Nueva réplica a Rallo: por qué el dinero sí importa


 

El otro día Juan Ramón Rallo volvió a publicar un vídeo para contestar la réplica que le hice a su crítica sobre mi tesis. Bueno, para contestar sólo a una parte; se ve que sobre la otra parte no tenía nada que decir, supongo que es porque le he convencido, lo cual me alegra. Y en la parte que sí contestó malinterpreta lo que digo, me atribuye cosas que yo no he dicho, y encima añade cosas que no están en la tesis para que le cuadre su razonamiento. Es como si no entendiese mi idioma y utilizara otro para salir del paso.

A ver, aunque el debate respetuoso es siempre sano, veo que en este caso se está enconando porque estamos llegando a algunos callejones sin salida, y me temo que más debate no aportará muchas cosas nuevas. De hecho, la mayor parte de las cosas que dice en su nuevo vídeo ya fueron refutadas en mi vídeo anterior, lo que ocurre es que como se empeña en utilizar un marco teórico muy diferente al mío, no entiende -o no quiere entender- lo que yo estoy diciendo. Así que en este vídeo no iré abordando todo lo que comenta, porque se haría repetitivo, sino que aprovecharé el debate para explicar una cuestión teórica que seguro ayuda a entender por qué Rallo y yo tenemos concepciones tan distintas sobre lo mismo.

Es evidente que usamos marcos teóricos distintos, él cree que el suyo es el acertado y el mío erróneo, y yo creo lo contrario. Pero yo ya sentencié en mi vídeo anterior con una cosa muy importante -sobre la que él no ha dicho nada, por cierto, entiendo que porque no tendrá nada que decir-: como demuestro en mi tesis doctoral, mi marco teórico encaja con los hechos económicos, mientras que el suyo no. Y esto hay que dejarlo muy claro: si la teoría no sirve para explicar la realidad, entonces la teoría no sirve para nada. Y punto. No hay nada más que hablar. ¿Os imagináis a un físico que dijera que tiene un modelo teórico muy bonito que presenta a La Tierra como plana? Pues por muy bonito que fuese ese modelo teórico, si luego la evidencia empírica nos demostrara que La Tierra no es plana sino redonda, entonces su teoría tendría que ir a la basura. Pues es lo mismo que pasa con la teoría de Rallo: a él le parece bonita y coherente, pero no sirve para explicar la realidad.

¿Recordáis la pregunta que hice en el vídeo anterior? Básicamente era: ¿cómo explica Rallo que lo que predice mi teoría se haya cumplido en casi todos los países del mundo? ¿Es que insinúa que he acertado por casualidad? Y esta es la respuesta que me ha dado. (sonido de grillos). En fin, el que calla otorga.

Pero bueno, como él se empeña en darle la espalda a la realidad y hablar sólo de teoría y de retorcerla y torturarla hasta que crea tener la razón, me meteré también en ese jardín, pero no porque me guste la gresca, sino porque me viene de lujo para explicar el origen de nuestras discrepancias: el punto en el que cual nuestros caminos teóricos divergen y se separan. Cuando se separan, ya se vuelven idiomas diferentes y por eso es tan difícil el entendimiento. Este punto de separación es importantísimo, porque también ayuda a entender por qué hay tanta discrepancia en otros temas económicos entre los economistas convencionales y los heterodoxos, desde cuestiones como la austeridad pública hasta las de burbujas económicas. Por lo tanto, con este vídeo mi objetivo no es tanto convencer a Rallo o a quienes piensan como él, sino ofrecer una explicación a por qué pensamos diferente. Y en esto nos ayudará mucho lo que ya advirtió John Maynard Keynes hace 88 años.

Para Rallo, así como para la mayoría de los economistas convencionales, el dinero es sólo un velo de las transacciones de productos; sólo una herramienta que tiene sentido porque facilita el intercambio de bienes y servicios; su papel no va más allá, es algo neutral a la actividad económica. Por eso todos sus análisis aterrizan en la producción, en el PIB, porque creen que es la verdadera y única cuestión económica a tener en cuenta. Para ellos, la economía de un país es sólo un espacio en el que se lleva a cabo el trueque de productos, aunque sea gracias a la herramienta del dinero.

