¡Ojo! El Bitcoin tiene 7 problemas graves

Seguro que has oído hablar alguna vez del Bitcoin, ya sea porque está invirtiendo en ellas algún amigo -o tú directamente-, o porque lo hayas escuchado por ahí. Lo cierto es que esta criptomoneda, que nació en 2009, está ganando importancia muy rápidamente. Cada vez más personas compran Bitcoin y más empresas las utilizan en sus operaciones (entre ellas Wikipedia, Tesla o Microsoft) (White 2018). Ya se ha hablado bastante de este asunto y de las ventajas que reporta, y no me interesa ahondar en ello. Lo que pretendo con este vídeo es hablar precisamente de lo que menos se habla: de los riesgos, problemas e inconvenientes que tiene el Bitcoin y cualquier otra criptomoneda. Si te interesa saber de este tema por cualquier motivo, te vendrá bien ver este vídeo.

Antes de nada, comenzaré explicando muy resumidamente qué es un Bitcoin.

El Bitcoin es la más importante de todas las criptomonedas que existen y con mucha diferencia (y existen muchas, concretamente y a día de hoy, 9.522). En términos de capitalización representa casi el 80% de las 20 criptomonedas más importantes que hay (Gallersdörfer et al 2020), lo que se debe, sin duda, a que fue la primera en crearse, de ahí que lleve más tiempo y sea más conocida y utilizada; no es por ningún otro motivo .

Las criptomonedas son básicamente monedas digitales que se basan en la tecnología de cadena de bloques (o blockchain en inglés). Esta nueva tecnología está llamada a ser revolucionaria y se está utilizando con bastante éxito en otros sectores como la atención médica, la cadena de suministro, la fabricación… (Gerger 2021), e incluso algunos Estados como Canadá están estudiando su aplicación en el dinero estatal convencional (Billiteri 2018); pero aquí nos interesa su aplicación en las criptomonedas privadas.

Para no meternos en tecnicismos, podríamos decir que esta tecnología permite una nueva forma de contabilizar transacciones monetarias electrónicas. A diferencia del sistema monetario virtual actual, en el que las personas sólo se pueden transferir dinero a través de cuentas bancarias que sólo pueden crear los bancos (y que, a su vez, sólo pueden operar entre ellos a través de los bancos centrales; lo que hace que este sistema esté completamente centralizado); el método blockchain permite que las transacciones puedan realizarse directamente de una a persona a otra, sin intermediarios. Este sistema descentralizado puede funcionar con seguridad porque todos los usuarios están interrelacionados en el sistema y actúan como una especie de notarios que confirman la validez de las transacciones a través de un proceso informático complejo. No puede haber trucos ni trampas si no hay consenso.

La introducción de los Bitcoins en el sistema se produce cuando algunos usuarios resuelven problemas matemáticos complejos mediante equipos informáticos. A este proceso se le llama minado, en referencia a las minas tradicionales, como si estuviesen sacando minerales preciosos de ellas. Pero esos problemas matemáticos cada vez son más difíciles de resolver, por lo que cada vez es más difícil obtener Bitcoin, y, además, su cantidad total está limitada a 21 millones. Hoy día ya se han minado el 90% de los Bitcoin, pero se estima que el máximo se alcanzará en el año 2140 debido a ese proceso de minado cada vez más lento (Bitcoin Exchange Guide, 2019).

¿Pero por qué se creó este sistema tan innovador y extraño? ¿A quién se le ocurrió y qué ventajas reporta en comparación con el sistema convencional?

Pues la creación del Bitcoin fue propuesta en noviembre de 2008 a través de un artículo firmado por un pseudónimo, Satoshi Nakamoto (Nakamoto 2008), por lo que no sabemos su identidad. Según ese texto, lo que se pretendía con el Bitcoin era crear una nueva moneda digital que no estuviese controlada por los bancos centrales -esos que por acción u omisión nos habían llevado a la crisis financiera del año 2008-, que funcionara sin intermediarios, de una forma mucho más rápida, eficiente y también anónima. Además, según el documento, todo el mundo podría crear Bitcoin, por lo que sería un sistema más democrático en el que todas las personas serían iguales y libres, sin tener que depender de los bancos comerciales ni de los centrales.

