¿Subir el salario mínimo destruye empleos?


Existe desde hace tiempo un intenso debate sobre los efectos económicos que conlleva un incremento del salario mínimo. La justificación principal que dan quienes defienden esta medida es que es necesaria para evitar salarios de miseria, pero algunos economistas señalan que incrementar el salario mínimo destruye algunos empleos, especialmente los de peores condiciones laborales como los que tienen muchos jóvenes. Algunos pretenden hacer creer que existe un dilema entre lo justo, que sería subir el salario mínimo, y lo eficiente o positivo en términos económicos, que sería no hacerlo. Pero esto en absoluto es así. En realidad, hay motivos de sobra para afirmar que elevar el salario mínimo no es negativo para la economía, y que, de hecho, puede ser positivo. Y esto no es algo que diga yo, sino que está ampliamente respaldado por la literatura especializada, a pesar de lo raro que les pueda parecer a algunos. Vamos a hincarle el diente a este asunto.

Como es bien sabido, con esta política se prohíbe a los empleadores que paguen a sus trabajadores por debajo del salario mínimo decretado. Al menos, eso es lo que establece la ley; otra cosa es lo que ocurra en la realidad, porque muchos empleadores se las ingenian para saltarse esa prohibición, ya sea evitando hacer contratos y pagando en negro, pagando menos horas de las que se trabaja, o a través de cualquier otra artimaña. -Recordemos que en España se realizan 6 millones de horas extraordinarias a la semana, de las cuales el 46%, casi la mitad, no se pagan (INE 2021)-.

Lo que se persigue al aumentar el salario mínimo es que ningún trabajador gane menos de lo que se considera indispensable para cubrir las necesidades básicas. Pero evidentemente esta medida tiene más efectos en la economía. Uno de los más evidentes y conocidos es que incrementa el coste a los empleadores que contrataban por debajo del nuevo salario mínimo. Por ejemplo, si antes pagaban 900 euros al mes y el nuevo salario mínimo es de 1.000, los empleadores tendrán que pagar 100 euros más por cada trabajador.

El enfoque económico dominante en la academia desde los años 70 del siglo pasado, que se denomina síntesis neoclásica, establece que ese incremento en el coste de contratación pone en riesgo el negocio de algunos empresarios, por lo que no les queda más remedio que reaccionar despidiendo a algunos trabajadores para reducir costes y evitar el cierre. A esta conclusión llegan porque dan por supuesto que en la economía hay competencia perfecta, es decir, que todos los empresarios compiten entre sí con estrecho margen, lo que les obliga a pagar prácticamente los mismos salarios, a poner prácticamente los mismos precios, y a obtener un margen de beneficio empresarial muy ajustado. En ese supuesto escenario cualquier incremento del coste de contratar puede arruinar el negocio, y para evitar que eso suceda despiden a algún trabajador, porque así ahorran algo y se salvan del cierre. En consecuencia, el incremento del salario mínimo provocaría que algunos trabajadores vieran aumentar su salario a costa de que otros trabajadores perdieran su empleo. De ahí concluyen que incrementar el salario mínimo destruye algunos empleos, los peor pagados, que suelen protagonizar los jóvenes.

Esta visión fue respaldada por un famoso estudio realizado en Estados Unidos por la Comisión de Estudio del Salario Mínimo que se creó en 1977 y cuyo informe se publicó en 1981 (Eccles y Freeman 1982; Brown et al. 1982). Las conclusiones de dicho estudio fueron las siguientes: “El incremento del salario mínimo en un 10% reduce ligeramente el empleo -como mucho un 1,5%- en los jóvenes de 16 a 19 años, lo reduce algo menos en los jóvenes de 20 a 24 años, y no provoca ningún efecto claro en el resto de la población” (Brown et al. 1982, p. 524). Este estudio se hizo tan famoso que la mayoría de los economistas de la época, que compartían el enfoque de la síntesis neoclásica, lo tomaron por una verdad irrefutable (Machin y Manning 1994; Schmitt, 2013). De hecho, todavía hoy día, más de 40 años más tarde, vemos economistas que no se han actualizado y que siguen repitiendo esas conclusiones como si fueran la verdad absoluta. Es lo que tiene vivir en el pasado.

