Aseveración a comprobar: “Los mercados somos todos”

Cuando uno señala como culpables parciales a los mercados financieros de que el gobierno se vea empujado a realizar recortes y a aumentar impuestos regresivos (a través de la presión que ejercen sobre las condiciones de financiación del Estado español –la famosa prima de riesgo), nos encontramos con que muchas veces nos responden que nuestra acusación es absurda porque “los mercados somos todos”.

Planteamiento

Este discurso se basa en que cualquier persona, ya sea a título individual u organizándose con otras personas a través de empresas financieras o de fondos de capital, puede  financiar –y de hecho lo hace– al Estado español (o invertir en cualquier otro activo financiero). Así las cosas, el término los mercados financieros designa a un sujeto abstracto que aglutina a una proporción importante y relativamente aleatoria de la población, sin que existan diferencias de renta, poder o clase. Culpar a los mercados financieros no tiene sentido porque los mercados somos todos, y caeríamos en el contrasentido de culparnos a nosotros mismos.

Verificación

Los datos (1) dejan muy claro que “los mercados financieros” no somos todos, ni mucho menos.

-Sólo el 10,4% de los españoles invierte en bolsa.

-Sólo el 5,6% de los españoles participa en fondos de inversión.

-Sólo el 1,4% de los españoles invierte en valores de renta fija (bonos, Letras del Tesoro, etc).

-Sólo el 25,7% de los españoles participa en planes de pensiones.

-Sólo el 6,8% de los españoles posee activos financieros diferentes de los mencionados.

 

Además, las personas que invierten en estos activos financieros no son sólo una minoría de la población española, sino que son fundamentalmente las que disfrutan de mayor renta. Por ejemplo, solamente el 2,1% del 20% más pobre de las familias españolas emplean fondos de inversión. En cambio, el 18,4% del 10% más rico de los hogares españoles utiliza este vehículo de inversión (2).

En conclusión, “los mercados financieros” no somos todos sino que se trata de una pequeña parte de la población, que además es sobre todo la más acaudalada.

 

Desarrollo de los argumentos

No todo el mundo puede invertir en activos financieros. Para hacerlo es necesario tener dinero (y en algunos casos mucho dinero). Por mucho que la legislación permita a cualquier persona comprar este tipo de activos, si no disponen de dinero suficiente no podrán hacerlo. Existen muchas familias españolas que no pueden ni plantearse una opción así, al vivir con problemas para llegar a fin de mes. Otras familias, aún disponiendo de suficiente dinero, no conocen esa posibilidad por falta de información (no saben ni en qué consiste invertir en esos activos financieros, ni cómo hacerlo). Otras muchas sí saben de su existencia, pero no están interesadas en esas fórmulas de inversión, ya sea por pereza o por indiferencia. Recordemos que la costumbre española en los últimos años ha sido depositar los ahorros en depósitos bancarios de uno u otro tipo, y en algunos casos invertir en activos reales como inmuebles. Como consecuencia, las personas que efectivamente invierten en activos financieros (diferentes de los depósitos) son una minoría en la sociedad española.

Normalmente se habla de “los mercados” haciendo referencia al mercado de deuda pública española, debido a la importancia que ha tenido y está teniendo sobre las políticas fiscales del gobierno español. En este caso se trata de una serie de agentes económicos (particulares, empresas y administraciones públicas) que han prestado dinero al Estado español mediante la compra de títulos de deuda pública. Vamos a ver quiénes son estos agentes económicos que poseen estos títulos.

Tenedores deuda pública española

Como se puede apreciar en el gráfico (3), una buena parte de estos agentes corresponde a entidades financieras españolas (38,74%). Merece la pena destacar que la inmensa mayoría de estas empresas han sido ayudadas con fondos públicos en alguna ocasión, por lo que sorprende ver que sean estas empresas ayudadas las que prestan dinero a (y por lo tanto hacen negocio con) el Estado español. Una paradoja que esconde una auténtica estafa, como vimos en otro post.culo. El siguiente sector en importancia (37,39%) lo representan los agentes no residentes en territorio español, es decir, particulares, administraciones públicas y –sobre todo– empresas financieras extranjeras. El tercer peso más notable (13,57%) corresponde a las propias administraciones públicas españolas, fundamentalmente al Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la hucha de las pensiones). Otro sector importante es el de los fondos de inversión y de pensiones (7,09%). Finalmente, y con un reducido peso, tenemos a las empresas no financieras (2,45%) y a particulares (0,86%).

Ahora bien, cuando queremos bajar un poco más a lo concreto nos encontramos con un problema. Si intentamos saber quiénes son exactamente los agentes que operan con los títulos de deuda pública –para, entre otras cosas, averiguar quiénes están especulando contra ella en determinadas ocasiones (leer este artículo para entender cómo y cuándo lo hacen) – comprobamos que no hay forma de hacerlo. Podemos acceder a través del registro del Banco de España a las operaciones de compra y venta de títulos en un determinado momento, pero no podemos saber quiénes las están llevando a cabo. El Banco de España no publica esa información, y no hay forma humana de conocer con exactitud quién o quiénes están especulando con estos títulos. Uno no puede ocultar su asombro frente a esta situación, ya que si dispusiésemos de esa información podríamos saber quién o quiénes están lucrándose gracias al mayor coste que le supone al Estado financiarse (y por lo tanto, saber quiénes son en parte los responsables de los recortes que se ejecutarán en consecuencia). El argumento de los administradores del Banco de España es que conocer esa información carece de relevancia, debido a que el mercado de deuda pública es un mercado competitivo en el que intervienen muchos actores y que por lo tanto ninguno de ellos puede tener más poder que otros. Algo que, gracias a experiencias pasadas, sabemos es profundamente falso.

