Teoría Monetaria Moderna para principiantes 15. Finanza Funcional


Una vez ya entendemos cómo el dinero puede ser introducido en la economía, toca explorar cómo eso puede afectar a la producción y a la riqueza de un país. Hasta este punto de la serie todo lo que hemos visto ha sido simplemente una descripción del funcionamiento de los sistemas monetarios modernos. Es decir, no ha habido juicios de valor ni ningún tipo de recomendación política, solamente una exposición lo más objetiva posible de cómo funcionan las economías hoy día. En cambio, a partir de este vídeo iremos viendo las recomendaciones de política económica que ofrece la Teoría Monetaria Moderna -apoyándose en el citado análisis descriptivo- para lograr el pleno empleo sin inflación.

La producción de un país o Producto Interior Bruto es la suma de todos los bienes y servicios reales que es capaz de producir. Hablamos de alimentos, vehículos, inmuebles, servicios de educación, de derecho, de restauración, etc. Pero en realidad no basta con producir estos bienes y servicios, sino que para que de verdad tengan utilidad y cuenten como riqueza, estos tienen que ser consumidos. De nada sirve producir un coche si luego nadie lo va a comprar ni utilizar. Y, en nuestras economías modernas, para comprar y consumir esa producción es necesario gastar dinero. Por eso la producción de una economía se puede medir sumando todo lo producido, pero también todo lo gastado. Y bueno, es obvio decirlo, pero para poder gastar dinero es necesario tenerlo antes. Aquí es donde encontramos el vínculo con las vías para inyectar dinero en la economía, que es lo que hemos visto hasta ahora.

Parte de esa producción es comprada por el sector exterior (fundamentalmente a través del turismo y de las exportaciones, tal y como vimos en el vídeo anterior), parte es comprada por el sector privado nacional (las familias y empresas), y parte es comprada por el sector público, incluyendo el Estado y el resto de administraciones públicas. Pero lo más habitual en nuestras economías modernas es que, a pesar de todo ese gasto, haya una parte de la producción que se quede sin consumir. Esto es un problema porque si las empresas no venden todo lo que pueden producir, operarán a menor rendimiento, pondrán menos máquinas a funcionar y contratarán a menos trabajadores. En otras palabras, habrá menos producción y menos empleo.

Por ejemplo, en la economía española la industria sólo utiliza en torno al 80% de su capacidad productiva instalada, básicamente porque si utilizara más produciría cosas que no podría vender, y mejor no hacerlo porque entonces los productos sobrantes cogerían telarañas en los almacenes. El motivo de que las empresas no pongan toda su capacidad productiva a pleno rendimiento es porque no encuentran suficientes clientes, como queda recogido en una encuesta periódica del Banco Central Europeo. Por cierto, este problema es también el principal para las empresas de la Zona Euro. Y, como las empresas no tienen suficientes clientes, pues no contratan a nadie, como también se desprende de una encuesta regular del Instituto Nacional de Estadística, que revela que el 94,4% de las empresas españolas no contratan porque no necesitan nuevos trabajadores.

Pues bien, una solución a este problema podría pasar por un incremento del gasto para que todos esos productos no vendidos fuesen comprados. De esta forma, las empresas venderían más, pondrían más máquinas y otros medios a funcionar, y para hacerlo contratarían a más trabajadores. ¿Y cómo aumentar ese gasto? Como el gasto del sector exterior depende de los extranjeros, no es algo que se puede controlar. Por otro lado, como el gasto del sector privado depende de las familias y empresas, ahí tampoco se puede influir, al menos directamente. Pero sobre lo que sí se puede influir directamente es sobre el gasto del Estado, porque depende únicamente de la voluntad política de los gobernantes. Las autoridades públicas podrían incrementar el gasto público para cubrir directamente esa falta de gasto, o para incrementar la capacidad de gasto de empresas y familias y que fuesen ellas quienes consumieran la producción no vendida. Alternativamente, las autoridades también podrían reducir los impuestos para que las familias y empresas tuviesen más capacidad de gasto.

Así lo explica Warren Mosler: “Siempre que el gasto se quede corto para sostener nuestra producción y empleo, es decir, cuando no tenemos suficiente poder adquisitivo para poder comprar lo que está a la venta en esos grandes almacenes que llamamos economía, el gobierno puede actuar para asegurarse de que nuestra producción se venda ya sea bajando los impuestos o bien aumentando el gasto público.”