Todo esto suena muy bien a priori, pero… ¿esos objetivos se han conseguido? ¿Esas ventajas comentadas se han logrado? Pues… la verdad es que no. Y es que las criptomonedas presentan muchos problemas que no son muy conocidos. Vamos a ver los 7 más importantes.

PRIMER PROBLEMA: NO ES DINERO

En primer lugar, las criptomonedas no son realmente monedas, no pueden considerarse dinero. Esto es así en la actualidad y todo apunta a que en el futuro siga siendo igual. En la literatura económica hay consenso (Spooner 1978) en establecer que para que algo sea considerado dinero tiene que cumplir tres funciones: ser un medio de pago o intercambio generalizado, servir de referencia en la magnitud de los precios y ser un depósito de valor, que te sirva para ahorrar. Pues bien, el Bitcoin sólo cumple la última función, y de aquella manera, como ya veremos… No es un medio de pago generalizado porque tú no puedes ir al supermercado del barrio o al transporte público a comprar con Bitcoin. Aunque cada vez más empresas aceptan Bitcoin, este porcentaje sigue siendo minúsculo, totalmente insuficiente para hablar de dinero generalizado (Montalban et al 2019). Tampoco sirve para medir precios porque los Bitcoin se referencian en otras monedas, fundamentalmente en dólares (que suponen casi la mitad), en yenes (con un peso del 26%) y euros (un 18%).( Bitcoincharts 2021). Cuando vas a comprar cualquier producto, como una casa, no mides su precio en Bitcoin, lo mides en dólares o euros y luego realizas el cambio. Esto se debe básicamente a que no es un medio de pago generalizado y a que su valor fluctúa rápida y bruscamente. Por cierto, como nos recuerda Dan Kervick (Kervick 2014), esto incrementa los costes de transacción, porque los usuarios de Bitcoin tienen que estar valorando y cambiando su dinero en otras monedas, por lo que las ganancias de eficiencia que se señalaban en el artículo fundacional del Bitcoin quedan en entredicho.

La última función sí se cumple, porque la gente suele comprar Bitcoin como una forma de atesorar los ahorros e incluso de multiplicarlos, fundamentalmente porque su valor tiende a aumentar. De hecho, en un estudio realizado en 2012 (Ron y Shamir, 2012), se comprobó que hasta el 73% de los Bitcoins se mantenían en cuentas inactivas, esperando simplemente a que se revalorizasen. Pero claro, si se utilizan sobre todo para invertir o especular, en vez de para comprar o medir precios, entonces no se puede hablar de dinero. En realidad, los Bitcoin son una especie de activos, como lo podría ser el oro, de ahí que algunos digan que su nombre real debería ser criptoactivos, no criptomonedas (Montalban et al 2019; Cohen-Setton, 2014)). Aunque algunos economistas (Tymoigne 2013) (Roubini 2021) sostienen que ni siquiera pueden considerarse activos porque no ofrecen ningún rendimiento (como las acciones o los bonos, que periódicamente rinden dinero), por lo que las criptomonedas serían básicamente un invento cuyo verdadero valor sería 0 (o incluso inferior a 0 si se tienen en cuenta los costes energéticos).

Desde el enfoque teórico chartalista o de la Teoría Monetaria Moderna (capítulo 3) (Knapp, 1905; Wray 2015), el dinero actual tiene valor porque hay un Estado detrás respaldando su creación y su uso. Cuanto más poder tenga ese Estado para lograr que su moneda sea utilizada, mayor robustez tendrá. Por eso la moneda más sólida y utilizada en el mundo es la que emite el Estado más poderoso del planeta (en términos militares, económicos, tecnológicos y culturales) que es capaz de imponer incluso por la fuerza su utilización: el dólar estadounidense. Y también por eso el bolívar venezolano es dejado de lado por buena parte de la población: porque el Estado de Venezuela es débil y no es capaz de imponer su uso generalizado.