Sin embargo, aunque no podamos conocer el nombre y apellidos de aquellas personas que operan con títulos de deuda pública española, sí podemos saber algunas cosas de las personas que se benefician de estas operaciones (y que en última instancia son tan responsables de la sangría de recursos públicos como los que ejecutan la acción).

Empecemos centrándonos en los fondos de inversión. Como ya sabemos, los fondos de inversión son vehículos utilizados para invertir en activos financieros. Reúnen el dinero de muchas personas, y luego un operador financiero se encarga de destinar todo ese dinero a un proyecto del que se obtiene una rentabilidad. Uno de estos proyectos es la posesión de deuda pública española. Veamos qué familias utilizan estos vehículos financieros atendiendo a su nivel de renta (en la zona superior del dibujo aparecen las familias de mayor renta) (1).

Participantes en fondos de inversión

Como se puede apreciar en el dibujo, a medida que las familias gozan de una mayor renta, existe mayor uso de este tipo de instrumentos financieros. Así, solamente el 2,1% del 20% más pobre de las familias españolas emplean fondos de inversión. En cambio, el 18,4% del 10% más rico de los hogares españoles acude a este vehículo de inversión. En realidad, las diferencias se hacen notablemente palpables para el 20% más rico de la población. Vemos, por lo tanto, que los principales beneficiarios de los fondos de inversión son las familias más acaudaladas.

Ahora pasemos a los planes de pensiones, que son vehículos de inversión parecidos a los fondos de inversión pero mucho menos arriesgados (y por lo tanto, recurren a comprar títulos de deuda pública en mayor medida que los fondos de inversión).

Participantes en planes de pensiones

Comprobamos que se obtienen unos resultados similares a los anteriores. El 20% más pobre sólo utiliza este tipo de instrumento financiero en un 7,4% de los casos. Para las familias correspondientes al 10% más rico, esta participación es del 54,2%. Conforme las familias son más ricas, más utilizan y más se benefician de los planes de pensiones.

Veamos por último quiénes son, de alguna forma, los que se benefician de que las entidades financieras inviertan en títulos de deuda pública española. Esta constatación es la que menos información nos aporta de todas, porque existen importantes limitaciones metodológicas al respecto (no distinguimos entre empresas financieras y no financieras, no analizamos la cuantía ni evolución de los dividendos, ni conocemos en qué proporción invierten en este negocio atendiendo a cada una de las empresas). Sin embargo, se presentan los resultados como aproximación analítica, de forma que nos podamos hacer una ligera idea de quiénes son los que más se benefician de la posesión de títulos de deuda pública.

propietarios de acciones en bolsa

De nuevo, los resultados nos resultan familiares. Sólo el 3,5% del 20% más pobre posee acciones cotizadas en bolsa, mientras que este peso es del 34,9% para el 10% más rico de la población española. Son las familias más ricas las que más invierten en bolsa, y por lo tanto, las que más se benefician de la evolución positiva de estas empresas (especialmente en el caso del 10% más rico de la población).

En resumidas cuentas, estamos en condiciones de afirmar, pese a los impedimentos metodológicos señalados, que los principales beneficiarios del negocio de la deuda pública española son las familias más acaudaladas del país (y de otros países, en tanto en cuanto podemos imaginar que la distribución por renta de los propietarios de acciones de empresas financieras y participación en activos financieros es similar en el extranjero). Así las cosas, nos damos cuenta de que cuando nos dicen que hay que realizar recortes y aumentos de impuestos para contentar a “los mercados”, a quienes estamos contentando es en su mayoría a buena parte de las capas más acaudaladas de la población. Un perfecto fraude, por dos razones: en primer lugar, no podemos olvidar que los recortes y subidas de impuestos afectan más a las familias que menos recursos tienen y que afectan menos a las familias más acaudaladas; y en segundo lugar porque son las familias más acaudaladas precisamente quienes más se beneficiaron de las rebajas impositivas durante los últimos años, dándose la terrible paradoja de que hoy día el Estado español tiene que pedir prestado, y por favor, el mismo dinero que no hace mucho tiempo antes recaudaba fácilmente por impuestos a los mismos agentes económicos que hoy día se lucran con este negocio tan rentable.

 

Notas:
(1) Datos extraídos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, año 2008. Disponible en http://www.bde.es/f/webbde/SES/estadis/eff/eff2008_be1210.pdf

(2) Ibíd.

(3) Datos extraídos de las estadísticas del Tesoro Público del Ministerio de Economía y Competitividad. Disponible en http://www.tesoro.es/doc/SP/home/estadistica/07.pdf

 

 

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