Autovías: ¿gratis para todos o con peajes?

En un plan enviado por el gobierno estatal a la Comisión Europea se habla, entre otras muchas cosas, de establecer en el año 2024 peajes en las carreteras españolas de dos o más carriles (en las autovías, vaya). Aunque esta medida es simplemente una idea imprecisa porque no está concretada ni detallada, y aunque tampoco es nueva porque el gobierno de Rajoy también barajó esa posibilidad en el año 2012, esta noticia ha desatado un alud de posicionamientos en contra. En este vídeo veremos qué argumentos esgrimen tanto quienes ven esta medida con buenos ojos como los que se oponen a ella.

Para empezar, hay que preguntarse por qué el gobierno ha incluido esta medida en ese programa enviado a Bruselas. El propio ministro de Transportes ha manifestado que el objetivo es obtener dinero para reparar y mantener las carreteras españolas, que para empezar necesitarían una inversión de 7.500 millones de euros según la Asociación Española de la Carretera (AEC 2021). Y como sostiene que los presupuestos generales del Estado no pueden hacerse cargo y que además es injusto, concluye que sean los propios usuarios de las carreteras quienes paguen directamente ese mantenimiento. Por otro lado, aunque de esto se ha hablado menos, la Comisión Europea lleva años recomendando que los países miembros aprueben medidas con el principio de “quien contamina, paga” para desincentivar comportamientos perjudiciales para el medio ambiente. De hecho, 23 de los 27 países de la Unión Europea tienen algún tipo de tarifa en su red de gran capacidad, y 15 tienen tarificada la totalidad de la red de alta capacidad estatal (Ministerio de Transportes 2021; OBS Business School). En comparación, el 82% de la red viaria española es gratuita, incluso a pesar de tener la red de autovías y autopistas más larga de Europa (y la tercera del mundo tras China y EEUU (Eurostat).

La verdad es que el primer motivo, el de recaudar dinero directamente de los propios usuarios del servicio, no tiene mucho sentido. Para empezar, el mantenimiento de las carreteras se puede lograr sin necesidad de establecer peajes a esos usuarios, porque bastaría con utilizar ingresos provenientes de otras figuras impositivas, o gastando menos en otras partidas (por ejemplo en Defensa o en ayudas a la Iglesia, donde se dedica mucho más que 7.500 millones). Es más, esto se podría hacer incluso sin necesidad de subir ningún impuesto o tasa, simplemente con la emisión de bonos públicos, pues hoy día el Estado gana dinero al endeudarse, por lo que hasta sería una operación económicamente rentable. Así que la búsqueda de financiación no puede ser la excusa para poner peajes.

Ahora bien, sus defensores sostienen que es injusto que el mantenimiento de las carreteras corra a cargo de los presupuestos generales del Estado porque se nutre con impuestos de todos, pero no todo el mundo utiliza las carreteras. De hecho, sólo el 58% de la población española tiene carné de conducir, y este porcentaje no deja de caer (DGT 2021). Por lo tanto, todos los españoles estarían pagando por un servicio del que sólo se beneficia una parte de la población. Esto puede resultar injusto para el 42% restante que paga impuestos pero que no utilizan las carreteras.

Pero esta argumentación tiene varios puntos débiles. El primero es que en nuestro país hay otros muchos servicios que son financiados con los presupuestos generales a pesar de que no son disfrutados por todo el mundo. Por ejemplo, la educación universitaria o la celebración de determinados eventos culturales se financian parcialmente con los presupuestos y, sin embargo, no todo el mundo es universitario ni acude a dichos eventos. Si ese principio de “el que lo usa, lo paga” se quiebra en esos casos, resulta difícil justificar por qué no se puede quebrar en el caso de las carreteras.

El cualquier caso, hay otro punto débil que es más potente y que podría zanjar esta cuestión. Y es que los que utilizan las carreteras ya pagan impuestos por comprar y utilizar los vehículos en los que se desplazan. Por ejemplo, pagan el impuesto especial sobre hidrocarburos, el impuesto sobre vehículos de tracción mecánica, o incluso directamente el IVA pagado en la compra de combustibles. Y la suma de esas cantidades asciende a unos 24.000 millones de euros cada año, una recaudación superior al mantenimiento de las carreteras y al déficit de inversión mencionado. Algunas asociaciones de automovilistas, como RACE o la AEA, van incluso más lejos y estiman que los automovilistas ya pagan 30.000 millones de euros al año en impuestos, contando también los relacionados con la compra de vehículos.

