Teoría Monetaria Moderna para principiantes 10: Dinero endógeno

Ya sabemos qué es el dinero bancario, qué relación tiene con el dinero estatal y cómo se introduce en la economía a través de la concesión de créditos. Ahora vamos a analizar las limitaciones que tienen los bancos a la hora de crear y poner en circulación este dinero bancario. Para eso tenemos que hablar de la naturaleza endógena de este tipo de dinero.

Decíamos que a un banco no le cuesta absolutamente nada conceder créditos, pues al fin y al cabo son simplemente promesas de pagar dinero estatal. En cambio, lo que sí que le cuesta es materializar dichas promesas, pues para eso tiene que disponer de suficiente dinero estatal. ¿Cómo lo consigue? Pues a través de diversas vías.

Una vía es a través del capital fundacional del banco. Sus fundadores crean el banco poniendo dinero estatal, con la intención de que gracias al negocio bancario se multiplique su volumen en el futuro. Otra es a través de financiación externa proveniente de agentes económicos que invierten en la empresa a través de acciones, de bonos o de préstamos. Todo ello evidentemente se hace con dinero estatal. Otra, la fundamental, y como vimos, es a través del propio negocio bancario: con intereses, comisiones y otros servicios, pues los clientes pagan con dinero estatal. Y finalmente está la vía de obtener dinero estatal a partir del banco central, el emisor de dicho dinero. Esta vía suele estar siempre disponible porque a los Estados no les interesa que sus bancos quiebren y dejen a los clientes sin sus ahorros. Así lo explican James Culham y John King: “La primera responsabilidad del banco central consiste en asegurar que hay suficiente liquidez en el sistema bancario para facilitar las transferencias bancarias”. Y es que, como nos recuerda el economista Thomas Palley, si no lo hiciesen los bancos podrían quebrar,: “Si los bancos centrales no acomodan el incremento de los depósitos que sigue al aumento de los créditos, el sistema bancario, que se habrá vuelto insolvente, se hundirá”.

Lo que ocurre es que, por regla general, el banco central les concede este dinero estatal a un coste más elevado de lo normal, por lo que los bancos recurren a esta vía sólo en caso de que no les quede más remedio; por eso al banco central se conoce como “prestamista de último recurso”. Ahora bien, desde la crisis de 2008 y debido a los problemas estructurales de los bancos, los bancos centrales están suministrando muchísimo dinero estatal a un coste muy, muy reducido, pero ésa es otra historia sobre la que hablaremos más adelante.

La visión convencional sobre cómo el banco central suministra dinero estatal a los bancos se conoce como “multiplicador monetario”, que fue explicada con bastante detalle por Paul Samuelson y que es la que aparece en los manuales convencionales de economía, primero el banco central crea una cantidad de dinero estatal, la base monetaria, y luego los bancos privados crean el dinero bancario a partir de esa cantidad, obteniéndose así la oferta monetaria, la cantidad de dinero total. Esta cantidad sería una multiplicación de esa primera base monetaria. En consecuencia, las autoridades monetarias, a través del banco central, estarían controlando la cantidad de dinero que se pone en circulación a través de los bancos privados. Si quisieran más dinero en circulación, crearían más dinero estatal porque los bancos podrían multiplicar más dinero; si quisieran menos, crearían poco dinero estatal porque los bancos estarían obligados a crear poco dinero bancario.

Pero esta visión no hace honor a la realidad, como han explicado ya muchísimos economistas de corriente poskeynesiana, expertos en bancos centrales e incluso el propio Banco de Inglaterra. Lo que ocurre en realidad es que primero los bancos conceden créditos a los clientes que creen solventes (es decir, que creen que podrán devolver el dinero y pagar los intereses), y luego, sólo en caso de que lo necesiten a la hora de cumplir sus promesas de pago o los requerimientos legales, se preocupan de obtener dinero estatal, lo que se conoce como reservas bancarias, que las pueden obtener pidiéndolas prestadas a otros bancos o, en el último caso, directamente del banco central. En palabras de Alan Holmes, quien fue vicepresidente de la Reserva Federal de Nueva York: “En el mundo real, los bancos dan créditos, creando depósitos así, y buscan reservas bancarias después”

Por lo tanto, las autoridades monetarias no controlan la cantidad de dinero bancario, porque ésta no está limitada por el dinero estatal creado. En realidad los bancos dan créditos por su cuenta, creando así el dinero bancario, y luego los bancos centrales crean dinero estatal para adaptarlo a las necesidades de los bancos (porque, como decíamos, a los Estados no les conviene que los bancos se quede sin suficientes reservas bancarias así que harán lo posible por proporcionárselas). Son los bancos los que determinan la cantidad total de dinero que habrá a través de la concesión de crédito, que a su vez, depende de cuánto crédito demanden las familias y empresas, y esto a su vez depende del ciclo económico: en época de crecimiento económico se demandará más crédito, y en época de crisis se demandará menos. El banco central no determina la cantidad de dinero; sólo se adapta a lo que va a ocurriendo en la economía. ¡La voz cantante la llevan los bancos!

