Causas y consecuencias de la caída del precio del petróleo

Artículo escrito en colaboración con Carlos Martínez Núñez y publicado en Fundación Europa por los Ciudadanos el 9 de enero de 2015

Tras haberse mantenido estable en cotas históricamente elevadas durante cuatro años, el precio del barril de petróleo ha caído a niveles de 2009 (y también de 2005) en tan sólo unos meses.

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Existe un amplio consenso a la hora de considerar que la caída del precio del petróleo en los últimos meses se debe a  la combinación de 1) una débil demanda global de productos derivados del petróleo que se mantiene desde 2007-2008 y 2) la retirada de inversiones financieras que alimentaron en su día una burbuja en los precios del petróleo. Veamos con más detalle los dos puntos.

1) La débil demanda global de productos derivados del petróleo no tiene mayor misterio: desde la irrupción de la crisis económica en 2007-2008 la actividad económica mundial se ha ralentizado y paralelamente a ella lo ha hecho el consumo de productos derivados del petróleo (gasolinas líquidas, lubricantes, productos plásticos, fertilizantes y herbicidas, fibras textiles artificiales, ceras, asfalto, azufre, etc). De hecho, algunas y algunos economistas señalan que la caída de los precios del petróleo evidencia que la economía mundial entrará en recesión durante 2015.

En cuanto a la oferta, la Agencia Internacional de la Energía, dependiente de la OCDE, reconoce por primera vez en su informe de 2010 que la producción de petróleo crudo convencional tocó su “techo” mundial en 2005, y desde entonces está disminuyendo a razón de entre un 3% a un 6% anual. Además, los últimos informes trimestrales de la OPEP (2014) ponen de manifiesto que los países miembros de esta organización están reduciendo la producción. Sin embargo, países no pertenecientes a la OPEP como Estados Unidos y Rusia sí aumentaron su producción, fundamentalmente gracias a la técnica de fracturación hidráulica o fracking.

Esta técnica consiste básicamente en una inyección controlada de agua y químicos en el subsuelo que busca fracturar la roca para así facilitar la extracción de los hidrocarburos. Su utilización permite extraer mayor cantidad de petróleo y gas que en el caso de la fórmula tradicional. La contrapartida es que su coste, de unos 60 dólares por barril, es bastante mayor que la extracción convencional de petróleo, que ronda los 30 dólares por barril. Precisamente por eso la utilización del fracking no se generalizó hasta hace unos siete u ocho años,  cuando el precio de venta del barril superó ampliamente esos 60 dólares por barril (ver gráfico).  Estados Unidos fue el principal impulsor y protagonista de este procedimiento, logrando gracias a él aumentar su producción de petróleo desde los 4 millones de barriles diarios a los 9 millones, aproximándose a las cotas registradas por Arabia Saudí y Rusia (10 y 9 millones de barriles diarios, respectivamente). Ahora bien, en términos globales este aumento de oferta no pudo compensar la caída generalizada de producción convencional.

Con una demanda débil y una oferta en paulatina disminución, la tendencia esperada de los precios hubiese sido descendente, pero en vez de ocurrir eso el precio del barril aumentó hasta principios de 2011 y en esas cotas elevadas se mantuvo relativamente estable hasta junio de 2014. Este comportamiento anómalo se explica por el siguiente punto.

2) Las grandes esperanzas depositadas en las posibilidades del fracking unidas al enorme y creciente volumen de dinero que inyectaba la Reserva Federal en los mercados financieros[1] tuvieron como consecuencia la gestación de una burbuja en los precios del petróleo. Los operadores financieros, deseosos de encontrar un espacio rentable en el que invertir los fondos que administraban, encontraron en las empresas petroleras que se enfrascaban en enormes proyectos de inversión al calor del fracking y en los activos financieros derivados del ámbito petrolero, un negocio boyante y lucrativo. La canalización de todo ese dinero impulsó los precios al alza, compensando la tendencia descendente que se esperaría por el efecto de los factores comentados en el punto 1.

No obstante, todas las burbujas terminan explotando y la del fracking ya lo ha hecho, teniendo como consecuencia una caída brusca de los precios del petróleo hasta un nivel más acorde a las circunstancias reales, ajeno a efectos artificiales (al igual que ocurrió con la burbuja del petróleo creada en 2008, justo antes de volverse a hinchar gracias al fracking –ver gráfico–).

Una vez la burbuja estalla y el precio se hunde, frente a la incertidumbre el capital invertido realiza el camino inverso y abandona las inversiones relacionadas con las petroleras y con los activos financieros derivados del negocio petrolero, conformando un nuevo y potente empuje descendente de los precios. Este cambio en los mercados financieros tiene como consecuencia que la inmensa mayoría de estos capitales busquen lugares refugios hasta que la tempestad se calme. Entre estos activos seguros destacan los de siempre: el dólar, el bono público estadounidense y el alemán. Por eso el euro se está depreciando frente al dólar, y por eso la prima de riesgo española (el diferencial de rentabilidad española frente a la alemana) está aumentando. Además, la fuga de los capitales invertidos en los países productores ha provocado que haya una devaluación también de estas monedas (como el rublo que ha sido intensificada debido al anuncio de la Reserva Federal de EEUU de que subirá los tipos de interés en el primer semestre de 2015).

Los más perjudicados con esta situación son las economías productoras de petróleo (Rusia, Venezuela, Arabia Saudí, etc), que observan cómo vendiendo el mismo volumen ingresan mucho menos dinero. Aunque no todas se ven afectadas de la misma manera: de hecho, es muy probable que Arabia Saudí salga muy beneficiada de este trance, porque al mantenerse los precios bajos (en torno a los 50 dólares por barril) se consigue que las extracciones por fracking dejen de ser rentables y por lo tanto que sufran un duro golpe muchas petroleras estadounidenses. Y, de momento, Arabia Saudí puede sobrevivir varios años con los precios bajos ya que dispone de 750.000 millones de dólares en reservas internacionales (a diferencia de otros países productores de petróleo).

En cambio, las economías más beneficiadas son las importadoras de petróleo (con la Eurozona a la cabeza), cuyas facturas se reducen sustancialmente. Esto no quiere decir que el balance final para estas economías sea positivo, porque las turbulencias en los mercados financieros (como la depreciación del euro, el aumento de primas de riesgo, el descenso en las bolsas, etc.) pueden tener un coste mayor que el ahorro que supone importar petróleo más barato.  Además, no se puede olvidar que muchos operadores financieros (fundamentalmente estadounidenses) han participado en la burbuja del fracking y por lo tanto habrán de registrar importantes pérdidas. Los préstamos que los bancos otorgaron a las empresas petroleras puede que no sean devueltos si los precios del petróleo continúan tan bajos ya que supondría un duro golpe para muchas de estas empresas. Las burbujas financieras nunca desaparecen sin cobrarse innumerables víctimas.

 

 

 

 


[1] Para más información ver el número 9 de la Revista Argumentos. “Los problemas actuales del sistema bancario: Amenaza de una nueva crisis financiera internacional.”

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