El sinsentido del BCE de establecer tipos negativos en los depósitos

El pasado jueves 10 de marzo el Banco Central Europeo (BCE) volvió a incrementar por enésima vez la potencia de su maquinaria monetaria mediante una reducción de tipos de interés (el tipo oficial queda fijado en el 0%, un mínimo histórico) y una intensificación de su programa de Expansión Cuantitativa (compra de activos financieros por valor de 80.000 millones de euros al mes). En otros artículos ya hemos explicado en qué consiste esta estrategia y por qué pensamos que los efectos que está produciendo y que producirá no son nada esperanzadores, sino más bien preocupantes: incremento de la inestabilidad en los mercados financieros e intensificación de la desigualdad por capas de población, fundamentalmente. En este artículo nos detendremos a analizar uno de los elementos de la estrategia del BCE que sigue dejando atónitos a muchos economistas por el sinsentido que parece suponer: la reducción de los tipos de facilidad de depósito.

Al igual que las personas tenemos nuestro dinero tanto en forma de efectivo (billetes y monedas) como en forma de anotaciones electrónicas en nuestras cuentas bancarias, los bancos tienen el dinero en forma de billetes y monedas (en las cajas fuertes de las sucursales) y en forma de anotaciones electrónicas en unas cuentas bancarias especiales que abren en el banco central correspondiente. A esa parte del dinero electrónico que se registra en las cuentas de los bancos centrales se les denomina reservas bancarias[1]. La inmensa mayoría del dinero que poseen los bancos está en formas de reservas bancarias en la cuenta del banco central, y no en monedas y billetes (al igual que ocurre con el dinero de las personas y las empresas, pues sólo tenemos una pequeña parte de nuestro dinero en efectivo).

Y al igual que los bancos nos ponen un tipo de interés a las personas y a las empresas que almacenamos el dinero en sus cuentas, el banco central hace lo mismo con el dinero que tienen los bancos privados en las cuentas del banco central. A ese tipo de interés se le denomina facilidad de depósito, y es el tipo de interés que el BCE acaba de reducir al -0,4% y sobre el que nos estamos centrando. Si nuestro banco nos estableciese un tipo de -0,4% a nuestros ahorros de 1.000 euros, eso significaría que cuando transcurriese un año, tendríamos que pagarle al banco 4 euros (el 0,4% de 1.000; si fuese del +0,4%, sería el banco quien nos pagaría 4 euros a nosotros). Pues lo mismo ocurre con el BCE: al establecer un -0,4% en las cuentas que tienen los bancos privados en su sistema, éstos se ven obligados a pagarle al banco central cada año el 0,4% de todo el dinero que tienen en esas cuentas (¡que por cierto es ya muy elevado y no deja de aumentar debido a la Expansión Cuantitativa!).

¿Por qué hace eso el BCE? Según los informes que presenta la propia institución, el objetivo es que los bancos europeos dejen de tener inactivo ese dinero que tienen hibernando en las cuentas del banco central y lo utilicen para algo, preferiblemente para dar créditos a familias y empresas. El argumento parece obvio: puesto que ahora les saldrá muy caro a los bancos europeo mantener el dinero ocioso en la cuenta del BCE, y como convertirlo en monedas y billetes es también caro (por la gestión de almacenamiento, transporte, etc), se verán obligados a ponerlo en funcionamiento. Esto suena muy bien pero tiene varios problemas.

1) El primer problema es que un banco cualquiera apenas tiene margen para reducir sus reservas bancarias. Esto es así porque la inmensa mayoría de las reservas bancarias que tienen los bancos no son más que el reflejo sobre el BCE de las cuentas que los clientes tienen en ese banco. El banco es la plataforma que utilizan las empresas y personas para hacer transacciones, y las reservas bancarias dependen de este tipo de transacciones. Por ejemplo, cuando una persona mete dinero en su banco o cuando recibe un cobro (desde la cuenta de un banco diferente), las reservas bancarias de ese banco aumentarán, y como es evidente en ello no ha tenido nada que ver la entidad[2]. En consecuencia, el nivel de reservas bancarias de un banco depende en buena medida del grado y orientación de las transacciones bancarias, que son decididas mayoritariamente por los clientes y no por el banco. El banco sólo decide el destino del dinero (y de las reservas) cuándo su gestión se ha encomendado al banco a través de un fondo a medio o largo plazo (como un fondo de inversión, de pensiones, etc). Pero con el dinero que se puede sacar del banco en cualquier momento (como los depósitos bancarios), el banco no decide qué se hace con ese dinero; lo decide su propietario. Por lo tanto, aunque un banco quiera reducir sus reservas bancarias (para pagar menos al BCE), se encontrará con poco margen de maniobra.