Y claro, esto es un problema para el Bitcoin. Al no haber un único creador, no hay ningún agente que pueda encargarse (por la fuerza o por influencia) de lograr que la criptomoneda sea utilizada generalmente. Hoy por hoy la gente utiliza el Bitcoin porque de momento parece que tiene cierta utilidad, pero esa creencia se puede evaporar en cualquier momento porque no hay ningún agente poderoso respaldando la emisión de esta criptomoneda. A ver, esto no es nada nuevo, a lo largo de toda la historia el sector privado ha intentado crear multitud de monedas alejadas del control del Estado (Tcherneva, 2016), pero adivina cuántas han sobrevivido: ninguna (salvo alguna moneda social que sólo se utiliza en un entorno pequeño, y suelen estar respaldadas por administraciones públicas locales). Siempre se imponen las monedas creadas por los Estados, sencillamente porque la gente sabe que no son un invento de un día y que gozan de mucha mayor solidez y estabilidad que cualquier empresa privada o software informático, y también porque tienen el monopolio de la violencia, claro. Los Estados raramente quiebran, y aunque lo hagan no dejan de existir. No ocurre lo mismo con los proyectos privados.

SEGUNDO PROBLEMA: GENERA TENSIONES DEFLACIONISTAS

Hay otro problema con el Bitcoin, aunque sus creadores lo identifiquen como una ventaja: su finitud. La idea de establecer un número máximo de Bitcoin deriva de la creencia de que el dinero tiene que ser escaso para que no pierda valor. Pero esta creencia es muy antigua y está más que superada, es la que se utilizaba cuando se estableció el patrón-oro o patrón dólar-oro antes de 1971, que limitaba la creación de dinero a la cantidad de oro que se tuviera, que es un material finito (Mitchell 2016). Lo que ocurre es que, como ya he explicado en otros vídeos, esto ata absurdamente las manos de las autoridades monetarias, porque a veces necesitas crear mucho dinero para movilizar tus recursos naturales y laborales, para que las empresas puedan operar y las familias consumir; si tienes un límite arbitrario en la creación de dinero, la economía no podrá funcionar a pleno rendimiento. Por eso durante las guerras los Estados se saltaban lógicamente ese compromiso y creaban todo el dinero que necesitaban para no ser derrotados por el enemigo (Viñas, 1976). Es verdad que la creación excesiva de dinero por parte de bancos comerciales y bancos centrales puede conducir a burbujas financieras de todo tipo que siempre explotan, como hemos visto continuamente desde hace décadas, pero eso se soluciona con una mejor regulación monetaria y bancaria, no limitando arbitrariamente la cantidad de dinero que puedes crear. ¿Por qué limitarla a la cantidad de oro que hay en el planeta? ¿Por qué limitarla a 21 millones de Bitcoin, y no a 25, o a 100, por ejemplo? Es absurdo y, además, contraproducente.

Tal y como señalan economistas como el premio nobel Paul Krugman (Krugman 2011), el griego Yanis Varoufakis (Varoufakis, 2013), o Dan Kervick (Kervick, 2013) la limitación de Bitcoin a 21 millones puede conducir a situaciones deflacionistas, porque como la cantidad de bienes y servicios producidos tiende a aumentar, si no lo hace también el número de Bitcoin, cada vez habrá más productos por cada Bitcoin, por lo que los precios tenderán a caer. Y esto, aunque a nivel individual pueda sonar bien, en términos macroeconómicos es un desastre por dos motivos: 1) el primero es que, si tu dinero cada día que pasa puede comprar más cosas, tienes un incentivo a atrasar las compras (porque mañana podrás comprar más cosas que hoy), lo que repercute negativamente en las ventas de las empresas y en sus beneficios. 2) El segundo es que, si el dinero es cada vez más valioso y difícil de conseguir, pagar deudas será cada vez más costoso, por lo que las personas que tienen deudas -que son la mayoría- saldrán perdiendo (y los que las cobrarán saldrán ganando).

