¿Por qué tener superávit puede ser perjudicial? Mi tesis doctoral resumida

Ésta es mi tesis doctoral; como podéis ver es un tochazo de más de 500 páginas que poca gente tendrá estómago de leer. Además, el tema abordado no es sencillo y está repleto de tecnicismos, lo que la hace todavía menos atractiva, especialmente para quien no está especializado en economía. Pero como creo que es un trabajo de investigación interesante que aporta bastante a la academia y que afecta a la política económica de los países y por lo tanto al bienestar de la población, he decidido “traducirla” y “digerirla” para poder explicarla fácilmente -pero manteniendo el rigor- en tan sólo unos pocos minutos. La tesis va sobre los objetivos fiscales de los Estados, ya se sabe, eso de que tienen que reducir su déficit público y deuda pública -o incluso alcanzar superávit público- porque en teoría la economía va mejor así. Pero la tesis impugna esta idea, poniendo de manifiesto que, respetar esas reglas fiscales en determinadas condiciones no sólo resulta muy difícil, sino que además es muy perjudicial para los países y para sus ciudadanos. Si te interesa el tema -y debería hacerlo porque los gobiernos suelen aumentarnos impuestos y recortarnos calidad de vida con esta excusa de los objetivos fiscales- te invito a que veas el vídeo completo, porque en sólo unos pocos minutos es posible que tu visión sobre este asunto cambie radicalmente.

Empecemos recordando que las reglas fiscales limitan los gastos e ingresos de los Estados con el objetivo de mantener controladas las cuentas públicas. Por ejemplo, en la Eurozona estas reglas establecen que, si la deuda pública es inferior al 60% del PIB, el déficit público no puede ser superior al 3% del PIB, mientras que, si la deuda es superior al 60%, entonces el Estado tendría que registrar un superávit, con el objetivo de obtener dinero para ir pagando y reduciendo esa elevada deuda. Todo esto siempre suena intuitivo: parece lógico y sensato que los Estados no se endeuden mucho y que, si lo hacen, tengan que ahorrar dinero para reducir su deuda. Pero como he explicado en tantos otros vídeos, esto nos parece intuitivo porque solemos pensar en un Estado como si fuese una familia o una empresa, cuando en realidad no tienen nada que ver. Las cuentas de un Estado funcionan de una forma absolutamente diferente, y su déficit y deuda no hay que entenderlas como algo negativo per se (como sí hacemos en el caso de las familias y empresas).

La clave de este asunto pasa por entender que, si dividimos toda la economía en sector público y sector privado (que incluye a familias y empresas), el déficit de uno de ellos es el superávit del otro. Esto es así por identidad contable, es una verdad innegable, ¡son matemáticas! Si el Estado tiene un déficit de 100, es porque las familias y empresas tienen un superávit de 100; y al revés: si el Estado tiene un superávit de 100, es porque las familias y empresas tienen un déficit de 100. Es como una balanza de pesos o un columpio: si una parte cae, la otra sube; no puede ser de otra manera. Por verlo de otra forma: las familias y empresas pueden ahorrar 100 porque el Estado está gastando 100 en el sector privado; si no lo hiciese, las familias y empresas no podrían ahorrar nada porque no se puede ahorrar lo que no existe. Y si el Estado quiere tener superávit, la única forma de hacerlo es provocando un déficit en el sector privado, porque es el único lugar del que puede extraer dinero a través de impuestos. Si quieres profundizar sobre esto dejo un vídeo aquí en el que lo explico con más detalle.

Por lo tanto, las reglas fiscales que obligan a los Estados a registrar superávit público lo que están haciendo es obligar a que las familias y empresas tengan déficit, es decir, a que gasten más de lo que ingresan. Y esto es obviamente algo negativo per se, porque las empresas y familias se estarían endeudando y ellas no pueden hacerlo de forma indefinida, porque no crean el dinero como los Estados ni pueden financiarse de forma privilegiada como ellos. Tarde o temprano, esa burbuja de deuda termina estallando. Esto es lo que explica que, por regla general, los Estados tengan siempre déficit público, porque las familias y empresas tienen la “rara” costumbre de ahorrar, y sólo lo pueden hacer si el Estado gasta más de lo que ingresa. Dejo aquí un vídeo en el que demuestro que lo normal y habitual es tener déficit público.

