se ha publicado la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2020, el estudio más importante del mercado laboral que se publica cada tres meses. El periodo que cubre esta entrega coincide con los peores meses de la crisis del covid, y había mucha expectación para ver cómo de mal habían ido los datos de empleo. Pero para sorpresa de muchos, aunque evidentemente los datos son malos, no han sido tan malos como se esperaba.

A pesar de haberse detenido casi por completo la economía los datos arrojan sólo una destrucción de 1 millón de empleos (de 19 que había) y un aumento casi anecdótico de la tasa de paro. ¿Por qué? Pues lo primero por la existencia de los Expedientes de regulación temporal de empleo (los ERTE) y lo segundo porque la metodología de la encuesta no ha captado la situación extraordinaria del confinamiento (o porque la captado muy bien, depende de cómo se mire).

Para poder entenderlo utilizaré un diagrama que siempre recomiendo (y que ya expliqué con detalle en otro vídeo) a la hora de abordar los movimientos en el mercado laboral.

Comenzamos con este recuadro azul que recoge toda la población española a 1 de enero de 2020: algo más de 47 millones de habitantes. Ahora vamos a diferenciar la población que está en edad de trabajar de la que no está en edad de trabajar (es decir, los menores de 16 años -que son más de 7 millones de personas- y los jubilados -casi 9 millones-). Ya tenemos la población en edad de trabajar: más de 31 millones.

Ahora dentro de la población que está en edad de trabajar hay que distinguir entre aquellos que están inactivos, es decir, que no trabajan ni buscan un empleo (estudiantes, trabajadores del hogar, incapacitados, millonarios que viven de sus rentas, etc), que son más de 8 millones de personas, de aquellos que están activos, es decir, que trabajan o que buscan un trabajo, que son casi 23. De todos ellos, más de 19 millones estaban trabajando en el primer trimestre de 2020 y más de 3 estaban buscando empleo.

Pues bien, ahora veamos qué ha ocurrido durante los meses de abril, mayo y junio, casi coincidentes con el Estado de alarma y el confinamiento.

En primer lugar hay que destacar que casi 3 millones de personas que estaban trabajando fueron afectados por un ERTE. Estas personas se siguen considerando ocupadas por la metodología internacional de Eurostat y de la Organización Internacional del Trabajo porque existe una garantía de reincorporación al puesto de trabajo una vez finalizado el periodo de suspensión. De hecho, a finales de julio (que es un periodo posterior al que aborda la encuesta) el 60% de todas las personas acogidas a un ERTE han vuelto al trabajo, que son casi 2 millones de personas. Por otro lado, es interesante resaltar que más de 3 millones estuvieron teletrabajando, cuando antes no lo hacía ni un millón de trabajadores).

Vale, además de eso, más de un millón de personas dejaron de estar ocupadas porque perdieron el trabajo. Por cierto, casi todas asalariadas y muy pocas autónomas, y casi todas del sector privado, porque el sector público apenas ha destruido empleo. Pero a diferencia de lo que uno podría pensar intuitivamente, no todos pasaron a estar parados; eso sólo lo hizo una minoría, mientras que la mayoría pasó a estar inactiva, es decir, a una situación en la que no se trabaja pero que tampoco se busca empleo. ¿Por qué no buscaban empleo? Básicamente porque la economía estaba casi detenida, las empresas no podían abrir, y estas personas daban por hecho que no iban a encontrar un empleo. También muchas personas que estaban paradas, perdieron la esperanza y dejaron de buscar empleo, por lo que pasaron a ser inactivas. El saldo final es que, a pesar de destruirse más de un millón de empleos, el número de parados sólo aumentó en 55.000 personas. Esto es así porque la mayoría, más de un millón, pasaron a la inactividad.

Evidentemente también hubo flujos que cambiaron el volumen total de menores y de jubilados, pero aún no tenemos datos sobre ello. En cualquier caso, son cantidades pequeñas y no son significativas.

Algunos señalan que esta imagen no hace honor a la realidad, porque gente que no está trabajando no cuenta como parado aunque preferirían trabajar. Sin embargo, esto es discutible porque tampoco tendría mucho sentido computar como parada a una persona que, aunque quiera trabajar, no puede encontrar un empleo porque éste no existe debido al confinamiento y a la pandemia; al igual que tampoco tiene mucho sentido computar como parado a un autónomo que no ha podido abrir su negocio durante un tiempo determinado del confinamiento.

Si queremos tener una imagen fiel de lo que ha ocurrido en el mercado laboral es mejor mirar las horas efectivas de trabajo realizadas, que han disminuido un 22,59% respecto al primer trimestre. Aunque esto tampoco nos dice mucho, porque sabemos que esto es algo puntual y temporal. Lo verdaderamente interesante será esperar a los datos del tercer trimestre y del cuarto trimestre, para poder hacer un análisis más de vuelo de pájaro. Seguramente serán datos mejores aunque tampoco tan buenos como los anteriores a la pandemia. En cualquier caso dependerá de si hay una nueva ola de contagios y de si hay más confinamientos.

De todas formas lo más importante aquí es no perder de vista que a pesar de que este trimestre ha sido absolutamente fatal para la economía debido al Estado de alarma (pues el PIB ha caído 18,5 puntos porcentuales en un trimestre), los ERTE han permitido congelar millones de puestos de trabajos utilizando dinero público para ello, manteniendo rentas y dando seguridad a todos esos trabajadores. En realidad, puesto que los salarios los está pagando el sector público, podríamos decir que los ERTE es una forma de nacionalización de los salarios.

Sin esta medida, la destrucción de empleo habría sido muchísimo más intensa, la tasa de paro se habría disparado, la pérdida de ingresos de todas esas personas habría empeorado aún más la actividad económica, y la mayoría de los afectados no tendrían la seguridad de recuperar su trabajo. Esto es lo que ha ocurrido en otros países en los que no se han aprobado ERTE, como Estados Unidos, cuyo desempleo aumentó en más de 15 millones de personas en sólo un trimestre, elevando la tasa de paro en 11 puntos porcentuales de golpe y dejando a casi todas esas personas sin apenas ingresos, lo que es fatal para ellos pero también para la economía.

No me quiero imaginar cómo estaríamos ahora si este gobierno, o cualquier otro, se hubiese mantenido al margen sin intervenir en el mercado laboral como muchos por ahí están siempre recomendando.

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