La hucha de las pensiones se vacía por culpa de la austeridad

Artículo publicado originalmente en el número 31 de La Marea

Al gobierno del Partido Popular se le critica mucho por –entre otras muchas cosas– estar vaciando la conocida como “hucha de las pensiones” desde el año 2012. Sin embargo, el problema no es tanto ése como que haya condenado a la Seguridad Social a un profundo déficit, y aunque sean asuntos estrechamente relacionados, no es lo mismo criticar por hacer lo primero que por provocar lo segundo. Me explico.

La hucha de las pensiones (llamada oficialmente Fondo de Garantía de Reserva) fue creada en el año 2000, en años de bonanza económica y de superávit de la Seguridad Social. Puesto que el organismo ingresaba bastante más dinero de lo que gastaba, el gobierno de Aznar decidió que el dinero sobrante debería ser acumulado en un fondo (la hucha) para ser invertido en activos financieros y así se fuese revalorizando con el paso del tiempo. La idea subyacente era que se pudiese recurrir a esta hucha para pagar las pensiones en momentos de necesidad. Ahorrar durante las vacas gordas para tener dinero durante las vacas flacas. Se puede estar a favor o no de esta medida (por ejemplo, muchos economistas defendían la utilización del dinero sobrante para incrementar la cuantía de las pensiones o incluso para mejorar otras prestaciones públicas; otros se negaban a impulsar el negocio financiero con el dinero de cotizaciones sociales, etc), pero lo que no cabe duda es que el gobierno de Rajoy está respetando las reglas: en la actualidad estamos en una época de necesidad y tiene legitimidad para recurrir a la hucha de las pensiones, pues se creó para ello.

Pero dejemos de fijarnos en el dedo y fijémonos en la Luna: ¿por qué la Seguridad Social está en época de vacas flacas? Pues digámoslo claramente: por haber aplicado políticas de austeridad y reformas laborales agresivas.

Utilicemos una metáfora para explicarlo. La hucha de las pensiones es como una bañera, en la cual hay un grifo que permite añadir agua. Ese grifo es el saldo de la Seguridad social. Cuando la Seguridad Social ingresa más dinero del que gasta, el grifo se abre y la bañera –la hucha– se va llenando. Pero si los gastos son superiores a los ingresos, el grifo se cierra y además se abre el tapón de la bañera, de forma que la bañera –la hucha– se va vaciando. (Nota: siendo rigurosos, la bañera no sólo tiene un grifo -la hucha se llena también por las inversiones financieras y aportaciones del Estado-, pero el de la Seguridad Social es el grifo más importante y basta para la explicación). Observemos la evolución del grifo y la bañera utilizando el gráfico:

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Durante los años de crecimiento económico (2005, 2006, 2007) el grifo estaba totalmente abierto, y la hucha se iba llenando rápidamente. Con la irrupción de la crisis, el paro creció, los ingresos por cotizaciones de la seguridad social menguaron, y las prestaciones por desempleo aumentaron, de forma que el saldo de la seguridad social se redujo; el grifo se aflojó y comenzó a entrar menos agua en la bañera. Pero llegó el año 2010 y el PSOE comenzó a aplicar políticas de austeridad (recortes de inversión pública e incremento de impuestos que deterioran la capacidad adquisitiva de la población, lastrando así la actividad económia) y a aprobar una reforma laboral que abarató el despido objetivo. Esto hizo que el paro se disparara, de forma que el grifo se cerró totalmente. No fue necesario utilizar dinero de la hucha porque este déficit era reducido y se podía compensar con lo que cada año ganaba la hucha por capitalizar su dinero (con lo que entraba por otro grifo).

Pero entonces llegó 2012, y el gobierno de Rajoy aplicó medidas de austeridad mucho más intensas, y una reforma laboral en febrero de 2012 bestial que entre otras cosas abarató el despido improcedente. Esto supuso un incremento impresionante del paro, caída de ingresos por cotizaciones, y aumento de prestaciones por desempleo. Las políticas de austeridad deprimen la capacidad adquisitiva de la población, hundiendo el consumo, las ventas y los beneficios empresariales, y en definitiva la actividad económica. Con una actividad económica gravemente herida, el desempleo continuó aumentando y con él la sangría de la Seguridad Social. Además, el gobierno del PP aprobó bonificaciones a los empleadores para que pagasen menos por cotizaciones sociales, algo que no sirvió en absoluto para crear empleo pero sí para que la Seguridad Social pasase a ingresar menos. Por último, los pocos empleos que se han ido creando han sido de remuneraciones muy bajas (la mitad de todos los contratos firmados entre 2010 y 2013 eran de menos de 978 euros al mes) y por lo tanto de muy poca aportación a la Seguridad Social. En consecuencia, el grifo se cerró y el tapón de la bañera se quitó de golpe, de forma que la bañera se empezó a vaciar rápidamente, y así sigue sin que el gobierno de Rajoy haya planeado gran cosa para evitarlo. Si no se hace nada para remediar este vaciamiento, en el año 2018 la hucha ya no tendrá más dinero.

Lo importante es entender que el problema no es tanto que la bañera se esté vaciando, sino que el grifo esté cerrado y el tapón no esté puesto. Y esto no se debe a la aparición de la crisis económica, como muchos piensan, sino a la aplicación de políticas de austeridad y reformas laborales agresivas que lo único que han hecho ha sido destrozar el balance de la Seguridad Social.

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