Los inversores pagan por tener deuda pública española

“Por primera vez en la historia de España los inversores pagan por tener deuda pública española”. Estas palabras fueron pronunciadas por el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, el pasado martes 7 de abril en referencia a la última subasta del Tesoro español. Se trata de una afirmación que, aunque inequívocamente cierta, es muy susceptible de recibir una lectura errónea si el lector no comprende bien cómo funciona el mercado de deuda pública. No parece ser casualidad que esta posible mala lectura deje en muy buen lugar la gestión del gobierno. Para evitar malentendidos profundizaremos en el asunto.

Los títulos de deuda pública a seis meses emitidos en la última subasta ofrecieron un tipo medio del -0,02%. Esto quiere decir, por ejemplo, que un banco cualquiera le presta al Estado 1.000 euros y éste se compromete a devolverle 999,8 euros una vez transcurran seis meses. Es decir, en este caso concreto el banco estaría pagando 20 céntimos (0,02% de 1000 euros) al Estado por haber comprado un título de deuda pública. Esto no es lo que uno esperaría de agentes económicos que utilizan el dinero que controlan para rentabilizarlo en inversiones financieras y aumentar su cuantía con el paso del tiempo, ya que en este caso estarían perdiendo dinero en vez de ganándolo. ¿Por qué lo hacen entonces?

Por dos motivos fundamentales:

1)    Estos operadores financieros (que son fundamentalmente bancos) tienen ingentes cantidades de dinero líquido gracias a las constantes e importantes inyecciones de liquidez por parte del Banco Central Europeo (BCE). Puesto que dejarlo inactivo en la cuenta del BCE tiene un coste del -0,2%, cualquier otra inversión que tenga un coste inferior será preferible a dejar el dinero inmóvil. Y una de estas inversiones ha sido la deuda pública española a seis meses, ya que en la subasta pasada el coste medio fue del -0,02% (inferior al -0,2% del BCE).

Hay que tener en cuenta que debido a la extraordinaria inundación de dinero por parte de la inmensa mayoría de los bancos centrales (20 en todo el mundo desde diciembre de 2014), hoy día la mayor parte de las inversiones ofrecen muy poca o nula rentabilidad. Desde las nuevas medidas del BCE, la rentabilidad negativa ha alcanzado ya a muchos países de la zona euro (incluido Irlanda a partir de marzo) y hoy día hay ya 1,9 billones de euros invertidos en deuda pública con interés negativo). Además, el riesgo de deflación y la incertidumbre global empuja a los operadores financieros a ser cautos con las inversiones, puesto que si se produce algún shock importante o los precios bajan mucho, siempre será preferible estar invirtiendo en activos de renta fija (que te aseguran el rendimiento, aunque sea levemente negativo). En definitiva: mejor perder un poco de dinero que perder grandes cantidades.

2)    El inversor financiero sólo perderá dinero si mantiene el título en su propiedad hasta la fecha de vencimiento (cuando el Estado le devuelva el dinero). Pero puede ocurrir que antes de que ello ocurra, venda el título de deuda pública y obtenga beneficios por la operación. Y como el BCE se ha comprometido a comprar 1,14 billones de euros en menos de dos años en títulos privados y públicos, el negocio está asegurado. Cuando el BCE compra los títulos, lo hace a un precio superior (si fuese inferior nadie decidiría vender sus títulos porque perderían dinero). En nuestro ejemplo, si el BCE comprase el título a 1001 euros, el banco ganaría con la venta 1 euro (gastó en la compra 1000 euros pero luego ingresaría 1001 por la venta). Puesto que el banco se deshace así del título, no tendría que perder 20 céntimos frente al Estado. Por lo tanto, es correcto decir que los inversores pagan por comprar deuda pública al Estado español, pero cuidado con pensar que con ello pierden dinero, porque les basta con revender los títulos al BCE para que hagan negocio.

En conclusión, aunque las citadas palabras del presidente del gobierno son ciertas, no lo es que esta nueva noticia se deba a la gestión del gobierno (ya que se debe a las políticas expansivas de los bancos centrales, en particular la del BCE) ni que los inversores necesariamente estén perdiendo dinero por colocar su dinero en deuda pública, como podría deducirse erróneamente de la frase en cuestión.

 

 

 

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