Pero la realidad es que muy pronto empezaron a aparecer muchos críticos. Los primeros en hacerse notar fueron los neokeynesianos, que eran economistas que compartían la visión de la síntesis neoclásica, pero que le ponían algunos peros. El pero más importante es que veían claro que el mercado de competencia perfecta no existe en la realidad, sólo en las mentes de algunos economistas. Esto conlleva que los empresarios no estén tan apurados en sus negocios, sino que cuentan con cierto margen para poder subir los salarios sin tener que ver en riesgo su actividad, y sin tener que despedir: por ejemplo, podrían simplemente ganar algo menos de beneficios, o podrían reaccionar aumentando un poco los precios de sus productos, o podrían reducir los salarios de los trabajadores que más cobran, o podrían reducir costes diferentes del salario, etc… (Schmitt 2013; Hirsch, Kaufman, and Zelenska; Manning 2021)). En todo esto hay que tener en cuenta que los empleadores no contratan por amor al arte, sino porque necesitan trabajadores para llevar adelante su actividad; por eso despedir a alguien que necesitan para hacer negocio será la última opción que elegirán.

Esta perspectiva quedó perfectamente respaldada empíricamente con el famoso estudio de 1994 de David Card y Alan Krueger, que utilizaron una nueva metodología. Básicamente se alejaron de los modelos económicos teóricos neoclásicos que se solían utilizar y realizaron un estudio de campo; entrevistaron a muchos empresarios de restaurantes de comida rápida -que destacan por sus salarios bajos- en un Estado de Estados Unidos que había aumentado el salario mínimo y en otro que no lo había hecho. Sus conclusiones fueron las siguientes: “No hay evidencia de que el aumento en el salario mínimo redujese el empleo en los restaurantes de comida rápida” (Card y Krueger 1994, p. 792). Estos dos economistas realizaron muchos más estudios de campo en otras regiones y en otros sectores económicos y en todos llegaron a la misma conclusión (Card 1992; Katz y Krueger 1992). De hecho, recogieron sus resultados en un famoso libro y sentenciaron: “El peso de esta evidencia sugiere que es muy improbable que el salario mínimo tenga un efecto negativo importante en el empleo” (Card y Krueger 1995, pp. 389-390).

Estos estudios revolucionaron la academia y desencadenaron un cisma en torno al debate sobre el salario mínimo: por un lado, se situaron quienes sostenían que destruía empleos de bajos salarios y por otro lado quienes sostenían que no provocaba ningún efecto relevante (Schmitt 2013).

Probablemente el estudio más importante del primer bando es el de Neumark y Wascher en el año 2008. Ellos analizaron 102 casos sobre el efecto del salario mínimo en el empleo en muchos países distintos y concluyeron lo siguiente: “la preponderancia de la evidencia apoya la visión de que los salarios mínimos reducen el empleo de los trabajadores de menos salarios” (Neumark y Wascher 2008, p. 104). Otros estudios relevantes por parte de este bando son el de Sabia (2012) o el de Cengiz (2019) y sus respectivos compañeros, que también encuentran evidencia de que elevar el salario mínimo reduce el empleo de los trabajadores menos formados. En cuanto a la economía española, hay varios estudios del Banco de España, de la AIREF y de BBVA que comparten la misma visión y que arrojan los mismos resultados: que el salario mínimo destruye empleos de bajos salarios (Galán y Puente 2012, Lacuesta et al. 2019; AIREF; Domenech 2019; Barceló et al. 2021).

En cuanto al otro bando, Doucouliagos y Stanley realizaron en el año 2009 un metaestudio muy importante (un metaestudio es un análisis de muchos estudios). Ellos denunciaron que en la academia existía un importante sesgo a la hora de elegir qué casos analizar, y que cuando este sesgo se corregía, los resultados eran muy diferentes. Con su metaanálisis sobre 64 estudios concluyeron lo siguiente: “Dos escenarios son consistentes con este registro de investigaciones empíricas. Primero, los salarios mínimos simplemente no tienen efecto en el empleo… Segundo, los efectos de los salarios mínimos podrían existir, pero podrían ser demasiado difícil de detectar y/o son muy pequeños” (Doucouliagos y Stanley 2009, p. 422).

Otros autores como Addison y sus compañeros (2012) también denunciaron que los estudios que típicamente muestran efectos negativos en el empleo por culpa del salario mínimo tienen un sesgo que les lleva a encontrar ese resultado.