De ahí que algunos economistas como el analista de Bloomberg Brendan Greeley (Greeley 2013) señalen que, al igual que el dinero fiat que emiten hoy los Estados ganaron la batalla al patrón-oro, el Bitcoin tampoco podrá salir victorioso.

TERCER PROBLEMA: GENERA BURBUJAS

Estas características del Bitcoin (que no sirva como medio de pago generalizado ni para medir precios, que sea cada vez más difícil obtenerlo y que haya un número máximo) conducen inexorablemente a que sea atesorado para ganar dinero cuando su precio suba. Es decir, conduce a la especulación. Si su precio tiende a crecer, puede ser rentable comprarlo hoy y venderlo mañana. Cuando compras algo barato y lo vendes caro, ganas dinero. Cuando este comportamiento se generaliza, se crea una burbuja especulativa. Esto es lo único que puede explicar que el Bitcoin se haya apreciado más del 1.000% en el último año y más del 11.000% en los últimos cinco años (Bitcoincharts, 2021), lo que es una salvajada. Nada en este mundo puede ganar tanto valor en tan poco tiempo si no es a lomos de una burbuja mastodóntica.

En realidad, hoy día ésa es la principal utilidad del Bitcoin: que sirve para ganar dinero fácil y rápido. Pero cuidado, porque los economistas sabemos muy bien que todas las burbujas, sin excepción, acaban estallando. Y aunque la tecnología del Bitcoin sea muy novedosa, este principio económico no falla, siempre ocurre igual. En los años 90, con el auge de internet, se creó una burbuja en la bolsa de las empresas tecnológicas, y nos decían que al ser una nueva tecnología, esa burbuja no estallaría. Bueno, llegó 2001 y la burbuja estalló, provocando terribles pérdidas y quiebras. Después de ese año, se creó una burbuja en torno a los productos financieros derivados (como las hipotecas basura), y nos decían que al ser una nueva tecnología, esa burbuja no estallaría. Bueno, llegó 2008 y la burbuja estalló, provocando terribles pérdidas y quiebras y una crisis internacional que aún perdura. Después de ese año, se inventaron las criptomonedas y se generó una burbuja en ellas, y nos dicen que al ser una nueva tecnología esta burbuja no estallará. Sinceramente, no hay que ser muy espabilado para saber qué es lo que ocurrirá.

De hecho, a finales de 2017 la burbuja se pinchó, generando muchísimas pérdidas. Lo que ocurre es que justo cuando se originó la pandemia del covid en marzo de 2020, momento a partir del cual las alternativas de financiación se fueron reduciendo, se ha generado una nueva burbuja, y esta vez con mucha más fuerza (Bitcoincharts, 2021)

Todo esto es lo que ha llevado a economistas como Nouriel Roubini a calificar esta burbuja como “la madre de todas las burbujas” (Roubini 2021), o al presidente del Banco Real de Escocia, Howard Davies, a comparar el Bitcoin con el infierno de Dante para alertar a la gente de que no compren Bitcoins (Billiteri, 2018), o al director ejecutivo del banco JP Morgan a calificar al Bitcoin de fraude (Billiteri, 2018), o incluso al mismísimo creador de la segunda criptomoneda más importante, Ethereum, a alertar a sus seguidores de Twitter de que “el valor de las criptomonedas podría caer cerca 0 en cualquier momento” (CNBC 2018).

CUARTO PROBLEMA: NO ES DEMOCRÁTICO

Aunque la intención declarada en el artículo fundacional del Bitcoin sea la de democratizar la creación de dinero, lo cierto es que sólo muy poquita gente crea criptomonedas. Para empezar, si quieres crear Bitcoin necesitas un sistema informático sofisticado que no tiene todo el mundo. En segundo lugar, y tal y como se pone de manifiesto en este estudio (Dwyer y Malone, 2014), si quieres que la creación del Bitcoin sea rentable (porque el proceso de minado es muy costoso), necesitas un sistema informático muy especializado y a gran escala, lo que sólo está al alcance de unas pocas grandes empresas. Por eso, como se evidencia en este otro estudio (Alsabah y Caponni 2018), la industria minera del Bitcoin tiene una tendencia hacia la centralización, en contra de los principios básicos de las criptomonedas.

