Un vergonzoso e indignante ejemplo de manipulación periodística en las protestas de Grecia

Hoy escribo este post para denunciar lo que a todas luces es una escandalosa forma de manipular la información a través de una noticia periodística. A pesar de estar acostumbrado a leer y escuchar noticias ya filtradas por determinados intereses, en esta ocasión he querido ver uno de los ejemplos más claros y sencillos de esta odiosa práctica periodística.

La noticia en cuestión la he descubierto en la edición digital del domingo 12 de febrero del diario económico “El Economista”. Se puede acceder a la noticia a través de este enlace, aunque para facilitar la lectura la reproduzco literalmente justo abajo:

La Biblioteca Nacional de Grecia, afectada por los incendios en los disturbios de Atenas

 

Los disturbios que se están produciendo en Atenas han provocado incendios en varios importantes edificios de la capital griega.

El más destacado de ellos, según reportan diversas fuentes del país heleno, es la Biblioteca Nacional de Grecia. Los daños que pueden haberse causado no han sido calculados por el momento.

También han sido pasto de las llamas una cafetería Starbucks, un cine, una sucursal bancaria y varios comercios.

 

Como se puede observar, se trata de un escrito breve pero muy llamativo. El título nos cuenta nada más y nada menos que la Biblioteca Nacional de Grecia se ha visto afectada por los incendios en los disturbios de Atenas. También se comenta en el escrito que muchos otros edificios se han visto dañados por las llamas, y que incluso algunos han sido literalmente “pasto de las llamas”. No aparece mucha más información. De hecho, ni siquiera se nos dice en qué medida “se ha visto afectada” la biblioteca, que obviamente es el asunto central. Una lectura rigurosa nos obligaría a preguntarnos cuánto daño ha sufrido la biblioteca, puesto que esa expresión sirve tanto para describir que el edificio ha sido totalmente devastado por el incendio, como para describir que una papelera en su interior ha ardido en llamas.

Pero vamos a ser menos rigurosos. Es decir, vamos a hacer como todo el mundo y leer la noticia por encima para observar qué sensación nos deja su simple lectura. Con una primera lectura nuestra mente se muestra muy inocente y lo único que hace es unir los conceptos que representan las palabras principales “disturbios”, “incendios”, “pasto de las llamas” y “Biblioteca Nacional”. No hace falta realizar complejas carambolas mentales para que uno se quede con la sensación de que la Biblioteca Nacional ha sido seriamente dañada por los incendios –incluso a algunos les parecerá directamente que el edificio ha sido pasto de las llamas. Total, si el edificio no hubiera sufrido un gran daño tampoco habrían sacado una noticia deprisa y corriendo para informar de los hechos, ¿no? Lo normal es pensar que algo grave le ha pasado al edificio. ¡Menuda desgracia!

Sin embargo, vamos a dar un paso importante. Se trata de buscar más fuentes para contrastar la noticia o incluso para extraer más información. Éste es un paso que asumimos ha hecho ya el periodista en cuestión, porque es uno de los pilares del rigor periodístico, pero vamos a ser un poco rebeldes porque tenemos muchas ganas de saber más cosas sobre el estado de la biblioteca.

Pues bien, para ser un incidente tan dramático como es el daño producido a la biblioteca más importante del país que fue cuna de la filosofía occidental y de la democracia, es muy extraño que la noticia tan sólo haya sido recogida en “El Economista” y que haya sido ignorada por el resto de portales de noticias (invito a cualquier lector a que realice el mismo ejercicio que yo he hecho, rastreando la red a través de cualquier buscador).

Lo cierto es que da mucho que pensar. Tanto da que pensar, que lo lógico es deducir que dicho incidente nunca tuvo lugar, o que tuvo lugar pero de una forma anecdótica como lo podría ser el incendio de una papelera. Por lo tanto, extraemos como conclusión que la Biblioteca Nacional apenas fue dañada por los incendios y que, por ende, no existe tal noticia ni debería haber existido.

Y lo peor de todo es que la persona que escribió la noticia lo sabía; o, como mínimo, sabía que estaba sobredimensionando un incidente del que no tenía suficiente información como para redactar esa noticia.

Las pruebas de ello son las siguientes:

  • El autor reeditó la noticia, tras un titular inicial que rezaba: “La Biblioteca Nacional, entre los edificios quemados” (se puede observar gracias al rastro que dejan las noticias reeditadas en los links de los buscadores). Ello prueba que el autor, consciente de que se había precipitado con su particular interpretación del rumor, quiso retirar un poco de leña al fuego suavizando la noticia. De esta forma, técnicamente no decía que la Biblioteca estuviese quemada, pero sí dejaba un texto cuya estructura invitaba a pensarlo.
  • La citación a las fuentes es vaga e imprecisa: “diversas fuentes del país heleno”. Piénsese que esa descripción es válida también para referirse a un rumor proveniente de cualquier griego.
  • La frase que añade el autor en el segundo párrafo: “Los daños que pueden haberse causado no han sido calculados por el momento”. Por un lado, el uso del condicional deja la puerta abierta a la posibilidad de que los daños no hayan tenido lugar (“los daños pueden haberse causado”). Por otro lado, para no pillarse los dedos el autor recalca que los daños no han sido cuantificados todavía, lo que deja claro que no tenía ninguna información al respecto.

Pero entonces, si el autor estaba dudando sobre la veracidad de la noticia, ¿no debería haberse esperado a tener más información? ¿Por qué se lanzó a publicarla? Pues por un lado porque publicar una noticia tan impactante como ésa es un caramelo en el mundo periodístico. Es una noticia que vende más de la cuenta, y te otorga más réditos cuanto antes la publiques. Eso es en lo que estaba pensando el autor de la noticia, y no en contrastar si de verdad esa primera vaga información que le llegó era real o se trataba simplemente de un rumor. Por otro lado, el autor tampoco pensó (o tal vez sí) en la mala imagen que la noticia les deja a los manifestantes griegos, como ciudadanos salvajes que la pagan con centros de cultura en vez de con centros representativos del sistema que los está empujando hasta la miseria (como realmente están haciendo). Obviamente no es lo mismo que como resultado de las protestas se quemen locales de grandes empresas a que se queme la Biblioteca Nacional del país.

Si actuamos de buena fe y suponemos que en este caso el objetivo del autor no era desprestigiar las protestas griegas, entonces realizó un acto tremendamente irresponsable al publicar una noticia sin contrastar su veracidad. Los medios de comunicación influyen decisivamente en las opiniones personales de los ciudadanos, llegando hasta moldear la llamada “opinión pública”. No podemos olvidar que en el momento en el que esto se lee, hay cientos de personas que leyeron la noticia y que todavía mantendrán una idea equivocada de lo que sucedió y también de los manifestantes griegos –y  que muy probablemente nunca la vayan a desechar. Por eso mismo estos medios de comunicación tienen la obligación moral de ser muy cuidadosos a la hora de publicar cualquier tipo de información.

En fin, éste es uno de los tantos ejemplos de manipulación periodística que se producen todos los días en los medios de comunicación convencionales con la intención de obtener rentabilidades y responder a unos intereses económicos muy particulares, y siempre dejando en un segundo plano el rigor periodístico y el cometido de informar a la sociedad bajo criterios objetivos.

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