Pero esta idea fue ya impugnada por John Maynard Keynes en 1933, cuando puso de manifiesto que el dinero no era un velo de las transacciones de productos sino que jugaba un papel clave en la economía. Frente a lo que él llamó “Economía de intercambio real” para referirse a la visión convencional de que el dinero sólo es un velo del trueque, contrapuso el término de “Economía monetaria de producción” para hacer referencia a que el dinero no sólo afecta a los intercambios, sino a la producción misma. Su idea, en realidad, es muy fácil de entender: en la inmensa mayoría de las situaciones, las inversiones y las compras comienzan con dinero, las empresas y familias se endeudan para llevar a cabo sus operaciones, como compras de casas, solares o máquinas. Si no tuviesen ese dinero inicial, dichas operaciones no podrían tener lugar. Así que fijaos si el dinero es importante, sin su existencia esas inversiones y compras no tendrían lugar. Y la clave es entender que ese dinero inicial no proviene de la producción ni de algo parecido; es creado de la nada. El dinero no es un velo de los productos, sino que juega un papel primordial en la producción y en la actividad económica.

¿Cuál es la visión sobre esto de los economistas convencionales? Pues que el dinero que prestan los bancos a empresas y familias no es creado de la nada, sino que proviene de otros agentes económicos que ya crearon productos por el camino, de ahí que el dinero siga siendo un velo de lo producido. Para otros economistas, entre los que se encuentra Rallo, aunque el dinero sea creado de la nada con la concesión de créditos, su valor va a depender de la producción que puedan sacar adelante quienes reciben el dinero. De esta forma, las empresas y familias se endeudan porque se comprometen a pagar en el futuro, y sólo pueden pagar si producen lo suficiente, o si entregan algún producto que hayan puesto como aval del préstamo. Por eso, concluyen que la base del endeudamiento es la producción futura que le da valor. De ahí que el dinero para ellos no sea más que el velo de esa producción, aunque todavía no haya visto la luz.

Pero esto, en realidad, no es más que una trampa que utiliza el paso del tiempo en su beneficio, porque traen al presente algo futuro que todavía no existe ¡y que puede incluso que no exista nunca! De hecho, en nuestras economías los impagos de deuda son muy numerosos y habituales, y eso significa que en esas situaciones se ha creado dinero y se ha utilizado, sin necesidad de que luego se produjese algo que respaldara la creación de dinero. Es más, ¿qué creéis que pasa en las burbujas financieras? Pues exactamente eso: que se crea muchísimo dinero a través de endeudamiento que luego no sirve para generar tanta producción como el valor de la financiación dada. Es la prueba más clara de que el dinero no tiene por qué ir ligado a la producción, ni presente ni futura, sino que tiene “vida propia”. No es un velo, es otra cosa que tiene una importancia crucial en nuestras economías.

Así lo resumió Keynes: “el dinero no es ‘velo’ sino un factor ‘real’ que determina las decisiones de producción de una economía moderna. El dinero juega un papel por sí mismo, y afecta las motivaciones y las decisiones, de modo que no se puede predecir el curso de los acontecimientos, ni en el largo plazo ni en el corto plazo, sin saber qué papel juega el dinero entre el estado inicial y el estado final. Y esto es lo que se debería entender cuando hablo de economía monetaria”.

Y Keynes concluía que quienes utilizaban la interpretación convencional no podían entender bien la realidad económica: “el aparato mental con el que la economía de intercambio real ha equipado la mente de sus adeptos en el mundo de los negocios, y de los mismos economistas, ha llevado en la práctica a muchas conclusiones y políticas erróneas”.

Y eso es lo que le pasa a Juan Ramón Rallo, entre muchos otros, 88 años después.

