¿Por qué la industrialización de Cataluña fue un éxito y no la de Andalucía?

Artículo publicado en Andalucesdiario.es el 7 de enero de 2014

A pesar de que a finales del siglo XVIII el producto industrial andaluz no tenía mucho que envidiar al de las regiones españoles más avanzadas de la época –como Cataluña o Valencia– y de que incluso en algunas ramas tradicionales la ventaja fuese claramente andaluza, la profunda crisis que tuvo lugar a principios del siglo XIX puso fin al impulso industrializador andaluz toda vez que apenas supuso un pequeño contratiempo para la industrialización catalana, que una vez superada la crisis experimentó un formidable desarrollo y despliegue. ¿Por qué fue esto así?

Muchos y diversos autores (Alex Sánchez, Francesc Valls, Antonio Parejo, Josep Mª Benaul…) han intentado contestar a este interrogante. Aunque los resultados son muy numerosos y variados, aquí me limitaré a recoger de forma sucinta sus principales conclusiones.

Todos los analistas coinciden en señalar que el factor más importante en el éxito industrializador fue la existencia y fortaleza de la manufactura algodonera. Las ventajas de esta rama industrial eran varias: en primer lugar, al ofrecer productos muy demandados en el mercado interior y no tanto en las colonias, la dependencia del mercado exterior se atenuaba; en segundo lugar, debido fundamentalmente a las características de la fibra trabajada, era profundamente susceptible a la introducción de tecnología (hilado mecánico, especialmente) que aumentaba la productividad del sector y originaba nuevos espacios de negocio; en tercer lugar, generaba multitud de encadenamientos hacia adelante (distribución del producto, nuevos negocios derivados del algodón elaborado, etc) y hacia atrás (provisión de materias primas, de maquinaria, etc) que no hacían sino extender y complejizar el entramado industrial con todas las ventajas que eso supone en términos de industrialización. La diferencia entre Cataluña y Andalucía era que mientras que en la primera la rama del algodón era singularmente importante, en la segunda las experiencias algodoneras siempre fueron coyunturales y muy localizadas.

Otro determinante importante fue la distribución de la renta entre la población. La expansión de cualquier rama industrial requiere que sus productos puedan venderse, por lo que es importante disponer de una amplia demanda apoyada en un reparto moderadamente igualitario de la renta. Algo que ocurrió en Cataluña (precisamente y de forma muy notable en la rama del algodón recién comentada) y que no podía ocurrir en el territorio andaluz al estar caracterizado por una agricultura extensiva dominada por la gran propiedad y que pagaba unos salarios exiguos.

La existencia de auténticos centros especializados en la producción manufacturera fue otro elemento decisivo. En Cataluña abundaban las localidades donde la actividad industrial absorbía el porcentaje más elevado de factor trabajo y representaba la base de la actividad productiva local. Esto aumentaba la renta de la población y lograba crear un tejido industrial extenso y complejo. En Andalucía no había localidades que presentaran características similares a las comentadas, quizás con las únicas excepciones de Antequera y Linares.

Otro elemento importante fue el surgimiento de un gran centro coordinador y polarizador de las múltiples actividades industriales.Barcelona se convertiría muy pronto en este núcleo en el caso del Principado, mientras que ni Sevilla, ni Cádiz, ni Málaga –que en aquel periodo eran las únicas ciudades que por sus características podrían haber emulado el papel de Barcelona– pudieron hacer lo propio en el territorio andaluz. Esto se debió a que ninguna de las tres ciudades mencionadas disponía de un potente motor algodonero ni de núcleos artesanales cercanos que demandaran de forma suficiente ese polo industrial.

El último factor a destacar fue la existencia y profundidad de las conexiones entre las diferentes actividades económicas. Mientras que en Cataluña las interrelaciones entre sectores económicos del territorio eran numerosas e importantes, en Andalucía primaba una burguesía mercantil que orientaba la mayor parte de sus inversiones hacia la intermediación de productos en el comercio marítimo colonial y europeo (y sólo en un segundo plano a actividades industriales conectadas al territorio), de forma que las ganancias de esas actividades ajenas al sector textil andaluz tenían poca repercusión sobre el tejido industrial de la región.

En definitiva, si la estructura industrial andaluza no pudo soportar el embate de la crisis de principios del siglo XIX perdiendo así la oportunidad de materializar los mecanismos acumulativos propios de una industrialización exitosa y la catalana sí pudo hacerlo, se debe fundamentalmente a que la primera no contaba con una potente rama algodonera, ni con un tejido industrial articulado, ni con una distribución de la renta moderadamente equilibrada, ni con importantes núcleos industriales, ni con una burguesía dispuesta a dejar de lado las rentables actividades comerciales marítimas para cometer importantes inversiones en el tejido industrial.

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