Manipulación mediática sobre Democracia Real Ya y las acampadas

Tras la manifestación celebrada el 15 de mayo y organizada por el movimiento “Democracia Real Ya” (DRY) los grandes medios de comunicación decidieron darle la cobertura necesaria que merecen este tipo de actos. Apenas unos pocos minutos sirvieron para exponer al público receptor que se habían celebrado manifestaciones en más de 50 ciudades españolas y comentar algún que otro motivo de los que la habían generado; todo esto sin mucho detalle. Habida cuenta de lo acostumbrados que podemos estar al proceder de estos grandes medios, incluso podíamos estar satisfechos porque al menos se había recogido la noticia, cuando lo normal viene siendo que este tipo de actos ni siquiera salgan reflejados en los periódicos o telediarios. Fue todo un gesto simbólico para evitar críticas mayores que se hubiesen dado en el caso de no haber dado una cobertura mínima. Al fin y al cabo era una noticia más entre otras muchas. Una manifestación más, ¿qué importa? Unos pocos minutos en un telediario no van a llamar la atención. Siempre está todo bastante pensado y calculado. Los grandes medios de comunicación saben que tienen un gran poder. Aquellas cosas que aparecen en su boca inmediatamente entran en contacto con la vida de la población destinataria. Aquellas cosas que no aparecen, en cambio, es como si nunca hubiesen existido. De la misma forma, cuanto más minutos se le dedique a un asunto mayor importancia cobrará en la vida de los televidentes, lectores u oyentes; y al contrario.

Sin embargo estas inteligentes mentes no contaban con el origen de la acampada en la puerta del Sol de Madrid el siguiente día de la manifestación ni –sobre todo- con el escándalo que iba a suponer la orden de desalojo de la misma. El ruido que provocaron tales actos ya no se pudo ocultar ni suavizar, y más aún cuando otras ciudades españolas empezaron a sumarse a la iniciativa. Parecía que una buena parte de la población se estaba movilizándose en apoyo a la causa defendida por DRY, y la noticia había llegado ya a demasiados oídos como para mitigar su impacto: no quedaba más remedio que dar cobertura y difundir esa noticia tan inusitada y singular.
Entre los factores que alentaron a los grandes medios de comunicación a volcarse sobre este nuevo evento destaca la proximidad de las elecciones locales, creyéndose ellos mismas y haciendo creer a toda la población que el movimiento estaba íntimamente relacionado con los resultados de dichas elecciones, a pesar de que sus organizadores y seguidores no se cansaban de repetir que el movimiento no perseguía ningún objetivo parecido y que iba más allá. Lo que dijesen sus precursores no importaba porque los medios, día tras día, centraban su atención en la posible repercusión que el movimiento pudiera representar sobre los resultados electorales. Algún que otro interés tenía que existir entre los círculos mediáticos para que la noticia no perdiese fuelle hasta llegar el día de las votaciones, y en vincularla notablemente al mismo día aun en contra del deseo de los “indignados”.

Como prueba de que esto fue así se encuentra el propio devenir de los hechos. Finalizadas las elecciones locales y una vez revisados y analizados los resultados electorales, parece que los grandes medios de comunicación han decidido por unanimidad enterrar el movimiento de DRY y de las acampadas. A pesar de que el movimiento sigue vivo y con la suficiente fuerza como para otorgarle una destacada y fervorosa importancia, los círculos mediáticos se han aferrado al hecho de que hay menos personas interviniendo en las acampadas –suceso lógico y normal teniendo en cuenta que ha transcurrido más de una semana y que el agotamiento humano existe- para empezar a restarle importancia a DRY y a sus acampadas. A los medios ya no les importa cuál es el fin de las acampadas, o cuáles son sus propuestas e ideas; los medios ahora sólo le dedican tiempo –un tiempo decreciente, además- para recordar que hay menos participantes en la calle y para preguntarse hasta cuándo seguirán allí. Es más, la última estrategia para deslegitimar el movimiento ha consistido en focalizar e intensificar las pequeñas protestas que se han dado por parte de algunos pequeños comerciantes de la zona. Cualquier telediario de ayer u hoy ha sido toda una demostración de manipulación: ni un sólo minuto dedicado al fin último que persigue el movimiento, y todos los minutos recordando y ensalzando los perjuicios que provocan tres o cuatro pancartas algunos comercios locales.

Y que no nos vengan con que no hay espacio para seguir informando sobre las acampadas. Es un argumento que no podemos dejar que sostengan mientras sigan reservando -como hacen todos los días- un amplio espacio para los deportes (especialmente fútbol, tenis y Fórmula 1) u otras banalidades como los cambios de temperatura o las peculiaridades de algunos pueblos. Que tampoco nos digan que la noticia ha perdido actualidad. Que no puede existir nada más actual que una buena parte de la población haya salido a la calle (y se quede en ella) para protestar contra el sistema económico, político y social que rige hoy día nuestras vidas.

Los grandes medios de comunicación tienen muy claro su propósito: acabar ya con este movimiento para que la llama transformadora deje de expandirse; y para ello la estrategia consiste en restarle importancia e incluso destacar sus puntos negativos para manchar su imagen todo lo posible. Eso es lo que nos quieren hacer ver.

Pero la realidad es otra; no nos podemos dejar engañar. Puede que haya menos gente en la calle pero el movimiento sigue en pie como símbolo de protesta que es. Lo importante es que el símbolo permanece más vivo que nunca y que cobra cada vez más fuerza y contundencia. No se puede esperar que la gente tire por la borda sus obligaciones y trabajos y emplee las 24 horas de su vida en permanecer en las acampadas. La gran mayoría de ellos vuelven a sus casas con la intención de regresar a la calle; y mientras retoman energías difunden el movimiento a través de internet.Lo importante es que la llama no se ha apagado; y aunque su altura haya mermado levemente, el calor que desprende alcanza cada día más rincones y recovecos que termina alimentando de esperanza e ilusión.

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