Que los bancos necesiten esas reservas bancarias y las pidan al banco central o no va a depender fundamentalmente de dos cosas: 1) de lo que hagan sus clientes, porque ya sabemos que si sacan el dinero en efectivo o si pagan a personas cuyo banco sea distinto los bancos tendrán que cumplir su palabra y tendrán que entregar dinero estatal, y 2) de la regulación bancaria, como el coeficiente legal de caja o las provisiones de créditos, que establecen un mínimo de dinero estatal para cada cantidad de dinero bancario creado. En caso de que finalmente necesiten esas reservas bancarias, entonces las obtendrán a través de las diversas vías que hemos mencionado, teniendo como último recurso al banco central, ergo es altamente difícil e improbable que se queden sin suficientes reservas bancarias. Sólo cuando el banco está en una situación muy débil, cerca de la insolvencia, podría no poder hacerse con suficientes reservas bancarias. Pero si el banco es grande y puede desestabilizar la economía, lo más probable es que las autoridades hagan lo que sea para que obtenga las reservas bancarias, ya sea a través de rescates, nacionalizaciones o mecanismos para que sea absorbido por otro banco más saneado.

Esta visión es la del dinero endógeno, señalada hace tiempo por algunos economistas de la Escuela Británica de Banca de mediados del siglo XIX y utilizado por economistas como John Maynard Keynes, Michael Kalecki y Joan Robinson, aunque no se abordó de forma explícita y directa hasta finales de los años 60 del siglo XX por el economista Nicholas Kaldor. En 1988 el economista Basil Moore desarrolló con detalle esta visión de dinero endógeno y la actualizó a los sistemas monetarios modernos, conformando el enfoque más preciso y realista hasta la actualidad.

El nombre de dinero endógeno hace referencia a que el dinero se crea de forma endógena a la actividad económica (es decir, que el dinero se origina con la actividad económica, justo cuando se conceden créditos bancarios porque los pide alguien para comprar o invertir), no de forma exógena o ajena a ella  como establece la visión convencional, que señala que el banco central crea el dinero independientemente de las compras o inversiones que se estén dando en la economía. Ojo, no ocurre lo mismo con el dinero estatal creado a través del déficit público, que sí puede ser creado de forma independiente a la actividad económica, como ya hemos explorado y cómo ya veremos con más detenimiento más adelante.

Pero si los bancos centrales dan muchas facilidades para que los bancos siempre tengan la posibilidad de obtener dinero estatal por la cuenta que les trae, ¿qué les impide a los bancos dar créditos -y por lo tanto crear dinero bancario- sin ton ni son? Al fin y al cabo podrían cumplir todas sus promesas de pago.

Bueno, pues hay varias razones que explican por qué los bancos tienen limitaciones a la hora de crear dinero bancario a través de la concesión de préstamos aunque tengan siempre la posibilidad de acudir a la ventanilla de su banco central. Siguiendo fundamentalmente el trabajo de James Tobin de 1963, perfeccionado por autores como MacLeay o Descamps, identificamos cinco razones.

En primer lugar, los bancos no pueden conceder créditos de forma unilateral, sino que necesitan que otros agentes económicos quieran endeudarse. Ya pueden los bancos estar absolutamente deseosos de conceder créditos sin parar, que si no encuentran a nadie interesado en adquirirlos no concederán ni uno. Ahí está el primer límite a la creación de dinero bancario: las preferencias del sector privado. En palabras de Basil Moore: “el dinero crédito es creado a iniciativa del prestatario, no del prestamista”.

En segundo lugar, el mercado competitivo en el que operan los bancos provoca que éstos compitan entre sí por captar clientes, y la principal forma de hacerlo consiste en abaratar los créditos, lo que perjudica la rentabilidad de la operación crediticia. En consecuencia, la captación de nuevos clientes juega en contra de la rentabilidad, por lo que siempre llega un momento en el que conceder nuevos créditos no merece la pena al no ser suficientemente rentable. Ahí está el segundo límite a la creación de dinero bancario: las fuerzas del mercado que enfrentan los bancos. Así lo explica el economista del Banco de Inglaterra Ryland Thomas: “Aunque los bancos comerciales crean dinero haciendo préstamos, no pueden crearlo gratuitamente y sin límites. La cantidad que los bancos pueden prestar es limitada si quieren seguir siendo rentables en un sistema bancario competitivo”.

