Las familias españolas ahorraron menos en 2014 que en 2013

Según los datos oficiales recién publicados, las familias españolas ahorraron menos en 2014 que en 2013: mientras que en el año 2013 de cada 100 euros ingresados reservaron 10,4 euros, en 2014 esa cantidad ha sido de 9,8 euros. Este menor ahorro se debe a que, a pesar de que en términos generales las familias ganaron un 1,4% más que el año anterior, gastaron todavía más (2,3%). Es importante destacar que se habla en términos generales puesto que los datos que ofrece el Instituto Nacional de Estadística no distinguen entre tipos de familias. Evidentemente no tiene el mismo comportamiento un hogar de renta baja que otro de elevado poder adquisitivo, pero las estadísticas oficiales ignoran estas diferencias y sólo arrojan datos de lo que les ocurre de media a todas las familias. Podría darse el caso de que muchas familias estén aumentando su ahorro, pero si su peso no es destacado no quedará reflejado en una media estadística que nos habla de una disminución de ahorro. Por eso es importante andarse con cuidado a la hora de leer este tipo de datos.

Alguna pista del diferente comportamiento por familias nos lo da la evolución de la renta disponible. Como ya se ha dicho, la media estadística revela un aumento de esta renta. Pero cuando bajamos al detalle y distinguimos entre tipos de renta, descubrimos que no todas han tenido el mismo comportamiento ni mucho menos. Mientras que las rentas salariales han aumentado en un 1,4%, las derivadas de la propiedad (intereses, dividendos, etc) lo han hecho en un fortísimo 19,3%. Ni que decir tiene que las segundas son propias de las familias más acaudaladas (por ejemplo: sólo el 11% de las familias españolas reciben dividendos, y se concentran mayoritariamente en las capas altas de la población) mientras que las primeras son características de las capas medias y bajas. La cosa se pone más interesante cuando se le echa un vistazo a las rentas de los autónomos, también propias de las capas medias y bajas: ni siquiera aumentaron sino que cayeron un 0,6% con respecto al año anterior.

No hace falta ser economista ni leer con cuidado los datos para saber que no están en la misma situación las familias del extremo inferior que las del extremo superior. De hecho, aunque el ahorro se reduzca para ambas, no lo hacen por la misma razón. Los hogares más acaudalados han interiorizado los mensajes de optimismo y de recuperación económica difundidos por doquier y ya no ven tan necesario mantener ahorros de precaución por lo que pueda suceder en el futuro, de forma que se permiten el lujo de incrementar su consumo y reducir su tasa de ahorro. En cambio, los hogares de menor renta están reduciendo ahorro como única forma de salir adelante en un contexto en el que sus ingresos continúan siendo nulos o escasos. Por otro lado, muchas de aquellas familias que pudieron ahorrar en cantidades notables durante el periodo de boom económico están haciendo uso de esos recursos en favor de los hijos y familiares que no encuentran empleo o lo hacen con remuneraciones muy reducidas. Este objetivo suele conllevar inversiones importantes en formación académica y profesional (licenciaturas, grados, posgrados, prácticas, títulos de idiomas, etc) o directamente apoyo económico para la emigración en busca de un puesto de trabajo en el extranjero.

Por eso, constatar que las familias españolas cada vez ahorran menos parte de su renta no es suficiente para saber si es una buena o mala noticia. En realidad, la simple existencia de ahorro es una noticia negativa para la actividad económica, porque supone dinero que no se utiliza para el consumo ni para la inversión, que es al fin y al cabo lo que alimenta la economía. De hecho, desde hace ya muchas décadas la teoría económica nos viene mostrando que si las empresas y familias no ahorrasen ni un solo euro, todo iría mejor en la economía; y que buena parte de los desequilibrios económicos se deben a que las empresas y familias se guardan parte de su renta en vez de emplearla. Por decirlo de otra forma: todos los salarios y beneficios generados en un año en cualquier economía deberían ser gastados ese mismo año en consumo e inversión para que las cosas fuesen bien. Y como no ocurre, por el miedo a no tener renta en un futuro, surgen los problemas.

Estos problemas se intentan resolver a través de dos canales: el crédito y el déficit público. Con el crédito, el ahorro de algunas familias y empresas es vuelto a canalizar hacia el consumo y la inversión por medio de otras familias y empresas que se endeudan. Con el déficit público, el sector público incrementa el consumo y la inversión que no ha sabido o podido llevar a cabo el sector privado. Por lo tanto, para descubrir si la reducción del ahorro es una buena o mala noticia para la economía hay que mirar también la evolución del crédito y la del déficit público. Si ambos elementos se ajustan de forma adecuada a la evolución del ahorro, se podría concluir que la noticia no es negativa para la actividad económica.

Sin embargo, que sea bueno o malo para la actividad económica poco nos dice sobre si es bueno o malo para determinadas familias. Lo que está ocurriendo hoy día en España es un incremento en la brecha que separa a los más acaudalados de los menos. A los primeros una disminución del ahorro no les supone apenas ningún problema puesto que siguen manteniendo suficiente dinero para afrontar posibles acontecimientos futuros adversos (y además ello puede ser bastante positivo para la economía). En cambio, a los segundos una disminución del ahorro les supone un duro golpe a su situación financiera que difícilmente podría celebrarse como una buena noticia independientemente del impacto a corto plazo que tuviera en la dinámica económica.

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