¿Cómo reducir la actual inflación? Aciertos y Errores

La inflación en marzo de 2022 ha aumentado en España a un ritmo no conocido desde el año 1985, hace 37 años -yo ni siquiera había nacido. ¿Qué se puede hacer para abordar esta situación y reducir los precios? Algunos proponen reducir impuestos, otros elevar los tipos de interés, otros topar los precios de la energía… ¿Cuál es la mejor solución? Pues para responder a estas preguntas es crucial hacer un buen diagnóstico de las causas que explican esta inflación. Porque aquel que cree que la inflación se debe a la guerra de Ucrania propondrá cosas diferentes a las que propondrá el que cree que la inflación se debe a que los Estados han inyectado mucho dinero en la economía a través del gasto público y de los bancos centrales. Analicemos este asunto recurriendo a datos y a la evidencia empírica disponible para ver qué visión se ajusta más a la realidad y en consecuencia saber qué es lo mejor que se puede hacer para combatir esta inflación.

El gobierno ha afirmado que este incremento tan elevado de los precios de marzo se debe fundamentalmente a la guerra de Ucrania. «La subida del precio de la luz y la energía son única responsabilidad de Putin y su guerra ilegal». Por su parte, la ministra de economía ha concretado que la guerra de Ucrania explica el 73% del incremento de la inflación de marzo.

Sin embargo, algunos han señalado que la inflación ya estaba aumentando rápidamente incluso antes del conflicto militar, por lo que, aunque la guerra haya contribuido a aumentar los precios, -algo que es muy difícil de negar-, aseguran que tiene que haber más factores que expliquen esta inflación acelerada.

Para poner orden en este asunto vamos a analizar con detalle y rigor los datos oficiales. El IPC, el índice oficial para medir la inflación en España, aumentó en marzo de 2022 un 9,8% en comparación con el mismo mes del año anterior, lo que supone una tasa históricamente alta. Y también podemos ver cómo desde finales del año 2021 las tasas de inflación también fueron bastante elevadas, incluyendo la de febrero de 2022 que alcanzó el 7,6%.

Si sólo nos quedamos con esto es lógico que concluyamos que la elevada inflación no sólo se debe a la guerra, porque ésta comenzó el 24 de febrero y ya antes de esa fecha el IPC estaba bastante elevado. Pero, como ya expliqué en este vídeo, la comparación del IPC con el año anterior puede dar lugar a confusión, porque el comienzo de 2021 estuvo caracterizado por unos precios reducidos debido a la pandemia, por lo que es normal que el dato de 2022 arroje un resultado muy elevado -porque hay mucha distancia entre los dos años-, así que es mucho mejor mirar cuánto ha crecido el indicador con respecto al último mes. Eso es lo que hacemos en este gráfico y aquí sí que podemos comprobar cómo el crecimiento verdaderamente excepcional ha sido en marzo, que ha alcanzado una tasa del 3% cuando prácticamente ningún mes anterior había superado el 1,5%. Sólo lo hizo el mes de octubre de 2021, y ni siquiera llegó a superar el 2%.

Esta constatación cambia bastante las cosas: la guerra de Ucrania ha tenido lugar durante todo el mes de marzo y en ese mes la inflación ha sido única y muy superior a los meses anteriores, por lo que parece razonable deducir que el conflicto militar es un factor crucial  a la hora de explicar el despegue de los precios.

A ver, en realidad no es sólo el gobierno de España quien sostiene que la guerra explica la mayor parte de la inflación. Hay muchos economistas de elevado prestigio, algunos de ellos galardonados con el premio Nobel, que aseguran que el conflicto en Ucrania ha sido notablemente inflacionario, no sólo en Europa sino también en Estados Unidos (Stiglitz 2022, Roubini y Rosa 2022; Delong 2022). Y es que, en realidad, en la academia se sabe desde hace tiempo que las guerras han sido siempre las principales causas de la inflación (Thompson y Zuk 1982; Hamilton 2010; Hanke y Krus 2012). Especialmente de los episodios hiperinflacionarios, como expliqué con detalle en este vídeo y que os recomiendo ver si os interesa el tema.

