El fondo europeo de recuperación no es un rescate ni implica hombres de negro

Esta semana ha finalizado una dura y larga negociación en Europa que ha acabado con la aprobación de nuevos fondos para abordar las consecuencias de la crisis económica del coronavirus. Esto ha llevado a muchos a pensar que se trata de un nuevo rescate como los que vivimos con la crisis del euro a partir del año 2010, que iban siempre acompañados de políticas de austeridad recomendadas y supervisadas por unos hombres de negro muy estrictos y malhumorados. Sin embargo, en esta ocasión la situación es muy distinta: ni hay rescate ni hay hombres de negro.

En primer lugar, recordemos en qué consistían los rescates de aquellos años. Eran ayudas europeas que se daban a los Estados que más estaban sufriendo la crisis (Grecia, Irlanda, España, Italia, Portugal y Chipre) para dos cosas: 1) para que no quebrara la banca y/o 2) para que no quebrara el Estado (porque la prima de riesgo era elevadísima y endeudarse en el mercado era muy caro). Por eso se llamaba rescate: rescataban de una probable quiebra. Y ojo, que si hubiesen quebrado se habrían quedado sin cobrar los acreedores, que precisamente eran mayoritariamente acreedores del norte… En el caso de Grecia, el 90% eran acreedores alemanes, franceses y holandeses. En realidad el rescate fue para ellos.

Pues bien, hoy día no estamos en la misma situación: ni la banca ni los Estados están al borde de la quiebra, porque la prima de riesgo está controlada y no hay problemas para pagar la deuda.

Por cierto, no es sólo que los Estados no tengan problemas para endeudarse, sino que incluso cobran por hacerlo. Sí, amigos y amigas, aunque resulta difícil de creer, los inversores prestan dinero a los Estados europeos y pagan por ello, en vez de cobrar. Tiempo de locos. En la última subasta del Estado español el tipo de interés medio fue negativo en varias modalidades de títulos. Endeudarse nunca ha sido tan rentable, aunque muchos seguirán diciendo que la deuda pública es el demonio y que nos empobrece terriblemente y que blablabla. ¿Por qué ocurre esto? Lo expliqué en un vídeo anterior, pero básicamente es porque el Banco Central Europeo ha querido que así sea, a diferencia de lo que ocurrió en la anterior crisis.

Por lo tanto, en la crisis anterior se daba el dinero porque no lo podían obtener de ningún otro sitio, para que banca y al Estado evitaran la quiebra pagando a sus respectivos acreedores (que eran fundamentalmente del norte de Europa, por lo que el rescate en última instancia era a ellos, a los del norte). Ahora el dinero no se da para eso, no se da para que se pague a unos acreedores que fundamentalmente son del norte de Europa, se da para aumentar el gasto y la inversión pública. No es lo mismo para nada. Hay una diferencia abismal y eso es lo que explica que haya habido tantas dificultades esta vez y no las hubiera en la crisis pasada.

En segundo lugar, los rescates de la crisis anterior iban dirigidos exclusivamente a los países rescatados. En cambio, ahora el fondo de recuperación va dirigido a los 27 países de la Unión Europea. Si estas ayudas fueran un rescate, entonces tendríamos que decir también que están siendo rescatadas Alemania, Dinamarca y los Países Bajos por ejemplo. Además, muchos creen erróneamente que el dinero de estos fondos lo ponen los países del norte y que se benefician los del sur. Pero no es así, el coste será repartido entre los 27, y además es que los países considerados frugales (que no lo son, por cierto, porque gastan mucho más que España u otros países del sur) sufrirán menos coste porque se han aprobado descuentos de 52.000 millones de euros para estos países. Es decir, que estos países (Alemania, Países Bajos, Suecia, Austria, y Dinamarca) lejos de poner todo el dinero, van a poner menos que el resto. Toma ya.

Por cierto, veo mucha confusión sobre la procedencia del dinero. Las ayudas van a ser financiadas con emisión de deuda conjunta (de todos los países, no uno a uno). Esto quiere decir que el dinero provendrá de inversores financieros privados a los que luego habrá que devolverles el dinero a lo largo de más de 30 años con el presupuesto comunitario y con nuevas figuras impositivas comunitarias (impuesto al carbono, tasa digital, impuestos al plásticos de único uso, transacciones financieras…).