Además, es más rentable tener una granja de minado en un territorio que presente condiciones idóneas para ello, porque se encuentre cerca de fuentes energéticas baratas o porque tenga trabajadores formados y que no cobren mucho. Y en esto se lleva la palma China, que es donde se concentran la mayor parte de las granjas de minado. En este estudio se evidencia que en 2019 los cuatro grupos chinos más grandes proporcionaban casi el 50% de la potencia de minado; en Europa sólo el 17% y en Norteamérica el 15%  (Stoll et al 2019). Aunque una cosa es dónde estén las granjas de minado y otra dónde las empresas que reciben esos Bitcoins generados. En este mapa mundial podemos ver dónde están las direcciones IP a las que van a parar esos Bitcoins creados: la mayoría se concentran en los países desarrollados, para variar, así que democracia en la creación de dinero… más bien poca (Stoll et al 2019). De hecho, en el año 2018 se estimó que el 40% de todos los Bitcoins estaban en manos de solamente 1.000 inversores (Billiteri 2018).

Y, claro, si la creación y posesión de Bitcoins es algo que atañe fundamentalmente a una minoría, y sobre todo si tenemos en cuenta que los primeros creadores de Bitcoins son los más beneficiados porque se han revalorizado mucho desde entonces -por eso han sido calificados de “aristócratas” de los Bitcoins (Varoufakis 2013)- es muy difícil reconciliar esto con la democracia (Weber, 2016). Quienes más Bitcoin tengan, más poder tendrán, y al contrario. De hecho, hay sospechas bien fundamentadas de que el precio de los Bitcoins está siendo manipulado por los grandes inversores, que concentran la mayor parte de las criptomonedas. Por ejemplo, este estudio señala que al menos la mitad del aumento del precio de Bitcoin y las otras grandes monedas en 2018 se debió a este tipo de manipulación (Griffin y Shamns 2019). Por otro lado, este otro estudio señala la amenaza que representa China en términos de control político y económico al tener una posición tan dominante en el ecosistema de Bitcoin (Kaiser et al 2018).

Aunque con las criptomonedas el poder no esté concentrado en los bancos centrales como ocurre con el dinero estatal convencional, está concentrado en una pequeña élite de inversores. Al menos los bancos centrales dependen de los gobiernos estatales, que con mejores o peores mecanismos son elegidos democráticamente y responden a decisiones políticas; la élite propietaria que más Bitcoin tienen no responde a ningún compromiso democrático, sólo a la ley del mercado, es decir: que manda más quien más dinero tiene.

QUINTO PROBLEMA: ATRAE AL CRIMEN

Aunque todas las transacciones realizadas con criptomonedas quedan registradas en el propio sistema informático, cuando las rastreas sólo te llevan a una dirección IP, no a una identificación personal con nombre y apellidos (Kervick 2014). Si bien es cierto que a través de una investigación minuciosa y profunda se podría acabar identificando a la persona que hay detrás de la dirección IP, no es fácil ni rápido ni barato hacerla. Esto permite que las operaciones se puedan realizar de forma anónima y relativamente a salvo de los ojos de las autoridades, lo cual es destacado como una ventaja por parte de sus fundadores, ya que otorga más libertad al usuario que la que tiene una persona con cuenta bancaria. El problema es que esta característica resulta muy pero que muy atractiva para quienes quieren realizar actividades ilegales.

