La mejor reforma laboral en 42 años

A falta de que en unos días se debata en el Congreso de los Diputados -siendo lo más probable que se apruebe sin problemas-, ya tenemos una nueva reforma laboral redactada por el gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos y acordada con los sindicatos y patronal. Como ya expliqué en un vídeo anterior -y que recomiendo mucho ver antes de éste-, los dos partidos políticos del gobierno actual se habían comprometido a derogar la agresiva reforma laboral que aprobó el gobierno del PP en el año 2012. Y eso es lo que han hecho, al menos parcialmente, porque es cierto que no todos los elementos de la reforma laboral del 2012 han sido tumbados, aunque también es cierto que ha habido cambios que no sólo han dejado las cosas como estaban antes de que Rajoy llegara al poder, sino que incluso las han dejado como estaban antes del gobierno de Aznar. Es decir, ha habido una mejora en materia de protección de trabajadores muy importante. De hecho, es la primera vez desde hace 42 años (que se dice pronto) que se hace una reforma laboral que mejora las condiciones laborales de los trabajadores, así que podemos estar de enhorabuena, y obviamente esto ha sido gracias a la presencia de Unidas Podemos en el gobierno, y concretamente, a que Yolanda Díaz está de ministra de trabajo. Vamos a ver en qué consiste esta nueva reforma laboral.

Lo más importante de toda esta legislación es que ahora los empleadores tienen mucho más difícil hacer contratos temporales: ya no pueden utilizar el famoso contrato de obra y servicio porque se ha suprimido -que era el que más precarizaba el empleo-; el contrato eventual dura ahora menos tiempo -por lo que se convierte en indefinido antes-; y a través de la subcontratación es ahora mucho más difícil contratar temporalmente. Por supuesto, los empleadores pueden hacer trampas y saltarse la ley, como siempre han hecho, pero la novedad es que las sanciones llegan ahora hasta los 10.000 euros por trabajador, que es muchísimo dinero (antes la cuantía era menor y no era por cada trabajador). Es decir, los empresarios tienen ahora mucho más difícil hacer contratos temporales, y si no los hacen correctamente se les cae el pelo. En otras palabras, a las empresas les sale ahora mucho más rentable hacer contratos indefinidos, no contratos temporales, lo que obviamente mejorará la situación laboral de los trabajadores.

Aunque todo esto tiene un pero, y es que por culpa de la reforma laboral de Rajoy el contrato indefinido ya no es tan bueno para el trabajador como antes, ya que el empresario puede despedir con menor coste siempre que quiera (pagando 33 días por año trabajado en vez de 45 como era antes). Y este punto del despido no ha sido tocado en esta nueva reforma laboral, sigue igual que antes. Obviamente sigue siendo mucho mejor tener un contrato indefinido que uno temporal, y por eso la reforma laboral supone un gran avance, pero si se hubiese protegido más el despido, dejándolo tal y como estaba antes del gobierno de Rajoy, hubiese sido mucho mejor.

Ahora bien, lo que también es cierto es que el despido ahora no les conviene tanto a los empleadores porque, cuando las cosas les vayan mal, mantener a sus trabajadores en plantilla les va a salir mejor que despedirlos. Esto es así porque les pueden aplican un ERTE durante todo un año o les pueden reducir la jornada, todo ello con condiciones muy ventajosas para los empleadores porque el Estado va a aportar dinero para que paguen menos cotizaciones sociales y para que esos trabajadores no pierdan tanto salario, además de para que puedan seguir recibiendo formación. Esta es una fórmula que lleva tiempo aplicándose en Alemania y que ha funcionado muy bien en épocas de crisis (Bernhard y Werner 2006 ; Schmitt 2011; Rinne y Zimmermann 2013). Estaremos todos de acuerdo en que, en vez de gastar dinero público en dar prestaciones por desempleo a los que han sido despedidos, es mucho mejor gastarlo para que esos despidos no se produzcan. Y también estaremos de acuerdo en que, en vez de encarecer el despido, es mucho mejor dificultar que el despido pueda tener lugar.

Otra medida de esta reforma laboral de elevada importancia es que los empresarios ya no pueden pagar salarios por debajo de lo que establezca el convenio sectorial. Como es bien sabido, los convenios sectoriales suelen tener mejores condiciones laborales que los convenios de empresas -porque hay más trabajadores y los sindicatos son más fuertes-, y por eso la reforma de Rajoy permitió a los empresarios que se pudiesen saltar esos convenios sectoriales para empeorar las condiciones laborales. Bien, pues con la nueva reforma laboral esto ya no es posible con las cuestiones salariales, aunque sí que sigue siendo posible para otras cuestiones, pero evidentemente la posibilidad de pagar menos es la más importante de todas, así que es un gran avance.