La “gracia” de este asunto es que esos inversores privados están obteniendo buena parte del dinero a través del Banco Central Europeo, el organismo oficial que crea los euros, que ya ha creado casi 3 billones de euros para inyectarlo en la cartera de estos inversores financieros. Aquí es donde se encuentra la estafa: en vez de crear el dinero para financiar esas ayudas públicas (que es algo que tiene prohibido en sus estatutos), el Banco Central Europeo crea el dinero, se lo da a los inversores financieros, y estos prestan el dinero a los Estados, haciendo negocio por el camino porque cobran intereses por norma general. Es decir: una estafa en toda regla.

Pero volvamos al tema de por qué no es un rescate y por qué no hay hombres de negro. El tercer punto a destacar es que en la crisis anterior era la Troika (la Unión Europea y el FMI) quienes imponían las condiciones para dar las ayudas. Es decir, ellos decían: o recortas en pensiones, o no hay ayudas, o aumentas el IVA, o no hay ayudas, etc. Ahora es muy diferente, porque (aparte de que no está el FMI) nadie puede decidir qué debe hacer el Estado correspondiente. Es el propio Estado el que propone el uso que se le va a dar al dinero, y luego la Unión Europea es la que da el visto bueno o no. Pero la UE no puede imponer nada. Es muy distinto a lo que ocurría en los rescates pasados.

Esto per se no es algo negativo. Si el dinero es de todos, es lógico que todos decidan a qué se puede dedicar y a qué no. El problema en todo caso es que la Unión Europea se suele regir por criterios neoliberales y es probable que no dé el visto bueno a determinados usos que el gobierno español de coalición querría poner en marcha. De todas formas las únicas condiciones que de momento están encima de la mesa son que las medidas sirvan para hacer una transición ecológica y digital (lo cual, es positivo) y que se guíen por las recomendaciones que hace la Comisión Europea.

Estas recomendaciones son muy variadas, pero en ellas se incluyen elementos positivos o que no necesariamente tienen por qué ser negativos como la aprobación de políticas como la del Ingreso Mínimo Vital, reforzar la sanidad, combatir la temporalidad laboral, impulsar políticas de I+D+i… Pero también hay recomendaciones sobre flexibilizar condiciones laborales, asegurar sostenibilidad de las pensiones, o consolidar presupuesto, que sí huelen muy mal. Pero bueno, como decía, las propuestas de gasto las hará el Estado español, no los hombres de negro, que no existen. Y es de esperar que elijan las propuestas menos nocivas, aunque las más positivas no puedan salir adelante. Aunque aquí hay mucha incertidumbre, no sabemos hasta qué punto puede ponerse estricta la Unión Europea.

En cualquier caso lo que es absolutamente falso es decir que todas estas ayudas conllevarán más austeridad. Vamos a ver, si son ayudas para gastar 140.000 millones de euros más, ¿cómo va a ser austeridad? Hay que tener claro que no es dinero para pagar a acreedores, es dinero para gastar. Hablar de austeridad es absurdo.

Además, recuerdo que los topes de déficit y deuda se han suspendido hasta el año 2022, por lo que tampoco pueden obligar a realizar recortes para respetar esos límites. Esto tiene que quedar claro: ahora mismo el Estado español puede aumentar el déficit y la deuda sin limitaciones, puede financiarse a coste casi cero e incluso cobrando y va a recibir ayudas y préstamos por 140.000 millones de euros. De austeridad nada. Otra cosa es que haya algunas políticas que no pueda hacer. Y otra cosa es lo que ocurra a partir de 2022, en el caso de que las reglas presupuestarias vuelvan a activarse. Pero hoy por hoy, afortunadamente se está en una posición mucho más ventajosa que la de 2010.

Voy a finalizar dejando muy claro que, aunque este acuerdo suponga un logro y un avance en la integración europea (especialmente si lo comparamos con la crisis pasada), dista mucho de ser ideal. Llega tarde (no se podrá gastar nada hasta 2021), es insuficiente (las ayudas no reintegrables alcanzarán el 5,8% del PIB aproximadamente para tres años, cuando el PIB probablemente va a caer sólo en un año más del 10%), su coste no será repartido equitativamente entre todos los países, y hay riesgos de que las condiciones que se impongan supongan un lastre a las políticas que se pretenden aplicar. Pero dicho esto, lo que está claro es que ni es un rescate ni hay hombres de negro, además de que supone una mejora y una oportunidad, por pequeñas que sean.

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