Hay abundante evidencia de que los Bitcoins se utilizan en la dark web, es decir, en el espacio de páginas webs ilegales empleadas para cometer crímenes como venta de armas, asesinatos por encargo, tráfico de drogas, tráfico de personas, pornografía infantil y blanqueo de dinero (Engle 2016) (FBI 2012) (Stroukal y Nevodová 2016) (Brown 2016) (Roubini 2021)(Gruber 2013). En este estudio se estima que en estas actividades ilegales se mueven unos 7 mil millones de euros en todo el mundo, aunque la cantidad total es muy difícil de medir (Gerger 2021). Es curioso que los Bitcoins hayan sido utilizados incluso por el gobierno de Irán para eludir las sanciones comerciales que le ha impuesto Estados Unidos (Swartz 2014). Algunos han denunciado que estas criptomonedas podrían estar utilizándose para atentados terroristas como el de París en 2015 (Chester 2015). Y otros han llamado a este mundo el “salvaje oeste” de las transacciones, y a las criptomonedas “el dinero de los hackers” (Desmond 2013). El propio FBI de Estados Unidos lleva años tratando de seguir el rastro de estas transacciones con criptomonedas para detectar los delitos. (FBI 2012) De hecho, muchas de estas operaciones policiales han sido exitosas: (Swartz 2014): en mayo de 2013, el gobierno de los Estados Unidos cerró al procesador de pagos con criptomonedas Liberty Reserve por blanquear dinero y participar en actividades ilegales; en octubre de 2013 el FBI cerró el mercado ilegal de Silk Road, donde incautó 26.000 Bitcoins (Engle 2016); en 2014 el operador del intercambiador de Bitcoins BitInstant fue arrestado por blanqueo de dinero y otras actividades ilegales.

También es llamativo comprobar cómo en muchos atracos y extorsiones los delincuentes piden Bitcoins, porque así pueden dificultar el rastreo y la identificación. Por ejemplo, en enero de 2016, los delincuentes que tomaron el control de las computadoras del Consejo de un Condado estadounidense exigieron 500 dólares en Bitcoin (Daily Telegraph, 2016). En noviembre de 2015, tres bancos griegos fueron supuestamente amenazados con consecuencias nefastas por un grupo de ciberdelincuentes a menos que pagaran cientos de miles de euros en Bitcoin (Deutsche Welle, 2015) y, en noviembre de 2015, unos piratas informáticos extorsionaron a l proveedor de telefonía móvil TalkTalk 80,000 libras, también en Bitcoin, a cambio de no publicar los datos de clientes pirateados de la compañía (Krebs, 2015).

Otro tipo de fraude es el que suponen muchas ICO, que son empresas que buscan financiación en dinero convencional a cambio de entregar una nueva criptomoneda. Lo que suele ocurrir es que al final esa nueva criptomoneda es un fraude y no vale nada, y los inversores pierden su dinero. Según la asesoría ICO Satis, el 81% de las ICO son estafas creadas por estafadores y charlatanes que sólo buscan recaudar dinero y desaparecer inmediatamente después (Roubini 2018).

Y, por supuesto, el anonimato en las operaciones resulta útil también para evadir impuestos (Gerger 2021 Roubini 2021). De ahí que algunos describan a las bolsas y billeteras de criptomonedas como los nuevos paraísos fiscales (Gruber 2013).

Todo ello explica por qué los Estados y bancos centrales tienen cada vez más interés en regular el mercado de las criptomonedas (Montalban et al 2019; Wright y De Filippi (2015) Enyi y Le (2017). De hecho, China prohibió en 2017 determinados usos de las criptomonedas, como los mencionados ICO (Xie 2019), y Estados Unidos comenzó en 2019 a regular ciertos valores criptográficos (SEC 2021).

SEXTO PROBLEMA: NO ES SEGURO

Aunque el sistema criptográfico garantiza que las transacciones sean seguras porque no se pueden manipular sin consenso acordado (Gerger 2021), no está exento de fallas de seguridad porque hay formas distintas de burlar el sistema. Por ejemplo, es frecuente el hackeo de criptomonedas (Upadhyaya y Ranchi 2016, Black 2018). Esto consiste en que piratas informáticos lograr hacerse con las contraseñas y el dominio de cuentas privadas de criptomonedas, y entonces ordenan la extracción de estas a otra cuenta. Esto puede pasar también con el dinero convencional en los bancos, la diferencia es que, si ocurre, el responsable es el banco y estará obligado a devolverte el dinero, mientras que en el caso de las criptomonedas no hay ninguna regulación que proteja tu ahorro o inversión. Incluso aunque el banco quiebre debido al robo, el Estado te garantiza al menos 100.000 euros por cuenta bancaria (FGD 2021), algo que no ocurre ni de lejos con las criptomonedas.

