Reducir salarios no sirve apenas para mejorar la competitividad de las economías

Artículo publicado en el número 19 de La Marea

En números anteriores y en esta misma sección de La Marea aportamos argumentos y datos que rebatían aquel mantra que aboga por bajar los salarios de los trabajadores para poder vender más productos en el extranjero (para ser más “competitivos”, en términos económicos). Sin ir más lejos, Rajoy y su equipo de gobierno son fieles defensores de este mensaje. El razonamiento que viene implícito es que si los empresarios pueden pagarle menos a los trabajadores podrán también hacer descender el precio de los productos que venden sin menoscabo del beneficio que obtienen.

Sin embargo, ya vimos que este argumento es tramposo porque sólo se centra en una forma de ser más competitivos (la de reducir salarios) y no en todas las restantes, que suelen ser incluso mucho más eficaces para ganar competitividad en el extranjero: aumentos de productividad, mejoras tecnológicas, mejoras en la organización del trabajo, mejor calidad de sus productos, mejor servicio al cliente, etc. Sin ir más lejos, en Alemania, la gran potencia exportadora europea, el éxito se debe casi exclusivamente a este tipo de factores y sólo en una pequeña parte a la contención o reducción de salarios (precisamente en los sectores industriales alemanes donde más se exporta -y a mayor ritmo- los salarios unitarios crecieron más que en el resto de economías de la zona euro, incluyendo España).

Además, ni siquiera el hecho de reducir salarios te asegura que el empresario vaya a reducir el precio de su producto porque podría dejarlo intacto (o subirlo) y de esta forma obtener más beneficios por unidad vendida. Esto es precisamente lo que está ocurriendo en la economía española: desde 2009 los salarios se han reducido en un 9% mientras que el margen bruto de explotación se ha elevado un 16%, de forma que los precios no disminuyen sino que incluso aumentan en comparación con los productos de otros países, teniendo como consecuencia una pérdida de competitividad en el exterior.

Para reforzar la idea de que reducir los salarios es una forma absurda e inútil de ganar competitividad y de obtener saldos superavitarios (vender más en el extranjero de lo que se compra) vamos a aportar más evidencia empírica en esta línea.

En primer lugar, a medida que una economía esté más orientada a vender productos en el extranjero, mayor será su superávit comercial. Esto, que sin duda es una obviedad, parece olvidársele a muchos economistas y analistas. En España sólo el 4,35% de todas las empresas exportan productos (y sólo el 1,21% lo hace de forma regular). De todo lo que exportan las 15 economías que formaban originariamente la Unión Europea, la española es la tercera que menos lo hace (por delante de Grecia y Reino Unido) en comparación con el tamaño de su PIB. No es de extrañar que sea también la tercera por la cola en términos de resultados comerciales. Al igual que tampoco es extraño que los Países Bajos, Bélgica e Irlanda sean las economías más volcadas a la exportación y también las que mejores saldos comerciales manufactureros registran. Este ranking es prácticamente invariable a lo largo de los años, lo que demuestra el carácter estructural y persistente de la naturaleza exportadora de las economías.

Teniendo en cuenta lo anterior de muy poco sirve que se reduzcan los salarios españoles: no por ello las empresas que exportan lo van a hacer mucho más y no por ello van a aparecer muchas empresas exportadoras. Que esto último ocurra depende de la estructura productiva de la economía, y de las posibilidades de negocio que existan en este ámbito. Reducir salarios no hace milagros: mejorar las capacidades exportadoras de una economía es algo mucho más complejo que disminuir el precio de sus productos.

En segundo lugar, y muy relacionado con lo que se acaba de señalar, importa (y mucho) lo que se vende en el extranjero. No es lo mismo vender maquinaria de alta tecnología (con un elevado precio y con pocos competidores) que productos textiles (con menor precio y con más competidores). Obviamente en el primer caso el resultado comercial será mucho más favorable. En el gráfico adjunto se puede observar claramente que a medida que las economías exportan productos de tecnología alta y medio-alta (a medida que se sitúan en la zona derecha del gráfico) mejor es su resultado comercial (más arriba aparecen en el gráfico).

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La correlación no es perfecta (países como Reino Unido, España y Finlandia se alejan sensiblemente de la línea recta dibujada por los puntos) porque existen otros muchos factores que influyen en los resultados comerciales (como el volumen y el tipo de importaciones, fundamentalmente), pero ello no impide concluir que el componente tecnológico de los productos que se venden en el extranjero es crucial a la hora de ser más competitivos.

Desde este punto de vista resulta todavía más absurdo defender la reducción de salarios para ganar competitividad. Pagar menos a los trabajadores no va a lograr que las empresas españolas comiencen a vender productos de mayor tecnología, ni va a hacer que surjan nuevas empresas con ese cometido.

En definitiva, y a pesar de la postura de muchos analistas y gobernantes (como el equipo de Rajoy), la abrumadora evidencia empírica demuestra que la reducción de salarios no sirve apenas para mejorar la competitividad de las economías.

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