El Impuesto de Patrimonio no está obsoleto


Andalucía bonificará al 100% el impuesto de Patrimonio, lo que en la práctica equivale a su supresión. Esto significa que unos 16.000 millonarios andaluces, sólo el 0,2% de la población, dejarán de pagar de pagar este impuesto, lo que evidentemente aumentará la desigualdad. Si queréis conocer qué otros efectos tiene esta supresión, os dejo aquí un vídeo en el que hablé del caso madrileño, donde también está desactivado el impuesto. En el vídeo de hoy me interesa más centrarme en el debate que ha surgido en torno a si el impuesto está obsoleto porque la mayoría de los países europeos lo ha ido suprimiendo. Este tema ha sido elegido por mis mecenas de Patreon, a los que agradezco el apoyo y la participación. Si tú también quieres contribuir y participar, tienes un enlace en la descripción del vídeo.

El impuesto de patrimonio español es un impuesto del Estado que está cedido a las comunidades autónomas, y lo pagan sólo quienes tienen un patrimonio neto muy elevado, es decir, quienes tienen mucha riqueza y pocas deudas. Por ejemplo, en Andalucía lo pagaban sólo las personas que tuvieran más de 700.000 de euros de patrimonio sin contar las deudas e hipotecas y sin contar la vivienda habitual hasta el valor de 300.000, por lo que había que tener más de 1 millón de euros para tener la obligación de pagarlo, que en el año 2020 fueron sólo 16.785 millonarios, el 0,2% de la población (Agencia Tributaria 2020). De ahí que sea conocido coloquialmente como el impuesto a los ricos o el impuesto a los grandes patrimonios.

Los portavoces del Partido Popular y los economistas neoliberales han salido a decir que es una buena noticia básicamente porque el Impuesto de Patrimonio sería un tributo ineficiente, de ahí que la mayoría de países europeos hayan eliminado los suyos progresivamente. Pero ese es un mensaje absolutamente sesgado que ignora muchísimas cuestiones importantes, y esto es lo que vamos a analizar a continuación.

Para ello comencemos con un breve repaso histórico porque siempre viene bien tener una panorámica lo más amplia posible. Tras la Primera Guerra Mundial, algunos países como Austria, Checoslovaquia, Hungría e Italia aplicaron impuestos únicos sobre el patrimonio como una forma de reducir las enormes concentraciones de riqueza que el conflicto bélico había generado, así como para sufragar los gastos de reconstrucción (Rostás 1940; Eichengreen 1989; O’Donovan 2021). En esa época, muchos economistas reputados como Schumpeter (1918) o Pigou (1920) defendían la aplicación de este tipo de impuestos, básicamente porque reducían la concentración de la riqueza y veían que eso era positivo para la actividad económica. Pero no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando estos impuestos cobraron una importancia especial sirviendo a la reconstrucción de Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Japón, Luxemburgo, Los Países Bajos y Noruega (Shavell 1948; Robson 1959; Eichengreen 1989; O’Donovan 2021). Durante esa época el apoyo a los impuestos a la riqueza era amplísimo, por supuesto economistas intervencionistas como Keynes (1940) o Kaldor (1956) lo recomendaban, pero hasta economistas ultraliberales como Hayek (1940) se mostraron de acuerdo con su aplicación (O’Donovan 2021; Scheuer y Slemrod 2021).

Eso explica que los impuestos al patrimonio se aplicaran en la mayoría de los países durante los llamados años dorados del capitalismo, que van desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 70. Pero a partir de entonces surgieron muchos economistas de la corriente neoclásica que criticaron al impuesto de patrimonio por ser ineficiente, recomendando a cambio elevar los impuestos sobre el trabajo (Atkinson y Stiglitz 1976; Judd 1985; Chamley 1986; Kuypers et al 2020). El triunfo del neoliberalismo con la llegada al poder de Ronald Reagan y de Margaret Thatcher se encargó de trasladar esta idea al campo político y cultural. En consecuencia, en el imaginario colectivo fue cobrando fuerza la idea de que el impuesto de patrimonio no era útil y los gobiernos nacionales fueron poco a poco reduciendo la carga impositiva del impuesto hasta llegar a su total desaparición en muchos de ellos: Austria en 1993, Alemania en 1996, Dinamarca en 1997, Suecia en 2007, y Francia en 2017, entre otros (OCDE 2018; Perret 2021). Los únicos que se resistieron a esta oleada fueron Noruega, Suiza y España (en este último caso con la excepción del periodo temporal de 2008 a 2011, y con la excepción a partir de entonces de la Comunidad de Madrid (Luque de Haro et al. 2017; Drometer et al. 2018; OCDE 2020; Agraval et al. 2022). Es interesante resaltar que en el caso de Noruega y de Suiza la recaudación en porcentaje sobre el PIB, en vez de disminuir, fue aumentando; es decir, fueron países que remaron claramente a contracorriente (Halvorsen y Thoresen (2019) Brülhart et al. 2020; Perret 2021).

