¿Somos los andaluces poco productivos?

Artículo publicado en el diario digital Andaluces.es, 28 de mayo de 2013

Es conocido el tópico que nos tacha a los andaluces de vagos, perezosos o improductivos. Parte del juicio se suele basar en explicaciones de carácter climático: los andaluces preferimos no trabajar porque en nuestra tierra tenemos más sol y menos frío, a diferencia de lo que ocurre en otras regiones, y ello supone una excelente invitación a realizar actividades de ocio. Este razonamiento, pobre y trivial de por sí, no tiene ninguna evidencia empírica que lo respalde y, en cualquier caso, entra en abierta contradicción a la hora de explicar por qué hay regiones caracterizadas por un clima agradable que son mucho más ricas que otras con condiciones climáticas menos favorables (ejemplos de ello lo presenta la provincia de Almería frente a la de Ourense; o estados como los de California o Florida frente al estado de Idaho).

Otro de los argumentos esgrimidos por aquellos que repiten el tópico hace referencia a la productividad económica. Suelen decir que los andaluces, debido a que somos más vagos que la mayoría de españoles, tardamos más en hacer las cosas y eso se refleja en peores indicadores de productividad económica. Esta reflexión es más potente que la anterior, pero no deja de ser inconsistente y falaz, lo cual se constata fácilmente una vez se profundiza en el tema.

La productividad de una actividad económica se mide atendiendo a dos factores: el valor de lo producido y el tiempo empleado en producirlo. Cuanto mayor valor (precio) tenga el producto, y cuanto menos tiempo ocupe su proceso de fabricación, mayor es la productividad de la operación. Esto nos lleva a realizar dos consideraciones.

Por un lado, si producimos dos mesas pero tardamos menos en fabricar la primera que la segunda, concluimos que la fabricación de la primera mesa es una actividad más productiva que la fabricación de la segunda. Pero no todos los productos o servicios son iguales, y algunos son más susceptibles de ser fabricados o servidos de forma más rápida que otros. Pensemos en las pocas posibilidades que tiene un peluquero o un camarero de aumentar su productividad, ya que por muy buenos que sean sus utensilios de trabajo no logrará mejorar mucho la velocidad a la que ofrece su servicio. En cambio, la producción de automóviles sí es muy susceptible de mejorar el tiempo de producción, ya que el fabricante puede robotizar la cadena de montaje, por ejemplo.

Por otro lado, si tenemos dos productos que han tardado el mismo tiempo en producirse, será más productivo aquél que tenga un mayor precio. Aunque tardemos una hora en producir una mesa, y una hora en producir un ordenador portátil, nos encontramos con que la fabricación del ordenador es más productiva que la de la mesa porque el primer producto cuesta menos que el segundo.

Teniendo en cuenta lo comentado, podemos entender que las regiones que se dediquen a fabricar productos de bajo precio serán inevitablemente menos productivas que las que se dediquen a producir bienes de mayor precio. Al mismo tiempo, las regiones que se dediquen a fabricar productos u ofrecer servicios que por su propia naturaleza no pueda mejorarse su tiempo de producción, serán menos productivas que las regiones que fabriquen productos o servicios en los que sí se pueda aumentar la velocidad de elaboración.

Pues esto es, a grandes rasgos, lo que le ocurre a economías como la andaluza en comparación con la catalana (o a la economía española con la alemana). En Andalucía prima el sector servicios, y particularmente el turístico, caracterizado fundamentalmente por ofrecer servicios de poco valor añadido y poco susceptibles de mejorar su rendimiento. En cambio, en Cataluña tiene un peso muy importante el sector industrial, en el que destacan la industria del automóvil, la industria química, la industria farmacéutica y las construcciones navales, entre otras, cuyo valor añadido es mucho más notable que en otros sectores y cuya naturaleza es bastante susceptible de absorber avances tecnológicos (que mejoran la productividad).

Todo ello tiene como consecuencia que las actividades económicas andaluzas sean, en general, menos productivas que las catalanas, y que por lo tanto los indicadores de productividad económica sean más elevados en Cataluña. Pero en ningún caso estos indicadores se refieren al comportamiento o capacidad de las personas que trabajan en estas actividades. No son indicadores que nos hablen de lo vagos o trabajadores que son los andaluces o los catalanes, sino exclusivamente de la naturaleza y características de la estructura económica de una región determinada. Aquellos que se sirvan de estos índices para acusar a los andaluces de holgazanería deben saber que están mezclando churras con merinas.

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