Reducir los salarios no hace más competitiva tu economía

¿Reducir o contener los salarios es una buena estrategia para bajar los precios de los productos y poder así vender más en el extranjero? Esta es la idea que subyace a la mayoría de las reformas laborales que se han hecho desde hace muchos años, incluyendo la que aprobó el gobierno del PP en el año 2012, tal y como expliqué en este vídeo. En cambio, la nueva reforma laboral del PSOE y Unidas Podemos cambia radicalmente de visión, ya que trata de mejorar los salarios y la estabilidad en el empleo, como también expliqué en este otro vídeo. En realidad, la creencia de que bajar los salarios hace más competitiva la economía se suele apoyar en la experiencia de Alemania, pues es un país con un sobresaliente éxito exportador que aprobó reformas laborales muy agresivas para los trabajadores a principios del siglo XXI. Esto llevó a muchos a vincular una cosa con la otra y a concluir que el éxito comercial de Alemania se debía a que pagaban menos a los asalariados. ¿Qué hay de cierto en todo eso? Pues es lo que vamos a abordar en este vídeo apoyándonos en un trabajo de investigación que hice ya algunos años y que fue publicado en la prestigiosa revista internacional de la World Economy Society. Vamos allá.

La teoría económica dominante contempla que la mejor forma de que una economía se haga más competitiva es reduciendo o conteniendo el salario de los trabajadores, porque así los empresarios puedan bajar el precio de sus productos sin que sus beneficios se vean afectados. Y claro, al abaratarse los productos, se venderían más a otros países. A decir verdad, la teoría económica dominante también contempla otra solución alternativa: depreciar la moneda, porque así los extranjeros podrán comprar más cosas con la misma cantidad de su moneda; claro que esto no es viable para una economía como la española, que no utiliza una moneda propia.

Pero esta visión es insultantemente simplona y queda muy alejada de la realidad, por muchos motivos. Para empezar, que el empresario pueda pagar menos a su trabajador no implica necesariamente que vaya a reducir el precio de sus productos; podría simplemente dejar intacto el precio y, por lo tanto, ganar más dinero gracias a la contención salarial y sin que hubiese mejora comercial. Ésa es una solución muy tentadora que se elegirá siempre y cuando el negocio no necesite vender más para sobrevivir, que suele ser la mayoría.

Por otro lado, incluso aunque el empresario redujese consecuentemente el precio de sus productos, si estos no se vuelven más atractivos en el exterior, entonces no se venderán más; se venderán los mismos, pero a menor precio. De ello depende mucho la naturaleza del producto en cuestión, de si al bajar su precio podría ser más deseado o no. Pongo un ejemplo, si el precio del vino de Rioja baja, quizás pueda ser comprado en mayor cantidad por otros países, ya que consumir más vino puede tener sentido: más vino, más placer.

Esto en economía se conoce como elasticidad-precio elevada; al cambiar el precio la demanda cambia mucho. En cambio, si baja el precio de los medicamentos, raramente serían comprados en mayor cantidad por otros países, ya que los medicamentos se compran en función de las necesidades, que suelen ser más o menos las mismas, no de los deseos. Esto en economía se conoce como elasticidad-precio reducida, al cambiar el precio la demanda no cambia mucho. Es verdad que se podrían acabar vendiendo más medicamentos si ocupasen el sitio que tenían antes los medicamentos de otros países, por ser ahora más baratos, pero esta estrategia tiene importantes limitaciones porque si quisiésemos competir con los medicamentos de la India, por ejemplo, entonces tendríamos que bajar los salarios hasta el nivel que tienen los indios, que es muy inferior al nuestro.

Pero es que hay más. El precio de los productos se puede reducir sin tocar los salarios; por ejemplo, reduciendo otros costes de producción como los logísticos, organizativos, de financiación… o incrementando la productividad gracias a una mayor inversión o mejor gestión, porque al producir más productos en menos tiempo y con menor coste se pueden vender más baratos sin que los beneficios se vean afectados.

Y todo esto sin tener en cuenta que los productos no sólo se compran internacionalmente por su precio, sino por su calidad. Por ejemplo, a España no le compran tantos productos textiles, de alimentación o de bebidas porque sean los más baratos del mundo, sino porque tienen una cierta calidad en relación a su precio. De hecho, cuantos menos salarios se paguen, menos personal cualificado se podrá atraer, o más desmotivado o descontento estará el trabajador actual, por lo que el producto podría acabar teniendo menor calidad.

Por eso reducir salarios puede ser incluso negativo para que funcione adecuadamente el negocio y para vender más productos en el extranjero.

Por último, no podemos perder de vista que a veces las exportaciones no dependen de uno mismo, sino del resto. Por ejemplo, si tus países vecinos están en crisis, te comprarán menos; y al contrario. O si en ellos hay una burbuja de la construcción y justo tu país vende los materiales y servicios que son necesarios para construir, entonces estás de suerte, pero podría pasar al contrario. Como se puede ver, aquí los salarios y los precios no pintan nada.