Algunos ejemplos de estos robos: en octubre de 2013, un banco australiano de Bitcoins fue pirateado, lo que provocó una pérdida equivalente a 1 millón de dólares estadounidenses Swartz (2014). En noviembre de 2013, se robaron 96.000 Bitcoins del sitio web de drogas en línea Sheep Marketplace. Swartz (2014). En febrero de 2014, robaron del mercado en línea Silk Road Bitcoins valorados en 2,7 millones de dólares Swartz (2014). También en febrero de 2014, el mayor intercambiador de Bitcoins se declaró en bancarrota después de revelar que faltaban 850.000 Bitcoins pertenecientes a clientes Swartz (2014). Y en 2019 se produjo el mayor robo de la historia: unos hackers se hicieron con Bitcoins por valor de 40 millones de euros (El Confidencial, 2019). En fin, los ejemplos son incontables. Prueba a escribir “robo de Bitcoin” en algún buscador y verás la cantidad de resultados que obtendrás.

Pero hay más: el desarrollo de los ordenadores cuánticos pone en peligro la seguridad del almacenamiento y uso de criptomonedas. Hay varios estudios que estiman que la enorme potencia computacional que adquirirán los ordenadores cuánticos de aquí a 2027 permitirá resolver fácilmente los protocolos criptográficos de seguridad de las criptomonedas. Y los primeros ordenadores de este tipo ya están en desarrollo (Aggarwal et al (2017) (Semmouni et al. 2019) Gao et al (2018). Aunque también es verdad que hay avanzada mucha investigación que busca cómo mejorar el sistema para evitar estos riesgos que suponen los ordenadores cuánticos (Sattah 2020) Tessler y Byrnes (2017)

SÉPTIMO PROBLEMA: CONTAMINA MUCHO

Por si no bastara con los problemas anteriores, como los métodos de creación y funcionamiento de las criptomonedas son puramente electrónicos, necesitan la utilización de innumerables ordenadores en todo el mundo, lo que supone un elevadísimo consumo de energía. En este gráfico se puede ver la evolución de las diferentes estimaciones que existen sobre dicho consumo, que en enero de 2020 superaba ya los 8 gigavatios y que no deja de crecer (Gallersdörfer 2018).

En 2018 la red de Bitcoin ya consumía al menos 2,55 gigavatios de electricidad, lo que lo hacía comparable con el consumo total de países del tamaño de Irlanda, que tiene 5 millones de habitantes (Dwyer y Malone (2014) Vries (2018) (Stoll et al 2019)), aunque en enero de 2020 ya superaba los 8 gigavatios y eso lo hacía equiparable al consumo energético de toda Austria, con 9 millones de habitantes (Vries (2018). En la actualidad, este consumo es evidentemente todavía mayor. Por cierto, Bitcoin representa 2 tercios de ese total, correspondiendo el tercio restante a las demás criptomonedas (Gallersdörfer et al 2020).

En cuanto a la relación entre consumo energético y valor económico producido, (Krause y Tolaymat 2018) se estima que, desde el 1 de enero de 2016 hasta el 30 de junio de 2018, solamente la minería de Bitcoin consumió 17 megajulios para generar un dólar estadounidense, mientras que la minería de cobre, oro, platino y óxidos de tierras raras consumió 4, 5, 7 y 9 megajulios para generar un dólar. A la vista está que la criptominería consume más energía que la minería convencional por unidad económica equivalente.

Alguien podría pensar que esto no tiene un impacto medioambiental importante si las energías provienen de fuentes renovables, pero incluso dejando a un lado que ese tipo de energías también emiten dióxido de carbono en su producción (y otros efectos contaminantes como el ruido, calor y espacio), lo cierto es que, al estar concentradas las granjas mineras en China, la fuente energética fósil es muy importante. Concretamente, casi la mitad (el 42%) de las granjas de minado en China, concentradas en la provincia de Mongolia Inferior, se sitúan en regiones ricas en carbón pesado (Stoll et al 2019).

