1.9 Intervención del Banco Central

Otra forma (la más efectiva y potente) de obstaculizar e incluso impedir la especulación con la deuda pública de los países (y por lo tanto también una forma de aliviar la prima de riesgo de las economías) es a través de la intervención directa del Banco Central.

Con todo lo que ya hemos visto no debería resultar difícil adivinar por qué: si los tipos de interés de los bonos públicos de determinados países (y por lo tanto sus primas de riesgo) son muy altos porque la demanda de estos títulos es notablemente inferior a su oferta, bastaría con que el Banco Central Europeo demandara (comprara) tantos bonos públicos como hiciera falta para reequilibrar la situación. El Banco Central Europeo tiene el poder de la emisión de la moneda: puede crear de la nada tantos euros como quiera, y por lo tanto puede comprar tantos bonos públicos como quiera (pues se venden en euros). Ya sea tanto en el mercado primario (donde nacen los bonos) o en el mercado secundario (donde cambian de manos) la institución puede intervenir realizando compras masivas de títulos españoles, griegos, portugueses, etc, hasta que las primas de riesgo disminuyan a un nivel razonable.

Sin embargo, el artículo 104 del Tratado de Maastricht prohíbe expresamente al Banco Central Europeo que compre bonos públicos en los mercados primarios (enseguida veremos por qué esto es así). En el mercado secundario la institución europea sí puede hacerlo, pero siempre se ha mostrado muy reacia a ello. Tan sólo cuando las cosas pintaban demasiado mal para algunas economías el Banco Central Europeo intervino comprando bonos públicos en el mercado secundario.

Pero el poder del Banco Central Europeo es tan inmenso que ni siquiera le hace falta comprar bonos para reducir las tensiones sobre las primas de riesgo. Le basta con anunciar públicamente que se compromete a comprar todos los bonos públicos que sean necesarios en el caso de que las cosas se pongan muy feas. Aunque es un método que requiere más tiempo que el de comprar bonos públicos directamente, se torna igual de eficaz.

Esto es precisamente lo que ocurrió el 26 de julio de 2012, cuando el presidente del Banco Central Europeo (BCE) anunció públicamente que la poderosa institución intervendría en el mercado de deuda pública en caso de que la situación siguiese empeorando. Y ni siquiera tuvo que intervenir, con la advertencia bastó: al día siguiente la prima de riesgo de todos los países disminuyó en buena medida y no ha dejado de hacerlo hasta la actualidad.

¿Cómo es posible que con sólo un anuncio los mercados financieros se calmaran? Porque afectó a los dos factores principales que venimos comentando que afectan al tipo de interés (riesgo-país y especulación). El respaldo del BCE supone que la institución se compromete a realizar una compra masiva de los bonos que estén en problemas. Si el bono español aumenta su tipo de interés porque hay pocos demandantes, el BCE interviene de forma que la cantidad demandada de bonos se multiplica, con el consiguiente resultado de que el tipo de interés disminuye. Este compromiso conlleva que ningún país pueda quebrar, porque el BCE aliviaría las tensiones antes de que eso sucediera. Así las cosas, el riesgo de invertir en bonos españoles disminuye notablemente, así como las oportunidades de especular con ellos. Como consecuencia, por un lado los inversionistas le pierden el miedo a invertir en estos bonos y demandan más cantidad, y por otro lado los especuladores no se atreven a hacer de las suyas porque el BCE podría chafarles su negocio en cualquier momento. El resultado lógico es que la prima de riesgo de estos países comienza a disminuir.

Prima de riesgo

Pero si los problemas de las economías periféricas comenzaron en 2010, ¿por qué el Banco Central Europeo esperó más de dos años para actuar? Es lo que veremos ahora.

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