Cómo nos engañan con la crisis de Grecia

Todo el mundo sabe que el gobierno de Grecia falseó sus cuentas fiscales mediante trucos contables para dar una buena imagen al exterior. Este hecho ha sido utilizado –entre otras cosas–  por el stablishment económico y político para desprestigiar al país heleno y condenarlo a duras medidas de austeridad que se presentan como un merecido castigo debido a la irresponsabilidad de los dirigentes griegos. También se sostiene que los trabajadores griegos trabajan menos que el resto de los europeos, y que por eso están en esa desastrosa situación. Al mismo tiempo se les culpa de mantener un Estado del Bienestar demasiado generoso y de vivir por encima de sus posibilidades al gastar más de lo que ingresan.

El pueblo griego está sufriendo dolorosos recortes en inversión pública y derechos sociales, y la opinión que nos llega desde los altos círculos europeos es que se lo tienen merecido, principalmente por vagos, por corruptos y por disponer de un desproporcionado Estado del Bienestar.

Sin embargo, uno no puede más que irritarse al escuchar estas acusaciones si al mismo tiempo contempla los datos que reflejan la realidad griega.

Nos dicen que los griegos trabajan menos que el resto de los europeos pero los datos demuestran otra cosa: según la OCDE en 2010 los Griegos trabajaron de media 2109 horas al año, los portugueses 1714 horas y los españoles 1663, mientras que los alemanes 1419 y los holandeses 1377 horas. Además, los varones griegos se retiran de media a la edad de 61,9 años y los españoles a los 61,4, mientras que los holandeses a los 62,1. Esta última diferencia es apenas imperceptible, y sobre todo, no puede ser la causa de los problemas griegos.

Nos dicen que Grecia tiene que recortar en salarios, en pensiones, en educación o en sanidad porque el país gasta demasiado. Pero nunca nos dicen que Grecia es el país europeo que más gasta en armamento, invirtiendo un 4,3% de su PIB (rebajado ahora solamente a un 3,2%, cuando por ejemplo España dedica un 1,1%). Grecia destina abundantes partidas a Defensa por su participación en alianzas imperialistas como la OTAN; no hay campaña militar, desde Afganistán hasta Libia, en el que el estado griego no se haya implicado. Grecia, con tan sólo 11 millones de habitantes, tiene 100.000 soldados bajo las armas y 150.000 reservistas. Los dirigentes europeos piden que Grecia recorte salarios, pensiones, educación o sanidad pero siempre dejan en un segundo plano el recorte en gasto militar.

Nos dicen que Grecia ha gastado mucho, pero nunca mencionan que gran parte del gasto se debe a las cuantiosas y generosas subvenciones estatales a la élite económica griega. Las élites dominantes han sido las más beneficiadas por el Estado, y en cambio no son ellas quienes están sufriendo los recortes, sino el resto de la ciudadanía que está cargando sobre sus espaldas todo el peso de la crisis.

Nos dicen que Grecia tiene que gastar menos de lo que ingresa, pero nunca mencionan que Grecia podría aumentar los ingresos y de esta forma mejorar su déficit sin recortar derechos sociales. No les interesa recordar que en Grecia los bancos, los barcos, y la iglesia ortodoxa no pagan impuestos (sólo los propietarios de barcos han blindado la evasión fiscal mediante 56 leyes constitucionales). Tampoco nos dicen nunca que en Grecia operan 4000 empresas offshore (ubicadas en paraísos fiscales) que emplean todo tipo de estrategias para evadir o pagar menos impuestos. Además, mientras los griegos de abajo pagan la crisis, los de arriba trasladan sus enormes fortunas a Suiza para no contribuir en el pago de los platos rotos.

Pero esto no es todo. Es importante mencionar que el gobierno griego tuvo cómplices en su argucia contable durante los primeros años del nuevo siglo. El principal cómplice fue el banco estadounidense Goldman Sachs, que vendió sus servicios de contabilidad creativa al gobierno griego para disfrazar las cuentas helenas. Mediante complejos instrumentos financieros, el banco de inversión norteamericano ocultó los gastos griegos provocados por el sector militar y por una buena parte del sistema hospitalario. Además, lo hizo aprovechándose de la entrada del euro en 2002, ya que la Unión Europea tuvo que revisar su principal herramienta estadística (el Eurostat) y ese movimiento supuso una excelente oportunidad para falsear las cuentas.  Sin embargo, y a pesar de que este hecho está oficialmente reconocido, el banco Goldman Sachs no se ha visto castigado ni reprendido por sus acciones a pesar de ser el principal autor del engaño contable.

Pero ¿cómo es posible que la Unión Europea no haya hecho nada contra esto? La explicación es bien sencilla: la Unión Europea no fue engañada, porque ya conocía la triquiñuela contable. En 2004, Michel Vanden Abeele, el nuevo director general responsable de la reorganización de Eurostat, denunció la incorrecta contabilización de los gastos de Grecia. ¿Cuál fue la reacción de los ministros de Economía europeos? Ninguna. Dejaron de lado el problema, esperando que se olvidara con el paso del tiempo. La preocupación de los dirigentes europeos era mantener una buena reputación de todos los países integrantes de la zona Euro para demostrar el poderío de la moneda única. Cualquier duda sobre uno de los países pondría en tela de juicio la fortaleza del nuevo proyecto del euro. Era preferible no destapar los trapos sucios de Grecia  y gozar de buena imagen que embarcarse en aspiraciones de justicia que pusiesen en peligro la moneda única.

Así las cosas, es importante conocer los datos y estar al tanto de toda la información posible para contrarrestar el discurso dominante:

Los datos demuestran que los trabajadores griegos no son vagos, a pesar de que se nos dice que lo son y que por eso tienen que trabajar más y cobrar menos.

Los datos demuestran que el Estado del Bienestar de Grecia es generoso pero con la élite religiosa, económica y política; y sin embargo quienes están pagando los platos rotos son los griegos de abajo que se benefician de la educación pública, sanidad pública, y pensiones públicas que están siendo recortadas mientras los griegos de arriba no ven alterados sus privilegios.

Los datos demuestran que las trampas contables fueron ideadas por un banco de inversión estadounidense e ignoradas por los gobernantes de la Unión Europea, que fueron cómplices del delito; y sin embargo el castigo por ello recae sobre los ciudadanos de abajo que nada han tenido que ver con las trampas contables mientras ninguna responsabilidad recae sobre el banco ni sobre la Unión Europea.

La respuesta a la crisis que se le está dando en Europa y de forma más agresiva en Grecia no es una solución ineludible que responda a problemas técnicos –como nos quieren hacer ver–, sino que es una respuesta construida desde los cimientos de una ideología muy particular que defiende los privilegios de las élites y desprecia y ataca a los derechos del resto de la ciudadanía.

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