Pero entonces, ¿por qué hay algunos Estados que sí logran tener superávit público sin empobrecer a la ciudadanía? Porque la realidad es un pelín más compleja de lo que acabo de explicar. En realidad, en el mundo no sólo hay dos grupos, el privado y el público, sino que hay un tercero: el sector exterior (que incluiría a las familias, empresas y Estados de otros países). Pero la identidad contable se sigue cumpliendo, sólo que ahora la balanza tiene tres pesos en vez de dos.

Por ejemplo, si un sector tiene un superávit de 100, la suma de los otros dos tiene que dar un déficit de 100; por ejemplo, un déficit de 50 cada uno. O puede ser uno de 30, y el otro de 70, porque siguen sumando 100. Pero también podría tener uno un superávit de 20 y el otro un déficit de 120, porque si lo sumas sigue dando un déficit de 100. El caso más sencillo sería si uno de los sectores estuviese equilibrado, porque entonces volveríamos a la balanza de dos pesos en el resto de sectores: el superávit de uno sería exactamente el déficit del otro. En fin, hay muchísimas combinaciones; el caso es que siempre hay equilibrio, las leyes de las matemáticas no nos permiten otra cosa.

Por eso, puede pasar que un Estado tenga superávit y que no esté empobreciendo a las familias y empresas porque éstas también tienen superávit, pero eso es gracias a que el sector exterior está teniendo un déficit equivalente a la suma de los otros dos. Para que se entienda fácilmente, esto es posible porque llega tanto dinero gastado desde el extranjero que hay suficiente para que ahorre el Estado y para que lo hagan las familias y empresas. Esto es exactamente lo que les suele pasar a los países que exportan mucho o que son paraísos fiscales: el cuantioso gasto que llega de otros países permite que se llenen tanto las arcas públicas como los bolsillos de las familias y de las empresas nacionales. Ejemplos paradigmáticos de esto son Alemania, Suiza o Corea del Sur. Con la lluvia de dinero gastado proveniente del exterior tienen mucho más fácil registrar superávit público.

Pero ¿qué pasa con los países a los que no les llega dinero del exterior, sino que lo envían fuera, que por cierto son la inmensa mayoría? Pues que el dinero tiene que salir del sector público o del privado, por lo que al menos uno de ellos tiene que estar en déficit. Y si queremos que el sector público tenga superávit, no queda más remedio que sea el privado el que tenga déficit. En cualquiera de sus múltiples combinaciones, si sale dinero hacia otros países, es decir, si el sector exterior está ahorrando, el superávit público implica necesariamente déficit privado; las matemáticas son así. ¿Y qué implica que el sector privado esté en déficit, es decir, gastando más de lo que ingresa? Pues que se está endeudando; está obteniendo el dinero extra del crédito de los bancos -y de otras fuentes de financiación- que elevan su deuda privada. Es el endeudamiento privado de familias y empresas lo que inyecta dinero tanto en el sector público como en el resto del mundo Y esto es absolutamente insostenible, no puede durar mucho, porque la deuda privada crecerá progresivamente, pero en algún momento esas familias y empresas no podrán seguir endeudándose y entonces la burbuja de deuda estallará, desembocando en una crisis financiera. Y claro, esas familias y empresas tendrán que empezar a ahorrar mucho para poder pagar sus elevadas deudas, y eso conllevará que ya no pueda haber superávit público y que no salga más dinero hacia el exterior. Como se puede ver, el superávit fiscal logrado de esta forma es siempre fugaz.

Como decía, esto no les pasa a los Estados, ellos sí pueden estar eternamente endeudados sin problemas porque son ellos quienes crean el dinero a través de sus bancos centrales. Si quieres profundizar sobre esto dejo un vídeo aquí en el que lo explico con más detalle.

Por lo tanto, en mi tesis doctoral parto de la premisa de que los países a los que no les llega dinero del exterior, si registran superávit público es porque las familias y empresas se están endeudando notablemente, algo que inevitablemente acabará en crisis económica. En consecuencia, para estos países los superávits públicos sólo se consiguen a lomos de una burbuja financiera que tarde o temprano estallará provocando mucho daño económico y social. Y las reglas fiscales, como explicaba antes, empujan a los países a registrar superávit público sin tener en cuenta si están recibiendo dinero del exterior o no, por lo que están mal diseñadas, ya que están empujando a algunos países a experimentar burbujas financieras y a sufrir graves crisis.