Por lo tanto, podría argumentarse que los usuarios de las carreteras ya están pagando por su utilización, pero a través de esta vía indirecta. De hecho, en el peor de los casos, si se necesitara dinero para mantener las carreteras, esos impuestos se podrían aumentar, por lo que tampoco sería necesario acudir a los peajes (por cierto, los impuestos españoles sobre los carburantes están en uno de los niveles más bajos de Europa, lo que provoca, entre otras cosas, que España funcione como una especie de paraíso fiscal al que acuden algunos portugueses y franceses a rellenar sus depósitos de combustible (Eurostat, 2021). En consecuencia, el argumento de que es necesario establecer peajes para obtener financiación directamente de los usuarios de las carreteras y así asegurar su mantenimiento no parece muy convincente.

En cambio, el argumento de carácter ecologista sí que es mucho más potente. El transporte por carretera es responsable del 14% de las emisiones gases invernadero a nivel global (estudio), y se estima que en nuestro país este porcentaje alcanza el 23%. Además, es también el transporte más costoso para las arcas públicas, el que más suelo ocupa y el que más mortalidad provoca, tanto en forma de accidentes como por las enfermedades que produce la contaminación química y acústica (estudio)

En la comunidad científica hay consenso en la imperiosa necesidad de reducir el transporte por carretera (y también otros tipos de transporte, como el aéreo y el marítimo), para combatir la emergencia climática a la que nos enfrentamos. Si no queremos vernos abocados a un futuro de desastres climáticos que pongan en riesgo la existencia de nuestra civilización, estamos obligados a decrecer en emisiones de dióxido de carbono y, por tanto, en actividades altamente contaminantes como el transporte por carretera. Y esto no es opinable ni discutible, es un hecho.

Ahora bien, hay distintas vías para lograr este cometido. Por ejemplo, la conferencia de Ministros de Transporte del año 2007 concluyó que los “impuestos a los combustibles y al carbón son las medidas ideales para reducir las emisiones de dióxido de carbono, porque envían claras señales y distorsionan menos la actividad económica que cualquier otra medida” ( European Conference of Ministers of Transport, 2007.). Como hemos visto, nuestro país está a la loca en Europa en este tipo de impuestos, así que ahí habría margen de actuación.

Por otro lado, hay mucha literatura que identifica los peajes como una de las medidas más eficaces para reducir el uso del coche y la emisión de gases de efecto invernadero. Pero claro, el establecimiento de peajes sólo sería ecológicamente útil si la gente dejara de desplazarse por las carreteras o si comenzase a utilizar una alternativa menos o no contaminante, como el transporte público. Pero si no hay alternativa, ya sea porque no hay un sistema público suficientemente desarrollado, porque se vive en una zona aislada o porque el desplazamiento sea tan especial que no pueda ser sustituido fácilmente (como ocurre con algunos transportistas profesionales), entonces el peaje no serviría para reducir las emisiones de dióxido de carbono, sino sólo para empobrecer a esos usuarios. Por eso hay que tener mucho cuidado a la hora de diseñar los peajes; si no se hace bien se pueden provocar muchas injusticias.

Por ejemplo, si sólo se paga por las carreteras de dos o más carriles como ha propuesto el gobierno, se generaría un incentivo a utilizar las carreteras de un solo carril, que son precisamente las más peligrosas al concentrar el 78% de todos los accidentes mortales (DGT 20201). Por lo tanto, esta medida podría incrementar la siniestralidad. De hecho, esto es algo claramente contrastado en Portugal, que impuso un sistema de cobro en sus carreteras principales en el año 2011, además de que lo tuvo que reducir recientemente en algunas zonas (noticia). Ese problema se podría solucionar haciendo que el peaje afecte a todas las carreteras, no sólo a las que son precisamente más seguras, así no habría incentivos a elegir las más peligrosas.

Otro problema es que, si el peaje es fijo, pagaría lo mismo el multimillonario que se va a jugar al golf que el pequeño autónomo con pocos ingresos que reparte en furgoneta, por lo que se produciría un efecto regresivo que perjudicaría más a quienes menos ingresos tienen. Aunque en términos agregados las rentas más altas son las que utilizan más el coche privado, y las rentas bajas las que utilizan más el transporte público, por lo que el efecto total no tendría por qué ser regresivo. En cualquier caso, este efecto se puede evitar si se establecen peajes en función de la renta, algo que es perfectamente factible con la tecnología actual. Por cierto, esto es algo que también proponen muchos con el pago de multas, para que el incentivo a respetar las normas de tráfico sea el mismo para rentas altas que para bajas.

