España a la cabeza de los países con más becarios y peor tratados

Artículo publicado en el número 54 de La Marea

Una beca es por definición una subvención para realizar estudios o investigaciones. No obstante, este término ha llegado a ser empleado para referirse a figuras económicas y laborales notablemente diferentes.

Actualmente podríamos distinguir varios tipos de becas. En primer lugar tenemos las ayudas directas para los estudios, normalmente dirigidas a estudiantes de cualquier nivel de enseñanza con pocos recursos. En segundo lugar tenemos las becas de colaboración, dirigidas a universitarios para que realicen tareas en algún departamento de su universidad a cambio de una contraprestación económica. En tercer lugar, las becas de formación de personal investigador, que tienen lugar en centros de investigación (normalmente en universidades) y a la que acceden sobre todo estudiantes que se quieren doctorar. En cuarto y último lugar, están las becas realizadas en una empresa o en una administración pública, que pueden ser curriculares (formar parte de la etapa de estudios) o no (dirigida a personas que han terminado la universidad), y que pueden estar reguladas mediante un convenio entre la empresa o la administración y el centro de estudio o no estarlo (de forma que son diseñadas unilateralmente por las empresas). Al margen de estas becas existen los contratos en prácticas, muy parecidas a las últimas becas señaladas pero que suponen una relación contractual –las becas nunca lo hacen-, de ahí que los beneficiarios suelan ser llamados coloquialmente becarios), y los contratos de formación, dirigidos a personas sin cualificación reconocida por el sistema educativo.

Pues bien, de todos estas becas las más abundantes e importantes son las del cuarto tipo, y concretamente aquellas que son diseñadas unilateralmente por las empresas y dirigidas a personas que acaban de terminar sus estudios. Hace unos veinte años esta fórmula apenas existía y, sin embargo, en la actualidad está cogiendo una importancia tremenda porque las empresas la están utilizando para hacerse con mano de obra muy cualificada a un precio muy reducido. Es imposible conocer cuántas becas de este tipo existen porque sólo se registran aquellas que cotizan a la Seguridad Social (que legalmente deberían ser las que reciben alguna remuneración), pero al menos éstas nos ofrecen una buena panorámica del asunto. Como se puede ver en el gráfico, desde diciembre de 2013 hasta agosto de 2017 el número de becas que cotizan aumentó en un 53,2%, un ritmo muy superior al que ha crecido cualquier otro tipo de contrato laboral, y que se ha mostrado independiente al ciclo económico.

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Si ampliamos la mirada y nos fijamos también en los contratos en prácticas y en los contratos de formación, contemplamos cómo el número total se ha casi duplicado (incremento del 92%) desde el año 2012, año en que el gobierno del Partido Popular hizo la reforma laboral.

Nuestro país es uno de los que más becarios y trabajadores en prácticas tiene y de los que peores condiciones laborales les brinda. Según un informe de la OCDE, España es el segundo país de la UE, solo por detrás de Eslovenia, con mayor porcentaje de titulados que han hecho prácticas al finalizar sus estudios; el doble que la media europea. Por otro lado, según un informe de la Comisión Europea el 58% de los becarios no recibe ningún salario y la mayoría de los que cobran no pueden cubrir sus necesidades básicas con el escaso sueldo que reciben, ya que sólo el 29% pueden cubrir sus necesidades básicas (comida y vivienda). Según esta misma fuente, España es el país europeo donde menos becarios reciben un salario suficiente para subsistir por sí mismos

Pero por si fuera poco todo esto, el principal problema de este tipo de becas es que la inmensa mayoría son fraudulentas. Este fraude se conoce como “falsos becarios” y consiste en disfrazar de becario a una persona que en realidad debería tener un contrato normal. Estas becas deberían servir para que el recién graduado o licenciado tenga su primer contacto con el mundo laboral, realizando actividades de apoyo y aprendizaje en las empresas correspondientes. Pero lo cierto es que, según el Consejo de Juventud de España, el 61,7% reconoce que desempeñan las mismas labores que un empleado normal. Y según el portal Becatester, el 40,4% de los becarios se siente explotado, ya que desempeña las mismas funciones que el resto de sus compañeros pero sin tener la misma formación ni el mismo sueldo.

Al ser un fraude laboral, es una actuación ilegal y debe ser denunciada. Si un becario está realizando el mismo trabajo que un empleado normal, o si está recibiendo órdenes de alguien, o si tiene un horario o jornada que cumplir, entonces debería tener un contrato normal, no una beca, y por lo tanto puede y debe denunciar su caso en la inspección de trabajo o directamente en los tribunales.

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