Bien, ya hemos encontrado el punto de divergencia de nuestros caminos teóricos. Ahora podemos entender mejor por qué hay tantas discrepancias entre Rallo y yo con el tema de mi tesis doctoral (y de muchos otros temas). Para ilustrarlo, me referiré a los 3 puntos más controvertidos de su último vídeo.

El primer punto es que yo utilizo en mi tesis los modelos flujos-stock consistentes, que es una herramienta poskeynesiana diferente a la contabilidad nacional que utiliza Rallo en su crítica. Estos modelos atienden a los flujos de dinero que se producen entre los agentes económicos, no a los flujos de productos reales. Si una persona paga 100 euros a otra, eso es un flujo monetario; da igual que se haya entregado algún producto o no. Si todavía no le ha pagado nada, ahí no hay flujo monetario y no aparece en el modelo. Estos modelos distinguen entre flujos y stocks: un flujo es una cantidad de dinero que ha cambiado de manos y un stock es la acumulación de ese dinero que ha cambiado de manos. Ésta es la matriz de flujos: hay consumo, inversión, gasto del gobierno, pago de intereses, impuestos etc. Y ésta es la matriz de stocks: hay depósitos bancarios, créditos, bonos, acciones, etc.

Por ejemplo, el superávit del Estado es un flujo monetario, y su deuda es un stock. El superávit del Estado leído de esta forma son los ingresos recibidos menos los pagos efectuados. Si alguien tiene que pagar un impuesto, pero todavía no lo ha hecho, no aparece aquí, porque no ha habido ningún flujo. Por eso esto no es equivalente al presupuesto público típico ni a la contabilidad nacional. De ahí que Rallo no entienda los saldos sectoriales leídos de esta forma, porque él le da la interpretación de la contabilidad nacional, pero es que eso es para contabilizar la producción, no para contabilizar los flujos monetarios, que es algo distinto. Dejo en la descripción del vídeo una explicación básica de estos modelos, por si alguien quiere profundizar.

Pero vaya, que aunque Rallo utilizase la contabilidad nacional, tampoco tendría razón en el debate que mantenemos. En su último vídeo se pone a distinguir el criterio de devengo del de caja para escapar de mi crítica, como si eso importara algo. Vamos a ver, incluso aunque midiésemos el superávit público en términos de devengo, (que no es lo que se hace en los modelos flujo stock consistente, que es de lo que va mi tesis, pero Rallo barre para su casa para arrimar el ascua a su sardina) ¿de verdad me está diciendo que el superávit público del Estado es equivalente a la cantidad pendiente por cobrarse? ¿En serio? ¿Ni un sólo euro de superávit público podría haberlo cobrado ya el Estado? Venga, hombre, eso no hay por donde cogerlo. Me imagino a un Estado diciéndole a un contribuyente: oye, no me pagues todavía los impuestos porque es que me encuentro en equilibrio presupuestario y si me pagas ahora llego a superávit, mejor págame el año que viene. En fin. Con que sólo un euro de superávit ya hubiese sido realmente cobrado, el sector privado ya habría pagado de más al Estado y volveríamos a mi punto de partida: que tuvo que endeudarse primero. Voy a poner un ejemplo del mundo real, ése al que Rallo no se quiere acercar porque si no su teoría se tuerce: cuando trabajé en el Área de Economía del Ayuntamiento de Madrid teníamos un superávit de cerca de 1.000 millones de euros, y la parte de impuestos que todavía quedaba por cobrar al final de cada año era de 500 millones. ¿Veis? El superávit público no es la cantidad pendiente por cobrar, eso se lo ha inventado Rallo para atacar mi tesis. Sinceramente, lo de hablar de criterio de devengo me parece un truco muy malo para no darme la razón. Simplemente no se sostiene.

Segundo punto al que quiero referirme. Gracias a los planteamientos de Keynes podemos entender por qué Rallo tiene esa obsesión de hablar de saldos sectoriales como si fueran parte de la producción.

“Si hablamos de balances sectoriales en términos de PIB”.