Un tercer problema es que hay personas que utilizan las carreteras por obligación, no por capricho, ya que no disponen de alternativas de transporte público para desplazarse a sus centros de trabajo, por ejemplo. En este caso, el peaje estaría perjudicando especialmente a las personas que viven en zonas aisladas o con un transporte público menos desarrollado. Debido a ello en la literatura se habla a menudo de la “estrategia del palo y la zanahoria” (estudio): el palo sería la tarifa que te obliga a pagar por utilizar una carretera, mientras que la zanahoria es la mejora de la oferta de transporte público. El palo te desanima a usar las carreteras y la zanahoria te ofrece una alternativa más sostenible. En este estudio realizado para el sur de Madrid se evidenció que la mayor parte de la gente dejaría de utilizar su vehículo privado si el transporte público se mejorara de tal forma que no perdiesen mucho más tiempo en el desplazamiento. Y en esta decisión no importaba la situación socioeconómica del entrevistado, sino el tipo y frecuencia de viaje que tuviese que hacer.

Y es que desgraciadamente existe en la actualidad una desproporción entre el trato económico recibido por el transporte privado y por el público, que es el único que puede ser medioambientalmente sostenible y totalmente accesible, además de ser el más equitativo socialmente. Los gobiernos han estado dedicando ingentes cantidades de dinero a fomentar la compra de automóviles, a construir carreteras y aparcamientos y otras infraestructuras relacionadas con el transporte privado, y no ha cobrado nada o apenas por la utilización de estas, mientras que se ha invertido muy poco en el desarrollo del transporte público, además de establecer tasas por su utilización que son superiores. De hecho, los usuarios del transporte público pagan de media en España el 52,7% del coste del servicio con el billete (ATUC), lo que obviamente no sucede con el vehículo privado, que sólo tienen que pagar por su propiedad, nunca por la infraestructura. Esta discriminación hace que la gente tenga la sensación de que el transporte público es más caro que el privado, cuando la realidad es que si se incluyesen los costes medioambientales en el precio, el transporte privado sería infinitamente más caro. Y eso es lo que se pretende, entre otras cosas, con el establecimiento de peajes en las carreteras.

En definitiva, la aprobación de peajes, aunque no sea una medida necesaria para cubrir el déficit de inversión (porque hay otras formas de hacerlo) ni es justa para lograr que sean los usuarios quienes lo paguen (ya que estos pagan ya bastante en impuestos relacionados con el transporte por carretera), sí que resulta necesaria para ir reduciendo las emisiones de dióxido de carbono y combatir así el cambio climático, porque nuestro planeta no puede seguir soportando este ritmo de contaminación. Ahora bien, esta medida tiene que aplicarse con mucho cuidado para no provocar desequilibrios e injusticias. Tiene que ir acompañada de más inversión en transporte público, para que la gente tenga una alternativa de transporte sostenible y asequible; tiene que incluir bonificaciones y exenciones para los colectivos de menor renta y para los que no tengan alternativa de desplazamiento; tiene que aplicarse en todas las carreteras, no sólo en las más seguras;   y por supuesto debe estar gestionado desde lo público para que ninguna empresa privada haga negocio con esto. Si esto no se hace así, el establecimiento de peajes puede resultar dramático para muchas personas. Esta medida puede ser una buena idea si se hace bien, pero puede ser un desastre si se hace mal. El diablo está en los detalles.

 

 

Referencias:

Plan del gobierno estatal enviado a la Comisión Europea: https://www.lamoncloa.gob.es/temas/fondos-recuperacion/Documents/05052021-Componente1.pdf

Principio de la Comisión Europea de “Quien contamina paga”: https://ec.europa.eu/transport/modes/road/road_charging_es

Longitud de las carreteras por países: https://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=road_if_motorwa&lang=en

Estudio ATUC sobre porcentaje de pago en transporte público: https://www.atuc.es/sites/default/files/comunicados/los_ingresos_por_tarifas_cubren_el_53_por_ciento_del_coste_del_sistema_del_transporte_publico_urbano.pdf

Estudio sobre estrategia de palo y zanahoria: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0965856420307667

Estudio sobre preferencia del transporte público frente a peajes: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0965856420307667

Estudio sobre peso del transporte en emisiones de gases de efecto invernadero:

https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S1361920907001320

Postura de RACE: https://www.antena3.com/noticias/economia/race-rechaza-nuevos-peajes-argumenta-que-conductores-aportan-30000-millones-impuestos_202105066093d7220dc31d00013ea4a3.html

Peajes Portugal https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2018/11/15/portugal-ocho-anos-peajes-cubren-gasto-autovias/0003_201811G15P5991.htm

Estudio sobre los costes externalizados del coche https://transportpublic.org/images/pdf/20041000-infras-costosexterns.pdf

Conferencia europea de ministros de tranporte de 2007: http://www.internationaltransportforum.org/Proceedings/Border2009/ITF200708Fe.pdf

Análisis sobre si las rentas más altas utilizan más el vehículo en Madrid: https://twitter.com/Transxte/status/1039614227181449216

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