En el caso de la invasión de Ucrania por parte de Rusia el impacto en los precios se ha producido claramente a través de la energía, y en menor medida de los alimentos, básicamente porque Rusia es un exportador crucial de petróleo y gas natural, y Ucrania un importante exportador de productos agrícolas. Aunque, como también expliqué con detalle en este vídeo, a todo esto hay que sumarle la especulación con las materias primas, es decir, a que unos cuantos inversores financieros han inflado con sus operaciones en el mercado de futuros los precios de estos productos para venderlos cuando estén más caros y obtener una ganancia por el camino. Es terrible e indignante pero cierto: a ti y a mí nos cuesta llenar más el depósito de gasolina y la cesta de la compra en parte porque hay unos pocos inversores financieros ganando dinero a golpe de clicks de ratón.

De hecho, cuando nos acercamos con detalle al IPC, que es un indicador promedio de los precios de muchos productos considerados básicos, comprobamos claramente cómo en realidad son los productos energéticos los que explican la mayor parte de la inflación en los últimos meses. El precio del resto de los productos no ha aumentado de una forma tan exagerada, aunque algunos pocos hayan aumentado algo más de lo normal desde finales de 2021.

Es más, es que incluso algunos de estos productos básicos han visto descender sus precios durante muchos meses del último año, como por ejemplo el vestido, el calzado y sus reparaciones, artículos textiles para el hogar, productos médicos, equipos de telefonía o equipos audiovisuales.

Por cierto, si la inflación fuese consecuencia de que la gente tiene más dinero en su bolsillo y de que consumen más, los precios aumentarían en todos los productos, no sólo en una parte de ellos.

Y si miramos el IPC subyacente, que es el IPC pero excluyendo los precios de la energía y de los alimentos no elaborados, que son los más volátiles (en parte por la especulación financiera de la que hablaba), vemos que este indicador está muy lejos del 9,8% registrado por el IPC general, aunque está por encima de niveles recientes y mantiene una tendencia creciente.

Exactamente lo mismo ocurre si miramos la inflación en Europa: esta viene explicada fundamentalmente por los precios de la energía, y en mucha menor medida, de algunos alimentos, manteniéndose los precios del resto de productos en niveles moderados.

Podemos concluir, sin miedo a equivocarnos, que esta elevada inflación se debe fundamentalmente a los precios de la energía, y que, a su vez, se debe sobre todo al conflicto militar en Ucrania y sus consecuencias en términos de sanciones económicas y de especulación financiera.

Algunos no comparten esta visión porque dicen que, como los precios de la energía son internacionales y prácticamente iguales para todos los países, todos tendrían más o menos una tasa de crecimiento similar, cosa que no ocurre. En este gráfico podemos ver las diferencias de inflación entre los distintos países europeos en el mes de marzo y, en efecto, aunque las tasas son anormalmente altas para todos, hay notables diferencias entre los países.

Pero aquí hay que aclarar dos cosas importantes. La primera es que, aunque los precios de los hidrocarburos sean internacionales, ni la procedencia ni la utilización de los mismos son iguales en todos los países. Por ejemplo, evidentemente países como Lituania, Estonia o Letonia, que son países muy fríos, utilizan mucho más gas natural, y además ruso, para calentar los espacios, y de ahí que su utilización sea mayor y también su impacto en los precios. En el otro extremo tendríamos a países como Malta, Portugal o Chipre, que son países más cálidos y que por lo tanto no necesitan tanto gas natural. Si España no se encuentra ahí es por la segunda cuestión que quería comentar. Como ya expliqué con detalle en este vídeo, los precios de la luz se fijan en el mercado mayorista, que es prácticamente igual para todos los países europeos, pero esos no son exactamente los precios que luego pagamos las familias en nuestra tarifa de la luz. Las empresas comercializadoras compran a ese precio mayorista la electricidad, y luego nos la venden a las familias a una tarifa determinada. Esa tarifa puede ser coincidente con el precio mayorista, llamada tarifa regulada; o puede recoger precios distintos, llamada tarifa de “mercado libre” y que se suele mantener durante todo un año. La primera tarifa se ha encarecido muchísimo en los últimos meses, pero la segunda se ha mantenido fija por el momento, porque los precios no cambian hasta que se vuelven a negociar. Y en cada país esa proporción de tarifas es distinta, lo que explica las diferencias de inflación: cuantas más familias tengan la primera tarifa, más habrá aumentado el precio medio de las tarifas. Por ejemplo, en Portugal sólo el 15% de las familias tienen esa primera tarifa que se ha disparado en los últimos meses, mientras que en España ese porcentaje llega al 40%.

