La crisis autoinfligida de los gobernantes de Europa

Artículo publicado originalmente en el número 39 de La Marea

El Producto Interior Bruto (PIB) –indicador utilizado para medir el tamaño de las economías– de Estados Unidos equivale, aproximadamente, a PIB y medio de la Eurozona. No obstante, en el gráfico se ha hecho coincidir en el punto 100 el valor que ambos PIB registraron en el año 2007, pero manteniendo la evolución seguida hasta 2015, de forma que se pueda comparar con mayor facilidad las dos sendas que han dibujado los indicadores de las dos economías.

pib

Tal y como se puede apreciar, durante los dos primeros años de crisis (2008 y 2009) la caída de los dos indicadores fue muy similar: se percibió antes en Estados Unidos, aunque fue algo más intensa en los países de la Eurozona. En los dos años siguientes (2010 y 2011) las dos economías comenzaron a recuperarse, aunque el ritmo de ascenso fue algo más destacado en el caso estadounidense, que llegó a situarse en un 2% (102,1) por encima del nivel que registró en 2007, mientras que la economía del euro ni siquiera llegó a recuperar el nivel que alcanzó en el año 2007 (99,9).

A partir de 2012 es cuando se produce un profundo distanciamiento entre ambas sendas, ya que mientras el PIB de Estados Unidos continuó creciendo a un ritmo similar al anterior, el PIB de la Eurozona volvió a caer para no recuperarse hasta el año 2015. El resultado de las dos trayectorias divergentes es que a inicios de 2016 la economía estadounidense se encontraba un 10,4% por encima del nivel que tenía en 2007, mientras que ese porcentaje para el caso de la zona euro era sólo del 1,2%.

Dejando a un lado el nada desdeñable hecho de que las enormes limitaciones del indicador del PIB no permiten cuantificar con precisión ni el tamaño de una economía ni el bienestar de su población, lo cierto es que podemos afirmar con rotundidad que la economía estadounidense se comportó mucho mejor que la Eurozona durante el periodo 2007-2015. De hecho, es evidente que, en términos de PIB, Estados Unidos sólo tuvo tres años de crisis o estancamiento, mientras que la zona euro ha estado en esa situación nada más y nada menos que siete años, más del doble que el país norteamericano.

Pero lo importante es tener en cuenta que hasta 2012 las dos economías evolucionaban prácticamente de la misma forma, y que fue en ese año cuando se produjo el punto de inflexión que marcó el inicio del distanciamiento. ¿Qué pasó aquel año? ¿Qué impidió que la Eurozona continuase con la recuperación iniciada en 2010? Básicamente, el palo en las ruedas se lo pusieron los mismos países de la zona euro y tiene nombre propio: políticas de austeridad. Fueron los gobernantes europeos los que giraron el timón en 2010 y 2011, pasando de una serie de políticas de expansión fiscal que intentaban reactivar el crecimiento a unas políticas neoliberales de contracción fiscal y devaluación salarial que acabaron deteniéndolo.

Obsesión por el déficit

Mientras en Estados Unidos las políticas de expansión fiscal y monetaria continuaron en cierto grado, la obsesión europea por reducir a toda costa los salarios y déficits públicos a través de recortes en el gasto y de inversión contrajo la capacidad económica de familias y empresas, lo que unido a una situación de enorme endeudamiento privado terminó por hacer colapsar de nuevo la economía europea.

Además, la crisis griega no quiso abordarse con solidaridad, sino con una nueva vuelta de tuerca más en esos postulados neoliberales que agravaban el problema. Por último, la inacción del Banco Central Europeo, tendente a lograr que las economías más afectadas se apretasen todavía más el cinturón, terminó por ponerle la guinda a una crisis auto infligida.

En definitiva, ha sido la aplicación de unas políticas de austeridad basadas en los principios rectores del liberalismo económico lo que provocó una nueva crisis en Europa a partir de 2012. En Estados Unidos los gobernantes también se han regido y se rigen por estos principios, pero ellos no han sido tan buenos alumnos (¿o fanáticos?).

La reciente y muy modesta recuperación de la Eurozona se ha producido por el efecto combinado de una tardía política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, una reducción histórica de los precios del petróleo y la devaluación del euro. Es decir, no se ha producido por aplicar políticas de austeridad sino que éstas se siguen aplicando y precisamente continúan lastrando la actividad económica. Sin ellas, el crecimiento económico habría sido mucho mayor, y Estados Unidos no habría tomado tanta ventaja en términos de PIB a la Eurozona.

Después de constatar todo esto nadie puede sorprenderse de que proliferen y ganen cada vez más fuerza los movimientos en contra de esta Unión Europea, incluyendo los de extrema derecha, izquierda radical e incluso los que han promovido el Brexit.

 

 

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