Otro elemento crucial de esta nueva reforma ha sido la recuperación de la prórroga automática de los convenios por tiempo indefinido. Por culpa de la reforma del PP, una vez el convenio finalizaba su periodo de aplicación, sólo duraba un año más, y si los trabajadores y empresarios no se ponían de acuerdo para firmar otro, entonces el convenio se extinguía y se perdían todos los derechos que recogía. Gracias a la nueva reforma laboral los empresarios ya no pueden acabar con los convenios simplemente dejando que pase el tiempo, por lo que ya no pueden deteriorar las condiciones de trabajo de esta manera, así que es otra gran noticia.

Por último, la subcontratación tendrá que hacerse ahora en función del convenio de la actividad contratada y no de la empresa. Por culpa de la reforma laboral del PP, si una empresa subcontrataba, por ejemplo, a un informático, le pagaba el salario fijado en la empresa, en vez de el salario fijado en el convenio de las TIC, que suele ser mayor. Con la nueva reforma laboral ya no podrán hacer eso, por lo que las condiciones laborales de los subcontratados serán mejores.

En fin, hay más elementos que se podrían comentar, pero estos son, a mi juicio, los más importantes. Como se puede ver, esta nueva reforma laboral incorpora importantes avances en los derechos de los trabajadores, aunque también es verdad que se deja algunos otros en el tintero, como la indemnización o causas por despido o el descuelgue de los convenios sectoriales en determinadas cuestiones. Es decir, no es la reforma laboral perfecta, pero es mil veces mejor que lo que teníamos antes. Que no sea perfecta tampoco nos debería de pillar por sorpresa ya que el partido mayoritario en el gobierno es el PSOE, que ya hizo en 2010 una reforma laboral lesiva para los trabajadores, más allá de que esta reforma ha sido impulsada por la Comisión Europea y pactada con la patronal. Aún con todo, esta nueva legislación es todo un logro, porque repito que desde 1980 sólo hemos vivido reformas laborales que han atentado contra los derechos de los trabajadores; obligándolos a trabajar más y a cobrar menos.

Pero lo más importante de todo esto es la teoría económica que subyace a esta nueva legislación, algo de lo que desgraciadamente se habla muy poco. Desde que el neoliberalismo se hizo hegemónico en nuestras sociedades occidentales allá por los años 70 y 80 del siglo pasado, todas las reformas laborales han ido encaminadas a lo mismo: a contener y reducir el salario de los trabajadores. La lógica económica que hay detrás de eso es la siguiente: al reducir el salario de los trabajadores, los empresarios pueden bajar el precio de sus productos sin que sus beneficios se vean afectados, y eso hace que sus productos sean más atractivos tanto en el interior del país como en el exterior. El objetivo de estas reformas laborales ha sido la de hacer más competitivos los productos nacionales, para que se puedan vender más en el extranjero (Ibarra y González 2010; Comisión Europea, 2012; Amer y Francesca 2013).

Pero esa estrategia, por muy intuitiva que pueda parecer, tiene importantes problemas. El primero es que nada garantiza que la reducción del salario sea seguida por una reducción del precio del producto. El empleador simplemente puede dejar el precio intacto y ganar más dinero gracias a la reducción salarial (Sanabria 2013; Garzón 2015). Evidentemente esto pasará en las empresas que no necesitan vender más para seguir funcionando, que son al fin y al cabo la mayoría.

El segundo problema es que la reducción salarial resta capacidad adquisitiva a los trabajadores, por lo que estos no podrán comprar tantas cosas como antes. Y eso evidentemente le viene mal a los vendedores. Por eso existe una paradoja en este asunto: aunque un empresario en particular crea egoístamente que le viene venir bien reducir el salario de sus trabajadores porque así tiene menos costes, (meme eso es bueno) también puede ocurrir que pase a tener menos ventas porque sus potenciales compradores tienen menos dinero en sus bolsillos debido a la reducción salarial (Cesaratto, 2012; Bibow, 2012). (eso es malo) Así que algo que puede creer que le viene bien, le puede venir fatal.

