Los precios no evolucionan de la misma forma en todo el territorio español

Artículo publicado en el número 23 de diciembre de 2014 de La Marea 

El Índice de Precios de Consumo (IPC) es un indicador que trata de medir la evolución de los precios de un determinado catálogo de productos de consumo básico. Si la tasa de variación es positiva implica que los precios de esos productos han aumentado; si es negativa es que han caído. Lo normal es que los precios aumenten con el paso del tiempo, a veces de forma rápida y otras veces de forma lenta. En cambio, lo inusual es que estos precios se estanquen o disminuyan, por lo que cuando ello ocurre sabemos que las cosas no van como debieran. En España llevamos ya cuatro meses consecutivos en los cuales el IPC está disminuyendo, y esto no es sino el reflejo de que la recesión económica persiste y se consolida.

Los precios de los bienes y servicios son establecidos en su gran mayoría por los empresarios, ya que son los encargados de producirlos y venderlos. Puede haber varias situaciones en las cuales estos empresarios decidan disminuir los precios, pero cuando ocurre de forma generalizada en toda la economía sólo puede deberse a una cosa: el consumo es menor de lo que debería ser. En efecto, cuando los vendedores observan que cada vez se compran menos productos tienen la posibilidad de reducir los precios para atraer a más compradores (o para que los mismos compradores compren más). De esta forma, aunque por unidad vendida ganen menos dinero, al vender más unidades que antes pueden obtener más ingresos en total.

Sin embargo, todo el mundo sabe que los precios de un determinado producto en una región determinada como Andalucía son diferentes a los de ese mismo producto en otra como Cataluña. Pues lo mismo ocurre con la evolución de los precios: no en todas las regiones los precios aumentan o caen al mismo ritmo. En el gráfico se puede comprobar cómo desde octubre de 2013 hasta el mismo mes de 2014 los precios se han comportado de forma diferente en las distintas comunidades y ciudades autónomas: en cuatro de ellas los precios han subido, en una han permanecido estancados, y en el resto han caído. ¿A qué se deben estas diferencias?

Una respuesta totalmente rigurosa y certera a esta pregunta requeriría de una profunda investigación económica, debido a que el fenómeno es muy complejo para abordarlo en un artículo de estas características. Sin embargo, teniendo en cuenta las limitaciones señaladas, sí que se puede deducir por dónde van los tiros atendiendo a la naturaleza de la deflación y a las experiencias históricas del mismo tipo.

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En primer lugar, a mayor tasa de paro suele haber mayor caída de los precios. Las cuatro comunidades en las que los precios aumentan mantienen una tasa de paro inferior al 19% (notablemente por debajo de la media estatal). En cambio, las regiones con mayores caídas de precios son también las que suelen tener mayores tasas de desempleo. Es evidente: al haber más personas que no reciben salarios hay también menor capacidad adquisitiva y por lo tanto menor consumo, con lo cual los vendedores necesitan recurrir más a contener o disminuir los precios de sus productos.

En segundo lugar, a mayor poder y solidez empresarial, menor necesidad de disminuir los precios. En las regiones más industrializadas y con empresas más potentes (Cataluña, País Vasco, Madrid…) los precios han aumentado o no han caído mucho. También es fácil de entender: las grandes empresas tienen mucho colchón económico para soportar menores ventas, de forma que no tienen tanta necesidad de disminuir los precios. Además, muchas de estas empresas venden sus productos en el extranjero (especialmente en el caso de Cataluña), por lo que no se ven tan afectadas por la menor capacidad adquisitiva de su población. También suelen ser empresas que ofrecen productos de mucha calidad y normalmente orientados a los sectores más pudientes (cuya capacidad adquisitiva ha aumentado o no menguado mucho).

En tercer lugar, las políticas públicas son diferentes atendiendo a las distintas comunidades. Aquellas en las que las políticas fiscales sean más generosas (mayores sueldos, mayores servicios de educación, de sanidad, de rentas, etc) la capacidad adquisitiva no habrá caído tanto y en consecuencia tampoco debería hacerlo la reducción de precios como estrategia para combatir la caída del consumo.

En cuarto lugar, en las regiones que reciban más ingresos por turismo las empresas no tendrán tanta necesidad de contener o reducir los precios. El caso de las Islas Baleares es paradigmático debido a la enorme afluencia de turistas que está recibiendo en los últimos meses.

En fin, hay otros muchos factores que también explican en mayor o menor grado por qué la evolución de los precios se comporta de forma diferente según qué regiones, pero los más importantes han sido señalados ya. La conclusión que se puede extraer es clara y al mismo tiempo evidente: los precios tienden a caer más y más rápido en las regiones de menor desarrollo económico, en las cuales precisamente hay un tejido industrial y políticas fiscales más pobres.

 

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