Ése es el marco teórico de la tesis y su hipótesis fundamental. Ahora veamos si dicha hipótesis se corrobora empíricamente. Para ello ponemos el foco en todos los países del planeta desde el año 1980 hasta la actualidad (no vamos más atrás en el tiempo porque no hay datos).

Antes de realizar la exploración, dejamos fuera a los países que son muy pequeños, a los que son paraísos fiscales y a los que dependen notablemente de las exportaciones de hidrocarburos porque el dinero que entra y sale de ellos es tan volátil que hace impracticable un estudio serio. Son 75 economías que se concentran en África y cuyo peso económico sobre el total del mundo no supera el 6%, por lo que se trata de un cambio que no afecta apenas al análisis. Ahora ya sí, de los 117 países que quedan identificamos a los que hayan presentado alguna vez superávit público al mismo tiempo que salía dinero hacia el exterior: son 43 países que se encuentran en los cinco continentes, y lo hacen en diferentes momentos del tiempo y con distinta duración.

Ahora miramos en qué años ha ocurrido tal combinación sectorial y si coinciden con una burbuja financiera que acaba en crisis.

En Europa podemos ver que en los años 80 en Islandia, Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca y Reino Unido había superávit público y salida de dinero de su territorio, y, como era de esperar, eso coincidía con burbujas de deuda privada que finalmente estallaron a finales de la década o al comienzo de los años 90, dando lugar a diversas crisis económicas y bancarias, siendo las más graves las de Finlandia y Suecia. Sin salirnos de este continente, comprobamos cómo a muchísimos otros países -entre los que se incluye España y también Islandia de nuevo-, les pasó lo mismo antes de sufrir la crisis económica de 2008: es decir, que registraron superávit fiscal mientras salía dinero de su territorio y mientras experimentaban burbujas de crédito y financieras que acabaron muy mal. Obviamente, cuando las crisis estallaban, los superávits públicos desaparecían, y en muchos países como España para no volver a aparecer.

En Asia, muchos países experimentaron importantes burbujas financieras a principios de los años 90, lo que les permitió registrar superávit público incluso a pesar de que salía dinero hacia el exterior. Este fugaz fenómeno acabó en el año 1997, con la famosa crisis asiática, que terminó con los superávits públicos alcanzados. Años más tarde, a comienzos del siglo XXI, otros países como Kazajistán y Camboya lograron superávit público a pesar de que salía dinero hacia otros países; pero de nuevo, esto fue gracias a experimentar burbujas financieras que desembocaron en crisis económicas en 2008.

Latinoamérica tampoco se libró de esta tendencia. A finales de los años 80 y 90 México, Chile y Perú lograron superávit público mientras salía dinero de su territorio, lo cual sólo era posible porque experimentaban notables burbujas financieras que acabaron con la crisis del pexo mexicano en 1994 y con el tsunami creado por la crisis asiática en 1997.
Años más tarde, a comienzo del siglo XXI, otros países como Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Panamá y -otra vez- Perú lograron lo mismo, pero, de nuevo, a lomos de un crecimiento muy importante del endeudamiento de familias y empresas, algo que acabó con la crisis del año 2008.

El caso de Estados Unidos y Canadá es igual, aunque lograron el superávit público en los años 2000 y 2001 gracias a la burbuja puntocom, que también estalló, aunque no desembocó en una gran crisis económica sino solamente en una recesión, en parte porque el endeudamiento privado se reinició en muy poco tiempo (y que acabó definitivamente en el año 2008). Por cierto, exactamente lo mismo le ocurrió al Reino Unido en esos años, donde dicha burbuja punto com también fue importante permitiéndole alcanzar superávit público en los años 2000 y 2001.

Australia y Nueva Zelanda también lograron registrar varios años de superávit fiscal mientras veían salir dinero de sus territorios a principios del siglo XXI porque experimentaron un vertiginoso endeudamiento privado. Y, para variar, la burbuja estalló en el año 2008, aunque en ningunos de los dos países fue grave en parte gracias al tirón económico de China, su principal socio comercial, y también a los potentes programas de estímulo fiscal que llevaron a cabo, así como al reinicio de una nueva burbuja de deuda privada.

Por último, mirando hacia África, Egipto, Sudáfrica y Marruecos corrieron la misma suerte: superávit fiscal porque experimentaron burbujas de crédito que finalizaron en graves crisis económicas, en el año 2001 para el primer país y en el año 2008 para los otros dos.