Solo por eso España ya tendría una inflación superior a la de Portugal, simplemente porque hay más tarifas que se vinculan al precio que se ha incrementado, ¡pero es que a esto hay que sumarle que el IPC en España se calcula suponiendo que todas las familias tienen la primera tarifa, la que se ha disparado! Esto es un sinsentido que comete el Instituto Nacional de Estadística y que infla el IPC artificialmente, porque como digo, el 60% de las familias todavía no han visto incrementar su tarifa de la luz (es más, muchas de ellas la han visto bajar debido a las reducciones de impuestos aprobadas por el gobierno), pero el INE calcula el IPC como si la tarifa se hubiese disparado para todas las familias.

La oficina de estudios de Caixabank calculó el IPC de forma correcta para 2021 y descubrió que la inflación real en España era bastante menor de la que arrojaba el IPC del INE, concretamente unos dos puntos menos. Lamentablemente Caixabank no ha hecho este cálculo para 2022, pero si extrapolamos sus resultados podríamos hablar de una inflación real en marzo de 2022 del 7,5%, en vez de el 9,8%, lo que nos situaría en un nivel más cercano al promedio europeo.

Hay que decirlo más: el IPC en España está artificialmente inflado y es urgente que se revise.

Algunos otros dicen que vale, los precios de la energía explican la inflación desbocada, pero el resto de precios también están aumentando más de la cuenta, aunque no sea tanto, y que lo llevan haciendo desde antes que estallara la guerra en Ucrania, así que tiene que haber otras causas. Esto es así, en efecto, pero al contrario de lo que algunos por ahí piensan, no es debido al gasto público o a las políticas monetarias expansivas de los Estados, sino que se debe a los cuellos de botella que se originaron con la recuperación de la economía tras pasar lo peor de la pandemia. Esto ya lo expliqué y demostré en este vídeo, así que aquí solamente me limitaré a resumir la idea principal.

Las medidas de confinamiento, y también las muertes y enfermedades por el covid obligaron a la mayoría de empresas a parar su actividad en 2020 y durante mucho tiempo, y muchas tuvieron incluso que echar el cierre. Esto provocó que la economía mundial no pudiese producir tanto como producía antes, de forma que cuando la demanda se recuperó en 2021, la oferta no pudo adaptarse, de ahí los cuellos de botella y el incremento de los precios (Roubini y Rosa 2022). Además, las medidas restrictivas y el teletrabajo modificaron las pautas de consumo, haciendo que la gente pasara a comprar más bienes que servicios, porque ya no podían viajar ni ir a bares o teatros pero sí podían comprar cosas por internet, por lo que la demanda de bienes pasó a ser superior a su oferta, aunque la demanda de servicios se mantuviera muy por debajo (Kantur y Ozcan 2021). Aquí podemos ver esto para el caso de Estados Unidos: la demanda de bienes tras la pandemia superó muy pronto la tendencia que había mantenido antes de la emergencia sanitaria. En cambio, la demanda de servicios se desplomó y todavía no ha recuperado la tendencia que mantenía antes de marzo de 2020 (Galbraith 2021; Mitchell 2022).

Pero la clave es entender que ese aumento en la demanda de bienes no se debió a que la gente tuviese más dinero en sus bolsillos gracias al gasto público o a las políticas monetarias, sino simplemente a que dejó de comprar unas cosas para comprar otras.

Esta visión de que la inflación no se debe a un problema monetario sino a un problema logístico la comparten organismos internacionales como el Banco Central Europeo (Attinasi et al 2022) y también reconocidos economistas, así que no es una idea marginal sino precisamente una de las que más se acepta en la academia (Roubini y Rosa 2022; Ha et al 2021; Frankel 2021; Papava 2022; Pride et al. 2022; Rodrik 2022).