Otro metaestudio importante fue el de Belman y Wolfson (2014), que analizando sin sesgo de publicación 27 estudios concluye que el salario mínimo no tiene efectos negativos significativos en el empleo. Otros dos metaestudios realizados en el Reino Unido concluyen lo mismo: que no encuentran efectos adversos significativos en el empleo (Linde et al. 2013; Hafner et al. 2017)

Más allá de estos metaestudios, muchos otros análisis llegaron a la misma conclusión. Por ejemplo, Dube y sus compañeros (2010) señalaron que quienes ven un efecto negativo en el empleo es porque están cometiendo un sesgo de análisis: los sectores económicos en los que más sube el salario debido a esta medida son precisamente los más inestables y precarios, más dados a destruir empleo, pero eso independientemente de las políticas de salario mínimo. Cuando uno corrige ese sesgo, los resultados muestran que “el salario mínimo tiene fuertes efectos de mejora salarial y ningún efecto en el empleo” (Dube, Lester y Reich 2010, p. 961). A la misma conclusión llegan Addison y sus compañeros: “Nuestra evidencia no sugiere que los salarios mínimos reduzcan el empleo una vez que se incorporan los controles de las tendencias en el empleo sectorial” (Addison, Blackburn y Cotti 2012, p. 412). Otros estudios importantes en los que no se encuentra ningún efecto significativo del salario mínimo en el empleo son el de Allegreto y Hirsch y sus respectivos compañeros (Allegreto et al. 2011; Hirsch et al. 2011). En cuanto a la economía española, hay un estudio realizado por Comisiones Obreras que concluye que el incremento del salario mínimo de 2019 no destruyó empleos ni ralentizó su creación (CCOO 2019).

Por último, hay que poner encima de la mesa la nueva perspectiva que aportaron los economistas poskeynesianos, -heterodoxos que recogen la tradición más pura de Keynes y algunos análisis de Marx. Básicamente señalan que el salario mínimo incrementa la capacidad adquisitiva de la población con menos renta, que son precisamente quienes dedican más parte de la misma a consumir, por lo que el incremento del salario mínimo aumenta el consumo total, y con él, las ventas de las empresas, que podrían necesitar contratar a nuevos trabajadores para atender a la nueva demanda. Por lo tanto, desde esta perspectiva, fijarse solamente en lo que ocurre en los empleos de menos salarios sería un error, porque se estaría perdiendo de vista lo que ocurre con el empleo en el resto de la economía. Porque incluso aunque se pudiesen perder algunos empleos de bajos salarios, ese efecto se podría compensar con la ganancia de otros empleos. Y no sólo eso, sino que, al reducir la desigualdad, la economía podría crecer más y de forma más equilibrada y armónica.

Por eso un análisis riguroso tendría que fijarse en lo que ocurre en el empleo en toda la economía, no sólo en una parte; pero es que, además, para ser riguroso del todo, no sólo se tendría que fijar en lo que ocurre en el empleo, sino también en otros indicadores cruciales como la desigualdad o el crecimiento económico. ¿Por qué esa obsesión por fijarse únicamente en si se destruye empleo en una parte del mercado laboral y no en si la medida reduce la desigualdad o mejora el crecimiento económico? Si al fin y al cabo la medida se aprueba para que nadie cobre un salario indigno, no para crear más empleos. Parece claramente una cuestión ideológica: algunos se centran sólo en esa parte de creación de empleo e ignoran la relacionada con la desigualdad porque están preocupados por algunos beneficios empresariales y no por la justicia social.

Afortunadamente en los últimos años vemos más análisis que superan la visión sesgada y plantean uno mucho más general. Por ejemplo, un estudio reciente concluye que la introducción del salario mínimo en Alemania estimuló el consumo de los trabajadores de menos salarios y que eso impulsó el crecimiento económico sin elevar significativamente los precios (Herzog-Stein et al. 2018). Otro estudio, también alemán, concluye que la introducción del Salario Mínimo no destruyó empleo y que sirvió para que los trabajadores de menos salarios pasaran a ser contratados por empresas que pagan más salarios (Dustmann et al. 2020). Otro estudio realizado en Estados Unidos señala que el incremento del salario mínimo aumenta tanto los ingresos de las familias como su gasto (Aaronson et al. 2012). Otros dos importantes estudios concluyen que el salario mínimo reduce la desigualdad en la parte inferior de la distribución salarial (Autor et al. 2016; Dube 2019).

En definitiva, que en la literatura especializada no hay consenso sobre los impactos del salario mínimo en el empleo. Antiguamente sólo existía la idea de que elevar el salario mínimo destruía los puestos de trabajo peor pagados, pero sus postulados teóricos fueron muy cuestionados y en la actualidad hay muchísimos estudios que, con un mejor andamiaje teórico y metodológico, concluyen que el salario mínimo no sólo no destruye empleo, sino que incluso puede incrementarlo.

Además, sería razonable dar por exitosa la política si consigue su objetivo principal, que es impedir que alguien trabaje por menos de un salario digno, no crear o mantener empleos. Porque incluso aunque se diese por cierto que la medida destruye algunos puestos de trabajo, son al fin y al cabo puestos de trabajo pagados de forma indigna, por lo que parece deseable que desaparezcan, ¿o es que de verdad alguien quiere que en su país se paguen salarios de miseria? Precisamente a esto se refirió el expresidente estadounidense Roosevelt hace ya casi 100 años: “Ningún negocio que para existir tenga que pagar a sus trabajadores salarios insuficientes para una vida digna tiene derecho alguno a continuar en este país” (Roosevelt 1933).