2) El segundo problema es que cuando un banco privado se deshace de reservas bancarias, éstas no desaparecen, ¡sino que pasan a otro banco! Esto es muy fácil de entender. Cuando una persona paga algo con tarjeta de crédito o por transferencia bancaria el dinero de su cuenta no desaparece del sistema bancario sino que pasa a la cuenta bancaria de la persona que cobre la transacción (¡que puede estar incluso en el mismo banco!). Los números cambian y el dinero electrónico pasa de una cuenta a otra, pero no se extingue. La única forma de que ese dinero electrónico se extinga es convirtiéndolo en dinero físico (monedas y billetes), pagando impuestos o comprando bonos a un Estado (que tienen una cuenta bancaria directamente en el banco central, no en un banco privado[3]). Para cualquier otra operación bancaria, el dinero electrónico no desaparecerá, sólo cambiará de cuenta.

Pues lo mismo ocurre cuando un banco traslada reservas bancarias a otro banco (ya sea por su decisión o por decisión de los clientes): éstas no desaparecen del sistema monetario sino que cambian de cuenta. La única forma de que esas reservas bancarias se extingan es convirtiéndolas en dinero físico (lo que resulta muy caro para los bancos, por lo que no lo harán), o usándose para pagar impuestos o para comprar bonos a un Estado. Para cualquier otra operación, las reservas bancarias no desaparecerán, sólo cambiarán de cuenta. Por lo tanto, el dinero que deja de pagar un banco por el -0,4% por haberse deshecho de parte de sus reservas, lo acabará pagando el banco que haya recibido esas reservas. En consecuencia, lo que acaban pagando todos los bancos europeos en su conjunto será prácticamente igual; lo único que ocurrirá es que el coste se distribuirá entre todos los bancos de forma asimétrica.

3) El tercer problema es que cuando un banco concede un crédito, las reservas bancarias no se inmutan. Sólo disminuirán cuando el que haya recibido el préstamo utilice ese dinero para comprar algo cuyo propietario tenga una cuenta bancaria en un banco diferente, ergo volvemos al problema de que la reducción de reservas depende de las transacciones que realicen sus clientes, no de las decisiones del banco[4]. Por lo tanto, penalizar las reservas bancarias con el -0,4% no se convierte en un aliciente directo para dar préstamos, que es lo que el BCE pretende conseguir. Aunque sí es verdad que cuantos más préstamos conceda un banco, más probabilidades hay de que sus reservas disminuyan ya que los clientes usarán el dinero del crédito para comprar cosas y es probable que esos vendedores tengan cuentas bancarias en entidades bancarias diferentes. Pero la cantidad que disminuya en un banco aumentará en otro, ergo el coste total para el conjunto de los bancos europeos será el mismo (a no ser, claro, que esas reservas se conviertan en dinero en efectivo, o se utilicen para pagar impuestos, o para comprar bonos públicos, o acaben en cuentas bancarias de bancos que no son de la Zona Euro).

Por lo tanto, de todos los efectos que puede provocar la penalización del -0,4% impuesta por el BCE hay uno que está claro: el conjunto de los bancos europeos tendrá mayores costes y más problemas para obtener rentabilidad. Que esta medida tenga otros efectos ya no está tan claro. Por un lado, no está claro que vaya a estimular el crédito, porque los bancos conceden préstamos sólo si confían en que el cliente podrá devolver el dinero, y en eso nada importará la penalización del -0,4%. Los bancos pierden mucho más dinero si dan préstamos y no son devueltos que si pagan el 0,4% de sus reservas, por lo que es improbable pensar que correrán ese riesgo. Por otro lado, parece bastante probable que los bancos comprarán muchos más bonos públicos, ya que eso reduce directamente el volumen de reservas (se extinguen), lo que empujará más a la baja las primas de riesgo. Quizás sea éste un objetivo oculto (o no tan oculto) que persigue el BCE con su política. Además, también parece probable que los bancos utilizarán las reservas para acometer inversiones financieras de todo tipo comprando bonos privados, acciones, productos derivados, etc, ya que ello reduce su nivel individual de reservas (aunque pasen a otros bancos y el volumen total no cambie). Por último, si esas operaciones acaban en cuentas bancarias que están fuera de la zona euro, la cotización del euro caerá todavía más, lo que puede ser otro objetivo oculto del BCE.

Por todo ello estamos en condiciones de afirmar que este movimiento del Banco Central Europeo es un sinsentido que no logrará mejorar la situación. En todo caso la empeorará al deteriorar aún más los balances de los bancos europeos.

 


[1] Más información aquí

[2] Más información aquí y aquí

[3] Un caso curioso al respecto es el del gobierno de Suiza (cuyo banco central también lleva tiempo fijando tipos negativos en los depósitos), que ha pedido recientemente por favor a los contribuyentes pagar lo más tarde posible los impuestos ya que al Estado suizo le sale caro mantener el dinero en la cuenta bancaria que tiene en el Banco Central de Suiza.

[4] Más información aquí

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