El debate en todo caso se encuentra en cuánto durarán estos cuellos de botella, porque al principio se pensaban que serían temporales y que se resolverían pronto (Stiglitz, 2021). Por ejemplo, el Banco Central Europeo estima que esos cuellos de botella ya han alcanzado su máximo y que están empezando a disminuir (Attinasi et al 2022;). Por otro lado, una encuesta realizada en diciembre de 2021 por una importante encuestadora estadounidense reveló que el 75% del sector esperaba que los cuellos de botella dejaran de elevar la inflación en 9 meses o menos (Pride et al 2022).

Pero hay otros analistas que creen que este problema no va a ser temporal sino que se va a hacer permanente. ¿Por qué? Pues básicamente porque las consecuencias de la pandemia han multiplicado hasta por 10 el coste del transporte de mercancías (Marin 2021), por lo que ya no le sale tan rentable a las empresas transnacionales deslocalizar su actividad. Recordemos que durante los años de la globalización muchas empresas se marcharon a otras partes del mundo para aprovechar los bajos salarios e impuestos, lo que les permitía bajar el precio de sus productos y ser más competitivas, pero como ahora transportar los productos de un sitio a otro se ha encarecido muchísimo, algunas de estas empresas están dando marcha atrás y volviendo a sus países de origen. Por ejemplo, un reciente estudio del prestigioso Instituto IFO revela que alrededor del 19% de las empresas manufactureras alemanas planean reorientar la producción. De estas, el 12% comenzará adquiriendo insumos de proveedores alemanes y el 7% los producirá internamente (IFO 2021). Esto podría estar iniciando una fase de desglobalización, que implicaría mayores precios de los productos de forma permanente, no sólo por el mayor coste en el transporte, sino también por los mayores salarios y mayores impuestos de los países a los que vuelven (Goodhart y Prahan 2020; Kilic y Marin 2020; Marin 2021; Coyle 2021; Papava 2022).

En cualquier caso, la causa de este empuje en la inflación no sería de naturaleza monetaria, no sería porque hay más gasto público o dinero circulando, sino que sería un problema de naturaleza productiva.

Pues bien, identificadas las causas de la inflación actual (recuerdo: cuellos de botella o desglobalización, agravado por la guerra en Ucrania, que afecta sobre todo a los precios de la energía) ya podemos abordar qué medidas se podrían aplicar para reducirla y cuáles no tendrían ningún tipo de sentido.

La solución que bajaran los economistas macroeconómicos convencionales es la de aumentar los tipos de interés. Ellos parten de la premisa de que la inflación es un problema monetario, que hay mucho dinero en circulación, por lo que aumentar los tipos de interés encarecería los préstamos e hipotecas y provocaría que hubiese menos dinero circulando. Pero como la inflación no se debe a eso sino a un problema productivo, retirar dinero de la economía no serviría para reducir la inflación absolutamente en nada (Frankel 2021). De hecho, como expliqué en este vídeo, lo único que lograría esa medida sería empeorar todavía más la economía. Los bancos centrales de Estados Unidos y del Reino Unido ya están elevando los tipos de interés, pero afortunadamente el Banco Central Europeo y el de Japón se resisten a hacerlo (de hecho, este último aprobó el 29 de marzo un nuevo programa de expansión monetaria (Mitchell 2022). Parece que estos bancos centrales comprenden algo mejor la naturaleza de esta inflación que los anglosajones.

Existe otra solución que baraja la derecha, complementaria a la primera, que consiste en reducir los impuestos. De hecho, el presidente del Partido Popular ha propuesto hace poco una reducción generalizada y temporal del IRPF y de otros impuestos como el IVA de la luz y el gas natural o el de hidrocarburos. A ver, reducir el IRPF obviamente no sirve para reducir los precios, sirve dar más oxígeno a los contribuyentes, por lo que en todo caso lo lógico sería reducirlo a las rentas más bajas, no a los que pueden afrontar los mayores precios sin problemas. En cuanto a reducir impuestos como el IVA a la electricidad o el de hidrocarburos, sí que serviría para reducir la inflación (siempre y cuando las empresas repercutiesen la reducción en sus precios, claro); el problema es que estas medidas dejan intactos los beneficios de las empresas energéticas y repercuten todo el coste en las arcas públicas. Es decir, que el coste de la inflación lo pagaría exclusivamente el Estado, mientras que las empresas energéticas no pagarían nada (e incluso podrían ganar más dinero).