Pero a principios del siglo XXI en la academia empezaron a surgir muchos estudios que criticaban la metodología de los citados análisis de los años 70 y 80, pasando a concluir que el impuesto al patrimonio era eficiente y altamente redistributivo (Piketty y Saez 2012; Saez 2002; Bach, 2012; Spiritus 2017; Kuypers et al. 2020), lo cual resultaba muy pertinente debido a que las desigualdades de riqueza habían crecido mucho en los últimos años (Piketty 2014; Saez y Zucman 2016; Alvaredo et al. 2018; OCDE 2018; Perret 2021). De todos ellos seguramente el trabajo más conocido fue el de Piketty, que propuso en fu famoso libro de El Capital del Siglo XXI un impuesto progresivo al capital (2014). Además, con la crisis financiera mundial del año 2008 hasta instituciones como la OCDE y el FMI recomendaron incrementar la base imponible sobre la riqueza (IMF 2013; Kuypers et al (2020). De hecho, durante esa crisis varios países europeos aplicaron un impuesto especial al patrimonio: Islandia en 2009, Irlanda en 2011 y Chipre en 2013; aunque fueron impuestos extraordinarios y temporales (O’Donovan 2021). Algo similar ocurrió en Francia en 2012, donde a pesar de disponer todavía de un impuesto al patrimonio, el gobierno de François Hollande aprobó un impuesto especial a los súper ricos que sólo duró 2 años (González et al. 2021). En nuestro país también fue un acuerdo entre Unidas Podemos y PSOE en 2019 y parece que pronto se va a aplicar de forma temporal.

Este recorrido histórico nos ayuda a entender que la supresión progresiva del impuesto de patrimonio se debe fundamentalmente al cambio de ideología desde los años 80 y 90, que es algo que nunca se suele mencionar cuando se intenta explicar por qué tantos países han ido eliminando este impuesto. Lo que se suele decir al respecto es que el impuesto de patrimonio provoca el cambio de residencia de millonarios y la huida de capitales para no pagar el impuesto, de ahí que los Estados se rindan y lo supriman antes de que sus ricos emigren (Krenek y Schratzenstaller 2018; Kuypers et al. 2020; O’Donovan 2021; González et al. 2021), pero lo cierto es que la evidencia empírica disponible no respalda eso (Advani y Tarrant 2021; Perret 2021), sólo señala que hay migración dentro de cada país, como en España o en Suiza, pero no entre países (Luque de Haro et al. 2017; OCDE 2020; Agraval et al. 2022). Además, hoy día existe una importante y estrecha colaboración entre distintos países para combatir el fraude fiscal, además de un sistema de la información y de comunicación muy sofisticado, por lo que los gobernantes tienen muchas herramientas para evitar dicha huida de capitales a otros países (Perret 2021). Y dentro del país es tan fácil como legislar para que no haya diferencias entre regiones, algo que probablemente podrían hacer las Cortes Generales en la actualidad. Otra crítica que suelen recibir los impuestos de patrimonio es que suponen mucho esfuerzo administrativo para una recaudación muy baja (Gruener 1996; Eberhartinger et al. 2013; Jakobsen et al. 2018), así como que no logran alcanzar sus objetivos o que al gravar el patrimonio y no la renta o el consumo resultan demasiado nocivos para el ahorro y la economía (Mirrlees  et  al.  2011; Fama 2020; OCDE 2018; González et al. 2021). Aunque, al menos en el caso español, sepamos por los datos disponibles que la mayoría de los que pagan el impuesto son rentistas, no empresarios (Agraval et al. 2022).

En cualquier caso, todas estas críticas de carácter técnico no encajan con que dos de los países más ricos del mundo, Suiza y Noruega, sigan aplicando el impuesto. Y no estamos hablando de que lo apliquen levemente y que recauden poco; no: el impuesto de patrimonio en Suiza recauda más de un 1% del PIB y el de Noruega un 0,45%, muy por encima del de España que sólo llega al 0,18%, y también por encima de lo que recaudaban otros países cuando tenían el impuesto en vigor (OCDE 2018; Kuypers et al. 2020; González et al 2021). Y si comparamos la recaudación del impuesto con el total de recaudación la diferencia todavía es mayor: en Suiza supone el 3,9% del total y en Noruega el 1,1% mientras que en España es sólo del 0,5% (Drometer et al (2018); Perret 2021) ¿Cómo casan las críticas de huida de capitales o de ineficiencia económica con esto? ¿Es que los millonarios suizos y noruegos son muy patriotas y no contemplan la emigración a otro país? ¿O más bien es que ese factor no es importante a la hora de valorar la eficacia del impuesto, sino que lo que suele importar es la ideología de los legisladores? Yo lo tengo bastante claro.

