La sanidad privada no descongestiona la sanidad pública

Que la sanidad privada descongestiona la sanidad pública es un mensaje muy extendido. Esto se debe básicamente a que es una idea muy intuitiva pero también a que no dejan de repetirla por todas partes. Según esta visión, frente a listas de espera más que duraderas en el sistema público, la alternativa privada aparecería como la salvación para ser atendido antes, aliviando así la presión ejercida sobre lo público, de ahí que habría que considerar al sector privado como una especie de aliado o colaborador bienvenido del sector público.

Pero por muy intuitiva que pueda resultar esta idea, lo cierto es que la realidad es mucho más compleja que esa simplificación y que cuando uno hace un análisis más completo y sofisticado se da cuenta de que lo que de verdad ocurre es que la sanidad privada, lejos de descongestionar el sistema público, contribuye a su congestión. Vamos a ver por qué.

En primer lugar hay que recordar algo que, aunque es obvio, no suele estar siempre presente en los análisis convencionales: y es que el sector sanitario privado compite con el público. Es verdad que hay ámbitos en los que esa competición no se produce o es muy reducida, pero eso es porque no hay producción pública ni aseguramiento público o es insignificante, como ocurre en nuestro país con la odontología, podología, oftalmología y otros servicios.

Pero en el resto de servicios para los que hay una alternativa pública, el sector privado entra en directa competición y confrontación. En esos ámbitos, que son la mayoría, la única forma que tiene la sanidad privada de sobrevivir y desarrollarse es ofreciendo servicios de mejor calidad que la sanidad pública, porque en precio no puede competir ya que lo público es gratuito.

Veámoslo de otra forma: si el sistema público ofreciese un servicio de calidad excelente, con listas de espera reducidas y con resultados difícilmente mejorables, entonces la sanidad privada no tendría ninguna posibilidad en esa competición y se vería abocada a su desaparición. De ahí que la única forma de éxito de la sanidad privada sea ocupando aquellos huecos que deja la sanidad pública.

Esto lo sabe muy bien la patronal de la sanidad, y por eso buena parte de su estrategia de negocio pasa por perseguir el deterioro de la sanidad pública. Cuanto peor le vaya a la sanidad pública, mejor le irá a ellos. Por eso la sanidad privada necesita que la sanidad pública sea débil, que no llegue a todos los ámbitos sanitarios, que tenga una baja calidad, que tenga listas de espera prolongadas, que pague pocos salarios a sus profesionales…

Hay varias formas de reducir la calidad de la sanidad pública pero la principal pasa por los recortes presupuestarios. Y eso es precisamente lo que han hecho siempre los defensores de la sanidad privada, representados por los partidos políticos de la derecha, siendo el principal protagonista el Partido Popular. Es bien conocido el vínculo que existe entre los dirigentes de este partido y los intereses económicos de la patronal sanitaria. Son también bien conocidas las privatizaciones y los recortes presupuestarios en comunidades como la valenciana y la madrileña, gobernadas durante mucho tiempo por el PP. Pero sólo centrándonos en el ámbito estatal también encontramos ese objetivo por parte de este partido de reducir la sanidad pública y de darle alas a la privada.

En este gráfico podemos ver la evolución del número de efectivos en la sanidad pública en España. Desde 2003 hasta 2012 la plantilla de trabajadores fue aumentando, incluso en años de crisis, pero a partir de la llegada del PP al gobierno, la plantilla fue drásticamente reducida. Tuvimos que esperar a que Rajoy fuese expulsado de la Moncloa para que la plantilla de profesionales sanitarios públicos volviese a aumentar con fuerza.

¿Que ocurre cuándo reduces la plantilla de trabajadores? Que tardas más en atender a los mismos pacientes. Así que se va produciendo un cuello de botella que va incrementando las listas de espera y aumentando la congestión del sistema.

Aquí se puede ver la evolución de la lista de espera para intervenciones quirúrgicas. No es casualidad que cuando el PP se puso a recortar en plantilla el número de personas en lista de espera se disparara, hasta llegar a más que duplicarse. Evidentemente esto puede suponer un problema muy serio en muchos casos, de ahí que algunos ciudadanos, desesperados, se vean obligados a acudir a la alternativa existente, la sanidad privada, aunque por ella tengan que pagar.

No por casualidad el número de seguros privados de salud y primas pagadas por ellos se disparó a partir de los recortes aplicados por el gobierno del PP. Un volumen que no para de crecer porque es acumulativo: cuanta más prolongada sea la lista de espera, más personas se verán incentivadas a contratar seguros privados.

En este otro gráfico podemos ver cómo cómo los años en los que el gasto sanitario público se recortó, el gasto sanitario privado creció, a pesar de estar en crisis económica. La sanidad privada creció sobre los escombros de la pública. Y también vemos cómo en los últimos años el gasto sanitario privado sigue creciendo casi a la par que el público a pesar de suponer solamente un tercio del mismo.

Por lo tanto, no es que la sanidad privada esté ahí y le venga bien al Estado cuando la sanidad pública se congestiona, es que la sanidad privada no podría estar ahí si no hubiese congestión en el sistema público, por eso es la principal interesada en que ese atasco se produzca y por eso hay partidos políticos, con intereses en dicho sector, que se dedican a recortar y a privatizar cuando están en el poder.

Y no hemos hablado de otro tipo de conflictos de interés como los que se producen cuando un profesional sanitario trabaja a la vez en los dos sistemas, en el público y en el privado. Hay estudios que revelan que muchos médicos escatiman horas de trabajo en el sistema público para centrarse en su negocio privado, que realizan un uso inadecuado de los medios y recursos públicos (llegando incluso a comprar material y maquinaria con dinero público que luego utilizan en sus clínicas privadas), y que trasladan a sus pacientes del ámbito privado a hospitales públicos (saltándose incluso a otros pacientes del sistema público y, por tanto, congestionando las listas de espera en favor de su negocio privado).

Tampoco hemos hablado de que parte del negocio sanitario privado se nutre directamente de recursos públicos. De hecho, según los datos del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Salud, el 11,6% de todo el presupuesto público para sanidad se destina a conciertos y por lo tanto a lucrar a la sanidad privada. Casi la mitad de los hospitales privados, el 43%, tiene suscrito algún tipo de concierto con las administraciones públicas, de donde reciben cerca del 25% de su facturación. En otras palabras, sin la sanidad pública estos negocios no serían tan rentables.

Algunos dicen que estas fórmulas de colaboración público-privadas ayudan a descongestionar la sanidad pública, pero es porque no están teniendo en cuenta que si en vez de dedicar dinero a contratar servicios privados se dedicase dinero a fortalecer la sanidad pública, se atendería al mismo número de personas y a menor coste.

Esto no lo digo yo, lo dice la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y también otros estudios en los que se evidencia que la externalización de servicios sanitarios es más caro que llevarlos a cabo directamente desde el sistema público de salud. Esto no tiene mucho misterio porque el sector privado necesita beneficios empresariales para operar y eso se consigue aumentando el precio (o disminuyendo salarios o la calidad).

Pero más allá de estas cuestiones que darían para otro vídeo, de lo que se trata aquí es de señalar que la sanidad privada, lejos de descongestionar la sanidad pública, contribuye a su congestión. Si el negocio de la sanidad privada no existiera, tampoco habría incentivos a deteriorar la calidad del sistema público y a congestionarlo, que es lo que siempre hace la derecha cuando llega al poder porque vela por los intereses de la patronal de la sanidad. Lo que descongestiona la sanidad pública no es la sanidad privada, sino el incremento del presupuesto público y la contratación de más profesionales sanitarios.

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