Balance de año del gobierno de Rajoy

Artículo publicado originalmente en Andalucesdiario.es el 5 de enero de 2015

El presidente del gobierno compareció el pasado 26 de diciembre para hacer un balance por su tercer año de gobierno. Un balance absolutamente sesgado, obviamente, como no podía ser de otra forma viniendo de un partido político que antepone sus intereses electorales a la verdad y al rigor analítico.

Su discurso estaba medido al milímetro. Se trataba de resaltar fundamentalmente tres cuestiones centrales: 1) comienza la recuperación económica, 2) comienza la creación de empleo, y 3) ya hay margen presupuestario para hacer política económica.

Con respecto a la primera cuestión el argumento principal fue que “la economía española está creciendo más que la Eurozona”. Esta afirmación se basa en que la tasa de crecimiento interanual del PIB en el tercer trimestre de 2014 ha sido levemente superior al de la media de la zona euro e incluso a la de algunos vecinos fuertes como Alemania. Pero esto no demuestra nada, por varios motivos:

1) La tasa de crecimiento de España ha sido muy reducida (0,5%), lo que ocurre es que la de la zona euro es incluso más baja (0,2%). Ser el tuerto en el país de los ciegos no otorga muchas razones para alegrarse, y más aún cuando dependes de esos ciegos para ser menos tuerto.Recordemos que la estimación del PIB es muy tentativa, y que hay márgenes de errores muy elevados, lo que quiere decir que crecer al 0,5% o hacerlo al 0,2% es prácticamente lo mismo. 2) Por cuestiones básicas de aritmética, es más fácil registrar tasas de crecimiento superiores en economías con el PIB más reducido. Por eso los países que más han crecido de la zona euro son Grecia (0,7%), Eslovaquia (0,6%) y España (0,5%), que son de las economías con menor PIB (precisamente debido a la fuerte caída anterior). Otro dato ilustrativo: Zambia, que es uno de los países con menor PIB del mundo (y en el que por cierto el 86% de su población subsiste bajo el umbral de la pobreza) está creciendo a ritmos anuales del 6,7%. 3) Lo poco que está creciendo el PIB español puede deberse sólo a un “efecto rebote” por haber caído antes de forma brusca, al igual que ocurrió en 2011 cuando el PIB registró tasas de crecimiento positivas para luego volver a caer. 4) A pesar de la minúscula remontada, el PIB de España está un 5,7% más bajo que su nivel al inicio de la legislatura de Rajoy.

En consecuencia, no hay motivos serios para brindar por una recuperación económica, ni siquiera en términos de PIB y dejando de lado otros indicadores económico-sociales (que empeorarían muchísimo el cuadro).

En relación al segundo punto, el de la creación de empleo, Rajoy alegó que “desde 2007 era la primera vez que se creaba empleo neto”, es decir, que había más ocupados. Pero olvidó mencionar (como siempre) una cuestión crucial: lo importante no es el número de ocupados sino el número de horas trabajadas, ya que puede ocurrir que se despidan a trabajadores con jornada completa y se contraten a trabajadores con jornada parcial, de forma que el número de trabajadores aumenta pero no el número de horas trabajadas, ni la masa salarial, ni la generación de renta. Y desgraciadamente es lo que está ocurriendo en la economía española: el número de horas trabajadas no aumenta desde el tercer trimestre de 2013, y desde que Rajoy llegó a la Moncloa ha caído en un 12%. En los nuevos contratos cada vez tienen más peso los de jornada parcial frente a los de jornada completa y también los temporales frente a los indefinidos. En consecuencia, no sólo hay menos empleo que en diciembre de 2011 sino que el poco empleo que queda se está desguazando y precarizando.

Sobre la tercera cuestión, la del margen presupuestario, Rajoy se centró en la reforma fiscal para demostrar que “ya se podían realizar programas que antes no se podían hacer”. Sin embargo, la frase está lejos de ser cierta: la propuesta inicial de la reforma fiscal era muchísimo más ambiciosa, y el gobierno del PP tuvo que suavizarla mucho porque a pesar de sus previsiones la recuperación económica no llegó y porque el coste en términos de ingresos públicos no podía ser tan elevado si no se quería enfadar a la Unión Europea. Al final, una reforma fiscal de muy poco impacto, de sólo un ahorro estimado de 9.000 millones de euros (cuando entre 2012 y 2014 el Estado ha recaudado unos 21.000 millones de euros por el aumento de impuestos que Rajoy aprobó en 2011), que no logra complacer a la derecha económica que buscaba una mayor reducción de impuestos ni a Bruselas que ha manifestado varias veces su preocupación por el posible incumplimiento del objetivo de déficit público debido a esta reforma. Además, salvo la reforma fiscal el ejecutivo no ha aplicado ninguna otra medida que atente contra la sacrosanta reducción del déficit público, consciente de que Bruselas sigue apretando año tras año y que todavía va a exigir más ajustes para ir cumpliendo con las metas establecidas. Por lo tanto, y por mucho que sostenga lo contrario, el gobierno no tiene apenas ningún margen presupuestario para desarrollar medidas que conlleven un coste económico.

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