Pero de todas formas hay más. Ya he comentado antes que el impuesto al patrimonio grava el patrimonio neto elevado de las personas físicas, pero es que hay muchos otros impuestos que gravan la riqueza. Por ejemplo, están los impuestos a la riqueza inmobiliaria, los impuestos a la riqueza de las empresas, los impuestos a la herencia y a las donaciones, los impuestos a las transacciones de capital, y otros muchos. Y precisamente el impuesto de patrimonio es uno de los que menos importancia tiene de todos, y con diferencia. En todos esos países en los que se ha suprimido el impuesto de patrimonio, que sólo afecta a los más ricos, el resto de impuestos sobre la riqueza, que normalmente afectan a mucha más gente, son muy elevados. De hecho, Francia cuando suprimió en 2018 el impuesto de patrimonio, lo sustituyó por un nuevo impuesto sobre la propiedad inmobiliaria de alto valor (Drometer et al. 2018; Perret 2021). Y es que la mayor parte de la gente no mantiene su riqueza en dinero o en activos financieros, sino que la mantiene en inmuebles. Por ejemplo, en España, el 78% de toda la riqueza de la gente son inmuebles, y sólo el 22% activos financieros (Observatorio del Ahorro Familiar 2021)

En este gráfico se pueden ver los ingresos de cada uno de los impuestos que existen sobre la riqueza para los países de la OCDE, y tenéis en negro la recaudación del impuesto de patrimonio, sólo existente en Suiza, Noruega, España (y también en Francia porque son datos de 2018 cuando todavía no se había suprimido del todo). Como podéis ver, exceptuando el caso suizo, el peso del impuesto de patrimonio es insignificante en comparación con otros impuestos a la riqueza. Lo que ocurre en Suiza es que el impuesto de patrimonio sustituye el papel que en otros países desempeñan otros impuestos, especialmente los inmobiliarios, y algo similar, aunque a menor escala, ocurre en Noruega. De hecho, estos países gravan menos la riqueza que España. Pero hay muchos países que están muy por delante de España en este ránking, como Reino Unido, Francia, Canadá o Corea, y otros que están también por delante aunque a menos distancia como Estados Unidos, Australia, Italia o Japón. Aunque no tengan impuesto al patrimonio, sí que gravan la riqueza de otra forma, y cada uno de ellos lo hace de forma distinta al resto (Drometer et al 2018; Perret 2021).

En consecuencia, fijarse únicamente en el impuesto de patrimonio es fijarse en algunos árboles y no en el bosque entero. Que algunos países lo hayan eliminado no quiere decir que no graven la riqueza, de hecho puede que la graven en mayor proporción. La diferencia entre una y otra estrategia es que el impuesto de patrimonio afecta sólo a los más ricos, mientras que otros impuestos como los inmobiliarios afectan a muchos más contribuyentes. Un impuesto que también sólo afecta a los más ricos es el de la herencia, que es mucho más importantes en países como Reino Unido, Francia, Bélgica, Corea o Japón que en España, lo que ocurre es que sólo lo hacen de una vez y no de forma regular.

De hecho, la OCDE ha llegado a reconocer que el impuesto de patrimonio puede ser muy eficiente e importante en países en los que no están muy desarrollados otros impuestos a la riqueza (OCDE 2018), que es el claro ejemplo de Suiza y Noruega, y tal vez España.

En resumen, concluimos que los países europeos no han ido eliminando el impuesto de patrimonio porque fuese ineficiente o poco útil, no sólo porque la teoría económica reciente no apunte en esa dirección, sino porque dos de los países más ricos del mundo lo siguen aplicando sin problemas. En realidad, el motivo de esta supresión hay que encontrarlo en el avance de la ideología neoliberal, que ha logrado instalar en las mentes que el impuesto no es positivo para la economía, aunque no sea cierto. En otras palabras, no es que el impuesto de patrimonio se haya quedado obsoleto, es que lo han hecho obsoleto, que no es lo mismo. De todas formas, no podemos perder de vista que los países que han suprimido este impuesto tienen otros muchos impuestos a la propiedad, y que muchos de ellos recaudan mucho más que los países que siguen teniendo el impuesto de patrimonio. Por eso tiene sentido que países que no recaudan tanto por esos otros impuestos sigan teniendo vigente el de Patrimonio. O por decirlo de otra forma, si España suprimiese por completo el impuesto de patrimonio, lo lógico sería que incrementara otros impuestos sobre la riqueza, incluyendo los inmobiliarios y los que recaen sobre la herencia.