Por la cara. Eso lo ha decidido él; ¡porque yo en ningún momento hablo de saldos sectoriales en términos de PIB¡ Y lo repite hasta 7 veces en su vídeo: ya puestos a inventar, lo hace a lo grande. Como no puede criticar mi marco teórico, se crea un muñeco de paja distinto al que golpear. Y espero que sea consecuencia de su sesgo teórico y no de falta de honestidad intelectual. Cuando uno entiende que yo no hablo en porcentaje del PIB, se le desmonta tooooodo su razonamiento.

Los modelos flujo stock consistente utilizan cantidades monetarias absolutas. Se pueden poner en relación con el PIB para normalizar la variable y hacer comparaciones entre países, pero se sigue hablando de flujos monetarios, no de producción. Rallo está empeñado en hablar de porcentaje de PIB que se pasan unos sectores a otros, pero es que eso no es así; los sectores no se pasan producción, se pasan flujos monetarios. Es muy diferente. ¿Es que acaso vosotros realizáis vuestros pagos o cobros con aguacates o plátanos? No, lo hacéis con dinero. Rallo está hablando de un mundo imaginario que no existe. Por ejemplo:

«El PIB en manos del sector privado que todavía no ha sido transferido la producción final, no los flujos monetarios, que el sector público ha reclamado para sí”

Pero a ver, yo es que alucino con que lo diga en serio: el Estado no recauda productos, recauda dinero. ¿Alguien se imagina a algún contribuyente pagando con trigo o patatas los impuestos? ¿A que no? Pues ya está. Rallo habla de un mundo inventado porque utiliza un marco teórico que, como he explicado, no se ajusta a la realidad económica.

De hecho, él mismo dice que si se hablara en términos monetarios y no de producción yo tendría razón.

“Garzón podría tener razón si hablásemos de términos monetarios.”

Lo que no entiende es que en nuestras economías modernas siempre hay que hablar en términos monetarios y nunca de producción. Ahí está la discrepancia: él piensa en producción, yo en flujos monetarios. Y no hace falta que vuelva a repetir cómo se hacen los pagos en nuestras economías ¿no? Se hacen con dinero, no con bienes y servicios.

Tercer punto al que me quiero referir. Rallo cree que la razón de ser del Estado al recaudar dinero es comprar bienes y servicios que produce el sector privado. (09:00)

De nuevo, esa obsesión con aterrizar el análisis en la producción, como si el dinero no importara y sólo lo hicieran los bienes y servicios. Pero lo cierto es que el Estado recauda dinero sin necesidad de comprar nada, y también entrega dinero al sector privado sin necesidad de comprar nada (como por ejemplo ocurre con las pensiones). ¡Y todo eso afecta a la producción! Por ejemplo, si el Estado paga más pensiones, éstas pueden ser utilizadas para comprar bienes y servicios que de otra forma no se comprarían, así que aumentaría el PIB. O si el Estado incrementa mucho los impuestos, puede que algunas empresas ya no fuesen rentables, por lo que caería el PIB. ¡Fijaos lo importante que son los gastos e ingresos monetarios, sin que haya productos de por medio! El dinero no es neutral como cree Rallo, es fundamental, y si no lo incorporas en tu análisis, éste no servirá de nada.

Bueno, lo dejo aquí. Recuerdo que este vídeo no es para convencer a nadie, es simplemente para ayudar a entender por qué Rallo piensa de una forma y yo de otra. Creo, de verdad, que entender la raíz conceptual de las discrepancias ayuda a entender muchos de los debates económicos actuales. De hecho, os animo a que volváis a ver el vídeo de Rallo; después de esta explicación estoy seguro de que lo veréis de otra forma. Lo que ocurre es simplemente que tenemos marcos teóricos distintos. Eso sí, como demuestro en mi tesis y él no ha sido capaz de rebatir, el mío se ajusta a la realidad, y el suyo no. Ya cada uno que escoja el que quiera: el marco teórico que nos habla de un mundo imaginario, o el marco teórico que nos habla del mundo real.

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