Cuidado con el diagnóstico de la crisis española

Existe una creencia más o menos generalizada entre la población española que centra las críticas de la nefasta situación española en la negligencia o incluso ineptitud de los gobernantes nacionales. Fenómeno muy comprensible a tenor de las políticas anti-sociales que están implantando, así como de los numerosos casos de corrupción a los que nos tienen acostumbrados. Sin embargo, al limitar la responsabilidad de la situación a estas personas se está cometiendo un error de análisis muy grave que podría empujarnos a adoptar respuestas que no terminarían solucionando el problema. Por el contrario, un análisis más detallado y riguroso de los acontecimientos nos invita a pensar en elementos externos a estos gobernantes cuya responsabilidad en la gestación de la crisis y en su posterior desarrollo es incluso superior a la de estos representantes políticos.

Y es crucial tener esto en cuenta. Porque cuando vemos que empiezan, por ejemplo, a recortar en servicios públicos como educación y sanidad, a quienes vemos en los medios de comunicación es a los gobernantes de turno, y es sobre ellos que echamos todas nuestras maldiciones, porque conforman el elemento visible, la figura que aparece en televisión y que nos informa de los recortes (actualmente la cúpula del gobierno de Rajoy). Pero sin embargo estas decisiones responden a un imperativo que viene desde más arriba, concretamente desde la Unión Europea y su modelo obsesionado con la estabilidad fiscal (reducir déficit y deuda, especialmente). Pero no vemos a los dirigentes de la Unión Europea anunciando los recortes. En todo caso, y con mucha suerte, vemos a Angela Merkel o al presidente del Banco Central Europeo haciendo recomendaciones a los países del sur de Europa, pero quienes implantan las medidas que allí se dictan no son ellos, sino los gobernantes nacionales de turno como Zapatero o Rajoy. Por eso no es de extrañar todo el malestar general que existe sobre la actuación de los gobernantes. Ellos conforman esa figura visible que está recortando derechos y recursos de todos los ciudadanos y en definitiva empobreciendo al país. Por eso mucha gente que sale a manifestarse –como  por ejemplo buena parte de los integrantes del 15-M– suelen gritar “no nos representan”, en clara alusión a los gobernantes nacionales, y no con mensajes que directamente achaquen la responsabilidad de la situación a la cúpula de la Unión Europea y todos los intereses económicos y financieros que se esconden detrás de ella (y que son, en definitiva, los principales culpables).

Centrarse en el elemento visible es lo fácil, es lo rápido, es lo instintivo. Pero a su vez es lo incorrecto e incompleto. Es necesario indagar un poco más en el asunto para descubrir factores que permanecen ocultos pero que son incluso más importantes. Desgraciadamente muchísimas personas no se han percatado aún de la importancia de ese elemento invisible. Vídeos tan extendidos como el de “Simiocracia” centran toda su atención en el elemento visible (los gobernantes nacionales) y se olvidan insensatamente del elemento invisible (la élite económica y financiera, comúnmente llamada “los mercados”).

Poder centrar la atención en ese elemento invisible que influye directamente sobre el elemento visible es crucial para entender realmente lo que está pasando y también para descubrir qué respuestas hay que darle a esta situación. Porque si uno se olvida del elemento invisible, su análisis de la situación le llevará a creer que cambiando a los gobernantes que están empobreciendo a los ciudadanos se arreglará el problema. Eso es lo que pensó una buena parte de la población cuando votó al Partido Popular pensando que con la salida de Zapatero todo iba a mejorar. Y hemos visto claramente cómo el cambio de un partido político por otro no ha cambiado la esencia de la situación. Por supuesto que hay matices entre sus políticas, pero la columna vertebral es la misma: recortar para reducir el déficit y conseguir la confianza de “los mercados”; y eso empuja a realizar prácticamente las mismas políticas. Pero no podemos olvidar que estos gobernantes están siguiendo la senda que viene marcada desde arriba. Lo que están haciendo es obedecer. Esas personas a las que nosotros elegimos para que gobiernen, realmente no están gobernando sino que están obedeciendo órdenes. Por eso esta situación está superando las dimensiones de la democracia. Por esto tantas personas critican el sistema democrático que tenemos en nuestro país. De ahí el nombre de la organización que tanta importancia está cobrando en la actualidad: “Democracia Real Ya”.

No se trata de exculpar a los gobernantes nacionales por implantar políticas que han diseñado otros. No; ellos son muy culpables de la situación, pero no por desear la implantación de políticas anti-sociales (muchos de ellos seguramente estarán en contra), sino por no rebelarse frente a esos intereses externos a los que obedecen con actitud lacaya.

La imposibilidad de acceder al elemento invisible es un problema porque son los gobernantes los que responden ante nosotros, y no los dirigentes de la Unión Europea o los intereses económicos que hay detrás de ella. Podemos ir a nuestro gobierno y protestar, pero no podemos ir a Bruselas y protestar por lo que están imponiendo.

Esto también le sirve de excusa a nuestros gobernantes, puesto que cuando aplican medidas impopulares se escudan en frases como: “es que es lo inevitable”, “a mí no me gusta pero no hay otra salida”, “estamos obligados a ello”. Ellos dicen no ser responsables, porque actúan a tenor del humor de los mercados. Esto recuerda mucho a una película que se llama “El jefe de todo esto”. Se trata de una empresa en la que el fundador se inventa la existencia otro jefe superior a él. Los trabajadores de la empresa siempre ven al fundador real y trabajan con él, pero en ocasiones este fundador realiza medidas impopulares y se basa en que así lo ha ordenado “el jefe de todo esto”, que está por encima de él. De esta forma el empresario se libraba de tener que dar explicaciones a los trabajadores cuando tenía que despedirlos o bajarles el sueldo.

Algo similar ocurre en la actualidad, cuando con excusas que hacen referencia a imperativos externos están acometiendo una serie de medidas tremendamente injustas y regresivas. Están recortando salarios, recortando educación pública, recortando sanidad pública, recortando cultura, recortando en jubilaciones, recortando en ciencia e investigación… Están, en definitiva, acabando con todo lo que se consiguió durante tantos años y con tanto esfuerzo y que era lo que marcaba la diferencia de un país desarrollado con uno subdesarrollado. Todas estas medidas están empobreciendo a nuestro país y a su población y lo están convirtiendo lentamente en un país mucho más atrasado. Pero si creemos que la culpa la tienen los gobernantes nacionales porque son malvados o porque son inútiles, en vez de centrar principalmente la responsabilidad en esos agentes externos que tanto condicionan la situación del país, las medidas que adoptemos (como cambiar de políticos en vez de cambiar de políticas) no resolverán en absoluto el problema. Y por eso es tan importante el diagnóstico del problema.

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