En cambio, existe una tercera medida que es mucho más justa y potente: limitar directamente los precios. Como los precios desorbitados son exclusivamente los energéticos, el Estado podría poner un tope directamente a los precios del combustible, del gas natural y de la luz, tal y como ha hecho por cierto con los precios del alquiler. Esto provocaría inmediatamente una reducción de la inflación muy notable (Galbraith 2021; Rodrik 2022). Es precisamente lo que pretenden los gobiernos de España y Portugal con el caso del gas que marca el precio de la electricidad mayorista, aunque de los precios del combustible no han dicho nada. Eso sí, alguien tendría que asumir ese coste. En función del diseño de la medida, el coste podría repartirse entre el Estado y las empresas energéticas, o podría asumirlo en su totalidad el Estado, o incluso únicamente las empresas. Por ejemplo, en Japón el Estado ha obligado a las empresas energéticas a mantener los precios intactos a cambio de darle ciertas bonificaciones, de forma que se reparten el coste de combatir la inflación. ¿El resultado? La inflación en Japón está absolutamente controlada: sigue por debajo del 1% y eso que también son dependientes de los hidrocarburos rusos cuyos precios se han disparado.

Creo que queda claro cuál es la mejor forma de combatir una inflación que ha sido generada casi en su totalidad por los precios energéticos: limitar dichos precios por decreto. El coste de dicha medida puede repartirse entre las empresas energéticas y el Estado, o asumirlo todo el Estado, o todo las empresas (por ejemplo, si fuesen nacionalizadas en su totalidad, como por cierto ha hecho recientemente Alemania con la filial de Gazprom). El caso es que esa medida es la más efectiva y además la más justa, porque reducir los impuestos como propone la derecha no disminuye tanto la inflación, deja intactas las ganancias de las empresas y repercute todo el coste en las arcas públicas. Y, por supuesto, la peor medida de todas y con diferencia es la de aumentar los tipos de interés, porque eso no sirve para reducir en nada la inflación y encima lo empeora todo. Esperemos que nuestros gobernantes ignoren la teoría económica dominante y apliquen límites en los precios energéticos, porque eso es lo más efectivo y justo para acabar con esta inflación.

 

Referencias:

Mitchell (2022) http://bilbo.economicoutlook.net/blog/?p=49480

Attinasi et al (2022) https://www.ecb.europa.eu/pub/economic-bulletin/focus/2022/html/ecb.ebbox202202_01~272e32f7f4.en.html

Banco de Japón (2022) https://www.boj.or.jp/en/announcements/release_2022/rel220330a.pdf

Ha et al (2021) https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3886814

Papava (2022) http://papava.info/publications/Papava_Underproduction-Inflation.pdf

Pride et al (2022) https://www.glenmede.com/wp-content/uploads/2022/01/Investment-Strategy-Notes-01-10-22.pdf

Marin (2021) https://www.project-syndicate.org/commentary/deglobalization-wage-price-spiral-in-advanced-economies-by-dalia-marin-2021-11

Kilic y Marin (2020) https://voxeu.org/article/how-covid-19-transforming-world-economy

IFO (2021) https://www.ifo.de/DocDL/ifoStudie-2021-KAS-Wertschoepfungsketten.pdf

Goodhart y Prahan (2020) https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-030-42657-6

Jones (2021) https://www.ft.com/content/bb91e0e4-7021-4246-b0a1-160c52a8cca4

Galbraith (2021) https://www.project-syndicate.org/commentary/inflation-not-macroeconomic-problem-for-fed-by-james-k-galbraith-2021-11?barrier=accesspaylog

Inurrieta (2022) https://www.eldiario.es/blog/al-dia/podcast-inflacion-guia-basica-viene_132_8876134.html

Rodrik (2022) https://www.project-syndicate.org/commentary/correct-policies-to-fight-inflation-depend-on-context-by-dani-rodrik-2022-01?mc_cid=118bd24b14&mc_eid=e9fb6cbcc0&barrier=accesspay

