¿En qué consiste la exención de plusvalía en la dación en pago de la reforma fiscal de Montoro?

Como más de un lector del blog me ha preguntado en qué consiste exactamente la exención de plusvalía en la dación en pago que recoge la reforma fiscal de Montoro, ofrezco aquí una explicación sencilla y breve para que pueda ser entendida fácilmente por cualquiera.

Imaginemos que una persona compra una vivienda por 200.000 euros. Una vez transcurra el tiempo, el precio de mercado de la vivienda (que es el precio al que se podría vender porque alguien lo pagaría para comprar la casa) cambiará (normalmente al alza, especialmente en épocas de burbuja inmobiliaria). Si este propietario decide vender o regalar la casa, tendrá que pagar impuestos por el aumento en el precio de la vivienda, porque se supone que si el precio de la vivienda ha aumentado, el propietario se ha lucrado. Supongamos que para entonces el precio ha aumentado a 230.000 euros. Entonces la plusvalía (ganancia patrimonial) es de 30.000 euros, que es el aumento en el precio de la casa desde la compra hasta el cambio de titularidad (lo que el propietario “ha ganado” gracias a la tenencia de esa propiedad). Esa cantidad será la base para luego aplicar el impuesto que habrá de pagarse.

La legislación tributaria obliga siempre a pagar impuestos por ese concepto de plusvalía (tanto por IRPF como por plusvalía municipal). Se entiende que el propietario tiene ahora más riqueza y por lo tanto tiene que pagar impuestos por esa nueva riqueza. Esto también afectaba a aquel propietario de la vivienda que quería entregarla para poder saldar sus deudas hipotecarias (dación en pago). Algo que se considera injusto porque esa persona no era precisamente “más rica” sino todo lo contrario: busca vender la casa porque no tiene suficiente dinero para pagarla de forma íntegra.

En junio de 2012 se reformó la legislación de forma que si el propietario que entregaba las llaves de su casa no tenía ningún tipo de ingresos, sólo una vivienda en propiedad, y una deuda hipotecaria contraída para comprar la casa, quedaba excluido de pagar impuestos por la plusvalía. Se trataba de favorecer (un poco) a los que menos recursos tenían. El problema era que no afectaba a todos los hipotecados: por ejemplo, con que un miembro de la unidad familiar tuviera algo de ingresos (por muy exiguos que fuesen) o con que la casa se hubiera hipotecado para montar un negocio y no para adquirirla, se seguirían viendo obligados a pagar el impuesto por la plusvalía.

Con la nueva reforma fiscal de Montoro podrán librarse de pagar este impuesto (tanto en IRPF como en plusvalía municipal) todos aquellos propietarios que no tengan suficientes bienes para saldar la deuda y evitar la entrega de la vivienda (no sólo los que cumplan los requisitos mencionados antes). Es decir, se extiende esa bonificación fiscal no sólo a los hipotecados más extremos sino a todos los hipotecados que no tengan suficiente dinero para pagar la hipoteca. Se trata de una noticia positiva en términos fiscales para estas personas, pero claramente insuficiente: el hecho de pagar un poco menos de impuestos a la hora de entregar las llaves de tu casa no soluciona el drama económico y social que supone tener que abandonar tu propia casa por no poder pagar la hipoteca.

 

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