Ahora bien, de los 43 casos analizados, hay dos que no experimentaron ninguna burbuja de crédito o un endeudamiento privado destacable, ni una crisis posterior: Marruecos en el año 2000 y Ecuador en el año 2004. A falta de mayor investigación que arroje más luz, podríamos decir provisionalmente que son la excepción que confirma la regla.

Este repaso descriptivo se afianza en la tesis gracias a modelos econométricos complejos -y muy aburridos- que pretenden corroborar para cada uno de esos países si el crecimiento de la deuda privada contribuyó a explicar la aparición de los superávits fiscales. Y, en efecto, para la inmensa mayoría de países para los que había suficientes datos fiables el modelo arroja resultados en esa dirección.

En consecuencia, se puede concluir que la hipótesis fundamental de la tesis queda corroborada. Es decir, los países que ven salir dinero de su territorio sólo pueden registrar superávit fiscal si el sector privado se endeuda a lomos de una burbuja financiera que siempre explota, provocando tras de sí una importante crisis económica que genera desempleo y pobreza. Y esto es algo que no tienen en cuenta las reglas fiscales que obligan a los países a registrar superávit público. Estas reglas son totalmente injustas, porque los países a los que sí suele llegar dinero del exterior, como Alemania, pueden respetar esa regla con más facilidad, y sin tener que experimentar burbujas ni crisis; en cambio, los países a los que no suele llegar dinero del exterior, como España, o realizan cambios profundos para que llegue dinero de otros países, o la única forma que tendrán de tener unas cuentas públicas superavitarias será la de sufrir una burbuja financiera y una crisis.

Algunos países han logrado revertir el flujo del dinero externo, por ejemplo, Suecia, Finlandia y Corea del Sur, que aunque experimentaron el caso de estudio en los años 90 como hemos visto, lograron luego convertirse en potencias exportadoras que les permitieron registrar superávit fiscal sin necesidad de que las familias y empresas se endeudaran. En cambio, algunos otros países siempre han estado enviando dinero al exterior, como Estados Unidos, Reino Unido o España (excepto los últimos años en este último caso), y por eso los únicos superávits públicos que han logrado en su historia reciente han sido a lomos de una burbuja financiera que siempre ha desembocado en crisis económicas.

Tras ver los resultados de esta tesis algunos probablemente recomendarían que todos los países siguieran el ejemplo de Suecia, Finlandia o Corea del Sur, pero lo cierto es que eso es imposible, porque no todos los países pueden ser exportadores netos y recibir dinero del exterior. Si a esos países les llega dinero de fuera es porque sale de otros países, no puede ser de otra forma; de nuevo, las leyes matemáticas no se pueden vulnerar.

La mejor enseñanza que se puede extraer de esta tesis es que las reglas fiscales están mal diseñadas, porque no se le puede exigir a ningún país que registre superávit público -o cualquier otro objetivo fiscal- sin tener en cuenta si sale o entra dinero del exterior, y en qué cantidades. Y si ya lo enlazamos con los planteamientos de la Teoría Monetaria Moderna, concluiremos definitivamente que las reglas fiscales nunca deberían establecer límites de déficit o deuda pública, sino que deberían establecer límites de inflación y de paro; es decir, que dejaran crecer el déficit público y la deuda pública todo lo que fuese necesario para alcanzar el pleno empleo, y ponerles un tope sólo en caso de que se disparara la inflación.

Otra enseñanza que se puede extraer es lo perdida que está la teoría económica dominante, porque se preocupa por la deuda pública y en cambio no se preocupa absolutamente nada por la deuda privada, cuando es precisamente ésta la que genera los desequilibrios y los problemas económicos, mientras que la deuda pública es precisamente la que menos problemas provoca (si es que provoca alguno). Esto se debe fundamentalmente a un sesgo ideológico que ha logrado hacer creer que lo público es siempre peor que lo privado y en prácticamente todos los ámbitos. Pero con herramientas teóricas equivocadas e ideológicamente sesgadas es imposible entender adecuadamente la realidad económica. Con esta tesis doctoral espero haber contribuido humildemente a mejorar la calidad de la ciencia económica, pues buena falta le hace.

 

 

 

Enlace a la Tesis: https://repositorio.uam.es/handle/10486/694909

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¿Por qué tener superávit puede ser perjudicial? Mi tesis doctoral resumida, 10.0 out of 10 based on 1 rating
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