Reducir la jornada laboral puede ser muy positivo para la productividad

Artículo escrito en el número 24 de La Marea

La reducción de la jornada laboral ha sido una exigencia histórica de muchas fuerzas políticas de izquierda, tanto en España como en otros países desarrollados. La motivación no sólo ha respondido a una preocupación social o humana (demasiadas horas de trabajo suelen ser lesivas para la salud) sino también a una cuestión económica (demasiadas horas de trabajo pueden ser negativas para la producción). Esto último es algo que lleva bastante tiempo rondando en la cabeza de muchos economistas.

La hipótesis de partida es simple: los trabajadores son, al fin y al cabo, seres humanos susceptibles de sufrir fatiga y cansancio, de forma que tras largas jornadas de esfuerzo su estado mental y físico queda muy debilitado, con la consecuencia lógica de que terminan realizando sus labores de una forma más ineficiente y lenta. El resultado es que durante esas últimas horas de trabajo en las que el trabajador se encuentra debilitado produce menos que durante las primeras horas (ergo la productividad –lo que se produce cada hora– se ve muy deteriorada en esas últimas horas de trabajo). Se produce mucho menos que antes en el mismo intervalo de tiempo. La receta económica es también muy simple: en esas actividades en las que el trabajador queda muy cansado tras largas horas de trabajo lo que hay que hacer es reducir su jornada laboral, para que cada trabajador sólo trabaje cuando se encuentre a pleno rendimiento. Cuando esté cansado y sea menos productivo que no trabaje. De esta forma, aunque con la nueva situación cada trabajador produzca menos, en realidad no produce mucho menos que antes y sin embargo sí que trabaja bastante menos que antes; por lo tanto la productividad aumenta. El empleador le paga menos a ese trabajador, pero el tiempo restante puede contratar a uno nuevo que realizará sus labores a pleno rendimiento (porque no está cansado), y así la productividad se mantiene en cotas elevadas. El resultado final es que el empleador termina pagando lo mismo en salarios que en la situación anterior, pero obteniendo mayor producción.

Se ha publicado recientemente una investigación de la mano del profesor John Pencavel de la Universidad de Stanford en la que se trata esta cuestión con datos de la primera guerra mundial. Un organismo británico de la época denominado “Comité de la salud de los trabajadores de munición” se dedicó a estudiar cuánto se producía en las fábricas de munición del Reino Unido en relación a las horas trabajadas. Este estudio tenía como objetivo aumentar la producción de municiones en el menor tiempo posible dadas las exigencias de la guerra. Para ello, los investigadores observaron durante mucho tiempo a los trabajadores (en su inmensa mayoría mujeres) y apuntaron cuánto tiempo tardaban en realizar su labor. Concretamente recogieron datos para grupos de 100 mujeres que trabajaban doblando espoletas para las granadas y para grupos de 40 mujeres que fresaban tuercas.

Tal y como se puede observar en el gráfico, a medida que los grupos de mujeres trabajaban más horas a la semana (a medida que uno se desplaza hacia la derecha en el gráfico), la producción aumentaba proporcionalmente (desplazamiento hacia arriba en el gráfico). Pero esto sólo ocurre hasta las 49 horas semanales, momento a partir del cual la producción se estanca o aumenta a menor ritmo. Es decir, cuando los grupos de mujeres trabajaban más de 49 horas a la semana producían lo mismo o muy poco más que cuando trabajaban exactamente 49 horas. Ello evidencia que a partir de ese punto las trabajadores estaban tan exhaustas que pasaban a producir a mucho menor ritmo. En consecuencia, una reducción de la jornada laboral de 70 horas semanales a 50 no se hubiese notado apenas en la cantidad producida, y en cambio hubiese sido muy positivo para la salud de las trabajadoras.

Captura de pantalla 2015-03-16 a la(s) 12.41.03

De esta investigación en concreto se extrae una conclusión que va en línea con la hipótesis que veníamos comentando: jornadas laborales abusivas resultan perjudiciales para la productividad de la tarea en cuestión. Por lo tanto, en estos casos reducir la jornada laboral resulta muy positivo en términos económicos. Ahora bien, de ello no puede deducirse que en cualquier actividad económica sea favorable reducir la jornada laboral. Hay actividades y actividades, y unas son más susceptibles que otras de verse beneficiadas con una reducción de horas de trabajo: no se cansa al mismo ritmo un recepcionista de hotel (cuyo esfuerzo físico y mental no es muy elevado) que un programador informático (cuyo esfuerzo mental alcanza cotas importantes) o un operario de una construcción (cuyo esfuerzo físico es notable), por poner algunos ejemplos sencillos. Lo ideal en términos económicos sería realizar estudios en cada una de las ramas económicas más importantes para descubrir cuál sería el óptimo de jornada laboral para cada una de ellas.

Referencia bibliográfica: Pencavel, J, 2014: “The Productivity of Working Hours”, en IZA, Discussion Paper No. 8129, April.

 

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 6.8/10 (17 votes cast)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +6 (from 6 votes)
Reducir la jornada laboral puede ser muy positivo para la productividad, 6.8 out of 10 based on 17 ratings
Be Sociable, Share!
PDF24    Send article as PDF