Pero claro, ya sea aumentando el gasto público o reduciendo los impuestos para cubrir esa brecha de producción, el resultado es que el déficit público aumenta, que sería el nuevo dinero inyectado en la economía. Y esto es algo que suele preocupar a la teoría económica dominante, pero no a la Teoría Monetaria Moderna. No sólo porque un Estado soberano puede mantener el déficit público sin problemas, como ya vimos en el capítulo 7, sino porque ese nivel de déficit estaría reflejando el gasto total necesario para comprar todos los bienes y servicios producidos, así que habría equiparación entre dinero en circulación y producción total y por lo tanto no habría más dinero creado de la cuenta, sino justo el necesario y suficiente para incrementar la producción de la economía al máximo.

Frente a la visión dominante de la llamada “finanza responsable”, que limita el gasto público para que no rebase ciertos niveles de déficit, aquí se trataría de incrementar el déficit público todo lo que fuese necesario para alcanzar el pleno empleo, pero sin pasarse para que no hubiese inflación. Esta idea fue planteada por el economista Abba Lerner en 1943 y fue bautizada como “Finanza funcional”, porque se trataba de utilizar la política fiscal de forma funcional, con el objetivo de alcanzar el pleno empleo sin inflación, no de condicionarla al cumplimiento de indicadores como el déficit público que pocas cosas dicen de la salud de la economía. En sus propias palabras: “La primera responsabilidad financiera del gobierno (ya que nadie más puede asumir esa responsabilidad) es ajustar sus niveles de gastos e impuestos de tal manera que el gasto total en la economía no sea, ni más ni menos, que el suficiente para mantener la producción al nivel de pleno empleo a precios corrientes. Si se permite que el gasto total supere esto, habrá inflación, y si se permite que caiga por debajo de esto, habrá desempleo.”

En realidad, esta idea es similar a la que defendía John Maynard Keynes, aunque la diferencia más importante es que éste defendía el déficit público sólo en épocas de recesión o crisis, mientras que la recomendación política de Abba Lerner servía para todo momento, tanto para crisis como para épocas de expansión económica.

Por cierto, el propio Milton Friedman -premio nobel de Economía y destacado economista liberal- también propuso algo parecido en este artículo de 1948, una época en la que –como ya comenté- las ideas dominantes eran muy distintas de las actuales. Básicamente venía a decir que los déficits públicos eran necesarios en tiempos de recesión económica para alcanzar el pleno empleo. Déficit públicos que, como él mismo reconocía, eran equivalentes a crear nuevo dinero.

Quizás con una metáfora se entienda mejor todo esto.

Imaginemos que la economía de un país es como una planta en una maceta. La producción que puede sacar adelante ese país es el tamaño de la maceta, y el dinero necesario para comprar dichos productos es el agua que necesita la planta para vivir. ¿Cuánta cantidad de agua necesita la planta? Pues la justa, ni poca ni mucha. Si hay poca, la planta se puede secar y morir, y si hay mucha, la planta se puede ahogar y morir. Pues lo mismo ocurre con la cantidad de gasto: si hay poco gasto, se venderá poca producción y habrá desempleo; si hay mucho gasto, los vendedores, que ya no podrán producir más, aumentarán el precio de sus productos para ingresar más dinero, por lo que habrá inflación.

El gasto proveniente del sector exterior (es decir, turismo y exportaciones) logrará que se venda parte de la producción nacional. El gasto de empresas y familias nacionales también servirá para comprar otra cantidad de bienes y servicios. Y, por último, lo mismo hará el gasto del sector público. Pero, como decíamos, en nuestras economías modernas, que tienen una elevada capacidad de producción, habrá muchos bienes y servicios que se quedarán sin vender, y eso es lo que genera desempleo.

Pues bien, la recomendación política derivada de la finanza funcional consiste en incrementar el gasto total todo lo que haga falta para que esa producción pueda ser vendida, logrando con ello utilizar la mano de obra desempleada y llegando así al pleno empleo. Ese aumento del gasto total puede lograrse a través de un mayor gasto público (pagando salarios, pensiones, prestaciones sociales o contratando) o de menores impuestos. En cualquier caso el resultado es el mismo: las familias y las empresas gastarán más para consumir la producción no vendida. Es importante que el gasto público aumente sólo hasta el nivel de producción máxima, porque si se excede, entonces habrá inflación: demasiado gasto en comparación con lo que es capaz de producir una economía.

¿Cómo saber que llegas a ese punto y no te pasas? Pues mirando los indicadores de utilización de la capacidad productiva -para ver si están todas las máquinas en funcionamiento-, mirando la tasa de paro -para ver si quedan personas desempleadas-, y mirando la inflación -para ver si está aumentando demasiado-. En esto consiste la finanza funcional: en vez de limitar el gasto público en función de un indicador que marca un tope de déficit público -como ocurre en la actualidad acorde a la finanza responsable-, se trata de limitar el gasto en función de los niveles de empleo e inflación, que es lo importante, no un numerito en un papel que no te está diciendo gran cosa de lo que pasa en la economía.

