1.2.1 Éxito de Rajoy en la subasta pública al llegar al poder

El 12 de enero de 2012 el Tesoro español realizó una subasta de deuda pública que terminó siendo un éxito. Mientras la anterior subasta celebrada en diciembre de 2011 había conseguido vender deuda pública a un tipo de interés del 5,187% (por cada 100 euros que pidió prestado el Estado, tiene que pagar cada año 5,187 euros hasta que devuelva esos 100 euros), la subasta de enero consiguió vender deuda pública a un tipo de interés del 3,384% (por cada 100 euros que ha pedido prestado el Estado, tiene que pagar cada año 3,384 euros hasta que devuelva esos 100 euros). Esto quiere decir que al Estado español le salió bastante más barato endeudarse, lo cual sin duda fue un punto positivo.

Nada más conocerse la noticia, todo el mundo se preguntó a qué se debía esta mejoría en la situación del mercado de deuda español. Muchos le adjudicaron el mérito a la reforma fiscal que acometió el gobierno del Partido Popular nada más llegar al poder. De hecho, fuentes del Gobierno señalaron que fue “la primera respuesta de los mercados a las medidas adoptadas”. Sin embargo, si se analiza detalladamente el contexto en el que se produjo esta subasta, uno se da cuenta de que la reforma fiscal de Rajoy fue un acontecimiento anecdótico que apenas influyó en el éxito de la subasta.

Existe una opinión más o menos generalizada que reza lo siguiente: cuando los inversionistas confían más en un país, piden menores tipos de interés en la compra de deuda pública (en otras palabras, compran deuda pública a un precio bajo). Esto es así porque ven menos arriesgado que acaben perdiendo el dinero prestado. De forma inversa, cuando los inversionistas no confían en un país y creen que éste terminará en bancarrota y sin devolver el dinero prestado, entonces los inversionistas piden un nivel más alto de tipo de interés para compensar este riesgo (en otras palabras, compran deuda pública a un mayor precio). Como en este caso los inversionistas pidieron menores tipos de interés a la deuda pública española, muchos pensaron que esto se debía a que en ese momento confiaban más en España.

Pero nosotros ya sabemos que esa conclusión final no es del todo cierta. Los niveles de tipos de interés de la deuda pública vienen determinados por el cruce entre la oferta y demanda de bonos, y no por la confianza de los inversionistas en la solvencia del país. Es cierto (como veremos más adelante) que el nivel de demanda de bonos también viene influido por la confianza que se deposite en el país en cuestión. Sin embargo, lo que en última instancia determina el tipo de interés es la confluencia entre demanda y oferta, y ésta no sólo depende de la confianza que se tenga en la solvencia de un país. Recordemos: cuanto menor sea la cantidad de deuda pública que quieran comprar los inversionistas, mayor tipo de interés pedirán. Y al contrario: cuanto mayor sea la cantidad de deuda pública que quieran comprar los inversionistas, menor tipo de interés pedirán.

Pues esta última situación es la que se produjo con la exitosa subasta del Tesoro español de enero de 2012. Los inversionistas pidieron al Estado español títulos de deuda pública por valor de 18.700 millones de euros, mientras que el Estado sólo vendió títulos de deuda pública por valor de 9.980 millones de euros. La demanda de deuda pública fue colosalmente elevada, y eso hizo que los tipos de interés disminuyeran tanto. Los inversionistas no tuvieron más remedio que pedir menores tipos de interés para no quedarse fuera de la compra. De hecho, muchos inversionistas quedaron fuera y no pudieron comprar deuda pública. Algo similar ocurrió con la subasta de deuda pública italiana, lo cual también resta credibilidad a la opinión de que las medidas de Rajoy habían influido en la subasta española.

La elevada demanda, a su vez, fue causada por la extraordinaria cantidad de dinero barato (480.000 millones al 1%) que el Banco Central Europeo inyectó a los bancos privados en diciembre de 2011. Los bancos privados tenían mucho dinero para invertir, y lo hicieron principalmente en la compra de deuda pública. Es decir, los inversionistas invirtieron mucho en la deuda española no porque confiaran más en el país, sino porque tenían mucho dinero barato disponible para comprar deuda pública.

Por lo tanto, la verdadera causa del éxito no radicó en que los inversionistas confiasen más en España gracias a la reforma de Rajoy. El éxito se debió fundamentalmente a que la demanda de deuda pública en el mercado financiero europeo fue muy elevada.

 

 

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