1.11.3 Situación aproximada de las arcas públicas si el Estado español no pagara intereses de deuda pública

Para reflejar de forma más completa la situación de las arcas públicas hay que acumular los saldos obtenidos durante varios años. Para familiarizarnos con los saldos acumulados recurrimos primero a un pequeño ejemplo.

En el siguiente gráfico se muestran  los saldos primarios del Estado español y también la acumulación de los mismos desde el año 2002 (1).

 

La línea azul es el saldo primario del Estado; es la instantánea para cada año si el Estado no tuviese que pagar intereses por la deuda. Desde 2002 hasta 2008 se mantuvo en superávit, pero a raíz de la crisis los gastos (excluyendo los intereses de deuda) superaron con creces a los ingresos y comenzó a presentar déficit en 2009, 2010 y 2011. No obstante, fijémonos ahora en la línea roja, que es la acumulación de todos los saldos primarios (comenzando hipotéticamente en 2002). Puesto que durante los primeros años hubo superávit, se hubiese Estado ahorrando dinero y las arcas del Estado se hubieran Estado engrosando (tal y como muestra el ascenso de la línea roja). Tanto hubiera sido así que en este ejemplo el Estado hubiera tenido recursos suficientes para afrontar los déficits presentados en los años de crisis y todavía tendría fondos de sobra (puesto que la línea roja no cae por debajo del 0).

Una vez entendida la lectura de los saldos acumulados, pasamos a ampliar el horizonte histórico para obtener una visión más completa y realista (2). Empezaremos con el análisis del saldo bruto (diferencia entre todos los gastos del Estado –incluyendo intereses de deuda– y todos sus ingresos; el conocido déficit del que nos suelen hablar).

Las barras azules representan el saldo bruto de cada año (la instantánea), mientras que la línea roja refleja la acumulación de todos esos saldos brutos (el vídeo). Esta línea roja está indicando la magnitud de fondos que el Estado español ha tenido que conseguir en los mercados financieros a través de los inversionistas privados (tanto la cantidad de capital prEstado como la cantidad de intereses pagados). Como se puede observar, a grosso modo dicha dimensión alcanza el orden del 87% del PIB en 2012 (partiendo desde 1989).

Ahora comparemos este resultado con el arrojado por los saldos primarios (excluyendo de los gastos los intereses de deuda), en el caso de que la economía española no tuviese que recurrir a los inversionistas privados.

 

Las barras azules representan el saldo primario de cada año (la instantánea), mientras que la línea roja refleja la acumulación de todos esos saldos primarios (el vídeo). Esta línea roja está indicando la magnitud de fondos que el Estado español habría tenido que pedir si nunca hubiera tenido que pagar intereses (por ejemplo, monetizando el total de la deuda a tipos de interés 0). La presencia de mayor cantidad de saldos en superávit (o lo que es lo mismo, la ausencia de pagos por intereses) consigue que el total de la cantidad necesitada por el Estado tenga una magnitud mucho menor que en el caso anterior, situándose durante algunos años en valores positivos y alcanzando un valor negativo aproximado del 14% sobre el PIB en 2012, mientras en el caso anterior rondaba el 87% del PIB.

En otras palabras, si el Estado hubiese podido seguir monetizando total o parcialmente su deuda (y por lo tanto no pagando intereses o pagando menor cuantía por los mismos), hoy día no tendría ni un déficit ni una deuda tan elevada y por lo tanto no tendría que realizar ajustes fiscales tan salvajes como los que se están acometiendo en la actualidad.

Esta comparación a grandes rasgos entre los saldos brutos y los saldos primarios pone de manifiesto el grave perjuicio que supuso para la economía española la prohibición de monetizar la deuda pública, al obligar al Estado a tener que acudir a financiarse exclusivamente en los mercados financieros donde los inversionistas privados ofrecen dinero a cambio de abusivos tipos de interés. Lo que es un muy rentable negocio para una estrecha capa de la población es también un coste sobresaliente para las arcas públicas del Estado de cuya salud depende el bienestar de la mayoría de la población española.

Notas:

(1)   El punto de partida ha sido elegido con superávit para simplificar el análisis

(2)   La imposibilidad de obtener datos comparables debido a las diferencias metodológicas empleadas a lo largo del tiempo nos obliga a ubicar el punto de partida en 1989, así como a acumular valores relativos en vez de valores absolutos. No obstante, a pesar de estas importantes limitaciones el análisis se presenta adecuado para el propósito que aquí nos confiere, que consiste en comparar a grandes rasgos la salud de las arcas públicas en función del tipo de financiación que adopte el Estado.

 

 

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