Pero es que, incluso aunque el empresario reduzca el precio de sus productos para poder venderlos en otros países (eso es bueno), en el mundo se compite con muchísimas economías que tienen los salarios todavía más bajos (mmmm eso es malo). Si se quieren hacer los productos tan competitivos vía precio como los de China, Vietnam y Tailandia, entonces habría que bajar los salarios tanto como en aquellos países (Li 2007; Taylor y Omer 2019; Chan 2003).

Y eso no es sólo algo nefasto en términos sociales, sino también en términos económicos por lo que acabamos de ver en el punto anterior. Además, tal y como explicaré en un futuro vídeo, las economías que más venden en el exterior lo suelen hacer porque venden cosas muy buenas y valiosas, y no tanto porque las vendan baratas. Es mucho más interesante y sano competir vía calidad que competir vía precio. Pero las reformas laborales que hemos conocido hasta ahora sólo piensan en la competitividad vía precio.

En cambio, la nueva reforma laboral utiliza otro enfoque económico: elevar los salarios y mejorar la estabilidad en el empleo viene bien para incrementar las compras que pueden hacer los trabajadores, lo que beneficia a la actividad económica. Además, mantener a un mismo trabajador en plantilla durante bastante tiempo es la mejor forma de que se haga más productivo y de que el producto final sea de mejor calidad, pudiendo estar así en mejores condiciones para competir con las empresas de otros países.

En resumen, que todas las reformas laborales pasadas pretendían reducir salarios para mejorar la competitividad vía precio, pero lo hacían a costa de reducir la capacidad económica de la población. Esto le podría venir bien a algunas empresas exportadoras, pero a las empresas que venden su producto en el interior del país, que son más del 95%, les viene fatal (ICEX 2022). Además, esto incrementaba directamente los beneficios de muchos empresarios sin necesidad de que la economía mejorara nada, más allá de abocarnos a una competición internacional por reducir los salarios hasta los niveles de muchos países asiáticos.

En cambio, la nueva reforma laboral pretende mantener los salarios y dar estabilidad al empleo, lo que junto con el aumento del salario mínimo incrementa notablemente la capacidad adquisitiva de la población. Esto quizás no le venga bien a ese 5% de empresas españolas que venden en el extranjero, pero sin duda les viene bien al 95% que venden sus productos dentro de nuestras fronteras. Además, así no se incrementan injustamente los beneficios de ningún empresario, y se deja de apostar por la competitividad vía precio para darle más importancia a la competitividad vía calidad.

Dicho esto, un último comentario importante: las reformas laborales no son herramientas para cambiar el modelo productivo de un país, eso se hace con otro tipo de políticas económicas. Pero evidentemente la legislación laboral puede ayudar a ir en uno u otro sentido. Y esta nueva reforma laboral ayuda a avanzar en un camino mucho más saludable para la economía española que todas las reformas laborales que hemos vivido en los últimos 42 años.

 

 

 

 

Referencias:

BOE reforma laboral: https://www.boe.es/boe/dias/2021/12/30/pdfs/BOE-A-2021-21788.pdf

Schmitt (2011) https://ideas.repec.org/p/epo/papers/2011-12.html

Bernhard y Werner (2006) https://www.econstor.eu/handle/10419/34133

Rinne y Zimmermann (2013) https://link.springer.com/article/10.1057/imfer.2013.21

Vídeo reforma laboral 2012: https://youtu.be/jAMBajY6l7Q

Garzón (2015) http://rabida.uhu.es/dspace/bitstream/handle/10272/12777/6.GARZON.P4.pdf?sequence=2

Sanabria (2013) http://www.tiemposcanallas.com/algunos-apuntes-en-torno-al-mito-de-la-competitividad-en-espana-de-antonio-sanabria-en-la-fundacion-1o-de-mayo/

Cesaratto (2012) https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2018/12/La_crisis_sin_fin_de_la_eurozona_S_Cesaratto.pdf

Bibow (2012) https://www.levyinstitute.org/publications/the-euro-debt-crisis-and-germanys-euro-trilemma

Amer (2013) https://dspace.uib.es/xmlui/bitstream/handle/11201/166/41570037K-GECO-juny2013.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Comisión Europea (2012) https://ec.europa.eu/economy_finance/publications/european_economy/2012/pdf/ee-2012-5_en.pdf

Ibarra y González (2010) https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7941463

Taylor y Omer (2019) https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/08911916.2018.1550951

Chan (2003) https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/01436590310001630044

Li (2007) https://www.taylorfrancis.com/chapters/edit/10.4324/9781315614601-28/low-wage-low-labor-standards-china-substitute-explanation-race-bottom-sheng-li

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