En tercer lugar, para conceder un crédito no basta con que un agente económico quiera obtenerlo, sino que ese agente debe tener la capacidad económica suficiente como para poder devolverlo y además pagar los intereses. Aunque técnicamente los bancos puedan dar todos los créditos que quieran, no tiene sentido que lo hagan si van a registrar pérdidas debido a la insuficiente solvencia de sus clientes. Los bancos intentan cubrirse de ese riesgo de impago provisionando capital con dinero estatal para poder absorber las posibles pérdidas que pudieran generarse, lo que perjudica su rentabilidad. Las autoridades también imponen medidas obligatorias de prevención de riesgo que lastran la rentabilidad de los créditos. A medida que el número de créditos concedidos aumenta, mayor es el riesgo de impago promedio en el que incurre el banco, y por lo tanto menor es la rentabilidad obtenida. De nuevo, llega un momento en el que conceder nuevos créditos no merece la pena al no ser suficientemente rentable. Ahí está el tercer límite a la creación de dinero bancario: el manejo de los riesgos asociados a la concesión de créditos.

En cuarto lugar, y tal y como ya hemos explorado, los créditos otorgados por un banco pueden suponerle pérdida de dinero estatal a medida que vaya cumpliendo sus promesas de pago. Y los bancos necesitan tener suficiente dinero estatal para cumplir su palabra. Pero sea cual sea la forma para lograrlo (venta de activos, acceso a la ventanilla del banco central, captación de nuevos depósitos, etc) supondrá un coste para el banco que mermará su rentabilidad económica. En consecuencia, la concesión de créditos puede dejar de ser rentable si conlleva una pérdida importante de dinero estatal que tiene que ser compensada con mayores costes. Ahí está el cuarto límite a la creación de dinero bancario: la pérdida de dinero estatal como consecuencia de las transacciones que lleven a cabo los clientes.

En quinto y último lugar, la política monetaria que lleven a cabo las autoridades afecta de forma indirecta pero determinante a la demanda de los créditos, concretamente a través de la manipulación de los tipos de interés que establece el emisor del dinero estatal. Si estos tipos son elevados, el tipo de interés de los créditos concedidos por los bancos también lo serán, lo que desanimará a las familias y empresas de pedir créditos. Ahí está el quinto límite a la creación de dinero bancario: la reducción de la demanda de crédito como consecuencia de la política monetaria.

En definitiva, los bancos, aunque no tienen límites técnicos para crear dinero bancario a través de la concesión de créditos, no pueden otorgar todos los que quieran porque ello afectaría a su rentabilidad, que es su razón de ser. Además, al crear el dinero a través de créditos, necesitan que haya alguien al otro lado demandando crédito, y esto es lo que explica que la cantidad de dinero creado dependa de las preferencias de endeudamiento de familias y empresas, que a su vez depende del ciclo económico. El dinero es endógeno a la actividad económica, y no es controlado por las autoridades monetarias, sino que éstas se limitan a adaptarse a las decisiones de los bancos y a influir a través del tipo de interés, que es lo que veremos en el próximo capítulo.

 

 

Referencias:

Explicación sobre multiplicador monetario de Samuelson https://franjamoradaderecho.com.ar/biblioteca/abogacia/2/ECONOMIAPOLITICA/Economia-Samuelson.pdf

Crítica al multiplicador monetario: Goodhart,Ch.A.E.(1984): «Monetary Theory and Practice: the UK experience».New York: Macmillan. Citado por Moore(1988),p.70.

Libro de Nicholas Kaldor en el que habla de la endogeneidad del dinero https://books.google.es/books?printsec=frontcover&vid=ISBN0858168774&redir_esc=y

Libro de Basil Moore: Moore Basil J. 1988.Horizontalists and Verticalists: The Macroeconomics of Credit Money. Cambridge, Cambridge University Press.

Artículo de Culham y King James Culham & John E. King, 2013. «Horizontalists and Verticalists after 25 years,» Review of Keynesian Economics, Edward Elgar Publishing, vol. 1(4), pages 391—405-3, October.

Límites a la creación de dinero bancario por el Banco de Inglaterra (en castellano): https://www.redalyc.org/pdf/419/41943054016.pdf

Explicación de James Tobin sobre límites al crédito bancario http://cowles.yale.edu/sites/default/files/files/pub/d01/d0159.pdf

Artículo de Descamps y Soichot sobre límites al crédito bancario Descamps, C. y Soichot, J. (2006) “Dinero endógeno y reglamentación prudencial”, en Piegay, P. y Rochon, L.-P. (eds.) “Teorías monetarias poskeynesianas”, Akal, Barcelona.

Discurso Ben Bernanke sobre la no necesidad de reservas bancarias https://www.federalreserve.gov/newsevents/speech/bernanke20070615a.htm

Artículo de Robert Pollin: Two Theories of Money Supply Endogeneity: Some Empirical Evidence. Journal of Post Keynesian Economics Vol. 13, No. 3 (Spring, 1991), pp. 366-396  https://www.jstor.org/stable/4538249?seq=1

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