Abba Lerner lo explicó de la siguiente forma: “La idea central es que la política fiscal del gobierno, su gasto y tributación, su endeudamiento y reembolso de préstamos, su emisión de dinero nuevo y su retiro de dinero, se emprenderá con miras únicamente a los resultados de estas acciones en la economía, no a ninguna doctrina tradicional establecida sobre lo que es considerado responsable o irresponsable. Si esto implica tener déficit, mayor endeudamiento, ‘impresión de dinero’, etc., entonces estas cosas en sí mismas no son ni buenas ni malas, son simplemente los medios para alcanzar los fines deseados de pleno empleo y estabilidad de precios.”

Y es que el indicador del déficit público, por sí solo, no nos dice nada de la situación real de la economía. El nivel de pleno empleo y de estabilidad de precios puede conseguirse en un país con un déficit público del 10% sobre el PIB, pero puede conseguirse en otro país con un déficit público del 1% sobre el PIB, o incluso con un superávit público. Que ocurra en un nivel u otro va a depender de las condiciones productivas y exportadoras del país en cuestión y de si se encuentra en crisis o en auge económico.

Por ejemplo, si un país tiene un potente sector exportador, como Alemania, Noruega o Corea del Sur, por ejemplo, el gasto proveniente del exterior comprará muchísimos productos nacionales, lo que sumado al gasto del sector privado, puede hacer que no sea necesario tener mucho gasto público para alcanzar la producción máxima y el pleno empleo. Por eso este tipo de países pueden tener unas tasas de empleo bastante aceptables sin necesidad de tener mucho déficit público, incluso teniendo superávit público.

Por otro lado, también puede ocurrir en algunos países que el gasto de empresas y familias se dispare gracias al endeudamiento privado (que ya sabemos que es creación de dinero bancario) y con ello se compre buena parte de la producción, haciendo también que no sea necesario tener mucho gasto público para alcanzar la producción máxima y el pleno empleo. Esto es lo que suele ocurrir durante las burbujas de crédito, como la española a principios de siglo, y por eso básicamente el Estado español alcanzó superávit público en 2005, 2006 y 2007 después de más de 3 décadas sin hacerlo: porque el gasto privado estaba dinamizando tanto la economía que no hizo falta déficit público para tenerla casi a pleno rendimiento. El problema de estos fenómenos es que son insostenibles, claro, porque las empresas y familias no pueden incrementar su endeudamiento indefinidamente.

En cambio, y como ya vimos en el capítulo 8, los Estados emisores sí pueden mantener su déficit y endeudamiento indefinidamente, de ahí que la Teoría Monetaria Moderna recomiende que sea el sector público el que incremente el gasto y déficit público todo lo que sea necesario para alcanzar la máxima producción y el pleno empleo, porque se lo puede permitir. Evidentemente otra posibilidad sostenible es que sea el sector exterior el que consuma la mayor parte de la producción, pero el problema de esta opción es que no todos los países pueden basar su estrategia en exportaciones, porque si uno tiene superávit comercial es porque al menos otro tiene déficit.

Uno de los principales defectos de la finanza responsable y de las reglas fiscales que limitan el gasto público de los países es que nunca tienen en cuenta todo esto: no tienen en cuenta si la economía en particular recibe mucho o poco gasto del exterior, ni si se encuentra en mitad de una burbuja de crédito que dispara el gasto privado o si el crédito bancario está congelado. Por eso algunos países pueden cumplir las reglas fiscales manteniendo unos niveles de actividad económica y empleo decentes y otros se ven obligados a sufrir recesión y elevadas tasas de paro. Pretender que todos los países mantengan el mismo nivel de déficit público y buena salud económica es como pretender que una camiseta de talla M le quede bien a todo el mundo: un sinsentido.

También resulta interesante resaltar que, acorde a la visión económica dominante, hacer crecer la economía gracias al turismo o a las exportaciones o gracias al crédito bancario está bien, pero hacerla crecer gracias al déficit público está mal, a pesar de que en las tres opciones hay creación de dinero que se utiliza para comprar la producción. Lo que propone la Teoría Monetaria Moderna es precisamente el recurso a esta tercera vía, porque es tan válida como las otras para hacer aumentar la producción y el empleo, y de hecho es más sostenible y sana que la de la burbuja de crédito bancario. Al fin y al cabo a las empresas les da igual quién les compre sus productos mientras alguien se los compre.

