Contrarréplica a Rallo: el superávit público sí implica endeudamiento privado

El otro día el economista Juan Ramón Rallo publicó un vídeo en su canal en el que criticaba parte del marco teórico que utilicé en mi tesis doctoral. En la ciencia económica, y en la ciencia en general, la discusión entre especialistas es siempre bienvenida porque permite contrastar puntos de vista distintos y avanzar en el conocimiento, y yo encantado además de que se hable de un trabajo propio al que le he dedicado tanto tiempo. El problema es que Juan Ramón Rallo no se leyó la tesis ni hizo una crítica académica rigurosa, sino que se limitó a visualizar sin mucha atención mi vídeo resumen de 15 minutos y a replicar una parte del mismo, todo eso en un tiempo récord. Parece que las ganas de salir al ataque le pesaron más que las ganas de estudiar con tranquilidad mi trabajo y de realizar una crítica sosegada. Esas prisas podrían explicar que su crítica sea tan pobre y que tenga falacias de hombres de paja (es decir, que critica cosas que yo no he dicho), así como que haya cometido un error conceptual garrafal que invalida todo su planteamiento. En este vídeo explico en qué se equivoca Juan Ramón Rallo, esperando de esta forma que ni él ni otras personas vuelvan a caer en su error.

A pesar de que el vídeo dura media hora, solamente aporta una única crítica – lo cual dice mucho de su capacidad de síntesis, por cierto-, y es la siguiente: aunque reconozca que un superávit público implica déficit privado por identidad contable, dice que eso no implica que las familias y empresas tengan que contraer más créditos, hipotecas, o préstamos, sino que simplemente implica que el sector privado le debe algo al sector público. Según él, es sólo que el Estado tiene un derecho de cobro pendiente frente al sector privado, y que éste ya saldará su deuda en el futuro de cualquier forma. Por lo tanto, concluye, el superávit público no implica endeudamiento privado, no implica que familias y empresas se endeuden (Insertar 29:49).

Está totalmente equivocado, y lo está porque interpreta mal los saldos sectoriales. Estos saldos no nos hablan de deudas futuras ni de derechos de cobro pendientes como él cree, sino que nos hablan de los gastos e ingresos YA MATERIALIZADOS; no miden pagos que se tienen que realizar en el futuro, sino que miden pagos que ya se han realizado. De hecho, si el sector privado le debiese algo al sector público como dice Juan Ramón Rallo, ¡eso no aparecería en los saldos sectoriales! Porque todavía no se habría producido ningún gasto ni ingreso. Aparecería en el balance financiero del sector privado, ¡pero no en la contabilización de los gastos e ingresos! Esto es contabilidad básica y de verdad que me sorprende que Juan Ramón Rallo se haya confundido con algo tan simple. No es más que la clásica diferencia entre variables flujo y variables stock.

El déficit del sector privado no implica que familias y empresas le deban algo al sector público, sino que simplemente indica que las familias y empresas YA le han pagado al Estado más de lo que han recibido de él. Por ejemplo, un déficit privado de 100 euros no significa que familias y empresas le tengan que pagar 100 al Estado en algún momento, sino que YA le han pagado al Estado 100 más de lo que cobraron de él. Imaginemos que las familias y empresas le han pagado 300 euros al Estado por impuestos y que han recibido 200 euros por el pago de ayudas públicas. El resultado es un déficit privado de 100, pero esto no implica, como erróneamente cree Juan Ramón Rallo, que el sector privado le deba 100 euros al sector público; lo que implica es que ya le pagó 100 de más. Es muuuuuuuy diferente.

¿Por qué Rallo, que es un economista formado al que se le presuponen conocimientos avanzados de economía, comete este error de creer que los saldos sectoriales nos pueden hablar de deudas y no de los gastos e ingresos realizados? Porque comete el error de bulto de pensar en unidades físicas en vez de en unidades monetarias. De hecho, en su vídeo pone de ejemplo el trigo para medir el PIB. Y claro, al medir las transacciones en trigo, le parece imposible que se pueda entregar al Estado más cantidad de trigo del producido, porque sólo lo produce el sector privado. De ahí que Juan Ramón Rallo piense que esas 100 unidades de déficit privado es algo que tendrá que pagarse en un futuro, cuando sean producidas. Pero lo que ocurre es que las transacciones, en nuestras economías y por si alguien no se ha dado cuenta, no se miden en trigo ni en cosas físicas, sino en unidades monetarias que no necesitan ser producidas y que los bancos (tanto centrales como privados) pueden crear en cualquier momento de forma instantánea. Si las familias y empresas no tienen esas 100 unidades monetarias, las pueden obtener con créditos bancarios.