Y es que a la gente que quedara desempleada se le podrían dar otras soluciones para que vivieran mejor. Por ejemplo, desde una perspectiva ortodoxa, hay estudios que señalan que elevar el salario mínimo es deseable si el Estado luego da ayudas a las personas que quedan desempleadas (Lee y Saez 2012). Y desde una perspectiva heterodoxa, hay estudios que instan al Estado a crear puestos de trabajo para todas las personas que quedan desempleadas, con una remuneración igual al salario mínimo (esto lo explico con detalle en este vídeo). Si se actuara de esta forma, nadie se quedaría desempleado y nadie cobraría menos del salario mínimo. Un éxito de política económica en toda regla. Pero eso sí, algunos empresarios tendrían que ganar un poco menos y eso no les hace ninguna gracia, que es al fin y al cabo lo que explica que esta medida reciba tanta oposición. por quienes hacen negocio a costa de pagar salarios de miseria

 

 

Referencias

Barceló et al 2021 https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/DocumentosOcasionales/21/Fich/do2113.pdf

Doucouliagos y Stanley  2009 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1467-8543.2009.00723.x

Linde et al 2013 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/bjir.12031

Hafner et al 2017 https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/research_reports/RR1800/RR1807/RAND_RR1807.pdf

Schmitt 2013 http://lobby99.org/Demo99/yDocs/@News/iss21_CEPR_MinwageEmp.pdf

Belman y Wolfons (2014) https://research.upjohn.org/cgi/viewcontent.cgi?referer=&httpsredir=1&article=1220&context=empl_research

Herzog-Stein et al 2018 https://www.imk-boeckler.de/en/faust-detail.htm?sync_id=8196

Ponce de León y Sánchez (2021) https://www.eldiario.es/economia/subida-salario-minimo-redujo-desigualdad-indices-pobreza-laboral_1_8150162.html

Autor, Manning y Smith (2016) https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/app.20140073

Aaronson (2001)] https://direct.mit.edu/rest/article/83/1/158/57251/Price-Pass-Through-and-the-Minimum-Wage

Brown (1988) https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/jep.2.3.133

Neumark y Wascher 2008 https://mitpress.mit.edu/books/minimum-wages

Aaronson et al 2012 https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.102.7.3111

Dube (2019) https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/app.20170085

Hill y Romich (2018) https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29805473/

Cengiz et al (2019) https://academic.oup.com/qje/article/134/3/1405/5484905

Dustmann et al (2020) https://www.cream-migration.org/publ_uploads/CDP_07_20.pdf

Eccles y Freeman 1982 https://www.nber.org/papers/w0878

Brown et al 1982 https://www.jstor.org/stable/2724487

Card y Krueger 1994 https://davidcard.berkeley.edu/papers/njmin-aer.pdf

Card 1992 https://davidcard.berkeley.edu/papers/minwage-unemp.pdf

Katz y Krueger 1992 https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/001979399204600102

Card y Krueger 1995 https://www.jstor.org/stable/j.ctv7h0s52

Sabia et al. (2012) https://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/001979391206500207

Domenech 2019  https://www.bbvaresearch.com/en/publicaciones/es-bueno-o-malo-que-suba-el-salario-minimo-cambiar/

Lacuesta et al. 2019 https://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesSeriadas/DocumentosOcasionales/19/Fich/do1902.pdf

AIREF 2020 https://www.airef.es/wp-content/uploads/2020/07/Impacto-sobre-el-empleo-de-la-subida-del-Salario-M%C3%ADnimo-Interprofesional-a-900%E2%82%AC-mensuales.pdf

Addison et al. 2012 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1467-8543.2010.00819.x

Dube et al. 2010 https://direct.mit.edu/rest/article/92/4/945/57855/Minimum-Wage-Effects-Across-State-Borders

Allegretto et al. 2011 https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1794839

Hirsch et al. 2011 https://www.iza.org/publications/dp/6132/minimum-wage-channels-of-adjustment

CCOO 2019 https://www.ccoo.es/ec4e2899c88ac9384a08bb3d6f9a1d4c000001.pdf

No related content found.

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 9.0/10 (2 votes cast)
VN:F [1.9.22_1171]
Rating: +2 (from 2 votes)
¿Subir el salario mínimo destruye empleos?, 9.0 out of 10 based on 2 ratings
Be Sociable, Share!
www.pdf24.org    Send article as PDF