El euro no es tan culpable de provocar desequilibrios comerciales como parece

Artículo publicado originalmente en el número 25 de La Marea

De sobra es conocido que la economía española presentó importantes déficits comerciales durante los años anteriores a la crisis. Es decir, que las empresas y familias españolas compraron durante todos esos años muchos más productos extranjeros de los que vendían fuera las empresas españolas. En términos económicos: España importaba mucho más de lo que exportaba. Lo mismo ocurrió con países de la periferia europea como Grecia, Portugal y, en menor medida, Italia. Y lo contrario ocurrió en el caso de algunas economías del centro, como Alemania, Países Bajos y Finlandia.

Esos son los datos y nadie puede oponerse a ellos. Sin embargo, no ocurre lo mismo con las explicaciones que se le intentan dar a este fenómeno. Una de las más extendidas consiste en señalar al euro como responsable de estas asimetrías. Esta perspectiva se basa fundamentalmente en los siguientes elementos. 1) El hecho de que las economías del sur pasaran a tener una moneda más fuerte les permitió comprar mucho más a las economías del norte. 2) De forma inversa, al tener una moneda más fuerte, las economías del sur vieron sus productos encarecerse y ello perjudicó las ventas al exterior. 3) Al tener el mismo tipo de interés oficial por pertenecer al mismo área monetaria, los préstamos en los países del sur eran más baratos al tener niveles de inflación más elevados, de forma que se estimuló el consumo y por lo tanto también las exportaciones. 4) Lo contrario ocurrió en el caso de los países del centro con tasas de inflación más moderadas y préstamos más caros, lo que impedía expandir mucho la demanda interna y por lo tanto también las importaciones.

De este análisis surge, por cierto, esa famosa recomendación de política económica consistente en contraer los salarios: nos dicen que como no podemos devaluar la moneda para abaratar nuestros productos y encarecer los ajenos (como se hacía antes del nacimiento del euro) la única forma de ser más competitivos es haciendo que los salarios disminuyan para que se compre menos en el extranjero y para que nuestros productos puedan tener un precio más bajo sin perjudicar el margen de beneficio empresarial.

Sin embargo, cuando uno atiende a los datos de exportaciones e importaciones desde el nacimiento del euro hasta el inicio de la crisis (1999-2007) puede constatar que la realidad no se ajusta muy bien al diagnóstico señalado. Por ejemplo, tomando como referencia la economía exportadora por excelencia de la zona euro, Alemania, se comparan las ventas y compras realizadas frente a las otra cuatro economías más importantes: España, Italia, Francia y los Países Bajos. Las dos primeras de la zona sur, y las dos últimas de la zona centro. Tal y como se puede ver en el gráfico, las ventas de Alemania acumuladas durante el periodo a los cuatro países son bastante parecidas en volumen (entre 24 y 28 miles de millones de euros para España, Italia y los Países Bajos, y 33 miles de millones de euros para Francia), y sin embargo, las importaciones presentan un comportamiento muy diferente para cada socio comercial. De menor a mayor volumen acumulado el orden es: España, Italia, Francia y los Países Bajos.

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Esta información entra en contradicción con los cuatro puntos aludidos antes. Si a los países del sur les salía mejor que a los países del centro comprar a Alemania, ¿por qué el volumen de exportaciones alemanas a España es similar al volumen de aquellas dirigidas a los Países Bajos? Los datos indican que las compras de España o Italia a Alemania no son extraordinarias, sino del orden de las francesas o neerlandesas. Por otro lado, si a Italia y a España les vino igual de mal adoptar el euro para vender sus productos al centro, ¿por qué Italia vendió a Alemania el doble de lo que le vendió España siendo una economía de tamaño similar? Por último, si el euro perjudicó las compras alemanas, ¿por qué ese volumen tan estratosférico de compras a los Países Bajos, especialmente en comparación con España?

Lo cierto es que hay algo importante que se le escapa al diagnóstico que se centra en responsabilizar al euro de la situación de los países del sur, y concretamente la de España. Dejémoslo claro: España sale muy mal parada frente a Alemania porque la segunda le compra muy poco a la primera, no porque la primera le compre muchos productos a la segunda (como el análisis anterior señala). Es decir, que la culpa no es tanto del euro como de los productos que tiene la economía española para ofrecer a una economía como la alemana. Si Alemania le compró a los Países Bajos seis veces más de lo que le compró a España no es porque apareciese el euro, sino porque la economía neerlandesa tiene mucho más que ofrecer a la alemana.

En definitiva, el factor más importante a la hora de explicar los desequilibrios comerciales no es la moneda, sino la estructura productiva de los países. Si lo que necesita fundamentalmente Alemania se lo ofrece los Países Bajos y no España, poco importará que exista el euro o la peseta.

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