Mariano Rajoy el afortunado

Artículo publicado en Andalucesdiario.es el 1 de febrero de 2015

Sí, el presidente del gobierno español tiene motivos para sentirse afortunado.La suerte está últimamente de su lado, y seguramente sea así durante los próximos meses. ¿Cómo es posible que afirme esto cuando el desgaste político y electoral de su gobierno y partido ha alcanzado cotas nunca vistas? Bueno, porque el hecho de que tenga suerte no quiere decir que le esté yendo bien. De hecho, atendiendo al tema en el que me voy a centrar, lo que ocurre es que la suerte le permite que no le esté yendo tan mal. Veamos por qué.

Rajoy nunca ha tenido un proyecto para mejorar la economía de España.Como mucho ha tenido algunas ideas o pistas de cómo hacerlo, pero siempre han quedado inconexas entre sí y desestructuradas, y nunca han conformado un plan sólido y organizado de cómo relanzar la actividad económica. Nunca se ha preocupado por transformar un modelo productivo tradicionalmente basado en la construcción y en el turismo de bajo valor añadido, ni de combatir los enormes niveles de oligopolio en determinados sectores económicos, ni de potenciar y facilitar la innovación empresarial, ni de lograr un sistema financiero que esté verdaderamente al servicio de las familias y de las empresas y no del casino financiero, etc.

Lo único que ha tenido en mente el gobierno de Rajoy que se le pueda parecer a algo así es la devaluación interna con el propósito de mejorar la competitividad de la economía. Es decir, la reducción de la capacidad adquisitiva de la población para que comprásemos menos en el extranjero y para que vendiésemos más en el extranjero. Pero es que ni siquiera le ha funcionado. Aunque las exportaciones han aumentado algo, las importaciones lo han hecho más, y hoy día cada vez sale más dinero de España del que entra por la vía comercial. Por lo tanto, la única estrategia que tenía Rajoy para reactivar la economía ha fallado. Parece un chiste, pero no lo es. La gestión económica del gobierno ha sido verdaderamente pésima.

Y, sin embargo, el gobierno ha tenido suerte porque le ha salido algo que no había planeado y contra lo que precisamente había legislado: la recuperación económica (aunque muy débil) a través de la demanda interna (consumo e inversión de las familias, empresas y sector público). En la actualidad lo poco que crece la economía española es gracias al aumento de la demanda interna, al mismo tiempo que el sector exterior (lo que perseguía Rajoy) está frenando el crecimiento. Paradojas de la vida. Aunque, claro, eso no le impide al gobierno venderlo como un éxito propio, cuando precisamente su gestión ha ido en contra de la demanda interna al reducir salarios y recortar todo tipo de prestaciones públicas. Debido a ello, estamos en condiciones de afirmar que la economía crece algo a pesar de la gestión de Rajoy, no gracias a ella.

¿Por qué la demanda interna se ha recuperado a pesar de la política de Rajoy? Por una combinación de factores entre los que destacan: 1) la caída de los precios (en el año 2014 el precio de la mitad de los productos se redujo), que ha animado el consumo (¡a costa del ahorro familiar!); 2) el abaratamiento de los costes de financiación (logrados gracias al Banco Central Europeo, no al gobierno) que le ha dado un respiro al crédito; 3) la caída del precio del petróleo (ha disminuido más de un 50% en apenas seis meses), que ha abaratado el coste de producción de muchas empresas; 4) y al histórico récord registrado en cuanto a visitas turísticas (el año pasado recibimos casi 65 millones de turistas). De todos estos factores, el único al que podría haber contribuido de forma intencionada la política de Rajoy es el último, al haber abaratado la mano de obra y por lo tanto los precios, haciendo más atractivo nuestro país frente a los turistas extranjeros. No obstante, los conflictos geopolíticos en el norte de África y la recuperación económica de Estados Unidos y del Reino Unido parecen ser factores que explican mejor por qué ingresamos más por turismo. Por otro lado, la política de Rajoy podría haber contribuido de forma no intencionada al primer factor, pero con un coste muy grande: la reducción del ahorro de las familias (en el tercer trimestre de 2014 los españoles sólo ahorraron un 4,4% de su renta disponible, el nivel más bajo en el período estival desde 2007).

Por último, el anuncio de la medida monetaria que llevará a cabo el Banco Central Europeo (Expansión Cuantitativa o Quantitative Easing) conseguirá que los indicadores financieros (primas de riesgo, índices bursátiles, bonos privados…) muestren su mejor cara, de forma que ello pueda contribuir a mejorar la confianza empresarial con el resultado final de reactivar algo la actividad económica (y quizás, con suerte, crear algo de empleo), aunque sólo sea a corto plazo hasta que estallen las burbujas financieras que la propia medida alimenta.

En definitiva, el gobierno de Rajoy lo ha hecho desastrosamente mal en materia económica, pero a pesar de ello determinados factores externos como la política del Banco Central Europeo, el abaratamiento del precio del petróleo y el desorbitado influjo de turistas están consiguiendo que los daños no sean tan graves como seguramente serían sin su presencia. Está por ver si estos factores terminan cobrando tanta fuerza como para que los efectos positivos lleguen a buena parte de la población. Si ello ocurriese, no sería exagerado concebir en unos meses un panorama político y electoral menos dañino para el gobierno y su partido que el actual.

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