Kantur y Ozcan (2021) https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0165176521001841

Hamilton (2010) https://www.cambridge.org/core/journals/journal-of-economic-history/article/abs/role-of-war-in-modern-inflation/C34E37999F088F965C64C9C61A543A8B

Thompson y Zuk (1982) https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/0022002782026004003

Roubini y Rosa (2022) https://www.project-syndicate.org/commentary/stagflationary-environment-putins-war-no-optimal-policy-response-by-nouriel-roubini-and-brunello-rosa-2022-03?a_la=english&a_d=62444004074567593838aa7e&a_m=&a_a=click&a_s=&a_p=%2Farchive&a_li=stagflationary-environment-putins-war-no-optimal-policy-response-by-nouriel-roubini-and-brunello-rosa-2022-03&a_pa=archive-results&a_ps=&a_ms=&a_r=

Delong (2022) https://www.project-syndicate.org/commentary/us-macroeconomic-outlook-march-2022-by-j-bradford-delong-2022-03?a_la=english&a_d=623d92061b253bd702e2b530&a_m=&a_a=click&a_s=&a_p=%2Farchive&a_li=us-macroeconomic-outlook-march-2022-by-j-bradford-delong-2022-03&a_pa=archive-results&a_ps=&a_ms=&a_r=

Domash y Summers (2022) https://www.nber.org/system/files/working_papers/w29739/w29739.pdf

Stiglitz (2022) https://rooseveltinstitute.org/2022/02/09/a-balanced-response-to-inflation/

Frankel (2021) https://www.project-syndicate.org/commentary/us-economy-inflation-and-rapid-recovery-by-jeffrey-frankel-2021-11?a_la=english&a_d=61a0e0cb486262d00ecb2bef&a_m=&a_a=click&a_s=&a_p=%2Farchive&a_li=us-economy-inflation-and-rapid-recovery-by-jeffrey-frankel-2021-11&a_pa=archive-results&a_ps=&a_ms=&a_r=&barrier=accesspay

IPC del INE (2022) https://www.ine.es/jaxiT3/Datos.htm?t=50902#!tabs-grafico

Desagregación IPC (2022) https://www.ine.es/jaxiT3/Datos.htm?t=50903#!tabs-grafico

Declaraciones Pedro Sánchez https://twitter.com/ElHuffPost/status/1501469654014963714

Declaraciones Nadia Calviño https://www.diariosigloxxi.com/texto-diario/mostrar/3515415/economia-estima-73-alza-precios-debe-guerra-ucrania

Stiglitz (2022) https://www.project-syndicate.org/commentary/russia-war-covid-global-shocks-reveal-bankruptcy-of-neoliberalism-by-joseph-e-stiglitz-2022-04?barrier=accesspay

Inflación en marzo por países europeos https://ec.europa.eu/eurostat/documents/2995521/14442438/2-01042022-AP-EN.pdf/ba153bc6-c1aa-f6e5-785b-21c83f5319e5

Hanke y Krus (2012) https://www.cato.org/commentary/hyperinflation-no-inflation-yes

Caixabank Research IPC febrero 2022 https://www.caixabankresearch.com/es/publicaciones/notas-breves-actualidad-economica-y-financiera/espana/inflacion-alcanzo-febrero-su

Caixabank Research IPC 2021 https://www.caixabankresearch.com/es/publicaciones/notas-breves-actualidad-economica-y-financiera/espana/calculo-precios-electricidad

Coste de contenedores https://www.drewry.co.uk/supply-chain-advisors/supply-chain-expertise/world-container-index-assessed-by-drewry

Propuestas fiscales del PP https://www.publico.es/politica/feijoo-estrena-plan-fiscal-contrario-normas-ue.html

Medidas para contener la inflación en Japón https://www.eleconomista.es/economia/noticias/11530684/12/21/Japon-el-pais-que-se-resiste-a-la-inflacion.html

Inflación Japón: https://es.tradingeconomics.com/japan/inflation-cpi

Nacionalización de Gazprom https://www.eldiario.es/economia/alemania-control-filial-germana-gazprom-asegurar-suministro-gas_1_8888947.html

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