 

 

 

Referencias:

Vídeo de el PP de Madrid gobierna para los ricos: https://youtu.be/C8FgwlYrlYU

Portavoz del PP: https://twitter.com/serranoalfonso/status/1572489792520159232?s=46&t=reEcMscXjv45unArvs0NYA

Tuit de Lacalle https://twitter.com/dlacalle/status/1571850401129046016

Reaf (2021) https://reaf.economistas.es/Contenido/REAF/Informes/Panorama%20de%20la%20Fiscalidad%20Auton%C3%B3mica%20y%20Foral%202021.pdf

Agraval et al (2022) https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3676031

OCDE (2021) https://www.oecd.org/tax/tax-policy/inheritance-taxation-in-oecd-countries-e2879a7d-en.htm

Luque de Haro et al. (2017) https://observatoriodesigualdadandalucia.org/sites/default/files/i_informe_oda_0.pdf

Gómez (2012) https://www.ga-p.com/publicaciones/el-restablecimiento-del-impuesto-sobre-el-patrimonio/

Drometer et al. (2018) https://www.econstor.eu/bitstream/10419/181281/1/dice-report-2018-2-50000000002761.pdf

OCDE (2018) https://www.oecd.org/tax/tax-policy/role-and-design-of-net-wealth-taxes-in-the-OECD-summary.pdf

O’Donovan (2021) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1475-5890.12277

Gonzáles et al. (2021) https://estudiospublicos.cl/index.php/cep/article/view/1969/3206

Perret (2021) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/1475-5890.12278

Scheuer y Slemrod (2021) https://pubs.aeaweb.org/doi/pdfplus/10.1257/jep.35.1.207

Kuypers et al (2020) https://www.econstor.eu/handle/10419/259506

Agencia Tributaria (2022) https://sede.agenciatributaria.gob.es/Sede/declaraciones-informativas-otros-impuestos-tasas/impuesto-sobre-patrimonio/que-grava-impuesto-patrimonio-cuando-devenga.html

Tuit de Rallo https://twitter.com/juanrallo/status/1572562325860921344

Rostás (1940) https://www.jstor.org/stable/2967414

Eichengreen (1989) https://www.nber.org/papers/w3096

Schumpeter (1918) https://www.econbiz.de/Record/die-krise-des-steuerstaats-schumpeter-joseph/10000579398

Pigou (1920) https://archive.org/details/cu31924013782309

Keynes (1940) https://fraser.stlouisfed.org/title/pay-war-6021

y Hayek (1940) How to Pay for the War, by J. M. Keynes. Economic Journal, 50, 321-326.

IMF (2013) https://www.imf.org/en/Publications/FM/Issues/2016/12/31/Taxing-Times

Kaldor (1956) https://www.jstor.org/stable/23598159

Shavell (1948) Postwar taxation in Japan. Journal of Political Economy, 56, 124–37.

Atkinson y Stiglitz (1976) https://eml.berkeley.edu/~saez/course/AtkinsonStiglitz_JPubE(1976).pdf

Judd (1985) https://eml.berkeley.edu/~saez/course/Judd_JPubE(1985).pdf

Chamley (1986) http://hassler-j.iies.su.se/Courses/DynPubFin/Papers/Chamley86.pdf

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Jakobsen et al (2018) https://academic.oup.com/qje/article/135/1/329/5584349?login=false

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Gruener (1996) https://www.zeit. de/1996/29/Lob_der_Vermoegensteuer/komplettansicht

Robson (1959) https://www.jstor.org/stable/2296048

Bach (2012) https://www.academia.edu/53962472/Verm%C3%B6gensabgaben_ein_Beitrag_zur_Sanierung_der_Staatsfinanzen_in_Europa

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Advani and Tarrant (2021) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1475-5890.12283

Alvaredo et al. (2018) https://eml.berkeley.edu/~saez//alvaredo-saezJEEA2009.pdf

Saez y Zucman ( 2016 ) https://eml.berkeley.edu/~saez/saez-zucman-wealthtaxobjections.pdf

Halvorsen & Thoresen (2019) https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/sjoe.12392

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