Pues bien, una vez ojeadas las cuestiones teóricas, vamos a analizar el caso que siempre se pone de ejemplo: el alemán. Tras su reunificación en el año 1990 se consideró que se pagaban salarios demasiado elevados y que eso hacía poco competitivos sus productos. Para darle respuesta a esto, entre el año 2002 y 2005 se aplicaron una serie de reformas laborales encaminadas a contener esos costes laborales. El resultado fue que, de todo lo producido en las empresas, la parte dedicada a pagar a los trabajadores -lo que en economía se conoce como Coste Laboral Unitario- se mantuvo muy baja, especialmente en comparación con otros países europeos como España, Italia o Francia.

Y, como, al mismo tiempo que se contenían esos salarios, las exportaciones de Alemania crecían con muchísima fuerza, pues muchos economistas acabaron concluyendo que la clave del éxito comercial alemán radicaba en esas reformas laborales que habían contenido los costes salariales. Una vez ese mensaje se propagó por la academia y la política, el resto de países copiaron a Alemania, como hizo España entre el año 2010 y 2012.

Pero, tal y como demuestro en mi trabajo de investigación, ese análisis está totalmente equivocado. El error de base consiste en fijarse en el coste laboral unitario de todos los sectores de un país, en vez de centrarse exclusivamente en el de los sectores que exportan productos. Porque es cierto que Alemania redujo mucho los salarios en muchos de sus sectores, de forma que la reducción salarial media de todo el país fue más importante que la que se produjo en otros países. Pero es que, si queremos estudiar la relación de los salarios con la competitividad de la economía, no nos sirve de nada mirar si han bajado los salarios de los empleados públicos, de los abogados, de los peluqueros o de los limpiadores, por poner algunos ejemplos, porque no producen nada que se venda en el extranjero. Lo que hay que hacer es fijarse exclusivamente en los sectores que exportan, ¡y cuando se hace entonces uno descubre que ocurre todo lo contrario! ¡Los salarios en esos sectores no sólo son más altos que en otros países sino que incluso aumentan más rápido, especialmente en los sectores de elevado componente tecnológico! Y esto se explica fundamentalmente porque en dichos sectores industriales, entre los que destacan maquinaria, equipos eléctricos, automoción y química, hay sindicatos muy organizados y potentes que protegen muy bien los derechos laborales.

Y no sólo eso, sino que es precisamente en estos sectores manufactureros donde más ventas se producen en el extranjero y donde más han aumentado en los últimos años.

¿Cómo es posible entonces que los sectores que más aumentan sus salarios sean también los más exitosos exportando, vendiendo sus productos a otros países? Pues básicamente por dos motivos. El primero es que muchas empresas de esos sectores realizaron importantes inversiones en los años 90 y primeros años del siglo XXI, lo que les permitió mejorar la calidad de sus productos y además producir más en menos tiempo, con lo que pudieron abaratar el precio (sin necesidad de reducir salarios). El 60% de todo el valor añadido de la industria lo aportan los sectores de alto y medio-alto componente tecnológico, como aeronáutica, farmacia, equipos eléctricos, informática, maquinaria o automoción, y estos son los que más han visto incrementar sus ventas, y con diferencia. Así podemos entender mejor por qué los productos alemanes tienen tan buena fama.

El segundo motivo es que muchos de esos productos alemanes son justamente los que necesitan economías como China para industrializarse, de ahí que en los últimos años las ventas de Alemania al exterior de la Unión Europea, donde destaca China, se hayan disparado. No perdamos de vista que el país asiático es gigantesco, tiene 18 veces más población que el país alemán, y que por poco que le compre tiene una elevada repercusión en sus ventas.

Así que Alemania ha tenido un éxito comercial incomparable con otros países no porque haya reducido los salarios -porque de hecho los ha subido más que otros países en los sectores exportadores-, sino porque ha desarrollado mucho la capacidad productiva de los sectores más punteros en tecnología y porque justamente los productos de esos sectores han sido los más demandados por las economías emergentes que actualmente se están industrializando. A todo esto se le podría añadir el hecho de que Alemania opera con una moneda que, al ser compartida con muchos otros países de menor desarrollo exportador, está depreciada artificialmente. Es decir, si Alemania tuviese moneda propia, ésta tendría más valor y, por lo tanto, sus exportaciones serían más caras y probablemente inferiores en cantidad. En otras palabras, es como si disfrutara de una depreciación constante de su moneda. Pero, en cualquier caso, esto no tiene nada que ver con los salarios.

En resumen, que aquí tenemos otro ejemplo más de cómo la mediocridad de la teoría económica dominante empuja a economistas y gobernantes a extraer conclusiones erróneas y a aplicar políticas económicas equivocadas, como las de las reformas laborales que deprimen los salarios. Afortunadamente, y a pesar de todos los obstáculos, la sensatez y el rigor se van imponiendo poco a poco y hoy día, tras más de 40 años repitiendo el mismo drama, vemos por fin reformas laborales que abandonan este grave error de teoría económica.

 

 

 

 

Artículo de investigación https://core.ac.uk/reader/200764981

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 10.0/10 (1 vote cast)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +2 (from 2 votes)
Reducir los salarios no hace más competitiva tu economía, 10.0 out of 10 based on 1 rating
Be Sociable, Share!
www.pdf24.org    Send article as PDF