1.4 Riesgo y especulación

Que un país tenga más o menos inversionistas dispuestos a comprar sus bonos depende de muchos factores. Uno de los más importantes es el del riesgo de la operación. A mayor riesgo, menor demanda de bonos, ya que consideran que hay mayor probabilidad de que el Estado en cuestión quiebre y que por lo tanto no les acabe devolviendo el dinero. De la misma forma, a menor riesgo, mayor demanda de bonos (y menor tipo de interés). Si los inversionistas creen que un Estado es solvente y podrá devolver el dinero que le prestan, entonces querrán comprar sus bonos. Esto es precisamente lo que ocurre actualmente con Alemania. Los inversionistas piensan que Alemania es un Estado solvente y por lo tanto se ven atraídos por sus bonos. Al mismo tiempo esos mismos inversionistas creen que España tiene probabilidades de tener problemas de solvencia y no pagar sus deudas, por lo que no se atreven tanto a comprar sus bonos y por lo tanto hay menos demandantes.

Sin embargo, es prácticamente imposible para un inversionista en particular estimar el riesgo que presentan todas las economías. Para ahorrar ese trabajo existen las agencias de calificación, que son empresas privadas encargadas de analizar la solvencia de las economías y de otros agentes económicos para publicar lo arriesgado o no que es invertir en ellos. Si estas agencias publican que España es poco solvente, los inversionistas que no quieran asumir muchos riesgos demandarán pocos bonos españoles (tanto en el mercado primario como en el secundario), y viceversa.

Sin embargo, estas agencias (de las cuales tres de ellas – Moodys, Fitch y Standard & Poor’s- poseen el 85% del negocio mundial de este tipo) son empresas privadas que responden a intereses económicos. Ya demostraron con el origen de la crisis de las hipotecas subprime que su negocio es una estafa, pues valoraban la calidad de los títulos financieros en función de sus intereses económicos, y no de la calidad real de los mismos. Y lo mismo ocurre actualmente con la medición de solvencia de los Estados. Las valoraciones que ofrecen sobre los países deberían carecer de toda credibilidad, y sin embargo están rigiendo la evolución de los mercados financieros. El poder de estas tres agencias de calificación es colosal; capaz de poner en serios aprietos a toda la economía de un país, y por ende a su población.

Otro factor importante que determina la demanda y oferta de títulos públicos es el de la especulación financiera. Comprar y vender bonos en cantidades astronómicas para influir en los tipos de interés y luego realizar la operación inversa es una forma de ganar mucho dinero de forma fácil y rápida. El problema es que estas operaciones especulativas hacen oscilar bruscamente el tipo de interés, y en determinadas ocasiones lo empujan al alza. Muchos inversionistas tienen la capacidad de realizar compras y ventas de bonos en cantidades tan grandes que logran por un lado ganar mucho dinero y por otro lado hacer que el tipo de interés aumente o disminuya intensamente. Esto es precisamente lo que explica buena parte de la escalada registrada en 2011 en los tipos de interés de países como Grecia, Portugal, España e Italia (y que explicaremos más adelante).

Es importante entender cómo funcionan las operaciones en el mercado secundario porque es precisamente el terreno de juego de los especuladores financieros. En este mercado se producen infinidad de operaciones de compra y venta de títulos, en una y otra dirección y sin descanso alguno. Una vez los títulos han sido emitidos, cualquier agente financiero puede comprarlos y venderlos tantas veces como quiera y pueda; lo cual es una característica que no tiene el mercado financiero primario. Las subastas del Tesoro, por ejemplo, que es el momento en el que se emiten por vez primera los títulos de deuda pública (mercado primario), no ocurren todos los días y mucho menos a todas horas. Puesto que el especulador financiero necesita comprar o vender en el momento oportuno, el mercado primario no es un sitio apropiado para hacer negocio. Por eso los movimientos de especulación financiera se producen en el mercado financiero secundario, donde en todo momento se puede comprar o vender y en cantidades astronómicas (no sólo la cantidad que te permita el Tesoro correspondiente). Recordemos que lo que hace un especulador es comprar barato para vender caro (la diferencia es su ganancia). Puesto que el precio de los títulos financieros oscila todo el tiempo, el especulador necesita poder comprar o vender en todo momento, para realizar la operación justo en el momento oportuno para obtener la ganancia.

Son estas operaciones de compra y venta en el mercado secundario las que deciden el precio de los títulos financieros (en el caso de la deuda pública, deciden la prima de riesgo). Por ejemplo, y hablando del mercado de deuda pública, si muchos agentes financieros comienzan a vender sus títulos de deuda pública española en el mercado secundario, el tipo de interés aumentará. Por eso una venta masiva de títulos en el mercado secundario puede hacer que aumente el tipo de interés de los títulos (y con él la prima de riesgo). Ocurre exactamente lo contrario si se produce una compra masiva de títulos.

Antes de analizar detenidamente la forma en la que estos especuladores atacaron a la deuda de los países de la periferia europea vamos a recapitular todo lo que hemos visto sobre los factores que afectan a la prima de riesgo de los países.

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