El saqueo de Grecia, lejos de haber acabado, se va a intensificar

Artículo publicado originalmente en La Marea el 3 de julio de 2018

El pasado 21 de junio el Eurogrupo decidió dar luz verde al tercer –y supuestamente último– “rescate” de Grecia, poniendo así fin a ocho años de inyecciones de dinero condicionadas a acometer recortes y reformas de todo tipo. En esta ocasión, el Estado griego recibirá 15.000 millones de euros que totalizarán la suma de 288.700 millones percibidos desde 2010. Esta noticia se ha querido vender como el fin de la intervención que ha sufrido el país heleno y, por lo tanto, como el inicio de una nueva etapa en la que el pueblo griego podrá volver a prosperar.

Pero ese mensaje no puede estar más despegado de la realidad. Quien se lo crea es porque no ha leído o entendido la letra pequeña de último rescate: Grecia queda obligada a registrar un superávit fiscal primario (sin contar los intereses de deuda) del 3,5% del PIB de forma continuada hasta 2022 y del 2,2% hasta 2060. ¿Y qué significa esto? Pues que el Estado deberá detraer muchos más recursos de las familias y empresas griegas a través de la tributación de los que les entregará luego en forma de servicios y prestaciones públicas, ¡y además debe hacerlo de forma ininterrumpida durante 41 años! Esa cantidad recaudada de más se utilizará para pagar deuda y, por lo tanto, acabará en manos de los acreedores financieros, que en su mayoría son Estados y organismos europeos. Esto solo tiene un nombre: latrocinio. La Unión Europea exprimirá a la ciudadanía griega durante 41 años. ¡Y tienen la poca vergüenza de venderlo como el inicio de una etapa esperanzadora! Cinismo en cotas legendarias.

¿Cuántos países del mundo y a lo largo de toda la historia han logrado tener superávits continuados durante 41 años? Muy fácil: ¡ninguno! Eso es absolutamente imposible, y los dirigentes europeos que han fijado las condiciones lo saben. Ninguna economía del planeta puede estar entregando a otros países un 2,2% de su PIB, ni siquiera la más rica del mundo. Cualquier Estado que pretenda lograr esa quimera destruirá tanto su economía –que inevitablemente terminará tarde o temprano revirtiendo los superávits hasta convertirlos en déficits–, amén de los brutales destrozos en términos de empleo y bienestar. Antes de cumplir el objetivo llegará un momento en el que no haya más recursos que expoliar. Esta medida no tiene ningún tipo de sentido, es la sentencia de muerte de la economía griega. No hay ningún motivo para la esperanza: si el Estado griego se empeña en intentar cumplirlo (y subrayo intentar porque jamás lo logrará), entonces el saqueo no solo continuará sino que se intensificará, y el pueblo griego seguirá condenado al desastre económico y social.

Quien crea que la Unión Europea está siendo solidaria con Grecia por prestarle dinero debería ser consciente de que solo el 10,3% de todo ese dinero europeo recibido ha servido para financiar los gastos públicos típicos del Estado (sueldos, pensiones, educación, sanidad, etc); el 89,7% restante se ha empleado para devolver deuda, pagar sus intereses y recapitalizar bancos. Lo llaman rescate pero es pillaje. La ciudadanía griega no ha sido rescatada en absoluto; al contrario: ha sido y continúa siendo saqueada. Los únicos que han sido rescatados han sido los bancos europeos, especialmente los alemanes y franceses, que eran quienes habían comprado deuda pública griega antes de 2010 y quienes podrían haber perdido el dinero en caso de una quiebra del Estado. Para evitarlo, la UE prestó dinero a Grecia para que fuese saldando la deuda con los bancos europeos, que astutamente fueron retirando sus posiciones en bonos públicos griegos. De esta forma, el riesgo de impago fue trasladado desde los bancos privados hacia los Estados de Europa. La banca siempre gana, ya se sabe: privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas y los riesgos. Así cualquiera se hace capitalista.

Pero seguramente lo más doloroso de todo este asunto ha sido el maltrato que están acometiendo los países europeos a uno de sus socios. De hecho, los primeros préstamos que le hicieron fueron completamente usureros (lo reconoció incluso el Fondo Monetario Internacional) al estar en torno al 5% cuando el Banco Central Europeo lo prestaba cerca del 0%. Esto explica en parte que los Estados europeos ganen dinero con la crisis griega. Sin ir más lejos, hace poco el propio gobierno alemán reconoció que había ganado 2.900 millones de euros por los intereses de los préstamos a Grecia. Y eso sin hablar de los beneficios indirectos que ese país obtiene gracias a la crisis de la deuda pública helena: el instituto alemán para la Investigación Económica de Halle estima que el Estado germano ha ahorrado desde 2010 unos 100.000 millones de euros gracias a que los inversores han acudido a sus bonos públicos para huir de los griegos y de otros países del sur de Europa. Y a pesar de todo esto, escuchamos cómo los dirigentes alemanes dicen que están siendo demasiado generosos con Grecia. ¡Pero si la están saqueando!

La economía griega ha sido destruida en una cuarta parte desde el inicio de los “rescates”, los ingresos de los griegos han caído un 38,3%, la tasa de pobreza se sitúa en el 22%, el sistema público de pensiones han sufrido 14 tijeretazos y la mayoría de pensionistas ha perdido un tercio de su poder adquisitivo, el 30% de los negocios han cerrado, la inversión empresarial se ha desplomado un 60%, la tasa de paro supera el 20%, la deuda pública está por encima del 178%, muchos griegos no tienen más remedio que emigrar… Grecia no puede permitirse ni un año más de saqueo. La Unión Europea está arruinando salvajemente a un país miembro, y encima algunos lo intentan vender como una buena noticia. Vivimos tiempos confusos… y abominables.

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