Respuesta a Rallo: Los impuestos no financian el gasto público (ni antes ni después)

Hace unos días se volvió a viralizar un tuit que publiqué hace dos años y el economista Juan Ramón Rallo aprovechó para hacer un vídeo al respecto. El tuit en concreto es el siguiente: “Los ingresos de los funcionarios provienen del gasto del Estado, no de ningún impuesto. Eso es un mito para que la gente crea que el Estado es un parásito. Es sólo un mito”. Esta afirmación deriva de las enseñanzas de la Teoría Monetaria Moderna y chirría mucho a cualquiera que no está familiarizado con este marco analítico, que es la mayoría, y de ahí su viralización por las redes en calidad de mofa y caricatura. Lo cierto es que a mí también me chirriaba cuando me aproximaba por primera vez a este mundo de la Teoría Monetaria Moderna, pero la diferencia con muchas de esas personas que no lo entienden y se ríen es que yo mantuve la mente abierta, leí e investigué, y finalmente acabé convencido y entendiendo mucho mejor cómo funcionan las economías modernas. Hoy día este marco analítico está revolucionando la academia y la política, especialmente en el mundo anglosajón, pero se ve que en España vamos con retraso y que todavía hay gente que se resiste a actualizarse. El caso es que, en su vídeo, Rallo, que él sí ha estudiado la Teoría Monetaria Moderna, me da la razón al reconocer que mi mensaje es técnicamente correcto -y es que no le queda otra ya que es totalmente irrefutable-, aunque eso sí, le acaba dando la vuelta a la interpretación de una forma muy forzada para que parezca que en realidad estoy equivocado. Vamos a hincarle el diente a este asunto.

Antes de empezar tendremos que dejar a un lado la patada al rigor de Rallo cuando habla de imprimir dinero, porque se estima que el 95% de todo el dinero que existe es electrónico y los Estados, para crear el dinero, lo que hacen es teclear, no imprimir. Sólo cuando las empresas o los ciudadanos demandan más efectivo el Estado imprime billetes y acuña monedas, pero eso es algo marginal. Si muchos economistas siguen hablando de imprimir, en vez de crear o teclear dinero, es porque así evocan en su público la típica imagen de los episodios hiperinflacionarios en los que se ve a la gente poseyendo cientos de billetes que no sirven para comprar prácticamente nada, asociando así la idea de imprimir dinero con algo catastrófico. Pero la realidad es que el dinero se teclea, no se imprime, y que no sólo no tiene por qué ser negativo, sino que incluso es necesario para que la economía funcione.

Pero vamos al grano. Tal y como expliqué con detalle en un vídeo anterior, como el dinero lo crea y regula el Estado, ninguna persona o empresa puede tener dinero en sus bolsillos a no ser que el Estado lo haya creado antes. Porque nadie puede tener algo si todavía no existe porque todavía no se ha creado. Y la forma que tiene el Estado de inyectar ese dinero creado en la economía es a través del gasto público. En consecuencia, el gasto público es el primer paso, y la recaudación de impuestos el segundo. Es fácil de entender: el Estado no podría recaudar nada si no ha creado e inyectado primero ese dinero a través del gasto público. El flujo del circuito monetario es contrario al que solemos tener en la mente, y es normal que a uno le estalle la cabeza al escucharlo por primera vez, pero si se piensa con detenimiento, es fácil darse cuenta de que no puede ser de otra forma.

Esto no lo niega Rallo, porque como digo, es un proceso lógico e innegable. Sin embargo, él se empeña en buscarle tres pies al gato para que sus creencias antiestatales no se vean dañadas, así que argumenta lo siguiente:

“El Estado no necesita recaudar impuestos antes de pagar el sueldo a los funcionarios, pero sí o sí necesita cobrar impuestos después de pagar a los funcionarios. La moneda fiat tiene valor porque el Estado exige que los impuestos se paguen con esa moneda fiat, si el Estado no exige que se pague antes, durante o después…”

Es decir, Rallo reconoce que el Estado puede gastar antes de ingresar, pero señala que para que eso ocurra el Estado tiene que exigir impuestos, aunque sea después de gastar el dinero. En otras palabras, para él el primer paso del que hablamos no se podría dar si no se da necesariamente el segundo, aunque sea cronológicamente posterior. Para decir esto se basa precisamente en una enseñanza de la Teoría Monetaria Moderna, concretamente del chartalismo: que el dinero del Estado es aceptado por las empresas y familias sólo porque éstas necesitan pagar impuestos con ese dinero. Lo que ocurre es que Rallo está confundiendo eso, que es totalmente cierto, con el hecho de que el Estado tenga que recaudar TODO el dinero previamente gastado.

Una cosa es establecer un sistema tributario para que la gente utilice tu moneda, y que tenga así valor, y otra muy diferente es que cada euro gastado tenga que ser recaudado en algún momento. Lo que ocurre es que, una vez se aprueba ese sistema tributario y los impuestos están en vigor, la moneda ya es aceptada de forma generalizada por la gente y entonces el Estado puede gastar sin necesidad de recaudar impuestos, porque las familias y empresas aceptarán esa moneda para llevar a cabo sus actividades económicas. Hay que distinguir entre ese primer paso de imponer tributos para dar valor a la moneda, que eso o se da o no se da, del paso siguiente de gastar dinero, porque para eso no necesita recaudar cada euro que gaste, ni antes ni después.

