El atraso económico de Andalucía tiene responsables

Artículo publicado en la revista cultural La Laguna

Andalucía es una de las regiones más pobres del estado español, y por lo tanto también una de las más pobres de la Unión Europea de los 15. Por supuesto, me refiero a pobreza económica: Producto Interior Bruto, tasa de desempleo, tasa de pobreza, desigualdad en la renta, etc; y no de otro tipo de pobreza, ya sea natural, geográfica, cultural, literaria, musical, climática, gastronómica, social, lingüística, etc, ámbitos en los que precisamente nuestra tierra no sufre ninguna carencia sino todo lo contrario. Ahora bien, es inevitable reconocer que la dimensión económica es una de las más importantes en relación al bienestar de la población, y por eso no podemos sino lamentar que Andalucía se sitúe a la cola en ese ranking tan particular.

Y esto es algo que se conoce ampliamente. Sin embargo, lo que no se conoce tanto es el por qué. Ya sea en los centros de enseñanza, en el telediario, en la prensa, o en alguna tertulia de radio, hemos escuchado alguna vez que la región andaluza es una de las más pobres del estado, pero jamás hemos oído hablar sobre los motivos que han llevado a que esto sea así. Como mucho –y desgraciadamente– habrán llegado a nuestros oídos algunas vagas reflexiones al respecto que desde luego están más impregnadas de prejuicios que de análisis científico: que si los andaluces somos vagos por naturaleza, que si el sol y el buen clima nos roban las ganas de trabajar, que si el gobierno de la comunidad legisla en perjuicio del crecimiento económico, etc.

En realidad es muy difícil verificar si estos factores explican en mayor o menor grado el nivel de desarrollo económico andaluz. Al fin y al cabo, podría haber algo de verdad en esas aseveraciones, aunque fuese poco y aunque hubiesen acertado simplemente por azar y no por haber realizado un análisis profundo y pormenorizado. Ahora bien, de lo que no cabe duda desde una perspectiva económica científica es que en los mayores o menores niveles de desarrollo económico de una región hay factores explicativos que tienen muchísima más fuerza que los que se acaban de comentar. Estos factores no son ni más ni menos que los recursos (naturales, humanos, tecnológicos, etc) del territorio, los medios de producción, la distribución de la renta, la profundidad y la articulación del tejido productivo, los canales de financiación, el comercio con otras regiones, etc. Frente a estos, los aspectos psicológicos, ambientales o incluso legislativos palidecen fuertemente. Es decir, ya puede tener una región a los habitantes más perezosos del planeta, el mejor clima del universo y/o una legislación inadecuada, que si goza de un poderoso aparato productivo, de unas tecnologías avanzadas, de recursos naturales y humanos abundantes, y de una distribución de la renta relativamente equitativa, esta región estará muy lejos de ser pobre. Por lo tanto, las vagas explicaciones que solemos escuchar en los medios de comunicación no nos dicen apenas nada de por qué una región es pobre o no.

Pero al mismo tiempo, ¿de qué depende que una región esté dotada de todos esos factores económicos que acabo de mencionar? Pues aunque algunos dependen del territorio (como los recursos naturales) y otros dependen de las instituciones sociales (como los recursos humanos), la mayoría de ellos dependen de cómo y para qué se haya utilizado el capital disponible. Al fin y al cabo, no se puede generar desarrollo sin capital pues no habría forma de pagar a los trabajadores, comprar máquinas, crear entidades de crédito, construir inmuebles, extraer recursos del subsuelo, etc, etc. En otras palabras y por decirlo en román paladino: el crecimiento económico de una región depende fundamentalmente del comportamiento de aquellos que disponen del capital suficiente para ponerlo en funcionamiento (los capitalistas).

Por eso, el atraso económico de Andalucía no se puede abordar sin tener en cuenta cuál ha sido el uso que le han dado al capital sus propietarios andaluces (aunque también su interferencia con otros capitalistas españoles). Si pudiésemos volver atrás en el tiempo y fijarnos en los aspectos más sobresalientes podríamos descubrir a una oligarquía terrateniente que no sólo poseía enormes extensiones de tierra sino que pagaba pocos salarios y además lo hacía con vistas a vivir de la renta sin ningún interés en invertirla de forma productiva, podríamos también sorprender a la oligarquía comercial sevillana, malagueña y gaditana enfrascada en actividades orientadas a la colonia cuyos beneficios apenas tenían repercusión sobre el territorio andaluz, podríamos ver cómo los capitalistas catalanes se ganaban el favor de los gobernantes en perjuicio del trato hacia la región andaluza, o nos quedaríamos estupefactos al contemplar los incontables edificios residenciales y hoteleros en los que buena parte de la clase capitalista andaluza había destinado su capital, con todas las consecuencias nefastas que hoy día conocemos.

La economía de cualquier región o país se puede asemejar a una embarcación empujada por remos. Los remeros que posibilitan el movimiento del barco son los trabajadores que con su fuerza de trabajo crean la renta y la riqueza. El capitán que decide qué se hace con ese esfuerzo creado por los remeros y por lo tanto hacia dónde se dirige la nave es el conjunto de los capitalistas (especialmente los más poderosos) que –conjuntamente con los gobernantes– deciden dónde se va a invertir la renta que generan los trabajadores. Siguiendo con esta metáfora, si el barco se queda atrapado en un coral (si Andalucía queda atrasada en términos de desarrollo económico) no es culpa de los remeros (de los trabajadores andaluces, por muy vagos u ociosos que sean) sino que la culpa es del capitán que dio la orden para ir hacia el coral y no hacia otra dirección (de los capitalistas andaluces –en connivencia con los gobernantes– que invirtieron mal o que no invirtieron donde debían invertir).

Llama la atención que cuando se trata de decidir cosas que pueden favorecernos a todos (como dónde y cuánto invertir en una economía), entonces no hay democracia o la hay pero muy limitada. Cuando se trata de culpabilizar a alguien por los desastres económicos, entonces aparece la democracia más representativa posible. Por todo ello, si queremos que Andalucía no sea más pobre que la media española lo que tenemos que hacer los remeros es arrebatarle el timón al capitán y a sus compinches, para así poder marcar un rumbo que por un lado busque el crecimiento económico y por otro el reparto de la renta y la mejora de las condiciones de vida de toda la población y no sólo la de los que llevan la voz cantante.

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