¿Cómo debería funcionar un banco?

A pesar de que la mayoría de la población sabe cómo funciona un banco, nunca viene mal profundizar en el tema para resaltar cuestiones que a menudo pasan desapercibidas y que, de tenerse más en cuenta,  aumentarían todavía más la indignación que causan estas empresas al ciudadano medio.

Introducción

Para empezar conviene resaltar que una entidad de crédito (sea banco, cooperativa de crédito, o caja de ahorros) es una herramienta económica muy poderosa que permite nuevas posibilidades en el ámbito de la economía. Como herramienta que es, no tiene sentido calificarla de positiva o negativa. Lo que merece un juicio de valoración es la utilización que se le dé a esa herramienta. Del mismo modo en que un chuchillo puede usarse tanto para cocinar como para asesinar a una persona, un banco puede utilizarse en beneficio de la sociedad o para lograr algún objetivo perverso.

La esencia del funcionamiento de una entidad de crédito es simple y bien conocida: las personas que tienen recursos de sobra y que no van a utilizarlos en un determinado momento del tiempo (ahorradores) depositan esos fondos en un organismo que se encargará de prestarlos a otras personas que sí necesitan esos recursos en ese mismo momento del tiempo (prestatarios o clientes). De esta forma el dinero de los ahorradores, que podría haber quedado inactivo (por ejemplo si se hubiera guardado debajo de un colchón), puede ser usado por otras personas que lo necesiten para salir adelante económicamente (familias), o para invertir en negocios que a la larga estimularán el crecimiento económico (empresas). En realidad se produce una multiplicación ficticia del dinero, ya que al mismo tiempo que el cliente lo está usando en sus asuntos, el ahorrador no pierde su dinero. Y no lo pierde porque el ahorrador en cualquier momento puede ir al banco donde depositó su dinero y extraerlo sin ningún problema. Esto es así porque el banco tiene en su poder el dinero de muchos ahorradores y puede devolver a un primer ahorrador el dinero de un segundo ahorrador (que seguro que no quiere sacar su dinero el mismo día que el primer ahorrador). El truco consiste en que no todos los ahorradores van a querer sacar su dinero al mismo tiempo, por lo que el banco siempre tendrá fondos disponibles para devolver.

Pero las entidades de crédito de hoy en día no realizan únicamente esa actividad (canalizar el ahorro a los clientes). Para analizar el funcionamiento de una entidad en la actualidad podemos recurrir a desglosar su balance.

Balance de una entidad de crédito

El balance de una empresa está compuesto por una partida denominada “Activos”, y otra partida llamada “Pasivos”. En un lenguaje coloquial podríamos decir que los “activos” son todos los bienes y recursos que generan beneficios; es la “riqueza” que tiene. Por su parte, los “pasivos” son las obligaciones y compromisos que tiene la empresa; señala la fuente de financiación que tiene la empresa. El total de activos de una empresa se corresponde con el total de pasivos que tiene. En realidad son dos formas de denominar lo mismo, ya que un mismo recurso se registra tanto en el activo como en el pasivo. Por ejemplo, el dinero que el ahorrador deposita en el banco es un pasivo para el banco porque tiene la obligación de devolverlo si se lo exige el ahorrador; y al mismo tiempo es un activo porque con ese dinero el banco puede hacer negocios y conseguir beneficios.

Balance del banco

Por el lado de los pasivos (obligaciones y compromisos; es decir, cómo se financia el banco –la parte roja en el dibujo–):

  • Recursos propios. Esta partida la forman los recursos que aportaron los socios que crearon el banco y los beneficios que se obtienen a lo largo del ejercicio económico. Es un pasivo (obligación) porque teóricamente el banco le debe esta cantidad a los que aportaron el capital inicial. Las entidades de crédito sólo mantienen el mínimo que les exige la ley porque no les resulta rentable mantener fondos ociosos, es decir, fondos simplemente guardados que no reportan ningún beneficio. Esta partida representa en torno al 10% del total de pasivos.
  • Intermediarios financieros. Son los préstamos que otros bancos le han concedido al banco en cuestión. Es un pasivo (obligación) porque el banco tendrá que devolver ese dinero en un plazo determinado. Es una financiación más cara porque el banco deberá devolver el dinero prestado más los intereses. Esta partida tiene una proporción variable sobre el total del pasivo debido a la inestabilidad del mercado interbancario. Cuando los bancos no se fían unos de otros no se hacen préstamos entre ellos y por lo tanto esta partida se vuelve insignificante con respecto al total de pasivos. De hecho, es precisamente lo que ocurre hoy día con la crisis de confianza interbancaria.
  • Depósitos de los clientes. La forman las cuentas corrientes, de ahorro, a plazo, etc, que provienen de los clientes. Es un pasivo porque el banco tiene la obligación de devolver los fondos si los clientes lo piden. Ésta es la principal fuente de financiación –nótese el tamaño en el dibujo– puesto que es la más barata. Las cuentas corrientes y de ahorro rentabilizan al 0%, es decir, no se remuneran; y las cuentas a plazo se remuneran pero con rentabilidades inferiores a la del Euribor. Al depositar sus ahorros, los clientes están financiando al banco de forma casi gratuita, porque el coste de esta financiación es muy bajo (o incluso nulo) para el banco.

Por el lado de los activos (recursos que generan beneficios; es decir, la “riqueza” del banco –la parte azul en el dibujo–):

  • Activos líquidos (tesorería). Es la cantidad de dinero que tiene realmente la entidad, la que deja en sus oficinas por si algunos ahorradores vuelven a recuperar su dinero. Representa una pequeña parte del total del activo, en torno a un 10%, ya que no es rentable mantener el dinero estático sin dedicarlo a ninguna actividad.
  • Intermediarios financieros. Son préstamos que hace el banco a otros bancos. Es un activo porque dentro de un tiempo devolverán el préstamo más unos intereses y el banco habrá obtenido beneficios.
  • Inversión crediticia. Recoge los préstamos concedidos a los clientes (empresas y familias). Aquí se incluyen los préstamos personales, préstamos hipotecarios, tarjetas de crédito, etc. Es un activo porque al cabo de un tiempo el banco recuperará el dinero prestado más unos intereses (o comisiones). Ésta es la actividad originaria de las entidades de crédito y debería ser la principal.
  • Inmovilizado. Oficinas, equipo informático, terrenos donde está ubicada la entidad, etc. No tiene especial relevancia, puesto que no es rentable. El banco dispone de lo mínimo necesario para realizar la actividad bancaria.
  • Cartera de negociación. Son los títulos y valores que tiene el banco para poder comprar y vender en el mercado, es decir, para especular. La deuda pública comprada a los países, por ejemplo, forma parte de esta rúbrica. También la compra de acciones de grandes empresas. Y los fondos de inversión colectiva como los fondos de pensiones o los hedge funds.

En el próximo artículo se explicará y demostrará cómo las entidades de crédito en la actualidad han olvidado su función originaria de canalizar el ahorro y han basado principalmente su actuación en operaciones de especulación que en nada benefician a la sociedad.

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