Sobre la cumbre europea y de cómo nos toman el pelo

El pasado lunes 30 de enero tuvo lugar en Bruselas la enésima cumbre europea para tratar el futuro de la Unión Europea, y muy en particular la crisis de deuda. Sin embargo, y como era de esperar, los resultados fueron muy decepcionantes.

La imagen que se ha querido dar de esta cumbre está basada en un equilibrio entre austeridad y crecimiento. La mayoría de medios de comunicación así han tratado de vendérnosla. La novedosa inclusión del tema de “crecimiento” al ya conocido tema de “austeridad” ha sido la respuesta inevitable al panorama desolador de crecimiento económico de la Unión Europea. El Fondo Monetario Internacional publicó hace unos días sus previsiones económicas y ha anunciado una recesión para la Zona Euro, con un crecimiento negativo del 0,5% a pesar del aumento del 1,1% estimado anteriormente. A los líderes europeos no les ha quedado más remedio que hablar un poco de “crecimiento” para no dar una imagen tan nefasta a la ciudadanía europea. No es para menos, es de sobra conocido que la anunciada recesión es consecuencia de las políticas de recortes que vienen dominando la esfera política en todo el continente. No sólo economistas tan prestigiosos como Paul Krugman, Joseph Stiglitz o Nouriel Roubini llevan tiempo alertando sobre ello, sino que economistas poco sospechosos de rebeldía como Jim O’Neill –de Goldamn Sachs, el cuarto banco de inversión más importante del mundo– han reconocido que la austeridad conduce a la recesión.

No obstante, el tratamiento que han recibido los temas de crecimiento ha sido muy diferente al recibido por los temas de austeridad. Mientras que en cuanto a austeridad todos los países de la Unión Europea –salvo Reino Unido y República Checa– han aprobado el pacto de austeridad que obligará a los países firmantes a no sobrepasar el 0,5% de déficit y a incluirlo en sus legislaciones básicas, sobre crecimiento los países únicamente se han limitado a establecer una declaración de intenciones que poco o nada suponen. Sobre austeridad han concretado fechas, cifras, sanciones concretas, nuevas medidas procedimentales… Sobre crecimiento no hay ni una sola cifra, ni fechas, ni nueva financiación, ni nuevas reglas. La única propuesta concreta sobre crecimiento se refiere a la potenciación del empleo juvenil en los países con mayores tasas de paro, pero este proyecto va a ser financiado con los fondos comunitarios que aún no se han destinado a ningún fin. Es decir, no va a haber nueva financiación para este proyecto de fomento del empleo, sino que dejarán de financiar otras esferas de la Unión Europea para poder llevar adelante este cometido. Al fin y al cabo es un recorte en otra partida presupuestaria. Ni un euro creado para las políticas de crecimiento, pero sí cientos de miles de millones de euros creados para las instituciones bancarias. Es cuestión de preferencias.

Los dirigentes europeos han querido mostrarse preocupados por el bajo crecimiento económico, pero no han hecho otra cosa salvo hablar y prometer. Y bien se sabe que las promesas y palabras de los políticos caen en saco roto si no se plasman en leyes o presupuestos. No nos podemos dejar engañar, su tema central y prioritario es la austeridad; han incorporado al discurso palabras vacías sobre crecimiento para dar una imagen más amigable, aunque falsa. Su prioridad es lograr el equilibrio presupuestario de los países para conseguir la estabilidad financiera de los mercados, sin apenas importarle las repercusiones que ello puede conllevar sobre el bienestar de la mayoría de los ciudadanos. En Europa ya hay 23,8 millones de desempleados y la tendencia es al alza; pero eso no preocupa. Tampoco importa que en Grecia ya se estén dando vales de comida a los alumnos de las escuelas para evitar su desnutrición, no; lo preocupante es que los inversores no puedan recuperar el dinero prestado.

El resultado del pacto alcanzado en la cumbre lo podemos encontrar en la reacción de los inversores en cuanto al mercado de deuda y a las bolsas europeas. Los inversores han visto con buenos ojos que los países vayan a priorizar el pago de la deuda antes que cualquier otro gasto público, y por lo tanto han relajado el mercado de deuda (la prima de riesgo de todos los países ha bajado menos la de Grecia) y han invertido fuertemente en todas las plazas europeas (salvo en la española debido a la posible nacionalización de la filial YPF en Argentina).

Esto es lo que se busca en la Unión Europea: que los inversores y especuladores estén satisfechos y puedan seguir con sus negocios. Y esto es así porque ellos tienen suficiente poder como para causar graves problemas a aquellos que se antepongan a sus intereses. Los gobernantes lo saben, y agachan la cabeza porque no tienen el valor suficiente para encarar el poder financiero. Prefieren ser cómplices y no tener dificultades en su labor antes que ser adversarios y enfrentar serios aprietos.

Aquellas personas que son elegidas por el pueblo para ostentar el poder están subordinadas a otras personas que nadie ha elegido pero cuyo poder se sitúa en el primer plano. La democracia no es libre; tiene un amo y señor que es el mundo financiero.

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