Es verdad que, aunque no existe ningún límite técnico o procedimental a esto de gastar dinero sin haber recaudado previamente o posteriormente, existen límites económicos, concretamente dos: el primero es que no exista suficientes bienes y servicios, porque entonces el Estado no tendrá nada que comprar; el segundo es que todo el gasto público inyectado caliente demasiado la economía, provocando tensiones inflacionistas. Pero esos límites no están relacionados con lo que dice Rallo, con eso de que el Estado tiene que recaudar todo lo que gasta, sino que están relacionados con la capacidad productiva y utilizada de la economía, que son cuestiones de naturaleza real, no monetaria.

Además, es que ocurre lo de siempre, Rallo se pone a teorizar y a considerar que sus planteamientos tienen cierta lógica, pero nunca los contrasta con la realidad económica. Así que lo voy a hacer yo, para que se vea claramente como la evidencia empírica desmonta por sí sola lo que dice Rallo.

No recaudar todo lo que se ha gastado no es otra cosa que registrar déficit público: más gasto público que ingresos públicos. Según Rallo, esa situación no puede ser indefinida, en algún momento el Estado tiene que recaudar todo lo que ha gastado o, si no, el dinero perdería valor y la gente dejaría de utilizarlo. Bien, ¿entonces cómo explica que la inmensa mayoría de los países tengan déficit público todos o casi todos los años y que sus monedas se sigan utilizando? Porque eso es lo que ocurre siempre, como ya demostré en un vídeo anterior que recomiendo ver para entender bien este asunto. Por ejemplo, ¿cómo es posible que España lleve tantísimos años en déficit público y la gente siga usando la moneda que gasta el Estado? ¿Cómo es posible que pase lo mismo en Estados Unidos? ¿O en el Reino Unido? ¿O en Francia? ¿O en Italia? ¿O en Japón? ¿O en China? En fin, los ejemplos son incontables. Todos estos Estados están todo el rato gastando más que lo que recaudan y no pasa nada; es decir, ninguno de estos Estados recauda todo el dinero que ha gastado previamente, y, sin embargo, la gente sigue usando sus monedas, y estas tampoco han estado devaluándose. Los datos tiran por tierra la argumentación de Rallo (para variar, porque recuerdo que hace poco le pasó exactamente igual en un debate que mantuvimos y que dejo aquí por si alguien quiere volver a verlo).

La realidad es otra muy distinta a la imagen irreal que tiene Rallo en la cabeza. Los impuestos son necesarios para darle valor a la moneda, sí, como bien enseña la Teoría Monetaria Moderna, pero eso no quiere decir que todo el gasto público tenga que ser recaudado en algún momento por el Estado. Una cosa es aplicar impuestos para dar valor a tu moneda y que la gente la utilice, y otra gastar, porque para cada euro de gasto público no necesitas un euro de recaudación tributaria. Son cosas distintas. Así que los impuestos no financian los gastos públicos, ni a priori, ni a posteriori; por lo que la aseveración de mi tuit es cierta y lo que señala Rallo no la pone en entredicho ni de lejos; la recuerdo: “los ingresos de los funcionarios provienen del gasto del Estado, no de ningún impuesto” y añado, ni antes, ni después.

En cuanto a la segunda parte del tuit: “Eso es un mito para que la gente crea que el Estado es un parásito”, Rallo dedica mucho tiempo en su vídeo a explicar que el Estado sí parasita la riqueza de los individuos a través de los impuestos cuando los cobra, aunque sea después de haber aplicado el gasto público. Para responderle bastaría con volver a lo mismo de antes: el Estado no tiene por qué recaudar todo lo que gasta y de hecho nunca suele hacerlo; pero es que además se pueden añadir argumentos que cuestionan su planteamiento. Como ya expliqué en el vídeo anteriormente mencionado, la función de los impuestos no es la de recaudar dinero, sino la de recolectar recursos reales (como fuerza de trabajo, recursos naturales, máquinas, productos, etc) para luego redistribuirlos entre la población. Por ejemplo, el Estado contrata a médicos, compra instrumentos de medicina y productos farmacéuticos, construye hospitales, y luego reparte entre todos los ciudadanos servicios de sanidad; ahí lo importante es que consigue y se reparte algo real, no algo monetario. Antiguamente los Estados realizaban esto en aras de la colonización y del imperialismo, pero en nuestras sociedades democráticas el objetivo pretendido es mejorar los niveles de bienestar social, se consiga en mayor o menor medida.

Así que sí, el Estado podría estar parasitando los recursos (los reales, no los monetarios, no lo olvidemos) de la ciudadanía, pero también podría estar logrando sociedades más justas e igualitarias, que es algo que no sólo tiene valor social o moral, sino también económico, porque las economías más igualitarias son también las más prósperas. Que ocurra una cosa u otra va a depender de la calidad del Estado del Bienestar, y del color político del gobierno. En mi opinión, por lo que hay que luchar es por que el Estado redistribuya los recursos reales de la forma más justa posible para que los pobres sean cada vez menos pobres y los ricos cada vez menos ricos; aunque ya sabemos que la opinión de Rallo es que el Estado redistribuya lo menos posible para que los que son ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

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