Las nuevas decisiones del Banco Central Europeo y sus consecuencias

El pasado jueves 4 de septiembre el presidente del Banco Central Europeo anunció tres nuevos movimientos de política monetaria. Dos de ellos consisten en una intensificación de lo que llevan tiempo probando (reducción del tipo de interés oficial y del tipo de las facilidades de depósito); el tercero en cambio supone una novedad en la zona euro: la compra de activos privados a los bancos (una especie de mini quantitative easing o relajación cuantitativa). El objetivo que declara perseguir la institución es el de fomentar el crédito a las familias y empresas. Sin embargo, es fácil entender por qué estas medidas no servirán para ese propósito.

En primer lugar, la reducción del tipo oficial del dinero desde el 0,15% al 0,05% no va a cambiar absolutamente nada. Obviando el hecho de que el posible abaratamiento de los préstamos en un 0,10% es algo irrisorio e insignificante, lo importante es que, como ya explicamos en este mismo medio, la estrategia de reducir el tipo de interés oficial del dinero no sirve para reactivar el crédito. Los bancos ya tienen muchísimo dinero líquido susceptible de ser prestado, no necesitan más, y que ahora puedan pedir dinero más barato al BCE no cambia nada: ¡les sobra por las orejas! Los motivos por los que los bancos mantienen el dinero inactivo es algo que también explicamos en este espacio, pero recordamos: 1) dar créditos es arriesgado; los bancos no se atreven a prestar dinero a unas familias y empresas que podrían no poder devolverlo debido a las malas expectativas económicas y 2) dar créditos es caro; la legislación bancaria internacional obliga a los bancos a dotarse de más capital cuando dan préstamos a familias y empresas, algo que no ocurre si por ejemplo dan préstamos a los Estados o a grandes empresas (porque se consideran inversiones menos arriesgadas).

En segundo lugar, la reducción del tipo de facilidades de depósito desde el -0,1% al -0,2% provoca que los bancos tengan que pagar más por tener el dinero inactivo. Lo que busca el BCE es que los bancos pongan en movimiento ese dinero y lo terminen prestando a familias y empresas. El problema es que estamos en las mismas: mientras dar créditos sea tan arriesgado y caro los bancos serán muy reacios a llevar a cabo estas operaciones. Siempre que puedan encontrar una inversión alternativa que sea menos arriesgada y menos problemática, destinarán el dinero inactivo a estas inversiones y no a dar créditos a familias y empresas. La alternativa estrella es la de comprar deuda pública (por este motivo hoy día las primas de riesgo están tan bajas). Hay muchas otras alternativas, como la compra de acciones (por este motivo hoy día el índice bursátil no para de aumentar), o la especulación con las materias primas y otros productos derivados. En otras palabras, mientras la economía europea no se recupere, los bancos no se atreverán a dar muchos créditos a familias y empresas, y frente a la obligación de movilizar el dinero que tienen invertirán en los mercados financieros, alimentando burbujas como la de la deuda pública o la bursátil. Burbujas que, por cierto, siempre terminan estallando.

En tercer lugar, la compra de activos privados supone una vuelta de tuerca más en esta estrategia. Una vez el tipo de interés oficial ha tocado suelo no queda más remedio que proseguir con compras de activos a los bancos. De hecho, esta medida no se podría aplicar si el tipo de interés oficial no estuviese cercano al 0%. Este movimiento consiste en que el BCE comprará determinados activos que poseen los bancos. Por ejemplo, los bonos privados que tienen los bancos son activos poco líquidos, porque sólo se convertirán en dinero cuando llegue el plazo de vencimiento y el vendedor del bono devuelva el dinero que le prestó el banco. Lo que hace el BCE es convertir este bono en dinero contante y sonante, modificando la liquidez de la cartera del banco: en vez de tener títulos con los que hay que esperar para recibir el dinero, se pasa a tener inmediatamente ese dinero.

¿Qué consecuencias tiene este movimiento? En primer lugar, aumenta –todavía más– la liquidez del banco (el dinero contante y sonante que tiene). En segundo lugar, sanea el balance del banco, ya que esos bonos podrían no haberse cobrado nunca (no por casualidad se van a comprar cédulas hipotecarias) y de esta forma se anula totalmente el riesgo de impago. Bonos que quizás nunca se hubiesen cobrado dejan de ser un problema. Se trata de otra ayuda a los bancos: imaginemos que yo soy vendedor de muebles y que no encuentro clientes que me los quieran comprar, pero de pronto llega el BCE y me los compra; ¡es el negocio perfecto!

En tercer lugar, aumenta el precio de estos activos y reduce su riesgo. La ley de la oferta y la demanda nos dice que si la demanda de un producto aumenta mucho, también lo hará su precio (con una oferta fija). Al mismo tiempo, el riesgo o tipo de interés se reduce (por lo que acabamos de explicar), de forma que se logra alterar los tipos de interés (indicadores del riesgo) a largo plazo. Ésta es la novedad de los movimientos del BCE, ya que cuando la institución modifica el tipo de interés oficial lo que hace es afectar (a la baja) a los tipos de interés a corto plazo. Con la compra de activos lo que comienza a hacer el BCE es manipular (a la baja) los tipos de interés a largo plazo. Puesto que ya no puede reducir más con los tipos de interés a corto plazo, ahora se trata de hacer lo propio con los tipos a largo plazo, con el objetivo final de incentivar la actividad económica.

En cuarto y último lugar, esta manipulación “artificial” de los tipos de interés a largo plazo modifica las señales de precios que reciben los agentes de los mercados financieros. Normalmente se considera que los tipos de interés a largo plazo están reflejando cómo serán los tipos de interés a corto plazo cuando transcurra el tiempo, y esto es la guía con la que se manejan los inversores y especuladores. Una manipulación brusca de los mismos alterará los movimientos de los agentes financieros, que modificarán sus carteras de inversión: muchos saldrán ganando mientras que otros muchos saldrán perdiendo. La consecuencia final es el notable incremento de las transacciones financieras, que unido a la abundancia de dinero barato y al aumento en el precio de los activos financieros fomentará burbujas financieras. Y no olvidemos que todas las burbujas financieras acaban explotando.

En conclusión, estas medidas no lograrán reactivar el crédito. Lo que sí conseguirán es beneficiar a la banca privada, a los agentes especulativos, y a las empresas que cotizan en bolsa; amen de crear y estimular burbujas financieras que tarde o temprano estallarán.

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