Amazon comenzará a pagar impuestos en España por sus ventas

En este breve vídeo explico de forma muy asequible -para que lo entienda todo el mundo- por qué la empresa Amazon comenzará por fin a pagar impuestos en España por sus ventas.

Desde este mes de mayo la compañía de comercio electrónico Amazon pagará por fin el Impuesto de Sociedades en España por sus ventas. Este cambio se debe a la amenaza de la Comisión Europea de expedientar e incluso sancionar a la empresa por eludir impuestos utilizando su sede en Luxemburgo.

Amazon siempre ha recurrido a una estrategia de elusión fiscal conocida como “precio de transferencia” para pagar menos impuestos por sus ventas. Esta estrategia consiste en pactar un precio para determinadas transacciones entre dos entidades de forma que la mayor parte o la totalidad de los beneficios queden registrados en el país donde se pagan menos impuestos. Es tan simple como abrir una sucursal o filial (conocida como sociedad pantalla) en un país de baja o nula tributación (paraíso fiscal) y luego registrar los beneficios en esa nueva entidad, aunque la misma no haya tenido nada que ver con el proceso productivo e independientemente de dónde se hayan obtenido los beneficios.

Ilustremos el caso con un ejemplo sencillo. A una empresa textil ubicada en Bangladesh le cuesta 30 euros producir un traje. Si el traje es vendido en España por 100 euros la empresa obtendrá un beneficio de 70 euros y tendrá que pagar impuestos por esa cantidad (en torno a 20 euros). En cambio, la empresa de Bangladesh puede “vender” primero el traje a su sociedad pantalla establecida en las islas Salomón por 95 euros, y luego venderlo en España por 100 euros. Los beneficios registrados por la entidad española serán de 5 euros (100 euros de venta menos los 95 euros de “coste”), y los impuestos a pagar no llegarán ni a los 2 euros. Los beneficios restantes de la empresa (65 euros) son declarados en las islas Salomón, donde la tributación es muy reducida. Evidentemente se trata de un truco contable y artificial, ya que el traje ni siquiera tiene que ser trasladado a las islas Salomón; simplemente es un apunte en las cuentas de la empresa. El resultado final es un ahorro muy importante para la empresa textil, que termina pagando muy pocos impuestos en comparación con sus beneficios reales.

En el caso de Amazon el truco es más disimulado pero más potente: la compañía estableció su sede central en Luxemburgo (país de tributación reducida) donde se encuentra toda la infraestructura tecnológica de la venta de las páginas webs en Europa. Cuando un ciudadano español compra a través de la página web española, Amazon sólo tributa acorde a la legislación española por las transacciones derivadas de la logística y del marketing, pero nunca por las ventas (que conforman el grueso del negocio), ya que éstas se declaran en la sede luxemburguesa (donde se pagan menos impuestos). De esta forma, el ahorro fiscal es mucho mayor que si las ventas se contabilizaran en España.

Muchas son las voces que llevan tiempo denunciando esta injusta –aunque legal– situación, pero no ha sido hasta la agudización de la crisis económica y el deterioro de las finanzas públicas cuando las autoridades han decidido actuar. Como cada estado miembro tiene soberanía en materia fiscal y la Comisión Europea no puede actuar por esa vía, se decidió abordar el problema desde la política de competencia, que sí es competencia comunitaria. La estrategia ha sido denunciar este tipo de acuerdos fiscales (tax ruling) entre estados y empresas (como los registrados entre Luxemburgo y Amazon, Irlanda y Apple, Países Bajos y Starbucks) bajo el argumento de que atentan contra la competencia al suponer una ayuda pública que no reciben otro tipo de empresas.

Tras este nuevo movimiento de la Comisión Europea, Amazon ha claudicado y ha retirado su estrategia fiscal, con lo cual pasará a pagar impuestos en los países donde realiza sus ventas (excepto en los que no tenga páginas webs, como por ejemplo Portugal o Francia, donde se pasaría a tributar en función de las webs más cercanas –España y Luxemburgo, respectivamente-). Otras empresas como Google, Apple, Fiat y Starbucks están también bajo el punto de mira de la Comisión Europea y es muy probable que pronto corran la misma suerte que Amazon.

De todos estos nuevos movimientos se pueden extraer muchas conclusiones, pero una de ellas destaca: es evidente que independientemente de la existencia de paraísos fiscales y de otro tipo de estrategias de elusión, si los gobernantes quieren hacer que las grandes empresas paguen impuestos adecuadamente, lo pueden hacer. Es cuestión de voluntad política, no posibilidad técnica o legal.

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