3.11 Por qué los bancos no prestan dinero a familias y empresas

La mayoría de las economías desarrolladas están actualmente en recesión. Esto quiere decir que la actividad económica es muy baja: la mayoría de las empresas no invierten sino que desinvierten (expulsan trabajadores, se deshacen de maquinaria y de locales, echan el cierre, etc), la mayoría de las familias no consumen sino que ahorran lo poco que ganan, y el sector público –a pesar de ser el único que podría impulsar la actividad económica mediante la inversión pública– no hace sino reducir su actividad. En consecuencia, el dinero no circula por la economía y esto en un sistema capitalista supone elevados niveles de desempleo y de pobreza.

Si fluyese el dinero la cosa cambiaría: las familias podrían consumir más, las empresas podrían invertir más (contratando, comprando maquinaria…), el sector público invertiría más, etc (1). Por esto mismo uno de los objetivos declarados de los gobernantes es que el dinero vuelva a fluir por buena parte de los poros de la sociedad. El problema es que hoy día, tal y como están configuradas nuestras instituciones económicas –y concretamente desde que suprimieron la banca pública–, la única forma de que haya más dinero en circulación es contando con la actuación de la banca privada. Desgraciadamente desde que estalló la crisis estamos viendo que los bancos privados conceden muy pocos créditos a pesar de los intentos por parte del Banco Central Europeo. ¿Por qué ocurre esto?

La paralización del crédito se explica tanto por factores de demanda como de oferta, aunque todos ellos responden a su vez a la delicada situación que atraviesa la economía española, que difícilmente mejorarán mientras se mantengan las políticas económicas de austeridad.

A)    Entre los factores de demanda cabe mencionar el importante proceso de desendeudamiento por parte de hogares y empresas españolas, que no volverán a solicitar créditos hasta que la deuda contraída durante el período de expansión económica quede reducida a niveles más razonables. Por otro lado, y aun considerando las empresas y hogares con balances más saneados, hay poca demanda de crédito porque los niveles de inversión son muy reducidos debido a las malas expectativas empresariales, y porque las familias no compran viviendas ni bienes de consumo ante el elevado desempleo, precariedad laboral y deflación salarial.

B)    Por el lado de la oferta destaca la necesidad que tienen las entidades bancarias españolas de reducir su deuda externa, por lo que los exiguos recursos que obtienen son destinados a reducir el endeudamiento y no a conceder nuevos créditos. Por otro lado, los bancos no conceden créditos porque temen no recuperar el dinero en el contexto de una recesión económica importante en la que predominan los impagos y las quiebras. Este hecho afecta sobre todo a las pequeñas y medianas empresas ya que presentan una menor calidad crediticia y una mayor dificultad para ofrecer información sobre su situación de forma que los bancos puedan diferenciar las empresas solventes de las que no lo son. Así lo demuestra la encuesta del Banco Central Europeo sobre el acceso de las pymes a la financiación, donde se revela que casi un 23% de las pymes encuestadas a mitad de 2013 sostienen que su principal problema es conseguir financiación. En el caso de las grandes empresas este porcentaje disminuye hasta el 11%. Además, la actual fragmentación en el área del euro hace que los costes de financiación de los bancos españoles sean más elevados que los que se derivarían del tono expansivo de la política monetaria única. Por último, las crecientes e importantes exigencias legales de dotaciones reducen aún más los beneficios y obligan a dedicar más recursos a reforzar activos dañados o expuestos a mayor riesgo.

Ahora bien, es fácil deducir qué factores explican con más fuerza la contención del crédito, porque no todos los que se acaban de mencionar tienen la misma importancia. Por decirlo de forma llana: si los bancos no dan muchos préstamos es porque no se fían de las empresas y familias que los solicitan. Y esto es muy fácil de comprender, especialmente si tenemos en cuenta todo lo que hemos ido viendo a lo largo de este capítulo del manual.

El principal riesgo que tienen las entidades bancarias es que aquellos agentes económicos que se endeudan luego no puedan devolver el dinero. Eso es lo que les hace daño a los bancos, eso es lo que deteriora su situación financiera. Y en una situación de auge económico (como la protagonizada recientemente por la burbuja inmobiliaria) todos los clientes de los bancos podían devolver los préstamos, porque su propia situación era boyante (había mucha actividad económica: muchos trabajadores que recibían ingresos y muchas empresas que recibían ingresos por sus ventas). En cambio, en una situación de recesión económica, hay menos trabajadores recibiendo ingresos (y de menor cuantía) y menos empresas recibiendo ingresos por sus ventas (y de menor cuantía), con lo cual devolver los préstamos se convierte en algo mucho más complicado. Los bancos tienen que admitir que no van a recuperar muchos préstamos y por lo tanto reducen su patrimonio neto.

Como los impagos y las quiebras de las empresas continúan, así como los despidos y reducciones salariales de los trabajadores, los bancos se lo piensan mucho antes de otorgar nuevos préstamos. El riesgo es claro: podrían darle un préstamo a una empresa que luego podría quebrar y por lo tanto no devolver el dinero, o a un trabajador que luego podría perder su puesto de trabajo. Por lo tanto, la respuesta más inteligente es otorgar créditos sólo a aquellos demandantes que demuestren una posición económica sólida. Y estos demandantes son en la actualidad muy pocos. Por eso los bancos no dan tantos créditos como ocurría antes de la crisis.

 

 

Notas:
(1) También aumentaría la presión sobre los recursos naturales y sobre el medio ambiente, lo cual nos advierte de que esta respuesta sólo debería ser admisible en el corto plazo y sujeta a importantes limitaciones.

(2) Debido a ello podemos decir sin miedo que el diseño institucional que abarca las operaciones financieras está pensado para beneficiar claramente a la banca privada.

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