Preocupa la baja inflación en la Eurozona

Artículo publicado en Andalucesdiario.es el 2 de junio de 2014

Se denomina “inflación” al aumento generalizado de los precios de los productos, mientras que el término “deflación” alude a un descenso generalizado de los mismos. En condiciones normales de crecimiento en una economía capitalista los precios suelen incrementarse, por lo que la inflación es un fenómeno corriente e incluso necesario para el buen funcionamiento del ciclo económico. Eso sí, siempre que el ritmo de crecimiento de los precios no sea muy elevado, porque de ser así su impacto sobre la evolución económica sería muy perjudicial: cuando los precios aumentan muy rápidamente las decisiones de los agentes económicos se aceleran porque prefieren comprar e invertir lo antes posible para evitar hacerlo a precios superiores. El aumento y concentración de compras en poco tiempo provoca que los vendedores aumenten todavía más los precios de sus productos para salir beneficiados de la coyuntura, provocando en última instancia un círculo vicioso que empuja los precios al alza a un ritmo cada vez más rápido. En un contexto de estas características la incertidumbre es total y los agentes económicos no se atreven a realizar inversiones o planes de futuro, con lo que el ciclo económico se ve fuertemente desestabilizado.

Tampoco es deseable que el ritmo de crecimiento de los precios sea muy bajo, porque suele ser una señal de que la economía no está sana, como ocurre en la actualidad. Además, de ser así se corre el riesgo de sufrir deflación, lo cual es muy perjudicial para la economía porque si los agentes económicos creen que van a bajar los precios, retrasarán sus compras e inversiones, de forma que la actividad económica se resentirá, provocando a su vez más disminuciones en los precios y de nuevo un círculo vicioso del cual es muy difícil salir.

Se considera, por lo tanto, que una inflación moderada (entre el 2% y el 6% aproximadamente) es lo ideal para un correcto funcionamiento de la economía, pues los agentes económicos ni retrasarán ni adelantarán mucho la puesta en marcha de sus decisiones.

El aumento de precios está siendo últimamente muy lento en los países que comparten la moneda única, y los dirigentes europeos han mostrado ya su preocupación por el riesgo de experimentar deflación. De hecho,según el Fondo Monetario Internacional, el país que más riesgo tiene de sufrir deflación es España. Debido a ello, es intensa la presión que se ejerce sobre el Banco Central Europeo para que evite un escenario de esas características. Estas peticiones parecen haber sido escuchadas por la entidad europea porque su presidente, Mario Draghi, ha anunciado que en este mes de junio podría actuar en consecuencia.

Lo que suelen hacer los bancos centrales para intentar incrementar los precios es crear más dinero y prestárselo a los bancos privados para que éstos los pongan en circulación mediante préstamos a familias y empresas. No obstante, esto es algo que llevan tiempo haciendo bancos centrales como el de Japón o el de Estados Unidos y no han logrado evitar el riesgo de deflación. ¿Por qué? Porque mientras los bancos tengan serios problemas en sus balances y mientras la actividad económica no se recupere, a los bancos nunca les va a interesar prestar el dinero. En consecuencia, esta política monetaria convencional resultará totalmente ineficaz para aumentar los precios en los bienes y servicios.

Sin embargo, sí que resulta eficaz para aumentar los precios de los activos financieros, ya que lo que hacen los bancos con el dinero que les llega de los bancos centrales es invertirlo en activos financieros que ofrecen determinadas rentabilidades (como los títulos de deuda pública o las acciones de empresas). Como consecuencia, el precio de estos activos aumenta, provocando pequeñas burbujas financieras que aumentarán su tamaño si la tendencia prosigue. Esto es precisamente lo que está pasando en Estados Unidos tras varias inyecciones de dinero por parte de su banco central, que ha llevado a la bolsa de Wall Street hasta niveles históricamente altos. Numerosos economistas estadounidenses denuncian que estas burbujas financieras no sólo benefician únicamente a una pequeña parte de la población (la más adinerada) sino que sientan las bases para futuras crisis financieras. Además, en absoluto suponen una recuperación económica sólida y estable.

Si este mes el Banco Central Europeo aplica medidas similares como ha anunciado, nos encontraremos con que la actividad económica no se recuperará, los precios de los bienes y servicios tampoco aumentarán, y además se podrían desencadenar burbujas financieras que desestabilizarían todavía más la zona euro.

La solución no puede pasar por llevar a cabo estas políticas monetarias convencionales. Lo que no quieren entender los dirigentes europeos es que la baja inflación es consecuencia de la conjunción de un sobreendeudamiento de los agentes económicos y de la aplicación de medidas de austeridad (rebajas salariales, recorte en gasto público, etc). Mientras las empresas y familias sigan altamente endeudadas (y por lo tanto dedicando los pocos ingresos que reciben a devolver deuda) y mientras las políticas de austeridad impidan que las familias consuman y las familias inviertan, la recesión económica continuará. Eso sí, los acreedores de las deudas (fundamentalmente bancos y entidades financieras, tanto españolas como de otros países europeos) verán poco a poco sus bolsillos llenarse, que es al fin y al cabo de lo que se trata.

La única solución posible a esta recesión económica (que tenga en cuenta el bienestar material y social de la mayoría de la población) ha de pasar necesariamente por una reestructuración de las deudas(tanto públicas como privadas –de empresas y de hogares-) y por importantes estímulos fiscales que eleven la renta de las familias y empresas. Así las cosas, el Banco Central Europeo debería utilizar la política monetaria no para seguir dándole a los bancos oportunidades para que continúes haciendo negocio, sino para dar a los Estados europeos el sustento monetario necesario de forma que puedan incrementar su gasto público con amplio margen.

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