Como nos recuerda Randall Wray: “Desde la perspectiva de la empresa, da igual quién compre los bienes o servicios producidos. La empresa está igualmente satisfecha si vende a compradores nacionales, extranjeros o al sector público. Lo que la empresa quiere es vender a cambio de moneda nacional para cubrir costes y obtener beneficios.”.

En el mismo sentido, Bill Mitchell apunta lo siguiente: “Una nación no necesita exportar para vender su producción. El aumento del gasto público también hace aumentar el nivel de empleo y las ventas.”

Lo que nos lleva a recuperar estas palabras de Michal Kalecki: “El déficit público tiene un efecto similar al del superávit en las exportaciones. Puede ser considerado como un superávit comercial artificial”.

Como ya comentamos en el vídeo anterior, ese incremento del gasto y déficit público podría acabar en el exterior, tendiendo a depreciar la moneda. Pero también señalamos que eso no tiene por qué ser un problema, ya que la depreciación no sería infinita y se detendría allí donde estaría reflejando el valor de la moneda en una situación de pleno empleo y estabilidad de precios. Además, pensémoslo bien: cuando el dinero es creado por los bancos, como ocurre especialmente en un episodio de crecimiento del crédito, el efecto sobre el tipo de cambio de la moneda es el mismo que si hubiese déficit público y nunca nadie se lleva las manos a la cabeza por ello. Curioso cuanto menos. Parece que algunos piensan por alguna extraña razón que el dinero creado por los bancos es más guay que el dinero creado por los Estados.

Así que acorde a la finanza funcional, al igual que no importa el nivel de déficit público que se alcance mientras se llegue al pleno empleo sin inflación, tampoco importa el nivel de déficit por cuenta corriente que se pueda llegar a registrar.

En palabras de Stephanie Kelton: “Lo mejor es perseguir el pleno empleo en el propio país y dejar que tanto la cuenta corriente como la situación presupuestaria se ajusten por sí solas”.

En definitiva, la finanza funcional propuesta por Abba Lerner y recuperada por la Teoría Monetaria Moderna nos sugiere que se puede llegar al pleno empleo, sin sufrir inflación, incrementando todo lo que sea necesario el déficit público para consumir toda la producción del país. Más adelante veremos cuál es la propuesta específica de la Teoría Monetaria Moderna para incrementar ese déficit público. En cualquier caso, lo que la finanza funcional deja claro es que no hay que quedarse corto con el gasto, porque entonces se generaría desempleo, ni pasarse de largo, porque entonces se generaría inflación. Y de inflación es precisamente de lo que hablaremos en el próximo vídeo.

 

 

 

Referencias:

Artículo de Abba Lerner de 1941: ‘The Economic Steering Wheel’, Revista de la Universidad de Kansas , junio.

ARtículo de Abba Lerner de 1943) ‘Functional Finance and the Federal Debt’, Social Research , 10, 38-51. https://www.gc.cuny.edu/CUNY_GC/media/LISCenter/pkrugman/lerner-function-finance.pdf

Lerner, A. (1944) The Economics of Control , Nueva York, Macmillan.

Lerner, A. (1951) The Economics of Employment , Nueva York, McGraw Hill.

Artículo de Milton Friedman https://www.jstor.org/stable/1810624?seq=1

Capacidad productiva utilizada de la industria española. Banco de España: https://www.bde.es/webbde/es/estadis/infoest/a2319.pdf

Encuesta de acceso a la financiación de pequeñas y medianas empresas del Banco Central Europeo: https://www.ecb.europa.eu/stats/ecb_surveys/safe/html/ecb.safe202011~e3858add29.en.html

Encuesta trimestral de coste laboral del Instituto Nacional de Estadística de España https://www.ine.es/daco/daco42/etcl/etcl0320.pdf

Artículo de Mathew Forstater sobre Finanza Funcional: http://www.levyinstitute.org/pubs/wp272.pdf

Vídeo divulgativo sobre Finanza Funcional https://www.youtube.com/watch?v=TDL4c8fMODk&t=0s

Artículo de Randal Wray sobre Finanza Funcional https://www.econstor.eu/bitstream/10419/209143/1/101456087X.pdf

Artículo de Bill Mitchell sobre Finanza Funcional: http://bilbo.economicoutlook.net/blog/?p=5762

Artículo de Stephaniel Kelton sobre Finanza Funcional: https://econwpa.ub.uni-muenchen.de/econ-wp/mac/papers/0004/0004031.pdf

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