La reducción de salarios en España no es un fenómeno nuevo.

Desde hace ya más de dos décadas, las tesis neoliberales han promovido la idea de que la recuperación del excedente empresarial debe ser la base para lograr el crecimiento económico. Puesto que la renta obtenida en cualquier actividad económica se destina una parte a la remuneración del trabajo y la otra parte a los beneficios empresariales, si se busca el aumento de la participación de los beneficios empresariales en la renta, al mismo tiempo se está pidiendo la disminución de la participación de los salarios. Como es lógico, el porcentaje que gane una partida será de la misma cuantía que el porcentaje que perderá la otra partida.

Estos principios fueron cobrando cada vez mayor fuerza en el mundo occidental hasta llegar a inundar las agendas políticas de los dirigentes. Poco a poco esas ideas fueron calando en el discurso político y económico hasta llegar a tener efectos en el reparto real de la renta en el proceso económico. Como consecuencia, la participación salarial en la renta fue perdiendo peso progresivamente, dejando en peor situación relativa a los trabajadores asalariados frente a los no asalariados. La tarta económica pasaba a repartirse gradualmente en favor del factor capital y en perjuicio del factor trabajo. Éste fue un proceso que comenzó alrededor de los años 80 y que en definitiva nunca ha llegado a menguar.

Para evidenciar estos hechos se recurre aquí a exponer los datos de participación salarial en la renta en España recogidos para el período 1981-2012 (1). La participación salarial de la renta recoge la proporción sobre el total de la renta generada que se destina a los salarios, siendo el resto del porcentaje la parte que se destina a beneficios empresariales. Por ejemplo, para el año 2010 el 55,39% del total de renta generada en España ha ido a parar a la remuneración de asalariados, mientras que el 44,61% (100% – 55,39%) ha sido asignado a los beneficios empresariales.

Fuente: Elaboración propia a partir de AMECO (2)

En el gráfico se observa que en tan sólo treinta años la participación salarial ha disminuido casi trece puntos porcentuales (de 67,02% en 1981 a 54,34% en 2011). Este descenso se ha producido de forma ininterrumpida con la excepción de los períodos 1990-1993 y 2007-2009, en los cuales se advierten dos recuperaciones que acaban siendo transitorias. Estos hechos responden a la reducción de los beneficios empresariales debido a las recesiones económicas producidas en esos años y no a un aumento de los salarios.

Con la intención de encontrar más evidencias para este empeoramiento del mundo del trabajo se acude también a la Contabilidad Nacional (3) para analizar la evolución de la remuneración de los asalariados en contraposición con la del excedente bruto de explotación. Cabe destacar que, según la metodología de la Contabilidad Nacional, el Producto Interior Bruto está formado por tres partidas: Remuneración de asalariados (la parte de la renta destinada a los trabajadores asalariados), Excedente Bruto de Explotación (la parte destinada a beneficios empresariales) e Impuestos de producción e importaciones.

De acuerdo con la Contabilidad Nacional, la masa salarial en porcentaje del PIB disminuyó cerca de dos puntos porcentuales desde 1998 hasta 2007 –en plena época de bonanza económica– mientras que el porcentaje de ocupados asalariados, por el contrario, incrementó su nivel más de dos puntos. Es decir, disminuyó la tarta correspondiente a los asalariados y además aumentó el número de asalariados sobre los que se reparte la tarta. Como consecuencia, los trabajadores asalariados vieron disminuir sus ingresos monetarios en términos medios en comparación con los ocupados no asalariados durante este período.

Por su parte, los trabajadores no asalariados incrementaron el peso del excedente bruto de explotación respecto al PIB (rentas del capital y mixtas) pasando de un 41.09% en 1998 a un 43.71% en 2007, pese a reducir su proporción sobre el total de ocupados (de un 15.97% a un 13.91%). Aumentó la tarta para los no asalariados y disminuyó la cantidad de personas que la reciben.

Esta determinada evolución implica que el excedente bruto de explotación por ocupado no asalariado aumentó en mayor medida que la masa salarial por trabajador asalariado.

Para analizar el aumento tanto de las remuneraciones salariales como del excedente bruto de explotación en porcentaje del PIB en los años 2007, 2008 y 2009 hay que tener en cuenta el descenso de los impuestos de producción e importaciones, que es el tercer y último componente del Producto Interior Bruto. Esta disminución se debe al enfriamiento de la actividad económica producida por la crisis. Ello produce un aumento relativo tanto de la remuneración salarial como del Excedente Bruto de Explotación. No obstante, durante estos tres años el aumento de participación de los salarios y del excedente sobre el PIB es muy similar, mientras que el número de asalariados gana terreno al de los no asalariados. Es decir, la tarta se siguió repartiendo de la misma forma que antes pero la cantidad de personas que reciben la parte de no asalariados disminuyó. Como consecuencia de ello, continuó el empeoramiento de los ingresos monetarios de los asalariados en relación a los ocupados no asalariados.

Empleando dos fuentes de información diferentes se obtiene el mismo resultado: el empeoramiento de los salarios en España durante los últimos años.

Debido a que no es un suceso desconocido, es difícil no sorprenderse cuando de nuevo la misma élite política y económica recomienda reducir la masa salarial para poder afrontar la crisis, como si dicha masa fuese la culpable de la mala situación económica o como si la misma fuese muy elevada. La reducción de los salarios, aunque ahora se lleve a cabo de una forma más rápida y agresiva, no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, la opinión que se está creando a partir de los núcleos de poder es que la economía española no se reactiva debido en parte a la elevada cuantía de los salarios que estrangulan los métodos de producción. Creencia que difícilmente se sostiene cuando uno echa la vista atrás en el tiempo y descubre épocas de bonanza económica con niveles salariales similares o incluso superiores.

El problema no está en unos salarios supuestamente altos. Ésa es una afirmación que mantienen los altos círculos económicos para aprovechar esta situación actual de cambio y de incertidumbre y salir mejor parados del trance. La crisis se presenta como una gran oportunidad para ganar más terreno y mejorar su situación por parte de aquellos que verdaderamente influyen sobre los núcleos de poder. Estas personas están centrando maliciosamente el debate sobre los salarios para que la opinión pública acabe creyendo su discurso y acepten un empeoramiento de la situación de los trabajadores como sacrificio para lograr la recuperación económica.

Creencia que no puede estar más lejos de la realidad. Como se analizará posteriormente en otros artículos, precisamente ha sido el aumento de desigualdad entre salarios y beneficios empresariales (y desigualdad entre hogares) lo que fue sembrando una de las semillas que finalmente ha influido en el origen de la crisis que actualmente venimos padeciendo.

Notas.

(1) Los datos de los años 2011 y 2012 son estimaciones

(2) La base de datos anual macroeconómica de la Comisión de la Unión Europea

(3) En este caso se analiza la situación a partir de 1998 y hasta 2009 por motivos metodológicos relacionados con la homogeneización de datos de la Contabilidad Nacional.

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