Debido a ello, en un estudio (Krause y Tolaymat 2018) se estima que la minería de las 4 criptomonedas más importantes fue responsable de entre 3 y 15 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono en sólo dos años y medio. Y esta contaminación no deja de crecer, y a un ritmo exponencial: en otro estudio (Jiang et al 2021) se estima que para el año 2024 el consumo de energía anual de la cadena de bloques de Bitcoin en China generará 130,50 millones de toneladas métricas de emisión de carbono, lo que excedería la producción total anualizada de emisiones de gases de efecto invernadero de la República Checa y Qatar.

En definitiva, aunque el bitcoin y el resto de criptomonedas suelen tener buena fama, lo cierto es que presentan desventajas y problemas muy importantes. No pueden ser consideradas dinero, provocan tensiones deflacionistas, generan burbujas, no son democráticas, atraen al crimen organizado, no son seguras y contaminan mucho. No es oro todo lo que reluce, nunca mejor dicho…

 

 

Referencias:

 

Nakamoto (2009) https://bitcoin.org/en/bitcoin-paper

Billiteri (2018). https://blogs.lse.ac.uk/businessreview/2018/03/19/bitcoin-may-not-last-but-blockchain-could-be-the-real-deal/

Gerger (2021). https://www.igi-global.com/chapter/blockchain-technology-and-general-issue-of-tax-evasion-via-Bitcoin/273811

White (2018). https://www.igi-global.com/chapter/blockchain-technology-and-general-issue-of-tax-evasion-via-Bitcoin/273811

Cohen-Setton (2014) https://www.bruegel.org/2014/02/blogs-review-understanding-the-mechanics-and-economics-of-Bitcoins/

Bitcoincharts, (2021) https://Bitcoincharts.com/charts/bitstampUSD#tgSzm1g10zm2g25zcv

Ron y Shamir (2012) https://eprint.iacr.org/2012/584.pdf

Krugman (2011) https://krugman.blogs.nytimes.com/2011/09/07/golden-cyberfetters/

Greeley (2013) https://www.bloomberg.com/news/articles/2013-12-24/the-dollar-will-never-fall-to-bitcoin

Roubini (2018) https://www.project-syndicate.org/commentary/ico-cryptocurrency-scams-by-nouriel-roubini-2018-05?barrier=accesspaylog

Roubini (2021) https://www.bloomberg.com/news/videos/2021-02-17/Bitcoin-is-a-self-fulfilling-bubble-roubini-warns-video

Bitcoin Exchange Guide (2019) https://Bitcoinexchangeguide.com/the-impact-of-mining-all-21-million-Bitcoins-scheduled-to-end-around-year-2040/

Alsabah y Caponni (2018)

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3273982

Stoll et al (2019) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2542435119302557

Varoufakis (2013) https://www.yanisvaroufakis.eu/2013/04/22/Bitcoin-and-the-dangerous-fantasy-of-apolitical-money/

Kervick (2013)

https://neweconomicperspectives.org/2013/04/talking-Bitcoin.html

Weber (2016)

https://academic.oup.com/cje/article-abstract/40/1/17/2605550?redirectedFrom=fulltext

Dwyer y Malone (2014) https://digital-library.theiet.org/content/conferences/10.1049/cp.2014.0699

Vries (2018)

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2542435118301776

Gallersdörfer et al (2020) https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S2542435120303317

Stoll et al (2019) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2542435119302557

Krause y Tolaymat (2018) https://www.nature.com/articles/s41893-018-0152-7?fbclid=IwAR0j-

(Jiang et al 2021) https://www.nature.com/articles/s41467-021-22256-3

Swartz (2014) https://journals.tulane.edu/TIP/article/view/2644

Robo de 40 millones. https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-05-09/Bitcoins-robo-siglo-operacion-binance-40millones_1990778/

FBI (2012) http://cryptome.org/2012/05/fbi-Bitcoin.pdf

Zetter (2012) https://www.wired.com/2012/05/fbi-fears-Bitcoin/

Desmond (2013) https://lawecommons.luc.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1005&context=pilr

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