Cuando Juan Ramón Rallo habla del PIB utilizando cantidades de trigo está incurriendo en un disparate académico. El PIB jamás se mide en unidades físicas, sino en unidades monetarias. Y es que en un país no sólo se produce trigo, sino que se producen también casas, máquinas, servicios de todo tipo, etc, y como todo eso no se puede sumar (no puedes sumar 1.000 unidades de trigo con 1.000 máquinas, por ejemplo), lo que se hace es convertirlo todo a unidades monetarias: entonces ya sí se pueden sumar, porque todo está expresado en la misma unidad. Esto lo cambia absolutamente todo, porque esas unidades monetarias no son cosas físicas que haya que producir como pasa con el trigo, sino un invento abstracto que los humanos utilizamos para contabilizar nuestras transacciones y que se pueden crear en cualquier momento; no están limitadas como el trigo.

Y no me sirve como excusa que Juan Ramón Rallo haya simplemente utilizado un ejemplo para ilustrar su explicación, lo que ha hecho es una patada al rigor que invalida su razonamiento; las simplificaciones sólo son válidas si no alteran la naturaleza de lo analizado, pero es que hablar de productos en vez de unidades abstractas es hablar de otra cosa, no del PIB ni de saldos sectoriales. Esto es algo que les ocurre a muchos economistas porque es lo que plantea la teoría económica dominante: creen que el dinero es una especie de velo de las transacciones de productos y que, por lo tanto, son equivalentes, pero no; es una cosa totalmente diferente que tiene implicaciones diferentes y que requiere un análisis diferente.

Por lo tanto, volviendo al déficit privado de 100 (de 100 unidades monetarias, no de 100 cosas); si el sector privado le ha entregado 100 euros de más al sector público, ¿de dónde los ha sacado? Pues hay dos posibilidades: 1) de su ahorro pasado, de un patrimonio que tenía ya acumulado, o 2) de nuevo dinero solicitado en forma de crédito a entidades financieras, que crean dinero cuando conceden créditos. El problema de la primera vía es que el patrimonio acumulado no es infinito, por lo que no se puede estar siempre recurriendo a él, porque se acaba, y además es menos rentable que la segunda. Por lo tanto, es esta segunda posibilidad la que siempre predomina; es la más rápida, eficiente y barata.

En consecuencia, el déficit privado -que no es que el sector privado le deba algo al Estado, sino que ya le ha pagado de más- implica que las familias y empresas han tenido que obtener el dinero de algún sitio, y ese sitio sólo puede ser el sector financiero, que crea el dinero cuando concede créditos: han tenido que endeudarse para poder pagar al Estado más de lo que éste le ha entregado. Esto no debería ser discutido. ¿De dónde si no han sacado el dinero las familias y empresas para haberle pagado más al Estado de lo que ha recibido de él? Más allá del dinero que tuviesen acumulado, sólo puede ser a través de créditos e hipotecas contraídas gracias al sector financiero. Si los economistas convencionales no ven esto es porque nunca prestan atención a la creación de dinero por parte de los bancos -y así les va. Esta cuestión, que ya abordé en un vídeo anterior, jamás se explica en los manuales de economía a pesar de que incluso el Banco Central de Inglaterra lo ha tenido que reconocer.

Pero es que, además, al margen de todo lo que acabo de explicar, otra prueba de que Rallo no ha prestado suficiente atención a mi explicación es que me atribuye afirmaciones que en absoluto he dicho. Por ejemplo: él ya en el título de su vídeo habla de austeridad, y luego lo repite, pero es que yo ni en la tesis ni en el vídeo hablo de eso. Él confunde superávit público con austeridad, cuando son dos cosas distintas. Se puede alcanzar superávit público sin aplicar medidas de austeridad, por ejemplo, cuando hay tasas de crecimiento económico muy elevadas (que se suelen dar durante las burbujas financieras, que es la clave de mi tesis).

Veamos otro ejemplo de que le importa poco el rigor y de que se inventa lo que yo he dicho:

(Insertar 2:23 “El superávit público conduce a crisis económicas devastadores”). Es mentira, yo nunca he dicho eso, ni en mi tesis doctoral, ni en el vídeo resumen, ni en ningún otro sitio, y animo a Juan Ramón Rallo o a cualquier otra persona a que busque declaraciones en ese sentido. Si hubiese prestado más atención se habría dado cuenta de que lo que planteo es sustancialmente más complejo que eso.

En la página 70 de mi tesis explico lo siguiente:

“Concluimos que el apalancamiento privado (originado tras procesos de liberalización financiera) y su destacado impacto sobre el crecimiento económico es lo que en muchas ocasiones ha permitido que economías con déficit por cuenta corriente consigan superávit fiscal gracias a la mejora de los ingresos públicos, así como que dicha expansión de crédito es la responsable de originar los desequilibrios financieros que desembocan en una crisis. Todo ello sin menoscabo de que la propia persecución del superávit público puede empujar al sector privado a incrementar su endeudamiento, algo que se intensifica cuando se ha logrado dicha meta.

Es decir, mi planteamiento no es que el superávit público provoque endeudamiento privado elevado y, en consecuencia, crisis económicas devastadoras, como se inventa Juan Ramón Rallo. No. Lo que yo sostengo es que el endeudamiento privado (que se origina de forma autónoma cuando se desregula el mercado financiero) conlleva tantas transacciones económicas que el sector público acaba ingresando mucho con ellas, porque por todas se pagan impuestos, de forma que así puede llegar al superávit fiscal. Una vez se llega a este superávit público, ese proceso de endeudamiento privado se intensifica por todo lo explicado antes. Pero el culpable de las crisis económicas es el endeudamiento privado, por eso se producen crisis también en países que no tienen superávit público. La clave de mi tesis es entender que, en economías a las que no les llega dinero del extranjero, el superávit público SÓLO puede ser alcanzado a través de un endeudamiento privado masivo que siempre termina en crisis. Esto es muy distinto a lo que dice Rallo en su razonamiento inventado y achacado a mi persona.

Y no es un error cometido por no haberse leído mi tesis, cosa que evidentemente no ha hecho, sino que es una invención suya, porque es que ni siquiera prestó suficiente atención al vídeo resumen, porque en él explico que los modelos econométricos que efectúo en la tesis son precisamente para comprobar si la deuda privada contribuyó a explicar el superávit público, ¡no al revés! Pero bueno, entiendo que las prisas por salir a atacar le hayan impedido tomar buena nota de mi investigación.

En cualquier caso, a ver, es que ni siquiera hace falta descubrir el error conceptual de raíz en el que cae Rallo para darse cuenta de que algo no cuadra en su razonamiento. Si, según él, el déficit privado no implica necesariamente endeudamiento de familias y empresas, ¿cómo es posible que a la inmensa mayoría de los países del mundo les pase exactamente eso, como muestro en mi tesis? ¿Es que se trata de casualidad? ¿De verdad Juan Ramón Rallo cree en las casualidades? Porque ya sería un golpe de suerte tremendo que mi marco teórico equivocado -según él- explicase con tanta precisión un fenómeno que se ha repetido durante décadas y en tantos países del planeta, ¿no? Si tenemos dos marcos teóricos, el mío y el de Rallo, y resulta que el mío se adapta casi a la perfección a los hechos, pero el suyo no, no es precisamente una locura asegurar que el mío es el acertado, o, al menos, mucho más acertado que el suyo.

Y es que, sinceramente, estoy ya muy cansado de que los economistas convencionales utilicen modelos teóricos en sus explicaciones que pueden ser más o menos elegantes pero que luego no sirven absolutamente nada para explicar la realidad. Lo que dice Rallo no tiene ningún sustento en los hechos, y lo que digo yo sí, y en cambio él cree estar acertado y yo confundido. Lo mismo ocurrió cuando él mismo predijo, utilizando los planteamientos teóricos típicos, que establecer un precio mínimo a las mascarillas causaría desabastecimiento. Él creía eso porque su teoría le sugería eso, pero la realidad demostró que jamás se produjo tal desabastecimiento, sino todo lo contrario, el mercado se inundó de mascarillas. Y, a pesar de ese fracaso, sigue confiando y repitiendo sus modelos teóricos como si fuesen ciertos o como si tuviesen utilidad, porque trabaja de espaldas a la realidad y parece darle igual, como ocurre con el tema de mi tesis.

Esto mismo pasa con muchos otros economistas convencionales. Por ejemplo, José Carlos Díez, en el año 2007, justo en el momento más álgido de la burbuja inmobiliaria en España, publicó un artículo para justificar que no existía tal burbuja; decía que era un mito. Es lo que pasa cuando miras unos modelos teóricos -que están sesgados- y cuando no miras la realidad. Otro ejemplo es lo que está ocurriendo desde el año 2015, cuando los bancos centrales comenzaron a crear billones de dólares, euros y yenes, que nos decían que se iba a producir una inflación galopante porque lo decían sus modelos teóricos, y han pasado 6 años y todavía seguimos esperando a que llegue la inflación. Pero les da igual, la teoría económica convencional es el mejor ejemplo de negación de la realidad y de sesgo de confirmación: sólo creen en lo que quieren creer.

En fin, ¿cuántos más errores deben tener los economistas convencionales para darse cuenta de que sus modelos teóricos están equivocados? ¿Cuántas veces más tendremos que escuchar análisis teóricos como el de Juan Ramón Rallo que no sólo están mal planteados sino que no se apoyan absolutamente nada en los hechos y que no sirven para explicar la realidad? Espero que no muchas, porque eso significaría que el conocimiento de la economía seguiría estancado en planteamientos que tienen que ver más con la creencia que con la ciencia.

 

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